La Población Indígena de América

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V. La población indígena hacia 1570

La Población Indígena de AméricaSobre esta época, que representa el momento culminante del imperio colonial español, abunda la documentación impresa e inédita. Tomaremos como base de nuestros cálculos los datos de la Geografía de López de Velasco (1571-1574), que complementaremos con noticias de otras fuentes 110.

López de Velasco, cosmógrafo-cronista de las Indias, dispuso de toda clase de documentos, especialmente las tasaciones y libros de la Real Hacienda. Sus cifras no tienen, sin embargo, más que un valor aproximado. Aun prescindiendo de las frecuentes inexactitudes (a veces resulta que una de las partes es mayor que el todo), hay que tener en cuenta que las Indias de su tiempo eran solo mía parte del continente. Quedaban aún por conquistar y colonizar, apenas exploradas, las inmensas regiones al norte de California y de la Florida y el corazón mismo del continente.

Además, López de Velasco y la documentación coetánea no registran casi nunca más que cantidad de indios tributarios. ¿Es posible reducir esas cifras a población indígena? No había aún una legislación uniforme sobre los tributos de los indios: la ley que limitaba el tributo a los indios de dieciocho a cincuenta años es del 5 de julio de 1578, y la que eximía de él a las mujeres, del 10 de octubre de 1618 111.López de Velasco, al consignar la cantidad de tributarios, repite insistentemente que no figuran los viejos, las mujeres, los niños, los por casar, los viudos, los muchos que se esconden para rehuir los tributos, los que no están pacíficos y, en fin, los que no están convertidos ni reducidos a pueblos. Pero parece que no siempre era así.

Hacia la misma época, Alonso de Zurita 112 escribía a Felipe II un informe apasionado contra los tributos. Se ha dado ocasión — dice — de que se cobren a cojos, lisiados, ciegos, pobres y otros miserables que no pueden trabajar ni tienen qué comer», y «de los menores y de mozas doncellas que no tienen con qué sustentar» y «hasta se ponen en cuenta los niños de teta y todos los que están en poder de sus padres».

Vargas y Machuca, en sus Apologías y discursos de las conquistas occidentales, obra terminada en 1602, menciona la gente que no pagaba tributo, además de los mestizos y zambaigos: muchos indios ladinos yanaconas, que sirven como domésticos en las ciudades de españoles, así varones como hembras, «que es una grande cantidad»; los numerosos oficiales que habitan en las ciudades; los indios que andan vagando fuera de sus pueblos originarios, ocupados en tierras extrañas, en estancias de ganados, ingenios de azúcar, minas u otras granjerías y en jornadas, «que también multiplican el número y acrecientan la tierra, y no se acuerdan los caciques dellos», y aun muchos indios que los caciques ocultan porque los reservan para tener de ellos particular tributo y servidumbre113.

En la Nueva España y en Guatemala pagaban tributo las mujeres, hasta las doncellas, pero no en el Perú: «Nunca vi ni entendí — dice Solórzano Pereyra, que fué oidor de la Audiencia de Lima — que a las mujeres se les cargase tributo alguno, teniéndolas por libres y exentas dél, como lo son de los demás cargos, oficios y servicios personales y corporales, por razón de la flaqueza de su sexo» 114. El distinto criterio en la tributación tiene que reflejarse de manera distinta en la estadística.

El licenciado Matienzo, el famoso jurista indiano, escribió su Gobierno del Perú en la misma época de Velasco 115. Era oidor de la Audiencia de La Plata (Charcas), y en la visita que se hizo al reino del Perú, de 1650 a 1561, dice que había 535.000 indios tributarios «y cinco tantos que no eran tributarios».

Un documento de 1561, que encontramos en la Colección Muñoz 116, nos lleva más cerca de la realidad. Registra para el virreinato del Perú 396.866 indios tributarios de dieciséis a cincuenta años y una población («personas de todas edades») de 1.758.563 habitantes, es decir, una relación de 1 por 4,43. Pero aun hay más; en ese documento hay dos clases de cifras: en unos casos se multiplica automáticamente el número de tributarios por cinco; en otros casos, en que parece que efectivamente se ha hecho un recuento, la proporción entre ambas cifras es mucho menor, y a veces de 1 por 2 117.

