Xalpen (espíritu del Hain)

Dioses y Personajes Míticos. Pueblos Originarios
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El espíritu más importante de la gran ceremonia Hain era Xalpen. Ser femenino con dominio abrumador sobre hombres y mujeres. Controlador del poder femenino nocturno de Luna que es capaz de instalar el matriarcado; vivía bajo la tierra y buscaba febrilmente a los varones para saciar sus apetitos sexuales.

Cada una de las siete regiones del territorio Selknam tenía una Xalpen acompañada de su esposo Shoort quien vivía junto a ella.

Es el único espíritu representado por medio de un ídolo; construían al efecto un armazón de seis metros de largo atando varios arcos en sentido longitudinal cruzados por otros transversales, esta estructura se revestía de cueros de guanaco y rellenaba con ramas, palitos, hojas y pastos. La superficie era pintada con arcilla roja, y largas franjas blancas. Colocada sobre sobre el suelo de la choza el bulto cilíndrico evocaba una ballena. Las informantes de Anne Chapman indicaron que Xalpen es mitad de piedra y mitad de carne.

Lucas Bridges quien antes de 1910 participó de varias ceremonias del Hain señala que a Xalpen era de color blanco.

Muy pocas veces es mostrada al público, en 1923 se la exhibió una sola vez. Los hombres empujan lentamente la estructura hasta un costado del Hain, para permitir que el público (mujeres y niños) perciban la parte delantera (“de piedra”) del cuerpo. Rápidamente la retiran de la vista y la esconden. A veces en lugar de empujarla, la traslada un hombre metido dentro.

Hashé La pareja formada por Hashé (foto), el marido y Wakús, la esposa (igualmente varón) suelen visitar el campamento por la noche. Los dos son enviados de Xalpen y tienen como misión traer carne y pintura. No son espíritus, aunque se tiznan el rostro con carbón no llevan máscaras. Se presentan con el pelo revuelto, una corona de ramas en la cabeza y capa de piel de guanaco. Hashé, además porta un bastón. Cantan en lengua haush, corren por todo el campamento, entran a las chozas. simulan golpear a las mujeres, tragarse trozos de carne caliente o brasas, azuzan el fuego, y luego se arrojan sobre los camastros fingiéndose exhaustos.

En medio de sus pantomimas Hashé recibe las ofrendas y se las entrega a Wakús para que cargue con ellas. Después se alejan dignamente con su cargamento para Xalpen.

Fotografía de Martín Gusinde.

Se presenta a menudo en la choza ceremonial, los hombres la reciben con gritos aterradores. Sacuden las choza mientras atizan el fuego para que las chispas salten por la parte superior. Si es de noche los hombres salen blandiendo antorchas enciendidas como huyendo. Golpean el suelo con cuero de guanaco enrollado para representar los sordos gritos de Xalpen.

Las mujeres entonces comprenden que el temido espíritu ha ascendido al Hain; entonan nerviosos cantos y acuden corriendo con canastas repletas de hongos –saben que es glotona hasta el canibalismo y le gusta toda clase de comida– colocándolas en el suelo tan cerca de la choza ceremonial cuanto les está permitido.

Peligrosa e irritable, Xalpen ansía vehementemente ayuntarse con todos los varones y, en particular, con los klóketen, a quienes se lleva bajo tierra para saciar momentáneamente sus apetitos sexuales. Se dice que a veces los abandona en el inframundo. Es caprichosamente impredecible, no se alía con nadie, en cualquier momento puede desatar su ira sobre los hombres.

En el término de un brevísimo lapso y como resultado de sus relaciones, da a luz a un hijo llamado Keternen, por lo que se la considera una mujer de gran fuerza procreativa.

Antes del parto, Xalpen da muerte a todos los klóketen, y después a casi todos los hombres, destripándolos uno por uno con la larga y filosa uña de su dedo índice. Luego será trabajo del pequeño Olum restaurarles la vida.


Fuentes:

Fin de un Mundo. Anne Chapman

Los indios de Tierra del Fuego. Martín Gusinde