Manuscrito Tovar.  Códice Ramírez.

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La nación mexicana

Estando ya los chichimecas en alguna policía y la tierra ya poblada y llena de los seis linajes referidos, pasados trescientos y dos años que habían dejado sus cuevas o solares, apartaron a esta tierra los de la séptima cueva, que es la nación mexicana, la cual como los demás salió de las tierras de Aztlan y Teu Culhuacan, gente belicosa y animosa, que emprendían sin temor grandes hechos y hazañas, política y cortesana. Traían consigo un ídolo que llamaban Huitzilopuchtli, que quiere decir siniestra de un pájaro, que hay acá de pluma rica, con cuya pluma hacen las imágenes, y cosas ricas de pluma; componen su nombre de huitzitzili que así llaman al pájaro, y de opochtli, que quiere decir siniestra y dicen huitzilopuchtli. Afirma que este ídolo los mandó salir de su tierra, prometiéndoles que los haría príncipes y señores de todas las provincias que habían poblado las otras seis naciones. Tierra muy abundante de oro. plata, y piedras preciosas, plumas y mantas ricas y de todo lo demás: y así salieron los mexicanos como los hijos de Israel a la tierra de promisión, llevando consigo este ídolo metido en un arca de juncos como los otros en arca del testamento; llevando cuatro ayos, o sacerdotes principales dándoles leyes, y enseñándoles ritos, ceremonias y sacrificios a los más supersticiosos, crueles y sangrientos que jamás se han oído, como en la relación de sus sacrificios en particular se verá; finalmente no se movían un punto sin parecer y mandado de este ídolo, que no se ha visto demonio que tanto conversase con gentes como éste. Y así en todos los desatinos, y crueles sacrificios que estos miserables hacían, se parece muy bien ser dictados del mismo enemigo del género humano.

Fueron caminando con su arca por donde su ídolo los iba guiando, llevando por caudillo a uno que se llamaba Mexi, del cual toma el nombre de mexicanos; porque de mexi, con esta partícula ca, componen mexica, que quiere decir la gente de México: caminaron con la misma prolijidad que las otras seis naciones, poblando, sembrando, y cogiendo en diversas partes: de lo cual hay hasta hoy ciertas señales y ruinas, pasando muchos trabajos y peligros. Lo primero que hacían donde quiera que paraban era edificar tabernáculo o templo para su falso dios según el tiempo que se detenían, edificándolo siempre en medio del real que se asentaban, puesta el arca siempre sobre un altar como el que usa la iglesia, que en muchas cosas la quiso imitar este ídolo como adelante se dirá.

Lo segundo que hacían era sembrar pan, y las demás semillas que usan para su sustento de riego y de temporal, y esto con tanta indiferencia que si su dios tenía por bien que se cogiese lo cogían, y si no en mandándoles alzar el real allí se quedaba todo para semilla y sustento de los enfermos, viejos, y viejas, y gente cansada que iban dejando donde quiera que poblaban, para que quedase toda la tierra poblada de ellos, que este era su principal intento: prosiguiendo de esta suerte su viaje vinieron a salir a la provincia que se llama Michhuacan, que quiere decir tierra de los que poseen el pescado por lo mucho que allí hay, donde hallaron muy hermosas lagunas y frescura; contentándoles mucho este sitio consultaron los sacerdotes al dios Huitzilopochtli, que si no era aquella tierra que les había prometido, que fuese servido quedarse a lo menos poblada de ellos: el ídolo de ellos les respondió en sueños que le placía lo que le rogaban, que el modo sería que todos los que entrasen a bañarse en una laguna grande que está en un lugar de allí que se dice Pazcuaro, así hombres como mujeres, después de entrados se diese aviso a los que fuera quedasen, les hurtasen la ropa, y sin que lo sintiesen alzasen el real, y así se hizo; los otros que no advirtieron el engaño con el gusto de bañarse, cuando salieron y se hallaron despojados de sus ropas, y así burlados y desamparados de los otros, quedando muy agraviados por negarlos en todo de propósito mudaron el vestido y el lenguaje y así se diferenciaron de la gente o tribu mexicana.

