Desarrollo de la ceremonia del Hain

Cosmogonía de los Pueblos Originarios
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Luego del ritual de iniciación del primer día, la ceremonia continuará con diversas escenas, Shoort visitará todos los días el campamento; los demás espíritus harán presentaciones especiales que se repetirán o no con diferentes frecuencias. De estas actuaciones te podrás informar desde el tratamiento particular dado a cada uno de ellos (índice superior izquierdo).

Habrá ritos especiales como la Danza del Kewánix y el Chowh-toxen (para conjurar el mal tiempo).

A los klóketen se los tiene ocupados todo el tiempo, las mujeres lo saben, pero piensan que obedecen las órdenes despóticas de Xalpen, y que ésta en cualquier momento puede matarlos en un estallido de furia. Imaginan a los muchachos trabajando sin desmayo para salvar sus vidas.

Cuando creen que Xalpen ya ha surgido del inframundo al Hain, las mujeres le dedican cantos para aparciguarla y consolar a sus hijos.

La avidez sexual de Xalpen y sus frecuentes encuentros amorosos con los klóketen, harán que quede embarazada. Cuando está a punto de alumbrar, se vuelve aún más iracunda por los dolores del parto. Es un momento culminante en la ceremonia.

K’terrnen

El “bebé” K’terrnen, sostenido por Tenenesk, consejero de la ceremonia; para ser presentado a las mujeres en el Hain de 1923.
Fotografía de Martín Gusinde.

Primero, Xalpen da muerte a todos los klóketen, y después a casi todos los hombres, destripándolos uno por uno con la larga y filosa uña de su dedo índice. El Hain se estremece como si temblara la tierra.

Los alaridos horripilantes de Xalpen resuenan entre las chispas y las llamas que salen por el techo. En medio del gran tumulto se escuchan los agudos quejidos de las víctimas; las mujeres reconocen las voces de cada víctima, y en vano intentan cantos para aplacar a Xalpen.

De pronto, el Hain enmudece, casi todos los hombres han sido exterminados. Los pocos sobrevivientes, levantan los cadáveres de los klóketen que han sido rociados con sangre de guanaco, y angustiados los van sacando del Hain con lentitud.

Las mujeres se acercan al Hain tanto como les está permitido, mientras cantan lamentos por los klóketen.

Durante esta escena, los presuntos muertos que quedaron en la choza ceremonial, salen subrepticiamente y pasan la noche en el bosque.

Olum, un pequeño ser es el restaurador de la vida. Pocas veces visto por el público, este chamán es tan poderoso que las cicatrices desaparecen a medida que cura las heridas y devuelve la vida a las víctimas de Xalpen; tarea que también desempeña con la matanza de Halaháches, el espíritu masculino del cielo.

Al día siguiente de la matanza, los hombres vuelven a hurtadillas al Hain, Olum realiza su "trabajo" y el glorioso acontecimiento es indicado con el sonido de un rápido y suave palmoteo acompañado por chasquidos vocalizados contra el fondo del golpeteo rítmico que los hombres realizan sobre la tierra con los puños. Las mujeres felices vuelven a entonar cantos para apaciguar a Xalpen.

De pronto ¡Xalpen da a luz!. Al recién nacido se la el nombre de Keternen (K’terrnen), puede ser hombre o mujer, siempre representado por un klóketen delgado. Este acontecimiento que sigue a la restauración de la vida por parte de Olum es anticipado de modo especial por las mujeres. Empiezan a entonar cantos de bienvenida para que lo saquen del Hain y así poder ser admirado.

Como recién nacido debe ser sostenido, ya que apenas puede caminar. Esa tarea la debe llevar a cabo el chamán o el consejero del Hain, o ambos que para el evento llevan una vincha de plumas y una capa vuelta hacia adentro.

La ceremonia propiamente dicha tiene un final sencillo: los participantes masculinos deciden por algún motivo que debe terminar. Shoort efectúa su última visita diaria y el supervisor anuncia al público que la ceremonia ha concluido.


Fuentes:

Fin de un Mundo. Anne Chapman

Los indios de Tierra del Fuego. Martín Gusinde