A conclusiones semejantes se llega si de las estadísticas actuales de los países americanos, especialmente de los que tienen abundante población indígena, se toman los grupos de edades. La población masculina en edad de trabajar (de quince a sesenta años) oscila alrededor del 25 por ciento de la población total118.

En vista de estas consideraciones, y teniendo en cuenta que los testimonios divergentes indican criterio divergente en la tributación, utilizamos en cada país, para reducir indios tributarios a población indígena, un factor variable entre 4 y 5 119. Agregamos, además, con ayuda de datos suplementarios, y teniendo en cuenta el desarrollo histórico, una cantidad aproximada que nos permita llegar a cifras de conjunto. Con un criterio análogo reducimos también la cantidad de vecinos españoles que nos dan los padrones a población blanca 120.

Hemos elaborado así el siguiente cuadro de la población americana hacia el año 1570:

4. POBLACIÓN DE AMÉRICA HACIA 1570

  Pueblos
de Blancos
Vecinos Población
blanca
Negros, Mestizos
y Mulatos
Indios
tributarios
Población
indígena
Población
Total
I. América al norte de Méjico. 2 300 2.000 2.500   1.000.000 1.004.500
II. Méjico, Centroamérica y Antillas              
Méjico 35 6.464 30.000 25.000 773.000 3.500.000 3.555.000
América Central 26 3.050 15.000 10.000 120.000 550.000 575.000
Haití y Santo Domingo 10 1.000 5.000 30.000 100 500 35.500
Cuba 8 240 1.200 15.000 270 1.350 17.550
Puerto Rico 3 200 1.000 10.000   300 11.300
Jamaica 3   300 1.000   Extinguidos 1.300
Resto de las Antillas           20.000 20.000
Total 85 10.954 52.500 91.000 893.370 4.072.150 4.215.650
III. América del sur              
Colombia 30 2.000 10.000 15.000 170.000 800.000 825.000
Venezuela 12 260 2.000 5.000 60.000 300.000 307.000
Guayanas           100.000 100.000
Ecuador 30 1.300 6.500 10.000 190.000 400.000 416.500
Perú 15 5.000 25.000 60.000 300.000 1.500.000 1.585.000
Bolivia 6 1.350 7.000 30.000 160.000 700.000 737.000
Paraguay 1 300 3.000 5.000   250.000 258.000
Argentina 2   2.000 4.000   300.000 306.000
Uruguay           5.000 5.000
Brasil   2.340 20.000 30.000   800.000 850.000
Chile 11 1.900 10.000 10.000 100.000 600.000 620.000
Total 107 14.450 85.500 169.000 980.000 5.755.000 6.009.500
Total de América hacia 1570 194 25.704 140.000 262.500 1.873.370 10.827.150 11.229.650
Porcentaje     1,25 % 2,34 %   96,41 % 100 %

Comparando las cifras de este cuadro121 con las de 1650, resulta que en el término de ochenta años la población ha disminuido en unos 800.000 indios y ha aumentado en 1.200.000 habitantes aproximadamente. En 1570 había terminado la conquista propiamente dicha y estaba en pleno proceso la colonización: las capitulaciones — por orden de Felipe II, desde julio de 1573 — evitaban la palabra conquista y usaban pacificación o población. Dado el valor puramente hipotético de las cifras de 1570 y 1650, sería aventurado ensayar interpretaciones. Parece evidente que en conjunto la población india disminuyó en esa época. La documentación lo registra de manera reiterada, insistente. Las cifras, más que un valor real, tienen un valor simbólico.