Los demás prosiguieron; con su real iba con ellos una mujer que se llamaba la hermana de su dios Huitzilopochtli; la cual era tan gran hechicera y mala, que era muy perjudicial su compañía, haciéndose temer con muchos agravios y pesadumbres que daba con mil malas mañas que usaba para después hacerse adorar por dios. Sufrían todos en su congregación por ser hermana de su ídolo, pero no pudieron tolerar mas su desenvoltura, los sacerdotes quejones a su dios, el cual respondió a uno de ellos en sueños que dijese al pueblo como estaba muy enojado con aquella su hermana por ser tan perjudicial a su gente, que no le había dado él aquel poder sobre los animales bravos para que se vengase, y matase a los que la enojan mandando a la víbora, al alacrán, al ciento pies y a la araña mortífera que pique. Por tanto, que para librarlos de esta aflicción, por el grande amor que les tenia mandaba que aquella noche el primer sueño, estando ella durmiendo, con todos sus ayos y señores la dejasen allí y se fuesen secretamente, sin quedar quien pudiese dar razón de su real y caudillo, y que ésta era su voluntad porque su venida no fue en hechizar y encantar las naciones trayéndolas a su servicio por esta vía sino por ánimo y valentía de corazón y brazos, por el cual modo pensaba engrandecer su nombre, y levantar la nación mexicana hasta las nubes haciéndoles señores del oro y de la plata, y de todo género de metales y de las plumas ricas de diversos colores, y de las piedras de mucho precio y valor, y edificar para sí y en su nombre, casas, y templos de esmeraldas y rubíes como señores de las piedras preciosas, y cacao que en estas tierras se cría, y de las mantas de ricas labores con que se pensaba cubrir, y que esto había sido su dichosa venida, tomando el trabajo de traerlos a estas partes para darles descanso y premio de los trabajos que hasta allí habían pasado, y restaban.

Propuso el sacerdote la plática al pueblo, y quedando muy agradecidos y consolados hicieron lo que el ídolo les mandaba, dejando allí a la hechicera y su familia; pasó adelante el real guiándolos su dios a un lugar que se dice Tula, la hechicera hermana de su dios cuando amaneció, y vio la burla que le había hecho comenzó a lamentar y quejarse con su hermano Huitzilopochtli, y al fin no sabiendo a qué parte había encaminado su real, determinó quedarse allí, y pobló un pueblo que se dice Malinalco; pusiéronle este nombre porque le pobló esta hechicera que se decía Malinalxochi, y que de este nombre y de la partícula componen Malinalco, que quiere decir lugar de Malinalxochi, y así a la gente de este pueblo han tenido y tienen por grandes hechiceros como hijos de tal madre, y ésta fue la segunda división del real de los mexicanos, porque como queda referido la primera fue en Michhuacan, y esto sin los enfermos, viejos y gente cansada que fueron dejando en diversas partes que de ellos se poblaron como al principio queda dicho.

Llegando los restantes con su caudillo y arca al pueblo que ahora se dice Tula, iba la gente bien disminuida por las divisiones que habían hecho, y así estuvieron allí harto tiempo rehaciéndose de gente y bastimentos, asentando en un cerro que se dice Cohuatepec, que quiere decir el cerro de las culebras.

Puestos allí mandó el ídolo en sueños a los sacerdotes que atajasen el agua de un río muy caudaloso que por allí pasaba, para que aquel agua se derramase por todo aquel llano, tomase en medio aquel cerro donde estaban: porque quería mostrar la semejanza de la tierra y sitio que les había prometido. Hecha la presa se extendió y derramó aquella agua por todo aquel llano haciéndose una muy hermosa laguna, la cual cercaron de sauces, álamos, sabinas etc. Críase en ella mucha juncia o espadaña, por cuya causa la llamaron Tula que quiere decir lugar de la juncia o espadaña. Comenzó a tener grande abundancia de pescado y de aves marinas como son patos, garzas, gallaretas, de que se cubrió toda aquella laguna de México en abundancia cría, hinchóse asimismo aquel sitio de carrizales y flores marinas, donde acudían diferentes maneras de tordos unos colorados y amarillos, cuya armonía con el canto de las aves que estaban por las arboledas, que no eran menos, se puso deleitoso y ameno aquel lugar, el cual pintan en esta forma.

