Historia verdadera de la conquista de Nueva España
Bernal Díaz del Castillo
Portada de la edición del Reyno, Madrid, 1632.
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| Capítulos: |
1 a 28 |
29 a 56 |
57 a 84 |
85 a 112 |
Prólogo, de Bernal Díaz del Castillo.
Capítulo 1
Comienza la relación de la historia.
Capítulo 2
Cómo descubrimos la provincia de Yucatán.
Capítulo 3
Cómo seguimos la costa adelante hacia el poniente, descubriendo puntas y bajos y ancones y arrecifes.
Capítulo 4
Cómo Diego Velázquez, gobernador de la isla de Cuba, ordenó de enviar una armada a las tierras que descubrimos y fue Capitán General de ella un hidalgo que se decía Juan de Grijalva, pariente del dicho gobernador Velázquez y otros tres Capitanes que más adelante diré sus nombres.
Capítulo 5
De cómo llegamos al río de Tabasco, que le llaman río de Grijalva, y de lo que allí nos avino.
Capítulo 6
Cómo seguimos la costa adelante, hacia donde se pone el sol, y llegamos al río que llaman de Banderas, y lo que en él pasó que diré adelante.
Capítulo 7
Cómo llegamos (a) aquella isleta que ahora se llama San Juan de Ulúa. Y a qué causa se le puso aquél nombre. Y de lo que allí nos aconteció.
Capítulo 8
Cómo venimos con otra armada a las tierras nuevas descubiertas. Y por capitán de la armada el valeroso y esforzado Hernando Cortés, que después del tiempo andando fue Marqués del Valle y de las contrariedades que tuvo para estorbarle que no fuese capitán el dicho Hernando.
Capítulo 9
Cómo Diego Velázquez envió a un criado, que se decía Gaspar de Garnica, con mandamientos y provisiones para que en todo caso se prendiese a Don Hernando Cortés y se le tomase la armada.
Capítulo 10
Cómo Cortés se hizo a la vela con toda su compañía de caballeros y soldados para la isla de Cozumel, y de lo que allí nos avino luego diré.
Capítulo 11
Cómo Cortés supo de dos españoles que estaban en poder de indios en la Punta de Cotoche, y sobre lo que ello se hizo. Y de otras cosas.
Capítulo 12
Cómo Cortés repartió los navío y señaló capitanes para ir en ellos. Y así mismo se dió la instrucción de lo que habían de hacer los pilotos, y las señales de los faroles de noche y otras cosas más que en aquellos lugares acontecieron.
Capítulo 13
Cómo el español que estaba en poder de los indios (que) se llamaba Jerónimo de Aguilar, supo cómo habíamos arribado a Cozumel, y que luego se vino a nuestro real. Y lo que después aconteció.
Capítulo 14
Cómo llegamos al río de Grijalva, que en lengua de indios llaman Tabasco, y de la guerra que nos dieron y de lo que más con ellos aconteció.
Capítulo 15
Cómo vinieron a hablar con Hernando Cortés todos los caciques y calachonis del río Grijalva, y trajeron un presente. Y lo que sobre ello pasó.
Capítulo 16
Cómo Doña Marina era cacica e hija de grandes señores de pueblos y vasallos, y de la manera que la dicha Doña Marina fue traída a Tabasco.
Capítulo 17
Cómo llegamos con todos los navíos a San Juan de Ulúa. Y de lo que ahí nos aconteció luego.
Capítulo 18
Cómo fue tendile a hablar con Montezuma y a llevar presentes, y lo que se hizo en nuestro real.
Capítulo 19
Cómo alzamos a Hernando Cortés por Capitán General y Justicia Mayor de estas tierras hasta que su majestad mandase lo que hubiere menester y conviniera. Y de lo que en ello se hizo.
Capítulo 20
Cómo acordamos de poblar la Villa Rica de la Vera Cruz y de hacer una fortaleza en unos prados, junto a unas salinas y cerca del puerto del nombre feo, donde estaban anclados nuestros navíos, y de otras cosas más que allí se hicieron.
Capítulo 21
Cómo Cortés mandó hacer un altar y se puso una imagen de Nuestra Señora y una cruz, y se dijo la santa misa y se bautizaron las ocho indias.
