Manuscrito Tovar.  Códice Ramírez.

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Tenochtitlán

... hicieron este baño en un lugar que esta junto a esta ciudad llamada Mexicalzinco donde se bañaron y recrearon algún tanto; de allí pasaron a otro lugar llamado Iztacalco que está más cerca de la ciudad de México, donde estuvieron algunos días; después pasaron a otro lugar a la entrada de esta ciudad donde ahora está una ermita de San Antonio, de aquí entraron a un barrio que ahora de la ciudad llamado San Pablo, donde parió una señora de las más principales de su compaña, por cuya causa hasta hoy se llama este sitio Mixiuhtlan que significa lugar del parto. De esta suerte y con este estilo se fue metiendo poco a poco su ídolo al sitio en que pretendía se edificase su gran ciudad que ya de este lugar estaba muy cerca.

Sucedió que estando ellos aquí comenzaron a buscar y mirar si había por aquella parte de la laguna algún sitio acomodado para poblar y fundar su ciudad, porque ya en la tierra no había remedio por estar todo poblado de sus enemigos. Discurriendo y andando a unas partes y a otras entre carrizales y espadañas, hallaron un ojo de agua hermosísimo donde vieron cosas maravillosas y de grande admiración, las cuales habían antes pronosticado sus sacerdotes, diciéndolo al pueblo por mandado de su ídolo: lo primero que hallaron en aquel manantial fue una sabina blanca muy hermosa al pie de la cual manaba aquella fuente; luego vieron que todos los sauces que alrededor de sí tenía aquella fuente; eran todos blancos, sin tener ni una sola hoja verde y todas las cañas y espadañas de aquel lugar eran blancas, y estando mirando esto con grande atención, comenzaron a salir del agua ranas todas blancas y muy vistosas: salía esta agua de entre dos peñas tan clara y tan linda que daba gran contento.

Los sacerdotes, acordándose de lo que su dios les había dicho, comenzaron a llorar de gozo y alegría, y hacer grandes extremos de placer, diciendo: "Ya hemos hallado el lugar que nos ha sido prometido; ya hemos visto el consuelo y descanso de este cansado pueblo mexicano; ya no hay más que desear; consoláos, hijos y hermanos, que lo que nos prometió nuestro dios hemos hallado; pero callemos, no digamos nada, sino volvamos al lugar donde ahora estamos, donde aguardaremos de lo que nos mandare nuestro señor Huitzilopochtli". Vueltos al lugar de donde salieron, luego aquella noche siguiente apareció Huitzilopochtli en sueños a uno de sus ayos, y díjole: "Ya estaréis satisfechos como yo no os he dicho cosa que no haya salido verdadera y habéis visto las cosas que os prometí veríades en este lugar, donde yo os he traído, pues esperad que aún más falta por ver; ya os acordáis como os mandé matar a Copil, hijo de la hechicera que se decía mi hermana, y os mandé que le sacásedes el corazón y lo arrojásedes entre los carrizales y espadañas de esta laguna, lo cual hicísteis: sabed pues que ese corazón cayó sobre una piedra y de él salió un tunal, que está tan grande y hermoso que un águila habita en el, y allí encima se mantiene y come de los mejores y más galanos pájaros que hay, y allí extiende sus hermosas y grandes alas, y recibe el calor del sol y la frescura de la mañana. Id allá a la mañana, que hallaréis la hermosa águila sobre el tunal y alrededor de él veréis mucha cantidad de plumas verdes, azules, coloradas, amarillas y blancas de los galanos pájaros con que esta águila se sustenta, y a este lugar donde hallaréis el tunal con el águila encima le pongo por nombre Tenuchtitlan."

Este nombre tiene hasta hoy esta ciudad de México, la cual en cuanto fue poblada de los mexicanos se llama México, que quiere decir lugar de los mexicanos, y en cuanto a la disposición del sitio se llama Tenochtitlán, porque Tetl es la piedra y Nochtli es tunal, y de estos dos nombres componen Tenochtli que significa el tunal y la piedra en que estaba, y añadiéndole esta partícula Tlan, que significa lugar dicen Tenuchtitlan que quiere decir lugar del tunal en la piedra.

