Datos antropológicos sobre los Pijao

Textos y Documentos
Portada Pueblos Originarios Secciones Pueblos Originarios Facebook Pueblos Originarios Twitter Pueblos Originarios
La Guerra 

La guerra era la principal ocupación de los Pijao. Desde niños eran adiestrados en el manejo de las armas, y al llegar a la juventud se convertían en excelentes guerreros ágiles, sufridos y arrojados, que despertaban la admiración de los españoles:

“Asaltan con más que su valor nuestros alojamientos, alguna vez con menor número de gente que la nuestra, y en campo abierto han hecho lo mismo, de manera que se pueden tratar más como soldados, que como salteadores”.

Antes de un ataque efectuaban una junta de guerra, en la que elegían a su jefe temporal y recibían el augurio del mohán. Después de esto, preparados para salir, escuchaban una exhortación del mohán, en la que éste les pedía combatir con valor y no defraudar su buen presagio (si el augurio era negativo, no salían a guerrear). Por último, se efectuaba la despedida de los combatientes, que la hacían los ancianos de la tribu escupiéndoles, para preservarles de daños y peligros. Una vez en camino, si alguno tropezaba y se lastimaba un dedo del pie, regresaba al hogar, pues de continuar le ocurrirían desgracias. De aquí que los buenos sucesos los llamaban “habidos con dedo sano”.

El jefe del grupo guerrero se pintaba el rostro con franjas rojas y amarillas, colores seguramente sagrados, y tenía que observar una serie de restricciones durante la acción, como no dormir con mujer, no comer sal ni ají y acostarse sin ropa alguna, rodeado de hogueras. Los combatientes acostumbraban a pintarse el cuerpo con bija, que despedía un olor característico, por el que los españoles descubrieron algunas emboscadas.

Cuando los guerreros volvían victoriosos se repartía el botín entre todos, dando una parte al mohán. Si regresaban derrotados, se pedía indemnización al mohán, e incluso se le apaleaba y daba muerte.

La táctica principal era la emboscada, que establecían en pasos difíciles, despejando la vegetación de un lado para jugar las lanzas, y dejando los demás cubiertos, con objeto de que los enemigos no pudieran moverse. Atacaban por varios lugares con gran rapidez, y se retiraban cuando los agredidos comenzaban a reaccionar.

Sus armas eran picas, dardos, macanas, hondas, piedras, espadas y cuchillos. Las primeras eran extraordinariamente largas. Vázquez de Espinosa nos asegura que medían 25 palmos y Rodríguez Freyle calcula 30. Los dardos eran lanzados con el simple impulso muscular, sin ayuda de arcos.

".. y no acostumbran arcos, fiándose en la fuerza y valentía de sus personas, que las juntan gallarda y osadamente con el enemigo, más que en lo industrioso, arrojadizo y apretado de las flechas”.

Laa macanas eran una especie de espadas de cuatro dedos de anchura, fabricadas con una madera muy dura, seguramente chontaduro, y afiladas. Sobre las hondas nos habla Rodríguez Freyle, aunque no de su forma. Es imposible saber si son instrumentos de aculturación.

Un arma terrible eran las galgas o piedras, que utilizaban para las emboscadas, y de cuya eficacia nos hablan mucho los cronistas. En su contacto bélico con los españoles conocieron los Pijao las armas de hierro y acero, que transformaron en puntas para sus dardos y picas:

“al presente las usan (puntas de dardos y picas) de hierros de las espadas y cuchillos, y otras de azero, y hierro, que han quitado y robado a los pasajeros que pasaban del Nuevo Reino al Pirú”.

El procedimiento de cortar el hierro era realmente ingenioso y consistía en frotar una hebra de algodón torcido, impregnada en arena y agua, por el lugar donde se quería hacer la incisión. Con este sistema se estaba partiendo el cañón del arcabuz del sargento Arguinechea, para convertirlo en puntas de lanza.

Con fines bélicos, y no sabemos si también con pacíficos, utilizaban señales de humo cuando querían convocar una reunión:

.. trataron luego de hacer junta general, para tratar de dar sobre los nuestros, por verlos tan de asiento en sus tierras, como se echó de ver en la multitud de humos que dentro de cuatro días divisaron los nuestros en los altos de la provincia de Ombecho, donde se hizo la junta”.

En último lugar citaremos el uso de instrumentos musicales para dar contraseñas de combate, como el caracol, la trompetilla, fotutos, etc.

Anterior Siguiente

1 Manuel Lucena Salmoral nació en Madrid en 1933. Historiador español, especialista en historia y antropología americana.

Ejerció como periodista y posteriormente se licenció en Historia de América en la Universidad Central de Madrid. Formó parte del Instituto Colombiano de Antropología, que le encargó diversas comisiones de estudio de grupos indígenas.

Falleció en el año 2018.