Idioma Abipon
Noticias de los indios abipones según Barcena, Techo, Lozano, etc. Desde la conquista hasta nuestros días
Los Abipones según el padre Dobrizhoffer
Capítulo IX
Rasgos étnicos de los Abipones (Tomo II, capítulo III)
Los Abipones, por lo general, son de una hermosura noble, sus caras agradables, y sus facciones más ó menos como las de los Europeos, si exceptuamos la tez que no es del todo blanca, pero ni con mucho puede compararse con la de los africanos. El sol y el humo algo los achicharra, por eso los adultos son algo mas morenos. Entre las mujeres se cuidan algo mas, y cuando viajan se resguardan del sol con sombrillas de plumas de avestruz; así que la tez de ellas es mucho mas blanca.
Entre los hombres es un mérito ser feo, porque así creen infundir el espanto en sus enemigos.
Los ojos son negros y mas bien pequeños; pero ello no quita que con ellos vean mejor que nosotros con los nuestros. Por pequeño que sea el objeto lo distinguen sin dificultad, y saben lo que es cuando nosotros apenas si adivinamos que algo hay. Ellos ven mejor con la simple vista que nosotros con las ayudas que acostumbramos. La nariz, por lo general, es aguileña, más bien larga y puntiaguda. Las mil y una deformidades del cuerpo que nosotros conocemos entre ellos no se ven.
Los enanos son rarísimos. En 7 años que estuvo el Padre entre los Abipones sólo tres de éstos conoció. El primero fue Debayakaykin, cacique principal, llamado por los españoles el Petizo, otro era Kevachichi, y el tercero, Hamihegemkin.
La dentadura la conservan sana y blanca hasta que mueren.
Carecen estos indios de barba y si alguna vez se presenta debe atribuirse á mezcla de raza. El vello, cuando les asoma, lo tuestan con rescoldo y lo arrancan con tenacillas. También se hacen arrancar las cejas y pestañas; y motejan á los españoles de hermanos del avestruz al verlos tan poblados de una y otra cosa. Cuenta el Padre que con trabajo se escapó de las garras de una de las viejas barberas, que estaba empeñada en hacerle pasar por ese martirio.
El cabello es negro retinto, albinos y de cabellera roja no los hay. Los Abipones de la selva que no están aún reducidos, al raparse se dejan un cerquillo como el de los frailes. Esta operación la efectúan con conchas y quijadas de palometa, cuando les falta la navaja o cuchillo. Los indios reducidos imitan el coleto de los soldados españoles. Sus peines los hacen de las cerdas del jabalí ó del oso hormiguero.
Por la mañana, al despertar, las mujeres arreglan las cabelleras de los maridos. Crespos hay pocos de nacimiento, por artificio ni uno. Tarde y nunca encanecen y rara vez se ve calvicie natural.
Todo Abipon, Mocoví, Toba, etc., sin distinción de edad ni sexo, se rapa ó arranca el cabello de la parte anterior de la cabeza, hasta la altura de unos tres dedos. Esto que llaman Nalemra es para ellos lo que la circuncisión para el Judío y el bautismo para el cristiano.
Si muere el marido, la viuda se hace rapar la cabeza y la cubre con un bonete negro de Caraguatá, que usa hasta llagado el tiempo de poderse volver á casar. El viudo también guarda su duelo, y entre otras cosas se hace cortar el cabello, y se cubre la cabeza con un bonete ó redecilla, que no se quita mientras no se le vuelve á criar la cabellera.