Estando los mexicanos en este lugar tan deleitoso olvidados de que les había dicho el ídolo que era aquel sitio solamente muestra y dechado de la tierra que les pensaba dar, comenzaron a estar muy de propósito, diciendo algunos de allí se habían de quedar para siempre y aquel era el lugar electo de su dios Huitzilopochtli, que desde allí habían de conseguir todos sus intentos siendo señor de las cuatro partes del mundo, etc., mostró tanto enojo de esto el ídolo que dijo a los sacerdotes: "¿Quién son estos que así quieren traspasar y poner objeción a mis determinaciones y mandatos? ¿Son ellos por ventura mayores que yo? Decidles que yo tomaré venganza de ellos antes de mañana porque no se atrevan a dar parecer en lo que yo tengo determinado, y sepan todos que a mí solo han de obedecer ". Dicho esto afirman que vieron el rostro de ídolo tan feo y espantoso que a todos puso gran terror y espanto. Cuentan que aquella noche estando todo sosiego oyeron a una parte de su real gran ruido, y acudiendo allá por la mañana, hallaron a todos los que habían movido la plática de quedarse en aquel lugar, muertos y abiertos por los pechos, sacados solamente los corazones, y entonces les enseñó aquel cruelísimo sacrificio que siempre usaron, abriendo a los hombres por los pechos, y sacándoles el corazón lo ofrecían a los ídolos diciendo que su dios no comía sino corazones. Hecho este castigo, Huitzilopochtli mandó a los ayos que deshicieran la represa y reparos de la toma del agua con que se hacía aquella laguna, y que dejasen ir el río que habían represado por su antiguo curso, lo cual pusieron luego por obra, y desaguándose por allí aquella laguna quedó aquel lugar seco de la manera que antes estaba. Viendo los mexicanos la esterilidad en que había quedado aquel lugar pasado algún tiempo, considerando que ya estaría desenojado su dios, consultáronle, y mandó que alzasen el real y así salieran de aquellos términos de Tula en año de 1168. Vinieron marchando hacia la gran laguna de México con el mismo orden y estilo que queda dicho, haciendo algunas pausas, sembrando y cogiendo sin tener encuentro de importancia con la gente de por allí, aunque siempre iban con recelo y pertrechándose hasta venir a llegar a un cerrillo llamado Chapultepec, que quiere decir cerro de las langostas donde tuvieron contradicción como luego se dirá.

Llegados a este cerro de Chapultepec, que estaba ya junto a la gran laguna de México, asentaron allí su real no con poco temor y sobresalto por ser términos de los Tepanecas, gente ilustre que entonces tenían el mando sobre todas esas otras naciones, cuya ciudad principal y corte era Azcaputzalco, que quiere decir hormiguero por la muchísima gente que tenia como queda ya explicado. Puestos los mexicanos en este lugar hicieron sus chozas reparándose lo mejor que pudieron; consultaron a su dios de lo que habían de hacer, respondió que esperasen el suceso que él sabía que lo que había de hacer, y a su tiempo les avisaría; pero que estuviesen advertidos que no era aquel lugar que él había elegido para su morada; que cerca de allí estaba, mas que se aparejasen, porque primero tendrían gran contradicción de dos naciones; que esforzasen sus corazones. Ellos temerosos con esta respuesta de su ídolo, eligieron un capitán y caudillo de los más ilustres que en su compañía venía, tenía por nombre Huitzihuitl, que significa la pluma del pájaro que ya se ha dicho y se dice huitzitzili. Eligiéronle porque todos le conocían por hombre industrioso y de valeroso corazón, y que les haría mucho caso para su defensa. Electo éste por capitán general y habiéndole dado todos obediencia, mandó fortalecer las fronteras de aquel cerro con unos terraplenes que acá llaman albarradas, haciendo en la cumbre un espacioso patio donde todos se recogieron y fortalecieron, teniendo su centinela y guarda de día y de noche con mucha diligencia y cuidado, poniendo las mujeres y niños en medio del ejército, aderezando flechas, varas arrojadizas y hondas, con otras cosas necesarias a la guerra. Estando de esta manera los mexicanos rodeados de innumerables gentes, donde nadie les mostraba buena voluntad, aguardando su infortunio; en este tiempo la hechicera que dejaron desamparada que se llamaba hermana de su dios tenia ya un hijo llamado Copil, de edad madura, a quien la madre había contado el agravio que Huitzilopochtli le había hecho de lo cual recibió gran pena y enojo Copil, y prometió a la madre vengar en cuanto pudiese el mal término que con ella se había usado, y así teniendo noticia Copil que el ejército mexicano estaba en el cerro de Chapultepec, comenzó a discurrir por todas aquellas naciones a que destruyesen y matasen aquella generación mexicana publicándolos por hombres perniciosos, belicosos, tiranos, y de malas y perversas costumbres, que él los conocía muy bien. Con esta relación toda aquella gente estaba muy temerosa, e indignada, contra los mexicanos, por lo cual se determinaron de matarlos y destruirlos a todos. Teniendo ya establecido Copil su intento, subióse a un cerrillo que está junto a la laguna de México donde están unas fuentes de agua caliente que hoy llaman los españoles El Peñol, estando allí Copil atalayando el suceso de su venganza y pretensión, el Huitzilopochtli muy enojado del caso, llamó a sus sacerdotes y dijo que fuesen todos a aquel Peñol, donde hallarían al traidor de Copil, puesto por centinela de su destrucción, y que lo matasen y trajeran el corazón: ellos pusieron por obra y hallándolo descuidado le mataron y sacaron el corazón, y presentándolo a su dios, mandó que uno de sus ayos entrase por la laguna, y lo arrojase en medio de un cañaveral que allí estaba. Y así fue hecho, del cual corazón fingen que nació el tunal donde después se edificó la ciudad de México. También dicen que luego que fue muerto Copil en aquel Peñol, en el mismo lugar nacieron aquellas fuentes de agua caliente que allí manan. Y así las llaman Acopilco, que quiere decir lugar de las aguas calientes de Copil.

