... Yangá en México.
Nicolás Ngou-Mve Extraído de: AMERICA NEGRA. Expedición humana a la zaga de la América Oculta. Índice 1. El cimarrón y la sociedad colonial americana. 2. Hechos y actores de la rebelión de Yangá 3. Antecedentes y atmósfera general 4. Los hechos y sus protagonistas 5. Yangá, o la expresión del África bantú en América |
5. Yangá, o la expresión del África bantú en América
En los trabajos que se han hecho sobre el caso de Yangá, y, de manera general, sobre la vida del negro en América, llama la atención una tendencia constante de sus autores: una visión “americano-americanista” que les conduce a des-africanizar a estos negros o, por lo menos, a ignorar totalmente que muchos de ellos habían nacido en África y que, a través de su gesta revolucionaria, era, en el fondo, África la que se expresaba.
En efecto, los hechos que acabamos de recordar llevan, desde el inicio hasta su feliz conclusión, la fuerte impronta del continente africano. En el relato que hizo de la expedición contra Yangá, el padre Laurencio nos deja entrever, sin proponérselo, los usos, el pensamiento de los rebeldes. En una palabra, se expresa toda la africanidad amordazada en las cofradías y hermandades urbanas de negros.
6. El origen de Yangá
Uno de los aspectos más interesantes, más fundamentales pero también más sujetos a controversia en el estudio de la presencia africana en América, es la determinación del origen de estos negros. Esta determinación, además de necesaria, debe ser previa a cualquier intento serio de comprensión, no solamente de la cultura negro-americana actual, sino también de la misma conducta de los negros en su vida cotidiana de esclavos, o en hechos históricos como éstos que se han relatado aquí. La dificultad original de esta tarea se encuentra en la mentalidad dentro de la cual se hizo la introducción del negro en América: él era visto y tratado como una simple mercancía, sin ninguna consideración especial. De ahí la falta de precisión, en los archivos, sobre datos tan fundamentales para ser un humano como su nombre, su familia, su origen, su lengua, etc.
Pero frente a estas dificultades, no le faltan recursos al investigador. Por ejemplo, hablando de Yangá, el padre Juan Laurencio dice que él “havía fiado el mando de las armas a otro negro de Angola llamado Francisco de la Matosa". Esto significa que, tanto Yangá como Francisco de la Matosa, ambos eran “negros de Angola”. Recordemos que se trata de un texto del siglo XVII. En los documentos españoles, portugueses e hispanoamericanos de esta época, relativos a la trata y a la esclavitud del negro, esta expresión es la que más se utilizaba para designar a los negros capturados en el África Central 1.
Pero la Angola de esa época designaba también todo un conjunto de pueblos. Según el padre Alonso de Sandoval, los cautivos embarcados en Luanda eran de los siguientes pueblos y reinos: Angola (Ndongo), Congo (o Manicongo), Anzico, Monxiolo, Malemba, y muchas otras que, de hecho, hablaban todos una lengua llamada “Lengua Angola”2. Se trataba obviamente de los miembros de esta inmensa familia cultural a la que los lingüistas dan el nombre de “Bantú” 3. Y más particularmente, esta Angola parece identificarse con el núcleo político-cultural formado entonces por los reinos Bungu, Kongo, Matamba, Ngola, Loango, Kakongo y Ngoyo, que se localizan en la costa occidental del área bantú: los primeros que entraron en contacto con los portugueses, es decir con la trata de negros.
Siendo “negro angola”, Yangá podía pertenecer a la tribu de los anzico (bateke), loango (vili), o de cualquier otra de este conjunto político-cultural. Pero, ¿entre éstas, cuál era la tribu de Yangá?
El mismo padre Juan Laurencio escribió a este propósito que: “Yangá era un negro de cuerpo gentil, Brán de nación”. Aquí, vale la pena subrayar que no es común encontrar en los documentos coloniales tanta precisión sobre el origen africano de un individuo particular. Es que la importancia de Yangá, a los ojos de los españoles debía ser tal que hasta su tribu era conocida: la tribu “Brán”.
Todas las conjeturas serían permitidas, y se han hecho, para tratar de saber qué tribu era esa, dada la conocida mala pronunciación por los europeos de los nombres africanos y americanos. A lo cual se añaden problemas de transcripción paleográfica. Por ejemplo, una versión del texto del padre Laurencio se encuentra en el Archivo General de la Nación, de la ciudad de México. Este texto fue trascrito y publicado por don Leonardo Pasquel en 1974. Pero esta transcripción encierra gran número de infidelidades. Así, en ella, nuestro héroe ya no es Yangá, como en la primera versión, sino simplemente “Yanga”; y su tribu ya no es “Brán”, sino “Bron” e incluso “Abron”. Total, de una versión a otra, el lector es llevado hasta “un reino perdido en el corazón de África, en la tribu de los “Yang-bara”, de los “Dincas”, en el Alto Nilo 4.
La elucidación de esta cuestión, que vale la pena hacerse, pediría más tiempo y más espacio de lo que aquí nos toca. Sólo podemos preguntarnos si no se trataba más bien de los “Bram”, estos “Brama” o “Bavarama” de África Central, que aparecen en la mayor parte de los mapas de la costa central africana de los siglos XV, XVI y XVII, y de los que hablan muchos investigadores como Franqois Gaulme 5.
Sea lo que sea, los cimarrones de Yangá nos dan una ilustración de su perfecta adaptación a la naturaleza mexicana:
...se havían hecho fuertes en unos lugares por naturalesa inaccesibles y por otra parte mui abundantes de provición.
Esta adaptación no puede explicarse sino por el propio origen de los negros. En la selva mexicana, ellos debían sentirse como en la selva africana: los tales lugares “inaccesibles” fueron seguramente seleccionados porque tenían que serlo para los españoles y no para los mismos negros. Y la dificultad de acceso a estos lugares no se refería solamente a subir las ásperas pendientes (ejercicio en el cual, a priori, los negros no tenían ninguna ventaja sobre los españoles), sino también y sobre todo se debía a la abundancia de la selva: ésta era tan estrecha y tan tupida que, a veces, no se podía ver el cielo, apuntó el padre Juan Laurencio. De haber sido tan ignorantes de la selva como los mismos españoles (según la insinuación de Moreno Fraginals), a los cimarrones les hubiera costado los mismos trabajos infiltrarse en ella 6. Pero en vez de ello, sabían instalarse en lugares de “abundantes provisiones”... Finalmente la selva les ofrecía, además de una complicidad activa (una “constante impugnidad en sus mayores crímenes”) contra los españoles que no podían penetrar en ella, también unos medios efectivos de supervivencia.
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Notas:
1 Ngou-Mve, Nicolás: Participación del África Bantú en la colonización de México. Madrid, AECI/ CSIC, 1995, 197 páginas.
2 Sandoval, Alonso de: De Instauranda Æthiopum Salute,, “Un Tratado sobre la esclavitud” (Introducción, transcripción y traducción de Enriqueta Vila Vilar). Madrid, Alianza Universidad,1987, pág. 141.
3 Importa explicar ahora que rechazamos la naturalización española de la palabra “bantú” en “bantúes”.
4 Laurencio, Juan: Campaña contra Yanga. Prólogo, transcripción y comentarios de Leonardo Pasquel. México, De. Citlatépetl, 1974, pág. 19.
5 Gaulme, François: Le pays de Cama. Paris, Carthala, 1981, págs. 92-95.
6 Moreno Fraginals, Manuel: “Aportes culturales y deculturación”. En: África en América. México, Siglo XXI/UNESCO, 1977, págs. 13-33.