Datos antropológicos sobre los Pijao

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Antropofagia 

Cabe pensar que la antropofagia de los Pijao tuviera un origen religioso, tendiente a asimilar las virtudes del ser deglutido, pero es evidente que la costumbre fue degenerando en el transcurso de los años, hasta convertirse en vicio. A principios del siglo XVII estos indígenas devoraban todo ser humano que capturaban, fuera valeroso o cobarde, y hacían expediciones con objeto de aprovisionarse de carne humana. Engordaban prisioneros que luego mataban y comían e incluso desenterraban cadáveres en putrefacción para deglutirlos:

"... y cómense los que pueden haber a mano de los nuestros y han conseguido desenterrarlos después de 10 días muertos, algunos de heridas, y otros de enfermedades asquerosas, y cómemelos sirviéndoles las calaveras de vasijas para sus bebidas” (Juan de Borja).

Un caso curioso es el de un indio carguero que los españoles enterraron, y volvieron a encontrar días después, despedazado dentro de una olla Pijao, acompañando un guiso de maíz. Algunos soldados hambrientos probaron el guiso y creyeron que la carne era de cerdo, hasta que encontraron los huesos humanos:

“...y hallaron estar en ella (la olla) en pedazos un cuerpo humano y por señales claras que era el indio que habian dejado allá enterrado ocho o diez días había. Con que los más asquerosos no sólo habían vomitado lo que habian comido, pero aun pensaron echar las entrañas, si bien otros de mejor estómago pasaron sin asco adelante con lo hecho" (Fray Pedro Simón).

La voracidad de estos indios les llevaba a veces a comerse lentamente un ser humano, cortándole pedazos de carne que no provocaban la muerte:

"... cortándoles las carnes a pedazos menudos, estando vivos, comiéndose en su presencia, poco a poco” (Juan de Borja).

El bocado predilecto parecía ser la carne de niño, como pudo comprobarse en el ataque a Ibagué, donde tuvieron ocasión de seleccionar. Los niños eran asados y descuartizados para introducirlos en los zurrones:

"... y a las criaturas tiernas asándolas enteras en barbacoas, a modo de parrilla, las llevan en el zurrón, comiendo de ellas por el camino, o colgadas de un cordel al pescuezo" (Juan de Borja).

Igual costumbre y preferencia tenían los indios Coyaima y Natagaima, aliados de los españoles:

“... pero de los coyaimas amigos que iban con nuestros soldados, dos arrebataron el niño y copándolo cada uno de una pierna lo dividieron de alto abajo con un machete y echándolo cada cual su parte en su mochila, lo cenaron mal asado aquella noche” (Fray Pedro Simón).

Pese a que los casos de antropofagia en amerindios han sido nuevamente examinados en los últimos años, ya que muchos de ellos no existieron fuera de la imaginación de los conquistadores, que se servían de esta fórmula para poder esclavizar a los indígenas, con arreglo al criterio jurídico de la época, nos parece que la práctica es suficientemente clara entre los Pijao, y fue anotada por casi todos los cronistas. Fray Pedro Simón estaba tan impresionado por esto, que incluso cifraba el número de enemigos muertos o cautivos de los Pijao por “comidos”. Nos da un cálculo aproximado, seguramente exagerado, como todas las estadísticas de los cronistas, de más de 40.000 indios y más de 400 españoles:

".. habiendo comido de ambas (Gobernación del Nuevo Reino y de Popayán) y de loa muchos que han habido a las manos en los caminos reales y cursados que atraviesan por sus tierras, desde este Nuevo Reino para el de Popayán, Quito y el Pirú, más de cuatrocientos españoles y más de cuarenta mil indios de paz”.

El comercio de carne humana llegó a ser tan frecuente entre los Pijao que existía un lugar, bautizado con el nombre de Loma de las Carnicerías por los españoles, correspondiente al actual Carnicerías, donde se centralizaba el mercado de despojos humanos de la región:

"Las Carnicerías, dichas así por unos grandes buhíoa que hallaron los españoles, donde se vendía carne humana de los esclavos que cogían en las guerras, con tanta abundancia, que había para toda la tierra, que concurría allí a comprarla” (Fray Pedro Simón).

La antropofagia de los Pijao sirvió al presidente Borja para solicitar del rey su esclavitud perpetua, de acuerdo con la Real Cédula de marzo de 1553, lo que fue un aliciente para los soldados que les combatían:

"... y así es conveniente y precisamente necesario que Vuestra Magestad les declare por esclavos perpetuamente, no solamente a ellos, pero a toda su descendencia, como se hace con los negros y moros”.

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1 Manuel Lucena Salmoral nació en Madrid en 1933. Historiador español, especialista en historia y antropología americana.

Ejerció como periodista y posteriormente se licenció en Historia de América en la Universidad Central de Madrid. Formó parte del Instituto Colombiano de Antropología, que le encargó diversas comisiones de estudio de grupos indígenas.

Falleció en el año 2018.