Otro día de mañana el sacerdote mandó a juntar todo el pueblo, hombres y mujeres, viejos mozos y niños sin que nadie faltase, y puestos en pie comenzó a contarles su revelación encareciendo las grandes muestras, mercedes que cada día recibían de su dios con una prolija plática, concluyendo con decir que "En este lugar del tunal está nuestra bienaventura, quietud y descanso, aquí ha de ser engrandecido y ensalzado el nombre de la nación mexicana, desde este lugar ha de ser conocida la fuerza de nuestro valeroso brazo y el ánimo de nuestro valeroso corazón con que hemos de rendir todas las naciones y comarcas, sujetando de mar a mar todas las remotas provincias y ciudades, haciéndonos señores del oro y plata, de las joyas y piedras preciosas, plumas y mantas ricas, etc.; aquí hemos de ser señores de todas estas gentes, de sus haciendas, hijos e hijas; aquí nos han de servir y tributar, en este lugar se ha de edificar la famosa ciudad que ha de ser reina y señora de todas las demás, donde hemos de recibir todos los reyes y señores, y donde ellos han de acudir y reconocer como a suprema corte. Por tanto, hijos míos vamos por entre estos cañaverales, espadañas y carrizales donde está la espesura de esta laguna, y busquemos el sitio del tunal, pues nuestro dios lo dice, no dudéis de ello, pues todo cuanto nos ha dicho hemos hallado verdadero".

Hecha esta plática del sacerdote, humillándose todos, haciendo gracias a dios, divididos por diversas partes entraron por la espesura de la laguna y buscando por una parte y por otra, tornaron a encontrar con la fuente que el día antes habían visto y vieron que el agua que antes salía muy clara y linda, aquel día manaba muy bermeja, casi como sangre, la cual se dividía en dos arroyos, y en la división del segundo arroyo salía agua tan azul y espesa que era cosa de espanto, y aunque ellos repararon en que aquello no carecía de misterio, no dejaron de pasar adelante a buscar en pronóstico del tunal y el águila, y andando en su demanda, al fin dieron con el lugar del tunal, encima del cual estaba el águila con las alas extendidas hacia los rayos del sol, tomando el calor de él, y en las uñas tenia un pájaro muy galano, de plumas muy preciadas y resplandecientes. Ellos como la vieron, humilláronse, haciéndole reverencia como cosa divina, y el águila como los vio, se les humilló bajando la cabeza a todas partes donde ellos estaban, los cuales viendo que se les humillaba el águila y que ya habían visto lo que deseaban, comenzaron a llorar y hacer grandes extremos, ceremonias y visajes con muchos movimientos en señal de alegría y contento, y en hacimiento de gracias decían: "¿Dónde merecimos tanto bien? ¿Quién nos hizo dignos de tanta gracia, excelencia y grandeza? ya hemos visto lo que deseábamos, ya hemos alcanzado lo que buscábamos, ya hemos hallado nuestra ciudad y asiento, sean dadas gracias al señor de lo criado, y nuestro dios Huitzilopochtli"; y yéndose a descansar por aquel día, señalaron el lugar. Luego al día siguiente dijo el sacerdote a todos los de su compañía:"Hijos míos, razón será que seamos agradecidos a nuestro dios por tanto bien como nos hace; vamos todos y hagamos en aquel lugar del tunal una ermita pequeña donde descanse ahora nuestro dios, ya que de presente no la podemos edificar de piedra hagámosla de céspedes y tapias hasta que se extienda a más nuestra posibilidad".

