Datos antropológicos sobre los Pijao

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Magia y Shamanismo 

Poseían los Pijao prácticas mágicas y shamánicas. Las primeras operaban sobre el principio homeopático de la identidad, por lo que puede calificarse mejor de magia simpática. Un ejemplo de esto fue el hallazgo en una vivienda indígena de unos calabacinos con pelos de león, tigre, mona y plumas de águila y gavilanes. Don Baltasar explicó que:

“...los pelos de león eran para que los hiciese valientes; los de la mona, trepadores; las plumas de águila y gavilán para que los hiciese ligeros”.

Cerca de un fuerte español colocaron los Pijao una gran piedra de dos arrobas, suspendida de un tronco de árbol y bajo ella un grillo, sujeto con una cuerda:

“y que el grillo significaba a nuestros soldados a quién habían de vencer ellos con las galgas de piedra, significado en aquella que estaba sobre él...”

Al mismo propósito obedece la presencia de una serie de ídolos, provistos de armas, frente al fuerte de Maito:

“dando a entender al vulgo que aquellos ídolos en aquella postura, mirando a nuestro fuerte, peleaban contra nosotros con aquellas armas que tenía el mayor en el suelo”.

El control de los poderes sobrenaturales estaba en manos de los mohanes, verdaderos shamanes, que tenían a su cuidado la predicción de las futuras campañas y la curación de enfermedades por métodos mágicos. Este cargo era ocupado a menudo por los guerreros más sobresalientes, como Calarcá, aunque no era privativo de los mismos, y ni siquiera del sexo masculino, ya que existían también mohanes femeninos, como la famosa Tulima, que sabía volar y burló así a los centinelas españoles.

La profesión del mohán duraba todo el tiempo que pudiera ejercer con éxito sus augurios. En cuanto se equivocaba, era depuesto y sustituido:

“... si no consiguen el efecto de la pretensión que llevan, privan del oficio al ayunador, de común parecer y acuerdo”.

El error podía costarle el apaleamiento e incluso la muerte:

"... y si en la jornada les sucede mal y les matan gente, le dan en pago de su ayuno muchos palos y alguna vez la muerte”.

Ya mencionamos la obligación de indemnizar a las víctimas ocurridas por fallo de su predicción. Esto se efectuaba generalmente con mantas, machetes o cuchillos. En caso de éxito, los mohanes obtenían parte del botín.

La práctica ritual más importante de este personaje era el ayuno, durante el cual adquiría facultades para averiguar el futuro. Afortunadamente, la documentación histórica ha sido prolija en detalles sobre este particular y podemos reconstruir el rito con bastante aproximación.

El ayuno duraba ocho días, durante los cuales el mohán no podía comer más que un puñado de maíz y un pájaro o pez pequeño, ni beber otra cosa que una totuma o calabacino de chicha, por medio de una paja hueca. Durante los seis primeros días no dormía, permaneciendo constantemente tumbado en una hamaca y cuidando de atizar un fogón que tenía junto a sí, hecho con horquetas de leña secadas a la sombra. Simón asegura que el alimento de estas hogueras era “palos de balsa y un bejuco que arde como tea”.

Al séptimo día colocaba unos bollos de maíz sobre la fogata y se acostaba de nuevo, sumiéndose en profundo sueño, durante el cual se le revelaba el presagio solicitado por la tribu. Al octavo día se levantaba y comunicaba a todos el mensaje, que comprobaba más tarde con el estado que tuvieran los bollos. Si éstos estaban enteros y la ceniza del hogar era blanca, era síntoma favorable. Si los bollos estaban partidos y la ceniza era roja, desfavorable. Había que suspender la expedición y el mohán tenía que volver a ayunar, hasta que consiguiera resultados positivos.

Una manifestación de respeto hacia los mohanes era volverles la espalda, como hizo el indio Cocurga con el Capitán Ospina.

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1 Manuel Lucena Salmoral nació en Madrid en 1933. Historiador español, especialista en historia y antropología americana.

Ejerció como periodista y posteriormente se licenció en Historia de América en la Universidad Central de Madrid. Formó parte del Instituto Colombiano de Antropología, que le encargó diversas comisiones de estudio de grupos indígenas.

Falleció en el año 2018.