Mitos de los Indios Toba

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Asien 

Asien es toba puro. Estaba jugando hoka. Jugaba y estaba jugando y perdía. No tenía nada y estaba llorando. Y se fue al campo y halló un árbol, wedánik, allí había laguna con muchos árboles, por eso Wedehatañil se llama. Allí vivía Asien, Asien Lachaka.

De allí se fue al campo y había yuyito y con eso se tapaba, arrancando pasto seco para fuego. A la noche ya tenía fueguito. Quiso dormir. Vino Lapichí, y Lapichí preguntó: "¿Qué te pasa?" "Aquí estoy, me pasao mal, me quedo desnudo, pobre yo, ando mal de juego. Mi mujer me ha botao, por eso yo ando mal". Lapichí le dio un poncho y le enseñó: "Andaté por acá, mañana, derecho". Le entregó un burrito rengo y salió por el lado del Paraguay y se fue donde está Nalagat. La gente era fierecita, colorada, mala. Asien se perdió, otra vez y se cambió en lagartija hasta las doce. Pasó y se cerraron todas las puertas y pasó de largo. Pasó y se cambió en gente.

Llegó donde Nalagat. Preguntó: "¿Dónde está la casal?" Le indicaron y la gente decía: "Allí viene Asien". Nalagat era cacique. Nalagat saludó a Asien. Lo mandó hacer campamento con choza de paja. Cuatro días estuvo. Después se fue al baño a la laguna, y, entonces, juntó las manos en el agua: entró una mojarra colorada. Ya le avisó y hablao monjarrita: "Puede mañana cuando salas. Ve allá, encuentras burro, sacarás el cuero de las patas del burro, lo sacas todo con orejas enterito, el ojo también".

Se puso el cuero del burro, la cabeza, todo adentro del cuero estaba Asien. Nalagat miró y decía: "Como Asien porque está cambiado está más fiero". Le fue a preguntar a los hijos de Nalagat pidiendo peine. Se fue a bañar Asien. Los dos hombres fueron atrás a mirarlo y cuando Asien se sacó cuero de burro, quedó blanco, bien finito pero tiene pelo largo.

Entonces le dijo a su hermana: "Yo me voy a casar con él". Pero la hermana no quería. "Porque yo sé todos los trabajos y cocinar, sabe todo". Pero la hermana no quería, que era más chica la dueña del peine. Y la más chica se ha casado tres días y tres noches. Y se dio cuenta Nalagat de la hija y la castigó. Se hablaba los viejos: "¿Por qué te casas con él? No tiene nada, él indio".

Y ya se ha dejao de la hija. Por la mañana llamó a todos los del pueblo de Nalagat. Dijo: "Bueno, cuando usted quiera casar yo reuniré a todos los ricos del pueblo". Lo llamó también a Asien: era el pobre, el último con el burrito, las riendas eran de yuchán. No lo quería ninguno de los ricos la chica. Lo quería a Asien nomás, pero Asien quedaba fiero con el cuero del burro. Y la muchacha se casó con Asien. Y Nalagat quitó a la muchacha toda la ropa porque no quería que casara con Asien. Había una tohalla vieja, con ésa se tapó. Asien le mostró debajo de la cama: Había toda la ropa para ella, vestidos...

Nalagat lo mandó a Asien a carnear cuatro novillos para hacer charqui.

Trajo cuatro novillos para carniar, para comer en el camino y se fueron los de Nalagat a hacer la guerra con lo provisto. Nalagat habló con Asien: ''Mañana partimos. Vos quedarás a cuidar a los animales". Y allí quedó. "Bueno", dice Asien. Y se fueron a los cuatro días. Asien se fue. Había una campanita, la puso donde la puerta, se oía lejos; y unos trapos para los caballos cuando llegan. Y se fue Asien con el burrito. Y se fue lejito y se cambió y se apareció caballo grande y se voló y se fue al cielo. Alcanzó a Nalagat. Era tarde. Todos estaban mirando, ya viene otra vez Asien. Nalagat: "¿Por qué te vienes? Yo te dije que te quedaras, quédate por allí, lejito". No tenía comida, tenía solo un apero, pero abajo tenía miel.

