Manuscrito Tovar.  Códice Ramírez.

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Los Monasterios

Había en la cerca de este gran templo como queda referido dos monasterios, el uno de mancebos recogidos de diez y ocho a veinte años, los cuales llamaban religiosos. Traían en las cabezas unas coronas como frailes, el cabello poco más crecido que les daba a media oreja excepto que al colodrillo (parte posterior inferior de la cabeza) dejaban crecer el cabello cuatro dedos en acho que les descendía por las espaldas y a manera de trenzado los ataban y trenzaban. Estos mancebos que servían en el templo de Uitzilopuchtli vivían en pobreza, castidad y obediencia, y hacían el oficio de levitas administrando a los sacerdotes y dignidades del templo el incensario, la lumbre y las vestimentas, barrían los lugares sagrados, traína leña para que siempre ardiese en el brasero del dios que era como lámpara, la cual ardía continua delante del altar del ídolo. Sin estos mancebos había otros muchachos que eran como monaguillos que servían de cosas manuales como era enramar u componer los templos con rosas y juncos, dar agua a manos de los sacerdotes, administrar navajuelas para sacrificar, ir con los que iban a pedir limosna para traer la ofrenda; todos éstos tenía sus prepósitos (superiores) que tenían cargo de lleos, y vivían con tanta honestidad y miramiento que cuando salían en publico donde había mujeres iban (con) las cabezas muy bajas, los ojos en el suelo sin osar alzarlos a mirarlas; traían por vestido unas sábanas de red, Estos mozos recogidos tenían licencia de salir por la ciudad de cuatro en cuatro y de seis en seis muy mortificados a pedir limosna por los barrios y cuando no se la daban, tenían licencia de llegarse a las sementeras y coger las espigas de pan y mazorcas que habían menester sin que el dueño osase hablarles ni evitárselo. Tenían esta licencia porque vivían en pobreza, sin otra renta más que pedir limosna. No podía haber más de cincuenta. Ejercitábanse en penitencia y levantábanse a media noche a tañer unos caracoles y bocinas con que despertaban a la gente; velaban el ídolo por sus cuartos porque no se apagase la lumbre que estaba delante del altar, administraban el incesiario con que los sacerdotes incesaban al ídolo a media noche, a la mañana y medio día y a la oración. Estos estaban muy sujetos u obedientes a los mayores y no salían un punto de lo que les mandaban, y después que a media noche acaban de incensar los sacerdotes, éstos se iban a un lugar particular y sacrificaban sacándose sangre de los molledos con unas puntas duras y agudas, y la sangre que así sacaban se la ponían por las sienes hasta lo bajo de la oreja y hecho este sacrificio se iban luego a lavar a una laguna. No se untaban estos mozos con ningún betún en la cabeza ni en el cuerpo como los sacerdotes, y su vestido era una tela que acá se hace, muy áspera y blanca; durábales este ejercicio y aspereza de penitencia un año entero en el cual vivían con mucho recogimiento y mortificación.

La segunda casa de recogimiento estaba frontero de ésta, la cual era de monjas recogidas, todas doncellas de doce o trece años, a las cuales llamaban las mozas de la penitencia. Eran otras tantas como los varones, vivían asimismo en castidad y clausura como doncellas diputadas la servicio de Dios; no tenían otro ejercicio sino regar y barrer el templo y hacer cada mañana de comer al ídolo y a sus miniostros de aquello que de limosna recogían los mozos, La comida que al ídolo hacían eran unos bollos pequeños hechos a manera de manos y de pies y otros retorcidos como melochas, con este pan hacían unos guisados y poníanselo al ídolo delante cada día. Estaban estas mozas trasquiladas y después dejaban crecer el cabello hasta cierto tiempo. Éstas en algunas festividades se emplumaban las piernas y brazos u poníanse color en los carrillos, levantábanse a media noche a las alabanzas de los ídolos que siempre se hacían, haciendo los mismos ejercicios que los demás. Tenían amas que eran como abadesas y prioras que las ocupaban en hacer lienzos de labores de muchas diferencias para el ornato de los dioses y de los templos. El traje que a la continua traían era todo blanco sin labor ni color alguna.

Estaban en este ejercicio y penitencia un año como los varones, el cual cumplido salían de allí para poderse casar así ellas como ellos, y en saliendo luego sucedían otros, porque de ordinario ellos o sus padres por ellos hacían voto de servir al templo un año con esta aspereza y penitencia, la cual hacían las mujeres a media noche al mismo tiempo que los varones sacrificándose en las puntas de las orejas hacia la parte de arriba y la sangre que se sacaban poníansela en las mejillas, y dentro de su recogimiento tenían una alberca donde se lavaban aquella sangre. Su recogimiento era muy grande, vivían con mucha honestidad y era tanto el rigor con que se miraba por ellas que si hallaban alguno, o alguna, en algún delito contra honestidad, por leve que fuese los mataban luego sin ninguna remisión, diciendo haber violado la casa de su Dios y Gran Señor, sobre lo cual fundaban un agüero y era como había mozos y mozas y conocían su poca constancia y mucha flaqueza, vivían siempre con gran cuidado y recelo y así en viendo entrar o salir algún ratón en el oratorio del ídolo, o algún murciélago, o si hallaban acaso roído algún velo o agujero que hubiese hecho el ratón, luego decía que algún pecado se había cometido y que alguna injuria se había hecho a su dios, pues el ratón o murciélago se había atrevido a ofender el ídolo y andaban muy sobre aviso para saber quién era la causa de tan gran desacato; hallado el delincuente, por muy aventajado que fuese en dignidad y linaje, luego le mataban vengando con aquello la injuria que a su Dios se había hecho.

Estos mozos y mozas habían de ser de seis barrios que para este efecto estaban nombrados y no podían se de otros. Las mozas de este recogimiento, dos días antes de la fiesta de este ídolo Uitzilopuchtli molían mucha cantidad de semilla de bledos juntamente con maíz tostado, y después de molido amasábanlo con miel y hacían de aquella masa un ídolo tan grande como era el de madera. Poníanle por los ojos unas cuentas verdes o azules o blancas y por dientes unos granos de maíz, sentado con todo el aparato que arriba queda dicho, el cual después de perfeccionado venían todos los señores y traían un vestido curioso y rico conforme al traje del ídolo con el cual le vestían, y después de muy bien vestido y aderezado sentábanle en su escaño azul, en sus andas con sus cuatro maderos para llevarlo en hombros. Llegaba la mañana de la fiesta, una hora antes de amanecer salían todas estas doncellas vestidas de blanco con atavíos nuevos y aquel día las llamaban hermanas del dios Uitzilopuchtli; venían coronadas con guirnaldas de maíz tostado y reventado que parece azahar, y a los cuellos gruesos sartales de lo mismo que les venían por debajo del brazo izquierdo, puesta su color en los carrillos, y los brazos desde los codos hasta las muñecas emplumados con plumas coloradas de papagayos, y así aderezadas tomaban las andas del ídolo en los hombros y sacábanlas al patio donte estaban ya todos los mancebos vestidos con unas sábanas de red galanas, coronados en la misma manera que las mujeres.


Uitzilopuchtli La Procesión