Muerto Copil, movedor de las disensiones, no por eso aseguraron los mexicanos, por estar ya infamados y muy odiosos, y no se engañaron porque luego vinieron ejércitos de los comarcanos con mano armada a ellos. Corriendo allí hasta los chalcas combatiéndolos por todas partes con ánimo de destruir y matar la nación mexicana. Las mujeres y los niños viendo tantos enemigos comenzaron a dar de gritos, y hacer gran llanto, no por eso desmayaron los mexicanos; antes tomando nuevo esfuerzo hicieron rostro a todos aquellos que los tenían cercados, y a la primera refriega prendieron a Huitzilihuitl capitán general de todos los mexicanos, mas no por eso desmayaron, mas apellidaban a su dios Huitzilopochtli, rompieron por el ejército de los chalcas, y llevando en medio todas las mujeres y niños y viejos, salieron huyendo entre ellos hasta meterse en una villa que se llama Atlacuihuayan, donde hallándola desierta se hicieron fuertes; los chalcas y los demás, viéndose desbaratados de tan poca gente no curaron de seguirlos, casi como avergonzados, contentándose con llevar preso al caudillo de los mexicanos, al cual mataron en un pueblo de los culhuas llamado Culhuacan. Los mexicanos se repararon y refrescaron de armas en esta villa y allí inventaron una arma a manera de fisga que ellos llamaron atlatl, y por esto llamaron a aquel lugar Atlacuihuayan que quiere decir lugar donde tomaron la arma atlatl.

Habiéndose reparado de estas cosas fuéronse marchando por la orilla de la laguna, hasta llegar a Culhuacan donde el ídolo Huitzilopochtli habló a sus sacerdotes diciéndoles: "Padres y ayos míos: bien he visto vuestro trabajo y aflicción, pero consoláos, que para poner el pecho y la cabeza contra vuestros enemigos sois venidos, aquí lo que haréis que enviéis vuestros mensajeros al señor de Culhuacan y sin más ruegos ni cumplimientos le pedís que os señale el sitio y lugar donde podáis estar y descansar; no temáis de entrar a él con osadía, que yo sé lo que os digo y ablandaré su corazón para que os reciba; tomad el sitio que os diere bueno o malo, y asentad en él vuestro real hasta que se cumpla el término y plazo determinado de vuestro consuelo y quietud".

Con la confianza del ídolo enviaron luego sus mensajeros al señor de Culhuacan, al cual propusieron su embajada, diciendo que acudían a él como a más benigno, con la esperanza que no sólo les daría sitio para sus mujeres e hijos. El rey de Culhuacan recibió muy bien a los mensajeros de los mexicanos, y los mandó aposentar tratándolos muy bien mientras consultaba el negocio con sus principales y consejeros, los cuales estaban contrarios y adversos que si el rey no estuviera con deseo de favorecer a los mexicanos, en ninguna manera los admitieran; pero al fin, dando y tomando con el consejo después de muchas contradicciones, demandas y respuestas, les vinieron a dar un sitio, que se dice Tizapan, que significa lugar de las aguas blancas, no sin gran malicia de los de Culhuacan, porque estaba este sitio al pie de un cerro donde se criaban muchas víboras, culebras y sabandijas muy ponzoñosas que descendiendo a aquel lugar estaba lleno de ellas, por cuya causa no se habitaba. Dieron este sitio a los mexicanos entendiendo que presto los acabarían estos animales ponzoñosos. Volviéndose los mensajeros con la respuesta a los mexicanos admitieron el sitio a buena gana, y así entraron en él.