Así nos dicen que en el Nuevo Reino de Granada (actualmente Colombia), Antioquia pasa de 100.000 indios a 800 en cincuenta años; la provincia de Anzerma, de 40.000 a 800; Timaná, de 20.000 a 700 en cuarenta años; Almaguer, de 15.000 a 2.000 en treinta años. En la Audiencia de Quito, la ciudad de Jaén pasa de 20.000 indios de repartimiento a 1.500. En Méjico, de 100.000 indios de Cholula y otros tantos de Tlascala no quedan más que 300, y Ocelotepeque, que tenía 30.000 indios, no tiene más que 800 en 1609. En la región del Río de la Plata, Santiago del Estero tenía, en 1583, 12.000 indios en encomiendas; en menos de un siglo no quedaban 500; Córdoba en las mismas fechas había disminuido de 12.000 indios de encomienda a 100. En el Perú, de unos dos millones que había en los llanos, desde Lima a Paita, no quedaban más de 16.000. Los testimonios de este tipo son abundantísimos y se repiten en toda la extensión del continente 122, alternando alguna vez con noticias de que los indios aumentan 123. Se ha llegado a hablar de «catástrofe demográfica». En 1586, fray Rodrigo de Loaysa, en un Memorial dirigido desde el Perú al rey de España dice: «avisaré a Vuestra Católica Majestad de los trabajos que los miserables indios padecen, con los cuales se van consumiendo y acabando con tanta priesa que, de ocho años a esta parte, faltan la mitad de los indios, y de aquí a otros ocho se acabarán todos si no se pone remedio» 124.

Las causas que se dan son en todas partes las mismas: las formas de trabajo, el régimen de las encomiendas, los abusos y arbitrariedades, las guerras entre las tribus o contra los españoles y, sobre todo, las epidemias, los temidos cocolistes, como las llamaban en Méjico (del mejicano cocoliztli)125. Si esas cifras hubieran sido aproximadas, no habría quedado efectivamente ni un solo indio en pocos años. Hay que admitir que la realidad americana era mucho más compleja que la imagen que nos proporcionan.

De todos modos, dentro de su exageración testimonian un hecho: en general el indio era reacio a la obra colonizadora y abandonaba con frecuencia las ciudades, las aldeas y las reducciones; tribus indígenas que poblaban las costas o regiones del interior se replegaban hacia zonas más inaccesibles — como pasa aún hoy — ante la proximidad de las nuevas poblaciones y del engranaje colonizador. "Hacen y deshacen sus casas con poco trabajo" — dice un informe mejicano de 1532 126. La colonización representó el surgimiento repentino de miles de nuevos centros poblados, a veces superpuestos a los antiguos, a muy distantes, con escasa población española y abundante población india; significó la reagrupación de la población indígena del continente y su incorporación a formas nuevas de vida y de trabajo. Desaparecían unas ciudades y aparecían otras, animadas de nuevo impulso. Se despoblaban unas regiones para poblarse otras, más ricas o más explotables. El proceso es de todos los tiempos, más rápido y visible, desde luego, en los períodos de conquista y colonización. Más que de una extinción a ritmo vertiginoso, se trataba en unos casos de desplazamiento de pueblos ante las nuevas necesidades; en otros la continuación, ante el avance del blanco, del viejo proceso migratorio, tan animado en la América precolombina.

Esos testimonios son también expresión de otra realidad: el clamor de las autoridades civiles y eclesiásticas a favor del indio. El régimen colonial se encontraba en uno de sus momentos de mayor esplendor, y también de mayor actividad. La corona, con la conciencia de la grandeza de su mundo colonial, desplegaba verdadero fervor constructivo, quería regular la vida administrativa, reglamentar el trabajo, fomentar la riqueza. Pedía para ello continuos informes sobre la situación de los reinos, de las gobernaciones y hasta de los pueblos de españoles y de indios; quería saber cuál era la situación de los indios antes y después de la conquista, si los indios habían aumentado o disminuido, y las causas y estimulaba el afán de estudio y la preocupación por las poblaciones indígenas127.

De ningún período abundan tanto los memoriales, los informes, las relaciones históricas y geográficas, los recuentos estadísticos. Era la época de Felipe II. «el rey papelero». La corona, para responder a las crecientes necesidades de la colonización, quería salvaguardar la población indígena. Necesidades cristianas y humanitarias se unían sin duda a la necesidad de mano de obra. El encomendero debía tener interés en conservar la vida de los indios, sus indios. Y ese interés se extendía a las autoridades, que debían percibir el tributo de las encomiendas reales. A principios del siglo XVII, en tiempos del virrey Montesclaros — según Coroléu —, se oía decir a los descendientes de los conquistadores: "más quisiera descubrir aumento de indios que minas de oro y plata"128.

