Datos antropológicos sobre los Pijao

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Estructura Familiar 

La familia estaba basada en un sistema poligínico, sin más limitación que la económica. Piedrahita aseguró que este pueblo imitaba a los Panche en el matrimonio, lo que indujo al doctor Cubillos a pensar en unas relaciones exogámicas, sujetas al ámbito geográfico. Existía el matrimonio por compra, con precio de novia, que consistía primero en ofrendas de aves a los padres de la novia y luego en la típica sementera de maíz, quizá varias, que se entregaban cuando estaba en sazón, recibiendo a cambio la esposa y otra sementera que serviría para el sustento de la nueva familia.

No se practicaba el matrimonio precoz y estaba prohibido el contacto prematrimonial, al menos para las mujeres. Estas manifestaban externamente su estado de doncellas, mediante ataduras de cordeles en brazos y piernas, según hemos dicho, que soltaban en su primera noche de casadas.

El adulterio era castigado llevando a la infractora a una choza para que fuera poseída por todos los jóvenes y hombres solteros del grupo. Luégo era enterrada hasta la cintura en una encrucijada de caminos y se la lapidaba. El contacto prematrimonial de la joven era castigado por el marido con la muerte, durante la misma noche de bodas.

La viuda tenía prohibición de tocar los enseres personales de su marido, que estaban impregnados de la muerte de su dueño y podían transmitir ésta a la esposa, salvo en el caso de que los tomara con un lienzo o paño. La viuda quedaba además imposibilitada para contraer nuevo matrimonio durante cierto tiempo. Normalmente no podía casarse más que con viudos, pues existía la creencia de que:

“la que acabó con un marido, matará también a otros”.

Cuando nacía un niño, la madre se cortaba el pelo, como en el caso de la esposa del indio Inacho de Paz. Ignoramos si esta práctica era exclusiva del nacimiento de varones. El recién nacido era sometido a deformación craneana y nasal, según apuntamos. Recibía un nombre de ave, animal, árbol, hierba o fruta, en consonancia con el sueño que tuviera el mohán, y que duraba hasta que contraía matrimonio, o realizaba alguna acción sobresaliente en la guerra. Este último caso era, por ejemplo, el de Cocurga, de quien un indio de Amoyá dijo que se había cambiado el nombre por ser muy valiente y merecer un nombre que no fuera propio. Quizá el nuevo apelativo hacía alusión a la hazaña efectuada por el indio.

Los Pijao eran adiestrados en el manejo de las armas desde su infancia:

“A los niños, desde muy tiernos, enseñan a jugar la lanza con cañas y varas delgadas, proporcionadas a las fuerzas de su edad".

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1 Manuel Lucena Salmoral nació en Madrid en 1933. Historiador español, especialista en historia y antropología americana.

Ejerció como periodista y posteriormente se licenció en Historia de América en la Universidad Central de Madrid. Formó parte del Instituto Colombiano de Antropología, que le encargó diversas comisiones de estudio de grupos indígenas.

Falleció en el año 2018.