La Población Indígena de América

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VII. Conclusiones Generales

La Población Indígena de AméricaHemos seguido hasta ahora un camino inverso al de toda investigación histórica: desde la actualidad nos hemos remontado paulatinamente hacia el pasado. Desandemos ahora el camino recorrido. El desarrollo de la población indígena y el proceso demográfico de América desde la llegada del blanco se expresan en las siguientes cifras:

Año Población
Indígena
Aumento o
Disminución
Población
Total
%
Indígena
1492 13.385.000   13.385.000 100
1570 10.827.150 -2.557.850 11.229.650 96,41
1650 10.035.000 -792.150 12.411.000 80,85
1825 8.634.301 -1.400.699 34.531.536 25,10
1940 16.211.670 +7.577.369 274.275.111 5,91

Y la relación numérica entre la población indígena y el resto de la población del continente, desde 1492 hasta la actualidad, se manifiesta en el siguiente esquema gráfico:

Conclusiones Generales


Dentro de su valor relativo e hipotético, esos números constituyen un índice de la historia de América. La población indígena, sometida a un proceso continuo de extinción por el juego de diversos factores destructivos (epidemias de origen europeo, guerras de conquista, régimen de trabajo, sistema colonizador, alcoholismo, despojos y arbitrariedades, nuevas condiciones de vida, derrota material y moral, mestizaje), llega hasta nuestros días, acrecida en número, pero muy mermada en su integridad racial. Pueblos enteros, y hasta una cultura floreciente como la chibcha, han desaparecido casi sin dejar rastros. En la mayor parte del continente no quedan hoy ni las huellas del indio. Pero las cifras muestran al mismo tiempo un proceso acelerado de reestructuración étnica y cultural. Más que de una extinción del indio hay que hablar de una absorción del indio.

Hace unos cuarenta siglos que un conjunto de pueblos, portadores de la lengua y de la cultura indoeuropeas, penetraron en Europa. Por todos los procedimientos, desde la conquista pacífica hasta el exterminio, se superpusieron a los pueblos primitivos del continente, creando lo que llamamos hoy civilización occidental. La historia moderna de América no es más que una fase de ese mismo proceso. En cuatro siglos de expansión indoeuropea, el continente americano se ha incorporado al mundo occidental. Aun los grandes núcleos de la América india (Méjico, Perú) o de la América negra (Haití) viven, en su vida histórica, dentro de los moldes culturales, políticos y económicos de Europa. Desde luego, se han incorporado a la vida americana muchos elementos de la cultura material y espiritual del indio, en amplias zonas se conservan poblaciones indígenas casi intactas y en zonas aun más amplias el indio sobrevive en el mestizo («el neo-indio»). Pero en conjunto, culturalmente, aun más que étnicamente, el continente está ganado para la raza blanca.

¿Cabe esperar — como hoy tiende a afirmarse — un renacimiento de la cultura autóctona? Después de cuatro siglos de desintegración étnica, política, cultural y lingüística, parece evidente que no. Pero el indio no ha muerto. Si la cultura propiamente indígena quedó paralizada en su desarrollo desde el momento de la conquista, el indio se fué incorporando a la vida social y cultural de América, y su aportación fué fecunda desde la primera generación americana. Una figura del siglo XVI puede simbolizar esa fusión del alma americana con la cultura europea: el Inca Garcilaso de la Vega, hijo de conquistador y de princesa indígena, criado en el Cuzco hasta los veinte años entre duros conquistadores españoles y los restos de la destronada monarquía incaica, y que supo, en la más pura y armoniosa lengua de Castilla, traducir los Diálogos de amor de León Hebreo, historiar dramáticamente la conquista de la Florida y reconstruir el pasado incaico y la conquista del Perú en sus magníficos Comentarios Reales, «libro el más genuinamente americano que en tiempo alguno se ha escrito — según Menéndez y Pelayo —, y quizá el único en que verdaderamente ha quedado un reflejo del alma de las razas vencidas».

Parece que el porvenir está decidido, y que el pasado americano podrá, cuanto más, sobrevivir como matiz, como estilo, en la gran obra colectiva y universal de nuestra cultura.

VI. La población americana en 1492VI. La población
americana en 1492
Análisis de Gonzalo Aguirre BeltránAnálisis de
Gonzalo Aguirre Beltrán