Las fuerzas destructivas fueron sin duda grandes. La colonización fué en general negativa para el desarrollo de la población indígena, al menos en las primeras generaciones. Cronistas y misioneros se han detenido en el relato de los hechos de violencia, de terror y de crueldad, en las arbitrariedades e injusticias. Con esos elementos, acumulados pacientemente, ha habido autores que han elaborado una historia macabra de la colonización. Tarea fácil, pero que da una imagen inexacta, por incompleta. Esos cronistas y esos misioneros que describieron con tanto patetismo los horrores de la conquista y de la colonización y se convirtieron en campeones de la población indígena representan también una actitud frente al indio, representan otra de las formas del contacto entre el blanco y el indio. El instinto moral y humano del español, que se manifestó en una legislación ejemplar, en la proclamación de la libertad del indio, en el frecuente matrimonio legal con mujeres indias y en la incorporación de los mestizos a la sociedad, ha de haber tenido también su repercusión en la suerte de la población indígena. Las fuerzas destructivas, sin duda muy grandes, estuvieron compensadas — como en todas las épocas de la historia americana, como en todas las épocas de la historia humana — por factores constructivos. La colonización no fué, de ninguna manera, sólo obra negativa para la población indígena.

Corresponde a esta época la obra del virrey Toledo en el Perú. Las ordenanzas del virrey Toledo, al que se le llamó el Solón del Perú, reunieron a los indios en poblaciones, los defendieron contra las arbitrariedades de los encomenderos, organizaron las comunidades indígenas sobre la base del respeto a la propiedad del indio y a sus propias autoridades e instituciones, y reglamentaron el trabajo en las minas. El entrecruzamiento de lo positivo y lo negativo en la obra colonizadora lo expresó don Rafael Altamira del modo siguiente vez, luchando entre sí o buscando su mejor armonía, la tendencia utilitaria a explotar al inferior y el sentimiento de igualdad jurídica, que venció en las clases superiores intelectualmente, pero que fué tantas veces vencido en la realidad inaccesible a la acción del Estado o poco permeable a ella"129.

Hacia 1570 la población indígena de todo el continente no llegaba seguramente a 11 millones. Todos los testimonios conducen a cifras moderadas, Poco tiempo después de los cálculos de López de Velasco, en 1602, el contador Martín de Irigoyen presentaba un informe a la corona. Se pensaba en la corte — dice — que, vendidos los indios de toda América a 2.500 pesos el millar, se obtendrían 20 millones de pesos130. Este cálculo presupone una población de ocho millones de indios sometidos a la corona española.

Hacia 1570, o poco después, escribía también Gabriel de Villalobod su Grandeza de las Indias, aún inédita. A pesar de crueles guerras y pestes — dice— apenas se puede andar en España, Francia, Inglaterra, Flandes, Alemania, una jornada en que a tres o cuatro leguas no se hallen lugares poblados; y en las Indias se andan 20, 30, 50 y 100 leguas despobladas, siendo más fecundas y fértiles y habiendo sido, poco ha, más pobladas que todas las restantes del mundo."131

¿Es posible que en tan poco tiempo se hubiese alterado hasta ese punto la fisonomía del Nuevo Mundo? En 1570 estamos al día siguiente de la conquista. Aunque el primer viaje de Colón fué en 1492, la conquista se hizo por etapas: Puerto Rico y Jamaica en 1509; Cuba en 1511; Méjico en 1521; El Salvador en 1523-1524; Santa Marta (Colombia) en 1525; Venezuela (la costa de Tierra Firme) en 1527; Guatemala en 1528; Perú en 1532; Chile en 1536-1541: el Río de la Plata en la segunda mitad del XVI y el interior de Venezuela a mediados del siglo XVIII. La empresa militar de la conquista había terminado, pero la mayor parte del continente apenas había entrado en contacto con el blanco.

Puede afirmarse que hacia 1570 la población indígena del continente no pasaba de 11 millones. ¿Pudo haber sido mucho mayor en el momento de la llegada de Colón?

IV. La población indígena hacia 1650IV. La población indígena
hacia 1650
VI. La población americana en 1492VI. La población americana
en 1492

Notas:

110 Geografía y descripción universal de las Indias, recopilada por el cosmógrafo-cronista Juan López de Velasco desde el año de 1571 al de 1574. Con adiciones e ilustraciones por don Justo Zaragoza, Madrid, 1894. El autor proporciona no sólo datos generales de cada una de las grandes divisiones coloniales, sino también de las aldeas más pequeñas. La Colección de documentos inéditos del Archivo de Indias, tomo XV, Madrid, 1871, publica (págs. 409-559) una Demarcación y división de las Indias (ms. 2825 de la Biblioteca Nacional de Madrid) que parece un resumen de la obra de López de Velasco.

