Tsantsa. Reducción de cabezas y rituales consecuentes.

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Tsantsa (o Tzantza) es la práctica de los shuar de reducir cabezas. La preparación de la cabeza no tiene mucho de misterioso (ver cuadro a la derecha), el ritual que comienza después es más enigmático, pero constituye la única clave que se dispone para comprender esta desconcertante costumbre, cuya explicación explícita los mismos shuar no proporcionan.

El ritual, "La Gran Fiesta", se compone de dos ceremonias: Numpenk ("Su sangre misma") y Amiamu ("La Realización"), cada una de ellas dura varios días y están separadas por un intervalo de aproximadamente un año.

 

Video de poco más de 2 minutos que recrea la escalofriante práctica.
Extraído del presentado por Tu Tv.

Muerto el enemigo es decapitado. En la parte posterior de la cabeza se le practica una incisión desde la nuca hasta el cuello y se le extraen el cráneo, los maxilares, el cartílago de la nariz y la mayoría de los músculos antes de hacerla hervir en una vasija para quitarle la grasa.

La piel es entonces rellenada con arena caliente y comienza a contraerse y endurecerse a medida que el agua se evapora de los tejidos. Cada vez que la piel se estrecha se remodelan los rasgos de la víctima.

Para finalizar, se suturan la incisión posterior. los ojos y la boca; el interior se rellena con fibras de kapok (ceiba).

Cabezas Reducidas.

Tsantsas expuestas en el Museo del Hombre de San Diego, EE.UU.

Coreografías y cantos se realizan primero en la del gran hombre que dirige los rituales, luego en la del victimario, las principales son:

Los protagonistas:

Entre los cantos y las danzas, diversos oficiantes realizan numerosas acciones durante varios días y noches cargadas de alusiones esotéricas a la muerte y al renacimiento:

El complejo ceremonial de esta "Gran Fiesta" sugiere que la tsantsa no es un trofeo ordinario, testimonio de una hazaña y del que se desprenden sin miramientos al final del ritual, no es tampoco una especie de amuleto, fuente de energía y poder que permite granjearse los espíritus, atraer a los animales de caza o multiplicar la fertilidad de los huertos.

La tsantsa, abstracta de identidad susceptible es un operador para la fabricación de identidades nuevas. Es lo que da su razón de ser al tratamiento de la cabeza que perpetúa la representación de un rostro reconocible. La miniaturización es un efecto secundario no buscado que busca preservar los rasgos del decapitado de la corrupción de la carne.

El realismo resultante de la tsantsa puede parecer paradójica si se piensa que la gente a la que se recurre para su elaboración es generalmente desconocida. Es una regla inmutable de la caza de cabezas que sus víctimas sean jíbaros, pero jíbaros de otra tribu, con los que no exista ningún lazo de parentesco, que hablen otro dialecto y cuyo patrimonio se ignore, es decir enemigos genéricos y no adversarios individuales, muy lejanos para ser idénticos a sí mismos y, sin embargo, bastante próximos para no ser percibidos como totalmente diferentes.

Los jíbaros tienen la idea que la identidad individual está contenida menos en las características físicas que en ciertos atributos sociales de la persona: el nombre, la manera de hablar, la memoria de las experiencias compartidas y las pinturas faciales asociadas con el encuentro de los antepasados.

La fase preliminar del ritual consiste en despojar la tsantsa de referencias que le impidan encarnar una identidad jíbara genérica: nunca se la llama por el nombre -en caso de ser conocido- de aquel a quien ha sido sustraída, su cara es ennegrecida para ocultar las pinturas que pudiera tener; todos sus orificios son cosidos, condenando a los sentidos a una eterna amnesia, finalmente es sometida a un aprendizaje de su nuevo espacio social.

La despersonalización a la cual se somete la tsantsa consiste en construir desde su apariencia original una génesis progresiva de una nueva identidad. A lo largo de toda la "Gran Fiesta", la tsantsa, el wea y los atabacados permutan sus situaciones originales, cambiando por turno de sexo y de posición de parentesco de unos respecto de los otros en una serie de relaciones de sentido único o recíprocas, antagónicas o complementarias, desdobladas o simétricamente opuestas, expresiones figuradas de una genealogía ficticia elaborada en episodios. Al término, la tsantsa ha asumido todos los papeles sociales de una procreación simbólica: no pariente, dador de mujer, tomador de mujer, concubina del victimario, amante de sus esposas y, por último, embrión, "morro colado en el vientre de la mujer", según los cantos que se le dirigen al final del ritual.

El fruto real de este simulacro de alianza -un niño a nacer en la parentela del victimario en el curso del siguiente año- presenta la paradoja de ser perfectamente consanguíneo sin ser incestuoso. Virtualidad de la existencia sustraída a desconocidos no del todo extraños, debe su engendramiento a la puesta en escena de una afinidad ideal, la única satisfactoria para los jíbaros pues se desentiende de toda obligación recíproca; en suma una afinidad sin afines.

La extraña unión entre una comunidad victoriosa y un enemigo genérico y desconocido, es rematada en el ritual de la tsantsa al robar identidades productoras de niños a no parientes con los que se simula una afinidad ideal.


Fuente:

"Las Lanzas del Crepúsculo". Relatos jíbaros. Alta Amazonia. Philippe Descola. Fondo de Cultura Económica. 2005