Tambería de Tocota

Sitios Arqueológicos y Arqueoastronómicos. Pueblos Originarios de América
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Salvador Debenedetti describió someramente las ruinas de Tocota, en el departamento de Iglesia, que a simple vista aparecían sobre la terraza del arroyo homónimo, identificándolas como "un tambo", vinculando con el Camino del Inca, que desde Uspallata en Mendoza, uniría los valles preandinos de Calingasta e Iglesia en San Juan.

A continuación trascribimos su trabajo "Investigaciones arqueológicas en los valles preandinos de la provincia de San Juan" publicado por la Revista de la Universidad de Buenos Aires en 1916:

"Entre Villa Nueva y Tocota media una larga jornada de marcha. Las grandes crecientes hacen peligroso el vado del río del Castaño, por lo cual es necesario acompañarse con buenos guías. Luego el camino asciende suavemente, bordeando una quebrada estéril y arenosa. Pasando el lugar conocido bajo el nombre de Tambillos, donde algunas insignificantes vertientes de aguas salobres, permiten crecer algunos arbustos con una lozanía rara en aquel desierto, se llega a una pampa solitaria, tendida y tristemente seca.

Es común verse sorprendido en aquellas alturas por torbellinos que arrastran en su rápida carrera nubes de arena, guijarros pequeños y ramas secas. Las ínulas, resistiéndose a marchar, vuelven la cabeza, y se desbandan. Por un momento la noche parece caer sobre la caravana en marcha. Durante todo el día, el viaje se efectúa por el "Camino del Inca". No hay en todo este trayecto ningún indicio que permita sospechar alguna modalidad de la vida indígena precolombina; ningún vestigio de tambo, ningún petroglifo en los enormes peñascos que afloran en algunas partes, cortando transversalmente aquella senda.

Las gentes que trajinan aquella ruta afirman, sin prueba alguna, que es el "Camino del Inca". De cualquier modo, este pedazo de camino que debe tener una longitud aproximada de 120 kilómetros, no presenta ningún reparo oportuno, ningún recurso favorable a la angustiosa marcha del viajero. Toda la región que recorre es de travesía y esto traduce bien claro su carácter inhospitalario desde todo punto de vista. La senda trazada a cordel se extiende larga, uniforme y visible sobre el yermo altiplano, salpicado de achaparradas matas de pastos duros.

A algunos kilómetros al oeste, apartándose del "Camino del Inca", entre los repliegues de acantiladas barrancas, a cuyos pies se escurre el exiguo caudal del arroyo de Tocota, que a poco andar se insume en los arenales de la travesía, se encuentran las ruinas de un antiguo caserío. Actualmente, en sus inmediaciones, existe un puesto de pastores que ofrece al viajero abrigo relativamente cómodo, agua y leña. La tambería en ruinas a que hemos hecho referencia, lleva el nombre de Tocota, como el arroyo que atraviesa la comarca.

Los vestigios de la antigua población son numerosos y revelan la existencia, en una época lejana, de agrupaciones aisladas de edificios, separadas entre sí por distancias que varían entre 200 y 500 metros. Tales edificios fueron, por lo menos hasta cierta altura, construidos con grandes piedras rodadas, traídas del lecho del río vecino.

Se observa una manifiesta regularidad en la disposición de las viviendas, lo mismo que una visible simetría en la distribución de las habitaciones de cada edificio. La altura actual de las murallas no pasa de un metro, pero, teniendo en cuenta que las piedas procedentes de derrumbes sucesivos no son abundantes, es presumible creer que la parte construida con piedras no excedió en mucho de la altura dada.

La parte superior de los edificios fue ejecutada utilizando barro amasado. El espesor de las paredes parece no haber sido mayor de 50 o 60 centímetros. Se observan también algunos recintos circulares, pircados, de 1 metros de diámetro con una abertura de 80 centímetros orientada hacia el sur o hacia el este.

Las excavaciones practicadas en tales recintos comprobó la existencia de grandes fogones, con una capa de cenizas de espesor variable. En uno de estos fogones se halló abundante cantidad de fragmentos de ollas negras y toscas y huesos quemados de guanacos, partidos longitudinalmente. Fueron éstos los fogones utilizados colectivamente por la mermada población que ocupó aquel lugar. Otros fragmentos de alfarerías en general de color rojo, de superficie pulida o barnizada, se encontraron dispersamente en todo el lugar donde se extienden las ruinas.

Las excavaciones que realizamos en Tocota dieron resultados casi negativos. Ninguna pieza entera pudimos recoger, a pesar de nuestras exploraciones, tanto en el interior de las viviendas como en sus vecindades. Posiblemente alguna vez se descubrirá el cementerio de aquella vieja población y entonces será posible establecer conclusiones definitivas. Los pocos restos encontrados nos permiten afirmar que la cerámica local en nada difiere de la descubierta en Barrealito v en Angualasto.

En la figura reproducimos un croquis de los edificios en ruinas, en una de aquellas agrupaciones a que hemos hecho referencia. Se ve que existen edificios con una sola habitación, los más con dos y sólo una con cinco.

Atendiendo a las condiciones generales de la comarca, en ambas márgenes del arroyo, a los amontonamientos intencionales de las grandes piedras que cubrían el campo, a las acequias cuyo trazado aún está visible, determinando exactamente el área favorecida por los riegos artificiales, podemos asegurar que la primitiva población de Tocota fue esencialmente agrícola y no muy numerosa. Por otra parte, el caudal de agua del arroyo no era suficiente para hacer llevadera la vida de una población grande.

Actualmente la vieja población ha sido substituida por una sola familia que, a duras penas, se sostiene en aquellas soledades." (1915).

El Camino del Inca al sur de Tocota.