Sin caer en ningún momento en la idea inocente de que las tasas de tributos sean cálculos exactos, se las puede utilizar como puntos de partida. Georg Kubler, Population movements in México, 1520-1600, en The Hispanic American Historical Review, noviembre de 1942, pág. 613, ha comparado las cifras de López de Velasco sobre 25 pueblos del Arzobispado de México con las de un informe exhaustivo y minucioso de Bartolomé de Ledesma (publicado en los Papeles de Paso y Troncoso) y ha encontrado una diferencia de menos del 10%.

Encontramos, además, una relación relativamente completa sobre la población de la América del Sur: Discripción de todos los reinos del Perú, Chille y Tierra Firme, con declaración de los pueblos, ziudades, naturales, españoles y otras generaciones que tienen en cada provincia de por sí, hecho por Juan Canelas Albarrán, año de 1586, ms. 3178 de la Bibl. Nac. de Madrid, 15 fols. Registra la población indígena total y aparte la población española y de otras razas (negros, mulatos, mestizos y zambos). Sus datos se basan a veces en visitas oficiales, otras en información privada. Tomamos los datos de la descripción detallada y no del cuadro preliminar (al cual le faltan dos provincias y que copia erróneamente alguna cifra ): Tierra Firme, 45.000 indios de todas edades y sexos y 9.000 españoles, mulatos, negros, mestizos y zambos de todas las edades y sexos; Antioquia, 100.000 y 2.000; Anzerma, 50.000 y 1.000; Arma, 100.000 y 2.000; Cartago, 220.000 y 2.000; Cali y Popayán, 100.000 y 5.000; Pasto, 100.000 y 4.000; Quito, 118.141 y 10 000; Quijos, 10.000 y 500; Puerto Viejo, 4.102 y 500; Guayaquil, 7.355 y 1.000; Loxa, 16.000 y 1.000; Zamora, 8.100 y 1.000; Juan de Salinas, 40.000 y 500; Jaén y Bracamoros, 11.397 y 500; Santiago de Moyobamba, 3.993 y 200; Chachapoyas, 40.311 y 500; San Miguel de Piura, 12.818; Truxillo, 79.670 y 4.000; Guamanga, 153.495 y 2.000; Chucuito, 81.698 y 1.000; Arequipa, 93.975 y 2.000; Cuzco, 400.075 y 10.000; La Paz, 131.189 y 4.000; Santa Cruz de la Sierra (con Moxos), 150.000 y 1.000; Río de la Plata y Paraguay, 60.000 y 9.000; Tucumán, 270.000 y 6.000; Charcas y Potosí, 144.436 y 10.000; Chile, 800.000 y 10.000. Total: 3.529.402 indios y 135.200 españoles y otras gentes, lo cual da una población de 3.664.602 (el total está además citado en Juan Díaz de la Calle, Noticias sacras, ms. 3023-4 de la Bibl. Nac. de Madrid, fol. 7 v.)

111 Recopilación de leyes de Indias, leyes 7 y 19, libro 6, título 5.

112 Breve y sumaria relación de los señores y maneras y diferencias que había de ellos en la Nueva España y en otras provincias, sus comarcas, y de sus leyes, usos y costumbres, y la forma que tenían en tributar a sus vasallos en tiempo de su gentilidad y la que después de conquistadas se ha tenido y tiene en los tributos que pagan a Su Magestad y a otros en su real nombre. En Colección de documentos inéditos, sacados en su mayor parte del Real Archivo de indias, t. II, Madrid, 1864, págs. 1-126 (cit. págs. 120-121). El autor fué oidor de la Real Audiencia de Méjico y anteriormente de Santo Domingo, Nueva Granada y Guatemala, habiendo estado diez años en las Indias al servicio de S. M. La relación es anterior a 1573 y posterior a 1561.