Y por la mañana se llegó de nuevo y se mostró. Asien dijo: "Tengo que ir aquí nomás, hasta las casas". Dicen: "Yo voy a ir adelante porque mañana ya llegamos. Usted no puede llegar, por el burrito, no puede andar, está rengo". Pero había gente de Nalagat cuyo caballo lastimado no podía andar. Se juntó con Asien para regresar juntos.

A la mañana salió. Se hallaba con el hombre que tenía el animal lastimado y Nalagat lo sanó y ya tenía compañero Asien. Y se fue detrás de los demás. Se fue otra vez detrás de Nalagat, y los alcanzó. Habló Nalagat: "¿Cómo se viene otra vez este pobre? ¡Qué zonzo este hombre! Había otro compañero, zonzo él también. Indios que no entienden".

Nalagat habló otra vez: "Bueno, Asien, volvete mañana porque como a las ocho nos toparemos con el enemigo. A mí me da lástima porque usted, indio, no tiene nada para pelear". Ellos gritoneando a Asien. Asien callado nomás; no se enoja, quedaba quietito.

Entonces, Nalagat se fue por la mañana a las ocho. Ellos se quedaron. Nalagat a las ocho peleaba. Asien se puso su adorno de guerra: a los pies, cuero de corzuela; zapato colorao; adorno colorao para la cabeza; atrás, plumas de loro colorao; coleto de cuero de corzuela, y, quedó cambiao todo. Los caballos y los burros se cambiaron todos; tenían cencerros. Nalagat ya está peleando, ya está venciendo también. Los cencerros sonaban. Tenían sillas, frenos de plata. Nalagat ya estaba disparando con toda su gente. Y el Asien montó a caballo, el otro, el otro compañerito le enseñó: El enemigo se encontró, quiso balear todos los caballos y personas... No entra balas: sus compañeros quedaron detrás de árboles gruesos mirando.

Asien hizo tirar las riendas. Se pararon los caballos y se reventaron como caños y toda la gente del pueblo se murió. No quedó ni uno. Asien solo venció a todos.

Había otro compañerito. Dijo: "Yo voy a llevarle plata y ropa de los muertos". Quiere llevar todo pero no puede. Dejaba la plata acá donde estamos. Y ropa solo donde estamos. Y la dejaron. Llevaron poca. Asien dijo: "No hace falta nada. Todo se va a ir". Y de allí se fue. Se voló el caballo y su compañerito también y los burros se cambiaron.

Ya dejaron los cueros de burro.

Eran personas, todos los cuerpos limpios, los trajes, oro.

Volando los caballos y alcanzaron a Nalagat, el suegro, y lo alcanzaron. Y Asien lo alcanzó, se bajó, lo tiró de la mano, sacó tijera para cortar los pelos, y lo peló al rape. Nalagat andaba, hablaba, le dice: "Bueno, pero Asien, yo voy a ser cocinero en tu casa, yo te voy a entregar todo lo que tengo, yo voy a acarrear agua para tu casa". Asien le dice: "A mí no me falta nada. Tengo todo. ¡Vaya!, no me falta nada". Nalagat lloraba cuando le cortó el pelo Asien, le dolía la cabeza. Subió otra vez Asien, voló los caballos, los cencerros se oían, de las puertas se alzaban los trapos largos de las puertas. Vuelan fuertes y estaban los chicos afuera mirando el cielo; a la media hora de llegados se oían los cencerros. La chica quedó contenta. Se bajaron los caballos, se entraron en las casas los caballos. Llegao.

Por la mañana llamó a toda la gente. Nalagat quedaba desnudo. Ya no era cacique. Asien quedaba cacique.

Nalagat -sacó un chicote y le pegó al padre- y le dijo: "Ya has pagao lo que has hecho a Asien. Ya has pagao, por la mañana limpiará toda la casa". Cortaron horcones. Y un día pagaron diez pesos cada uno y se hicieron todos casas. Hizo horcones, hizo potreros, corrales para vacas y caballos. Sólo horcones hicieron. Ya estaba todo listo, sólo horcones. Asien hizo hacer para sí casa grande. Ya quedó para pueblos. A Nalagat lo botó la gente, y quedó desnudo.

Nalagat tiene armamento, del fusil el caño estaba torcido. Cuando él tiene arma, el fusil ya estaba derecho, y lo muestra a todos, todos fusil armamento bueno. Entonces ya Asien quedó cacique, grande, cristiano verdadero y Nalagat quedó indio.

Kotaló Tanki