... Yangá en México.

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plusEl cimarronaje como forma de expresión del África bantú en la América colonial: el ejemplo de Yangá en México.

Nicolás Ngou-Mve
Historiador Universidad Omar Bongo. Libreville, Gabón

Extraído de: AMERICA NEGRA. Expedición humana a la zaga de la América Oculta.
Pontifica Universidad Javeriana
Diciembre de 1997 Nº 14. Bogotá, Colombia.


Índice

Introducción

1. El cimarrón y la sociedad colonial americana.

2. Hechos y actores de la rebelión de Yangá

3. Antecedentes y atmósfera general

4. Los hechos y sus protagonistas

5. Yangá, o la expresión del África bantú en América

6. El origen de Yangá

7. Expresión de la cultura bantú

8. La ideología cimarrona

Conclusión

8. La ideología cimarrona

Pero la pregunta es: ¿cuáles eran realmente los objetivos de la rebelión de los negros? Para los españoles, no había ninguna duda: los negros querían “alzarse con la tierra y matar a todos los españoles” 1. Toda la subjetividad de esta apreciación salta a la vista; y no refleja otra cosa sino la mala conciencia de los colonos españoles y el miedo que les inspiraban los negros. Sobre todo en estas regiones donde, como se ha visto, los africanos eran más numerosos.

Negro Yanga
Para tener una respuesta más fidedigna a esta pregunta, lo ideal sería escuchar a los mismos negros cimarrones. Desgraciadamente, como negros y sobre todo como enemigos declarados del orden establecido, los cimarrones no tenían derecho a la palabra. No tan solamente porque se la quitaban, sino sobre todo porque los negros no sabían escribir (ni tampoco la mayor parte de los españoles). Por fortuna, circunstancias fortuitas o excepcionales obligaban a los escribanos oficiales a escribir declaraciones de negros, como testigos en algunos pleitos o como actores principales de hechos trascendentes, idénticos a los que aquí se han relatado. En efecto, en aquella carta de desafío que Yangá había mandado al capitán González de Herrera, los cimarrones explicaban primero las causas de su rebeldía, y luego los objetivos que pretendían conseguir con ella. Así, según relata el padre Juan Laurencio,

ellos (los negros) se havían retirado por libertarse de la crueldad y de la perfidia de los españoles, que sin algún derecho pretendían ser dueños de su libertad...

Quienes hablan aquí son los africanos. Lo que expresan es el punto de vista de África, el punto de vista bantú sobre el régimen esclavista al que están sometidos. Pero también, más generalmente, nos dan su percepción del sistema social instaurado por los españoles en América.

Dada la condición de los negros en la sociedad mexicana colonial, su opinión de que los españoles son crueles y pérfidos no tiene por qué sorprendernos. No interesa describir los tan conocidos abusos de los que fueron diariamente víctimas los africanos. Lo que sí llama la atención es el calificativo de “perfidia”. En la mente de los africanos, ¿qué sentido podía tener esta palabra?.

Pues para ellos, los españoles no eran leales, sino traicioneros: en su relación con ellos, violaban su compromiso, quebrantaban la fe que decían tener. Sin duda, con esto los africanos quieren decir que, más allá de la crueldad con que eran tratados por los españoles, éstos ni siquiera eran leales con sus propias normas morales. En efecto, varios años de íntima coexistencia con los españoles habían permitido a los negros observar las bases y el funcionamiento de esta sociedad. Por eso, no podían ya ignorar el discurso del Estado español y de la iglesia católica, que pretendían crear en América una sociedad cristiana, ya que por esta razón se les obligaba a bautizarse, a oír misa, a hacerse cristianos y obedecer a los mandamientos de la iglesia. Pero tampoco podían ignorar, desde luego, la otra cara del discurso cristiano: el amor al prójimo. La tal perfidia de los españoles no podía ser otra cosa sino las innumerables y flagrantes contradicciones que los negros notaban en este mismo discurso y en su traducción práctica. Para el bantú, el ejemplo más sorprendente de estos quebrantos es el de los frailes “solicitantes”. En efecto, ¿cómo entender que unos jóvenes hombres hubieran voluntariamente renunciado a los placeres del matrimonio, que los mismos elaboraren leyes sobre este matrimonio del que no saben ya nada, y que todavía se atrevieran a “solicitar” a las mujeres ajenas durante el secreto de la confesión?.

Frente a esta enorme perfidia, se ponía en marcha la ideología cimarrona, porque en alguna parte debía de haber engaño. Esto quedó magistralmente expresado en la siguiente y triste anécdota relatada por el mismo padre Laurencio:

... a un capitán negro hallaron nuestros soldados que, herido de dos balazos, vino a caer en lo alto de la cuesta, sin poderle sacar otra palabra que ésta: así quiere el diablo ...

Por más contradictoria que parezca la última palabra del negro muerto, es la expresión de su religiosidad; la cual le hacía descubrir esta enorme perfidia de los españoles como obra del diablo, y a los mismos españoles como diablos de carne y hueso.

Pero, ¿de qué religiosidad se trata? Recordemos lo que escribía el Padre Sandoval en Cartagena al descubrir la predisposición de los negros bozales a recibir la fe cristiana: cuando morían, decían en su lengua: “Me creó Dios, ahora me lleva, ¿qué más puedo hacer?”. También notaba en los negros oriundos de Angola (es decir los “bantú”) una gran aptitud para abrazar la fe católica.

Según él, esta aptitud venía del hecho de que ellos mismos ya creían en un solo dios que llamaban "Zambiampungo” y que se encuentra en el cielo ...

Aquí se expresa todo el drama del encuentro de las culturas africanas con la europea: la incomprensión debida a la superficialidad de los contactos. En efecto, la tan conocida religiosidad de los negros podía, a priori, predisponerlos a abrazar el catolicismo profesado por los europeos , tanto en África como en América. Pero, en vez de sacar provecho de estas ricas predisposiciones que llamaban a un mayor acercamiento y que exigían quizás una mayor inversión de tiempo y de fuerzas, se habían privilegiado desde el principio relaciones de un intercambio fácil en las cuales el africano era indistintamente mercancía y socio. ¿Cómo comprender, se preguntaban los bantú, que los adeptos a un Dios de amor prefieran trasformar a otros adeptos al mismo Dios en esclavos en vez de fraternizar con ellos? Al renunciar al catolicismo después de haberlo abrazado en 1491, y al volver a sus prácticas religiosas tradicionales, Nzinga Nkuvu, Rey del Kongo, expresó esta desilusión en forma inequívoca.

Pero, una vez en el continente americano (donde la desilusión era de todos los días), al negro africano le quedaban pocas posibilidades de regreso al culto a sus antepasados. Lo que sí existía era la posibilidad de rechazarlo todo, de tratar de “libertarse de la perfidia de los españoles”. De ahí los numerosos casos de blasfemia de los que eran culpados los negros, y que llenan los archivos de la Inquisición de México y de otros países latinoamericanos. Actos de rebeldía que culminaban en el cimarronaje.

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El cimarronaje como forma de expresión del África bantú en la América colonial: el ejemplo de Yangá en México

Notas:

1 Leer por ejemplo: Querol y Roso, Luis: “Negros y mulatos en Nueva España”. En: Anales de la Universidad de Valencia. Año XII, 1931-1932, págs. 143-153.