113 Citado por Rodolfo Barón Castro, obra citada, pág. 198, nota.

114 Política indiana, libro II, cap. XX, 15. Citado por Rodolfo Barón Castro, obra citada, pág. 181.

115 Gobierno del Perú. Obra escrita en el siglo XVI por el licenciado don Juan Matienzo, oidor de la Real Audiencia de Charcas, Buenos Aires, 1910, pág. 55. La obra es anterior a 1573; fué oidor desde 1560. Además, pág. 60.

116 Relación de los naturales que ay en los repartimientos del Perá, en la Nueba-Castilla y Nuebo-Toledo, así de todas hedades como tributarios, conforme a lo que resulta de la visita que dello se hizo por borden del visorrey Marqués de Cañete. El valor de los tributos en que están tasados hasta el año de mil e quin[iento]s e sesenta e uno. Colección Muñoz [manuscritos de la Academia de la Historia, Madrid], t. LXV, fol. 46.

117 Hay también cálculos modernos de las distintas regiones americanas. Por ejemplo, el P. Baltasar de Lodares da los siguientes datos de algunas misiones capuchinas de Venezuela: 160 indios casados y un total de 659 indios, 134 y 540, 210 y 886, 207 y 946, etc. (Los franciscanos capuchinos en Venezuela, 2a ed., Caracas, II, 1930, págs. 269-285). En ningún caso el factor llega a 5. En el censo de los indios de las misiones jesuíticas del obispado de Buenos Aires en 1750 figuran 12.613 familias con un total de 53.064 indios (véase el detalle en nuestro Apéndice III): el factor es 4,2.

118 Sobre la base de los datos publicados por el Annuaire Statistique de La Société des Nations, 1933-34, Ginebra, 1934, págs. 27-28, y por algunos censos, obtenemos los siguientes resultados: Honduras (censo de 1930), varones de quince a sesenta años, 25,9 por 100; de quince a cincuenta, 23,6 por 100. Méjico: varones de dieciséis a cincuenta y un años, 24,11 por 100 según el censo de 1896, 24,16 por 100 según el de 1900 y 23,76 por 100 según el de 1910; de quince a sesenta años, el 25,9 por 100.

119 El criterio de multiplicar por 5, que es el que aplica el oidor Matienzo y que encontramos en infinitos documentos de la época, es una extensión automática del criterio español de multiplicar por cinco el número de cabezas de familia para obtener la población. De ninguna manera se puede aplicar sistemáticamente al número de indios tributarios de cualquier época. M. de Mendizábal, La demografía mexicana, en el Boletín de La Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, tomo 48, México, febrero de 1939, pág. 341, multiplica las cifras de López de Velasco por 3,2 que obtuvo estudiando la composición de la familia indígena en algunos padrones de la época (hay que tener en cuenta que Mendizábal se inclina hacia cifras elevadas). Rodolfo Barón Castro, que ha estudiado tan seriamente la población de El Salvador, reduce 16.640 indios tributarios de 1548-1551 a 41.716 indios de todas edades, es decir, aplica un factor de 2,51 {La población de EL Salvador, págs. 190-195). En 1935, cuando tuvimos ocasión de leer la obra de Barón Castro en manuscrito, calculaba 105.837 indios para 1550; en 1942, al publicar la obra, calcula unos 50.000. Hemos podido observar constantemente lo mismo: un estudio profundo lleva siempre a reducir las cifras.

120 Por lo común se ha aplicado automáticamente, como en España, el criterio de multiplicar por 5 el número de vecinos para obtener población española. La realidad americana es, sin embargo, distinta, y es además distinta en las diferentes regiones. López de Velasco, al darnos la población de Asunción del Paraguay, dice que había como 300 vecinos españoles y «más de 2.900 hijos de españoles y españolas nacidos en la tierra». Si se toman en cuenta los datos parciales de López de Velasco resultan para toda América 26.199 vecinos y un total de 160.000 españoles (se llamaba también españoles a los nacidos en América). Vargas Machuca, Milicia, 174, registra en la ciudad de México y sus arrabales, en 1591, alrededor de 7.000 vecinos españoles sobre 50.000 pobladores (López de Velasco, 3.000 sobre 30.000 «o más»). Un documento de la segunda mitad del XVI (Luis Malbán, en las Relaciones geográficas de Germán Latorre, IV, 112-115) aplica el criterio de multiplicar por 3: «La ciudad de México tiene 4.000 vezinos; abrá 12.000 hombres. La ciudad de los Ángeles tiene 500 vezinos más o menos; abrá 1.500 españoles», etc. Modernamente Schafer, en Ibero-Amerikanisches Archiv, XI, 1937, pág. 158, cree que hay que multiplicar por 6 la cantidad de vecinos que da López de Velasco, «en vista de la gran cantidad de los hijos de los españoles».

