Relación de las cosas de Yucatán
| Capítulo III. Cautiverio de Gerónimo de Aguilar. - Expediciones de Hernández de Córdoba y Grijalva a Yucatán. |
Que los primeros españoles que llegaron a Yucatán, según se dice, fueron Gerónimo de Aguilar, natural de Ecija, y sus compañeros, los cuales, el año de 1511, en el desbarato del Darien por las revueltas entre Diego de Nicuesa y Vasco Núñez de Balboa, siguieron a Valdivia que venía en una carabela a Santo Domingo, a dar cuenta al Almirante y al Gobernador de lo que pasaba, y a traer 20 mil ducados del rey; y que esta carabela, llegando a Jamaica, dio en los bajos que llaman de Vívores donde se perdió, no escapando sino 20 hombres que con Valdivia entraron en un batel sin velas y con unos ruines remos y sin mantenimiento alguno anduvieron trece días por el mar. Después de muertos de hambre casi la mitad, llegaron a la costa de Yucatán, a una provincía que llaman de la Maya, de la cual la lengua de Yucatán se llama mayathan, que quiere decir lengua de maya.
Que esta pobre gente vino a manos de un mal
cacique, el cual sacrificó a Valdivia y a otros cuatro a sus ídolos y
después hizo banquetes (con la carne) de ellos a la gente, y que dejó
para engordar a Aguilar y a Guerrero y a otros cinco o seis, los cuales
quebrantaron la prisión y huyeron por unos montes. Y que aportaron a
otro señor enemigo del primero y más piadoso, el cual se sirvió de ellos como de esclavos; y que el que sucedió a este señor los
trató con buena gracia, pero que ellos, de dolencia, murieron quedando
solos Gerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero, de los cuales Aguilar era
buen cristiano y tenía unas horas por las cuales sabía las fiestas. Y
que éste se salvó con la ida del marqués Hernando Cortés, el año de
1519, y que Guerrero, como entendía la lengua, se fue a Chectemal (Chactemal), que es la Salamanca de Yucatán, y que allí le recibió un señor llamado Nachancán (Ah Na Chan Can),
el cual le dio a cargo las cosas de la guerra en que (est)uvo muy bien,
venciendo muchas veces a los enemigos de su señor, y que enseñó a los
indios pelear mostrándoles (la manera de) hacer fuertes y bastiones, y
que con esto y con tratarse como indio, ganó mucha reputación y le
casaron con una muy principal mujer en que hubo hijos; y que por esto
nunca procuró salvarse como hizo Aguilar, antes bien labraba su cuerpo,
criaba cabello y harpaba las orejas para traer zarcillos como los indios
y es creible que fuese idólatra como ellos.
Que el año de 1517, por cuaresma, salió de Santiago de Cuba Francisco Hernández de Córdoba con tres navíos a rescatar esclavos para las minas, ya que en Cuba se iba apocando la gente. Otros dicen que salió a descubrir tierra y que llevó por piloto a Alaminos y que llegó a la Isla de Mujeres, (a la) que él puso este nombre por los ídolos que allí halló de las diosas de aquella tierra como a Ixchel (Ix Chel), Ixchebeliax (Ix Chebel Yax), Ixbunic (Ix Hun Ye Ton), Ixbunieta (Ix Hun Ye Ta), y que estaban vestidas de la cintura abajo y cubiertos los pechos como usan las indias; y que el edificio era de piedra, de que se espantaron, y que hallaron algunas cosas de oro y las tomaron. Y que llegaron a la punta de Cotoch (c'otoch) y que de allí dieron vuelta hasta la bahía de Campeche (Can Pech) donde desembarcaron (el) domingo de Lázaro, y que por esto la llamaron Lázaro. Y que fueron bien recibidos por el señor, y que los indios se espantaban de ver a los españoles y les tocaban las barbas y personas.
Que en Campeche (Can Pech) hallaron un edificio dentro del mar, cerca de tierra, cuadrado y gradado todo, y que en lo alto estaba un ídolo con dos fieros animales que le comían las ijadas, y una sierpe larga y gorda de piedra que se tragaba un león; y que los animales estaban llenos de sangre de los sacrificios.
Que desde Campeche (Can Pech) entendieron que había cerca un pueblo grande que era Champotón (Chakan Putun), donde llegados hallaron que el señor se llamaba Mochcouoh (Mochh Couoh), hombre belicoso que lanzó a su gente contra los españoles, lo cual pesó a Francisco Hernández viendo en lo que había de parar; y que por no mostrar poco ánimo, puso también su gente en orden e hizo soltar artillería de los navíos; y que aunque a los indios les fue nuevo el sonido, humo y fuego de los tiros, no dejaron de acometer con gran alarido; y los españoles resistieron dando muy fieras heridas y matando a muchos. Pero que el señor animó tanto (a los indios) que hicieron retirar a los españoles y que mataron a veinte, hirieron a cincuenta y prendieron dos vivos que después sacrificaron. Y que Francisco Hernández salió con treinta y tres heridas y que así volvió triste a Cuba, donde publicó que la tierra era muy buena y rica por el oro que halló en la Isla de Mujeres.
Que estas nuevas movieron a Diego Velázquez, gobernador de Cuba, y a otros muchos, y que envió a su sobrino Juan de Grijalva con cuatro navíos y doscientos hombres; y que fue con él Francisco de Montejo cuyo era uno de los navíos, y que partieron el primero de mayo de 1518.
Que llevaron consigo al mismo piloto Alaminos, y llegaron a la isla de Cuzmil (Cuzamil), desde la cual el piloto vio Yucatán; y como la otra vez, con Francisco Hernández, la había corrido a la mano derecha, quiso bojarla, (para comprobar) si fuere isla, y echó a mano izquierda siguiendo por la bahía que llamaron de la Ascención porque en tal día entraron en ella; y que dieron la vuelta a toda la costa hasta llegar otra vez a Champotón (Chakan Putun) donde sobre tomar agua les mataron un hombre y les hirieron cincuenta, entre ellos a Grijalva, de dos flechas, y le quebraron diente y medio. Y que así se fueron y nombraron a este puerto el Puerto de la Mala Pelea; y en este viaje descubrieron la Nueva España, y Pánuco y Tabasco, y que con esto gastaron cinco meses, y quisieron saltar a tierra en Champotón (Chakan Putun), lo cual les estorbaron los indios con tanto coraje que en sus canoas entraban hasta cerca de las carabelas a flecharlos, y que así se hicieron a la vela y los dejaron.
Que cuando Grijalva tornó a su descubrimiento y rescate de Tabasco y Ulúa, estaba en Cuba el gran capitán Hernando Cortés, y que oyendo la nueva de tanta tierra y tantas riquezas deseó verlas y aun ganarlas para Dios y para su rey, para sí y para sus amigos.