Lo cual oído todos fueron de muy buena gana al lugar del tunal, y cortando céspedes los mas gruesos que podían de aquellos carrizales, hicieron un asiento cuadrado junto al mismo tunal para fundamento de la ermita en el cual fundaron una pequeña y pobre casa a manera de humilladero, cubierta de paja de la que había en la misma laguna porque no se podían extender a más, pues estaban y edificaban en sitio ajeno, que aquel en que estaba caía en términos de Azcaputzalco y los de Tezcuco, porque allí se dividían las tierras de los unos y los otros, y así estaban tan pobres, apretados y temerosos, que aun aquella casilla de barro que hicieron para su dios la edificaron con harto temor y sobresalto. Pero juntándose todos en consejo hubo algunos a quienes pareció fuesen con mucha humildad a los de Azcaputzalco y a los de Tepanecas, que son los de Tacuba y Cuyuhuacan, a los cuales se diesen y ofreciesen por amigos y se les sujetasen con intento de pedirles piedra y madera para el edificio de su ciudad; pero los más de ellos fueron de contrario parecer, diciendo que además de ser aquello mucho menoscabo de sus personas, se ponían en riesgo de que los recibiesen mal y que los injuriasen y maltratasen, y así que el mejor medio era que los días de mercado saliesen a los pueblos y ciudades a la redonda de la laguna, y ellos y sus mujeres llevasen pescados y ranas con todo género de sabandijas que el agua produce y de todas las aves marinas que en la laguna se crían, con lo cual comprasen piedra y madera para el edificio de su ciudad, y esto libremente sin reconocer ni sujetarse a nadie pues su dios les había dado aquel sitio; pareciendo a todos ser este medio el más acertado lo pusieron en ejecución, y metiéndose en los cañaverales, espadañas y carrizales de la laguna, pescaban mucho número de peces, ranas, camarones, y otras cosillas, y asimismo cazaban muchos patos, ánsares, gallaretas, corvejones y otros diversos géneros de aves marinas, y teniendo cuenta de los días de mercado, salían a ellos en nombre de cazadores, y pescadores y trocaban todo aquello por madera de morillos y tablillas. Leña, cal y piedra, y aunque la madera y piedra era muy pequeña, con todo eso comenzaron a hacer el templo de su dios lo mejor que pudieron, cubriéndolo de madera, y poniéndole por fuera sobre las tapias de tierra, una capa de piedras pequeñas revocadas con cal, y aunque chica y pobre la ermita quedó con esto con algún lustre y algo galana: luego fueron poco a poco haciendo plancha para el cimiento y sitio de su ciudad encima del agua, hincando muchas estacas, y echando tierra y piedra entre ellas.

Acabado de reparar su templo como queda referido, y cegada gran parte de la laguna con planchas y cimientos para su ciudad, una noche habló Huitzilopochtli a uno de sus sacerdotes y ayos de esta manera: "Di a la congregación mexicana que se dividan los señores cada uno con sus parientes, amigos y allegados en cuatro barrios principales tomando en medio la casa que para mi descanso habéis edificado, y cada parcialidad edifique en su barrio a su voluntad". Éstos son los barrios que hasta hoy en día permanecen en esta ciudad de México, que ahora se llaman San Pablo, San Juan, Santa María la redonda y San Sebastián.

Después de divididos los mexicanos en estos cuatro barrios, mandóles su dios que repartiesen entre sí los dioses que él les señalase, y que cada principal de barrio de los cuatro nombrase y señalase otros barrios particulares, donde aquellos dioses fuesen reverenciados, y así cada barrio de estos cuatro principales se dividió en muchos barrios pequeños conforme al número de ídolos que su dios les mandó adorar, a los cuales les llamaban Capultetes, que quiere decir dioses de barrios.

Hecha esta división con el concierto de sus colaciones e ídolos, algunos de los viejos y ancianos pareciéndoles que en la partición de los sitios no se les daba la honra que merecían, como gente agraviada, ellos y sus parientes y amigos se amotinaron y se fueron a buscar nuevo asiento, y discurriendo por la laguna vinieron a hallar una albarrada o terraplén que ellos llamaron Tlatelolli, donde poblaron dando por nombre el lugar Tlatelulco, que quiere decir lugar de terraplén; y estos hicieron la tercera división del real mexicano, porque como queda referido los de Michhuacan hicieron la primera, y los de Malinalco, descendientes de la hechicera hicieron la segunda, cuenta la historia que estos de la tercera división eran inquietos, revoltosos y de malas intenciones, y así les hacían muy mala vecindad, porque desde el día que allí se pararon nunca tuvieron paz ni se llevaron bien con sus hermanos los mexicanos, y hasta ahora hay bandos y enemistades entre ellos.


La nación mexicana Uitzilopuchtli