La calidad de vecino le correspondía al blanco, aunque en el siglo XVI también lo fué el mestizo, que intervenía en la fundación de ciudades. Esa calidad — dice Torre Revello — «se adquiría haciendo constar el pretendiente, ante el Cabildo, que tenía residencia y casa habitada en el lugar, que poseía en propiedad caballos y armas y que había hecho prestación de servicios en las milicias. Cumplidos estos requisitos, el Cabildo ordenaba que su nombre se anotara en un libro o registro especial, en el cual se hacía constar su calidad de vecino» (Historia de la Nación Argentina, IV, 1a parte, 506). El Inca Garcilaso de la Vega dice: «También se advierta que este nombre vezino se entendía en el Perú por los españoles que tenían repartimiento de indios, y en este sentido lo pondremos siempre que se ofrezca» (Comentarios Reales, 1a parte, «Advertencias»; repite lo mismo en distintos pasajes de la 1a y de la 2a parte, y también dice lo mismo de Méjico). Sin embargo, no todos los vecinos eran encomenderos, ni en el siglo XVI ni después. Véase también Actas capitulares del Ayuntamiento de La Habana, Habana, I, 1937, págs. 163-169.

121 Recogemos todos los datos complementarios de este cuadro y la documentación que hemos podido encontrar sobre esta época en nuestro Apéndice IV, al final de este volumen (N. de W.: No incluido en esta digitalización). Los cálculos están hechos, en lo posible, dentro de los límites actuales. Sobre las divisiones territoriales en la época colonial, desde el siglo XVI, véase Ernst Sciiafer, Das spanisch-amerikanische Kolonialreich. Grundzüge eines historisch-geographischen Kartenwerkes, en Ibero-Amerikanisches Archiv, XI, 1937, 151-165.

122 Enciclopedia Italiana, II, 947, col. a; Colecc. de doc. inéd. de Torres de Mendoza, IX, 357; Villalobos, op. cit-, 404, 405; Fr. Gil Fernández, en la Colección de documentos inéditos para la historia de España, XLIV, 75-80 (sobre los indios de Chile); Francisco del Paso y Troncoso, Papeles de Nueva España, 2a serie: Biografía y Estadística, t. IV, 303, 309-310, 316 (disminución de los indios de Ocelotepeque, Coatlán y Anatlán); Sllvio Zavala, La encomienda, 167; Ricardo Levene, en Historia de la Nación Argentina, III, 206, etc.

M. de Mendizábal, La demografía mexicana, en Boletín de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, XLVIII, 316-323, recoge numerosos testimonios del mismo tipo en 1579-1580:

Coatepec Alto (Estado de México) tiene 700 tributarios y unos 400 niños y niñas; tuvo más de 10.000 hombres de guerra cuando llegaron los españoles;
Chimalhuacán Atenco (Estado de México): había más de 8.000 indios; ahora hay 300 escasos y 190 niños;
Tenango del Valle (Estado de México): tenía más de 3.000 habitantes cuando llegó Cortés; al presente 440 tributarios;
Chicoxautla (Estado de México): hay en la comarca 2.500 indios, pero había cuatro veces más;
Uexutla (Estado de Hidalgo): han desaparecido tres cuartos en 15-20 años;
Tepeaca y su partido (Estado de Puebla): faltan desde la entrada de los españoles «de diez partes las nueve»;
Colipa (Estado de Veracruz): tiene 100 indios tributarios; tenía 6.000;
Yucatán: de 32 pueblos consta los indios encomendados que tenían en 1549 y 1579, en conjunto 12.955 en 1549 y 4.913 en 1579, o sea, una disminución del 62 % en 30 años.