Comenzando a poblarse hallaron tantas malas sabandijas, que recibieron gran pena y temor, mas su ídolo les dio remedio para que las rindiesen y amansasen, y fuesen muy buen manjar para ellos, y así se sustentaban de aquellas culebras y víboras, que les eran ya tan sabrosas que en breve dieron cabo de ellas; hicieron en este lugar una muy buena población, con su templo, casería, y sementeras muy bien labradas con que estaban muy contentos, y su gente en mucho aumento: al cabo de muchas idas entendiendo los de Culhuacan que poco a poco se los habían consumido aquellas sabandijas, díjoles el rey: "Id y ved en qué han parado los mexicanos, y saludad de mi parte a los que hubieren quedado, y preguntadles como les va con el sitio que se les dio". Idos los mensajeros hallaron a los mexicanos muy alegres y contentos, con sus sementeras muy cultivadas y puestas en orden, hecho templo a su dios y ellos en sus casas; los asadores y ollas llenas de culebras, de ellas asadas y de ellas cocidas, diéronles los de Culhuacan su embajada de parte del rey y ellos teniéndolo en gran merced, respondieron el contento que tenían agradeciendo el bien que se les había hecho

Y pues tanta merced les hacía el rey que le suplicaban les concediese dos cosas: que les diera entrada y contratación en su ciudad, y consentimiento para que emparentasen los unos con los otros por vía de casamiento. Los mensajeros volvieron al rey con la nuevas de la pujanza y multiplico de los mexicanos, diciéndole lo que habían visto y lo que habían respondido: el rey y sus principales quedaron muy admirados de una cosa tan prodigiosa y nunca oída, y así cobraron de nuevo gran temor a los mexicanos diciendo el rey a su gente: "ya os he dicho que esta gente es muy favorecida de su dios, y gente de malas mañas; dejadles, y no les hagáis mal, que mientras no les enojáresles ellos estarán sosegados". Desde entonces comenzaron los mexicanos a entrar en Culhuacan, y tratar y contratar libremente y emparentar unos con otros tratándose como hermanos y parientes. Estando en esta paz y sosiego Huitzilopochtli, dios de los mexicanos, viendo el poco provecho que se le seguía de sus intentos con tanta paz, dijo a sus viejos y ayos: "necesidad tenemos de buscar una mujer, la cual se ha de llamar la mujer de la discordia, y ésta se ha de llamar mi abuela en el lugar donde hemos de ir a morar, porque no es este sitio donde hemos de hacer nuestra habitación, mas es necesario que la ocasión de dejar este que ahora habitamos sea con guerra y muerte y empecemos a levantar nuestras armas, arcos, flechas, rodelas y espadas y demos a entender al mundo el valor de nuestras personas. Comenzad pues a apercibiros de las cosas necesarias para vuestra defensa y ofensa de nuestros enemigos y búsquense luego medio para que salgamos de este lugar; y sea este que luego vais al rey de Culhuacan, y le pedís su hija para mi servicio, el cual luego os la dará y esta ha de ser la mujer de la discordia como adelante lo veréis".

Los mexicanos que siempre fueron obedientísimos a su dios fueron luego al rey de Culhuacan, y proponiendo su embajada viendo que le pedían la hija para reina de los mexicanos y abuela de su dios, con codicia de esto diósela sin dificultad, a la cual los mexicanos llevaron con toda la honra posible con mucho contento y regocijo de ambas partes así de los mexicanos como de los de Culhuacan, y puesta en su trono luego aquella noche habló el ídolo a sus ayos y sacerdotes diciéndoles; "Ya os avisé que esta mujer había de ser la de la discordia entre vosotros y los de Culhuacan, y para lo que yo tengo determinado se cumpla, matad esa moza y sacrificadla a mi nombre a la cual desde hoy tomo por mi madre: después de muerta desolladla toda y el cuero vestídselo a uno de los principales mancebos y encima vestidlo de los demás vestidos mujeriles de la moza, y convidares al rey su padre que venga a hacer adoración a la diosa su hija y a ofrecerle sacrificio", todo lo cual se puso por obra (y esta es la que después los mexicanos tuvieron por diosa que en el libro de los sacrificios se llama Toci que quiere decir nuestra abuela). Llamaron luego al rey su padre para que viniese a adorar según el ídolo lo había mandado; aceptó el rey el convite, y juntando sus principales y señores les dijo que juntasen muchas ofrendas y presentes para ir a ofrecer a su hija que era ya diosa de los mexicanos; ellos teniéndolo por cosa justa, juntaron muchas y diversas cosas acostumbradas en sus ofrendas y sacrificios, salieron con todo este aparato con su rey, vinieron al lugar de los mexicanos, los cuales los recibieron y aposentaron lo mejor que pudieron, dándoles el parabién de su venida; después que hubieron descansado, metieron los mexicanos el indio que estaba vestido con el cuerpo de la hija del rey al aposento del ídolo Huitzilopochtli, y poniéndolo a su lado, salieron a llamar al rey de Culhuacan y padre de la moza, diciéndole: "Señor, si eres servido bien puedes entrar a ver nuestro dios y a la diosa tu hija, hacerles reverencia ofreciéndoles tus ofrendas".

