Manuscrito Tovar.  Códice Ramírez.

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La Procesión

En saliendo las mozas con el ídolo llegaban los mancebos con mucha reverencia y tomaban las andas en los hombros, trayéndolas al pie de las gradas del templo donde se humillaba todo el pueblo y tomando tierra del suelo se la ponían en la cabeza, que era ceremonia ordinaria entre ellos en las principales fiestas de sus dioses. Hecha esta ceremonia salía todo el pueblo en procesión con toda la prisa posible e iban a un cerro que está una legua de esta ciudad, llamado Chapultépec, y allí hacían estación y sacrificios. Luego partían con la misma prisa a un lugar cerca de allí que se dice Atlacuyauaya, donde hacían la segunda estación y de allí iban a otro pueblo una legua adelante que se dice Cuyoacán, de donde parían volviéndose a la ciudad de México sin hacer pausa. Hacíase este viaje de más de cuatro leguas en tres o cuatro horas; llamaban esta procesión "ypayna Uitzilopuchtli", que quiere decir "el veloz y apresurado camino de Uitzilopuchtli". Acabados de llegar al pie de las gradas, ponían allí las andas y tomaban unas sogas gruesas y atábanlas a los asideros de las andas y con mucho tiento y reverencia, unos tirando de arriba y otros ayudando de abajo, subían las andas con el ídolo a la cumbre del templo y con mucho ruido de flautas y clamor de de bocinas y caracoles y tambores, subíanlo de esta manera por ser las gradas del templo muy empinadas y angostas y la escalera bien larga y así no podían subir con las andas en los hombros, y al tiempo que subían al ídolo estaba todo el pueblo en el patio con mucha reverencia y temor. Acabado de subirle a lo alto y metido en una casilla de rosas que le tenían hecha, venían luego los mancebos y derramaban muchas rosas de diversos colores, hinchando todo el templo dentro y fuera de ellas.

Hecho esto salían todas las doncellas con el aderezo referido y sacaban de su recogimiento unos trozos de masa de maíz tostado y bledos que es la misma de que el ídolo era hecho, hechos a manera de quesos grandes y entregábanlos a los mancebos y ellos subíanlos arriba y poníanlos a los pies del ídolo por todo aquel lugar hasta que no cabían más. A estos trozos de masa llamaban los huesos y carne de Uitzilopuchtli; puestos allí los huesos salían todos los ancianos del templo, sacerdotes y levitas y todos los demás ministros, según sus dignidades y antigüedades porque las había con mucho concierto y orden con sus nombres y dictados; salían unos tras otros con sus velos de red de diferentes colores y labores según la dignidad y oficio de cada uno, con guirnaldas en las cabezas y sartales de rosas en los cuellos. Tras éstos salían los dioses y diosas que adoraban, en diversas figuras, vestidos de la misma librea y poniéndose en orden alrededor de aquella masa hacían cierta ceremonia de canto y baile sobre ellos, con lo cual quedaban benditos y consagrados por carne y huesos de aquél ídolo, y luego se apercibían los sacrificadores para hacer el sacrificio en este gran templo de Uitzilopuchtli.


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