No pueden tomarse esas cifras como testimonios históricos para extraer de ellas un coeficiente de extinción. Las cifras del pasado son pura fantasía. Kubler, que ha estudiado la población mejicana de esa época, nos da un ejemplo (pág. 621): una relación de 1583 registraba 639 tributarios en Jalapa y calculaba la población antigua en 50.000; pero resulta que en 1570, según otras fuentes, sólo había 35 a 40 tributarios.

123 En las Relaciones geográficas publicadas por Jiménez de la Espada, t. III, pág. 24, hay un testimonio de fines del siglo XVI sobre Quito: «van los naturales cada día en grandísimo aumento». Según Rodolfo Barón Castro, La población de El Salvador, Madrid, 1942, pág. 210, la alcaldía mayor del Salvador (departamentos de Ahuachapán y Sonsonate) tenía hacia 1549-1551 unos 4.673 indios; hacia 1672-1679 unos 5.000.

124 Memorial de las cosas del Perú tocantes a los indios, en la Colección de documentos inéditos de la historia de España, XCIV, 554-605 (la cita es de la pág. 586).

125 La historia indígena aparece a veces como una sucesión de epidemias que van segando las vidas por etapas. Las cifras hay que tomarlas siempre con prudencia: nada más exagerado que las cifras que nacen del terror. Según Torquemada, Monarquía indiana, Madrid, 1723, 1a parte, libro V, caps. XIII y XXII, págs. 615, 642-643, una epidemia de matlazáhuatl ocasionó 800.000 muertos en 1545 y otra exterminó a dos millones de indios mejicanos en 1576. En la Nueva Inglaterra, en 1614, una epidemia terminó — según Humboldt, Essai, I, 333 — con los 19/20 de la población india. Véase también México a través de los siglos, II, 479, que menciona la epidemia de viruelas de 1520, la de sarampión de 1531, la de tifus en 1545 (sólo en Tlaxcala murieron 150.000 indios, en Cholula 100.000), otra epidemia en 1564 y las de 1576 y 1588; otra en 1595-1596. Sin mencionar las de los siglos XVII y XVIII.

126 Citado por Kubler, op. cit., pág. 611.

127 Una Real Cédula de Madrid, 23 de enero de 1569, con una serie de instrucciones anejas, ordenaba levantar padrones y relaciones para la descripción de las Indias, «que Su Majestad manda hazer para el buen gobierno y ennoblecimiento dellas». Otra Real Cédula, del 25 de mayo de 1577, en el mismo sentido, incluía un Interrogatorio de cincuenta capítulos. En 1604 se envió un nuevo interrogatorio, de 350 capítulos. Paso y Troncos: Papeles de Nueva España, IV, 1-7, 273-288, publica estos dos cuestionarios (véase también Rodolfo Barón Castro, obra citada, láminas XXXVII, XXXIX y Apéndice I). A esas disposiciones se deben los datos de López de Velasco y las numerosas relaciones geográficas publicadas por Jiménez de Espada, por la Colección de documentos inéditos para la historia de España, por Paso y Troncoso y por otros autores, y muchísimas más que quedan inéditas en el Archivo de Indias, en la Academia de la Historia de Madrid, en la Biblioteca Nacional de Madrid, etc.

El mismo espíritu se manifiesta en las instrucciones y en el cuestionario que el virrey Toledo del Perú envió a los visitadores del virreinato sobre lo que debían hacer y preguntar (véase Libro de La visita general del virrey Don Francisco de Toledo, 1570-1575. Publicado por don Carlos A. Romero en la Revista Histórica, Lima, VII, 1924, 112-216).

Además, una Real Cédula del 19 de abril de 1583 prescribió que los curas de la Nueva España llevasen registros de defunción.

128 Coroléu y Anglada, op. cit., II, 102.

129 En Historia de la Nación Argentina, II, 501.

130 Ms. 3045 de la Biblioteca Nacional de Madrid, fol. 175.

131 Ms. núm. 2935 de la Biblioteca Nacional de Madrid, fols. 410 y siguientes.

Gabriel de Villalobos contrapone la miseria presente a la grandeza pasada. Cuando entraron Cortés y Pizarro — dice — «se juntaban de la misma manera 300.000 hombres como pudieran en Europa juntarse 100 al [son] de las trompas y clarines militares».