Koshménk (espíritu del Hain)

Dioses y Personajes Míticos. Pueblos Originarios
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El marido de la lujuriosa Kulan es Koshménk, personificado por cuatro espíritus, cada uno pintado de manera diferente para simbolizar los cuatro puntos cardinales.
Koshménk

Dos Koshménk junto a la choza ceremonial, Hain de 1923.
Fotografía de Martín Gusinde.

A menudo dos de ellos aparecen disputándose los favores de Kulan. El "marido", hace el papel de un cornudo y provoca las risas entre las mujeres que lo saludan cantando.

Permanece de pie a poca distancia de la choza ceremonial, erguido e inmóvil, por lapsos de dos hasta cuatro horas. No hace movimiento alguno, y solamente cada diez minutos da señales de vida, saltando de dos a cuatro veces en el mismo sitio. Cuando Koshménk echa de menos a su mujer, corre de un lado a otro y la busca en la choza ceremonial o junto a ella. Luego llegará al campamento y mediante gestos característicos, expresa la suposición de que su mujer ha sido raptada por los selknam.

Si al regresar a la choza ceremonial, ve allá a su esposa, se conforma con esto. Pero si no la encuentra, y en la rueda de los hombres observa un vacío, monta en cólera. Su excitación se descarga inmediatamente contra los hombres presentes. En el paroxismo de la ira arroja a un hombre fuera de la choza, y lo hace con tal violencia, que éste sigue rodando un buen trecho. A otro lo carga y lo lleva bajo un árbol cercano. Allí lo arroja al aire con tanta fuerza, que el hombre queda sentado en las ramas. A un tercero lo cuelga de un poste de la entrada. Algunos hombres salen corriendo y se esconden rápidamente en el campamento. Los últimos que quedan dejan escuchar fuertes gritos de terror. Este tormento de los hombres dura muchas horas, y a veces se prolonga durante toda la noche.

Cuando Kulan regresa junto a su marido, su frenesí se detiene; se muestra calmo y consolado, y regresa junto a su mujer hacia las alturas como si nada hubiera ocurrido.

Sus intérpretes deben ser muy ágiles, capaces de dar grandes saltos en el aire mientras se golpean las nalgas con los pies a la vez que sujetan la máscara con ambas manos. En líneas generales, la aparición de los Koshménk proporciona a los ocupantes del campamento mucha diversión.


Fuentes:

Fin de un Mundo. Anne Chapman

Los indios de Tierra del Fuego. Martín Gusinde