El rey teniéndolo por bien se levantó y entrando en el aposento del ídolo, comenzó a hacer grandes ceremonias, y a cortar las cabezas de muchas codornices y otras aves que había llevado haciendo su sacrificio de ellas, poniendo delante de los dioses muchos manjares, incienso y flores y otras cosas tocantes a sus sacrificios, y por estar la pieza obscura no veía a quién ni delante de quién hacían aquellos sacrificios. Hasta que tomando un brasero de lumbre en la mano según la industria que le dieron, echó incienso en él y comenzando a incensar se encendió de modo que la llama aclaró el lugar donde el ídolo y el cuero de su hija estaban, y reconociendo la crueldad tan grande, cobrando grandísimo horror y espanto soltó de la mano el incensario y salió dando grandes voces.

Y decía el rey de Culhuacan: "Aquí, aquí mis vasallos los de Culhuacan, contra una maldad tan grande como estos mexicanos han cometido, que han muerto a mi hija y desollándola vistieron el cuero a un mancebo a quien me han hecho adorar, mueran y sean destruidos los hombres tan malos de tan crueles costumbres; que no quede rastro ni memoria de ellos; demos fin de ellos, vasallos míos".

Los mexicanos viendo las voces que el rey de Culhuacan daba y el alboroto en que sus vasallos ponía, los cuales ya sobre aviso, se retiraron metiéndose con sus hijos y mujeres por la laguna adentro, tomando el agua por reparo contra los enemigos, pero los de Culhuacan dando aviso en su ciudad salió toda la gente con mano armada y combatiendo a los mexicanos los metieron tan adentro de la laguna, que casi perdían pie, por cuya causa las mujeres y los niños levantaron gran llanto, mas no por eso los mexicanos perdieron ánimo, antes esforzándose más comenzaron a arrojar contra sus enemigos muchas varas arrojadizas como fisgas, con las cuales los de Culhuacan recibieron mucho detrimento, de suerte que comenzaron a retirar y así los mexicanos comenzaron a salir de la laguna y a tornar a ganar tierra.

Los mexicanos, yéndose a reparar a un lugar a la orilla de la laguna que se dice Iztapalapan, de allí pasaron a otro lugar llamado Acatzintitlan por donde entraba un gran río a la laguna, el cual estaba tan hondo que no lo podían vadear, y así hicieron balsas con las mismas fisgas y rodelas y yerbas que por allí hallaron, y con ellas pasaron las mujeres y niños de la otra parte del río, habiendo pasado se metieron por un lado de la laguna entre los cañaverales, espadañas y carrizales donde pasaron aquella noche con mucha angustia, trabajo, aflicción y llanto de las mujeres y niños, pidiendo que los dejasen morir allí, que ya no querían más trabajos. El dios Huitzilopochtli, viendo la angustia del pueblo, habló aquella noche a sus ayos y díjoles que consolasen a su gente y la animasen, pues todo aquello era para tener después más bien y contento; que descansasen ahora en aquel lugar. Los sacerdotes consolaron al pueblo lo mejor que pudieron, y así aliviados con la exhortación todo aquel día gastaron en enjugar sus ropas y rodelas, edificando un baño que ellos llaman Tamazcalli, que es un aposento estrecho con un hornillo a un lado por donde le dan fuego, con cuyo calor queda el aposento más caliente que una estufa.


Los chichimecas Tenochtitlán