Capítulo 22
Cómo volvimos a nuestra Villa Rica de la Vera Cruz, y de otras cosas más que allí sucedieron.
Capítulo 23
Cómo nuestros procuradores, con buen tiempo, desembocaron el Canal de Bahama y en pocos días llegaron a Castilla y lo que en la Corte les pasó.
Capítulo 24
Cómo después de que partieron nuestros embajadores en el real se hizo y la justicia que nuestro Capitán Cortés mandó que se hiciera.
Capítulo 25
De un razonamiento que Cortés hizo después de haber dado con los navíos de través, y (cómo) aprestábamos nuestra ida para México.
Capítulo 26
Cómo ordenamos de ir a la ciudad de México, y por concejo del cacique fuimos por Tlaxcala, y de lo que nos acaecio, asi de reencuentros de guerra como otras cosas quenos avinieron.
Capítulo 27
De las guerras y batallas muy peligrosas que tuvimos con los tlaxcaltecas y otras cosas más.
Capítulo 28
De la gran batalla que hubimos con el poder de los tlaxcaltecas, y quiso Dios Nuestro Señor que en ella hubiésemos victoria, y lo que más pasó.
Capítulo 29
Cómo otro día enviamos mensajeros a los caciques de Tlaxcala, rogándoles con la paz, y lo que sobre estas cosas y de otras ellos hicieron.
Capítulo 30
Cómo después que volvimos con Cortés de Zumpancingo con bastimentos, hallamos en nuestro real ciertas pláticas, y lo que Cortés respondió.
Capítulo 31
Cómo vino Xicotenga, Capitán General de Tlaxcala, a entender en las paces con Don Hernando.
Capítulo 32
Cómo vinieron a nuestro real los caciques viejos de Tlaxcala a rogar a Cortés y a todos nosotros que luego nos fuésemos con ellos a su ciudad para nos a entender, y lo que más pasó.
Capítulo 33
Cómo fuimos a la ciudad de Tlaxcala, y lo que los caciques viejos hicieron, de un presente que nos dieron, y cómo trajeron sus hijos y sobrinos.
Capítulo 34
Cómo fuimos a la ciudad de Cholula en doce de octubre de 1519 años. Y del gran recibimiento que nos hicieron los naturales de aquellas tierras.
Capítulo 35
Cómo el gran Montezuma nos envió otros embajadores con un presente de oro y mantas, y lo que dijeron a Cortés y lo que él les respondió.
Capítulo 36
Del grande y solemne recibimiento que nos hizo el gran Montezuma a Cortés y a todos nosotros en la entrada de la gran ciudad de Tenustitlán.
Capítulo 37
Cómo el gran Montezuma vino a nuestros aposentos con muchos caciques que le acompañaban, y de la plática que tuvo con nuestro Capitán.
Capítulo 38
De la manera y persona del gran Montezuma, y de cómo vivía y de cuán grande señor era.
Capítulo 39
Cómo nuestro Capitán salió a ver la ciudad de México y el Tatelulco, que es la plaza mayor, y el gran Cú de su Uichilobos.
Capítulo 40
Cómo hicimos nuestra Iglesia y altar en nuestro aposento, y una cruz fuera del aposento, y de lo que más pasamos, y hallamos la sala y recámara del tesoro del padre de Montezuma. Y de cómo tomamos acuerdo de prender al gran Montezuma.
Capítulo 41
Cómo fue la batalla que dieron los capitanes mexicanos a Juan de Escalante, y cómo le mataron a él y al caballo y a seis soldados y a muchos amigos indios totonaques que también murieron.
Capítulo 42
De la prisión del gran Montezuma y de otras cosas más que sobre dicha prisión nos acontecieron.
Capítulo 43
Cómo Cortés mandó hacer dos bergantines de mucho sostén y veleros para andar en la laguna, y cómo el gran Montezuma dijo a Cortés que le diese licencia para ir a hacer su oración a sus templos, y lo que Cortés le dijo. Y cómo le dió la licencia. Y otras cosas más que adelante diré.
Capítulo 44
Cómo los sobrinos del gran Montezuma andaban convocando y atrayendo a sí las voluntades de otros señores para venir a México y sacar de la prisión al gran Montezuma y echarnos de la gran ciudad de México y matarnos a todos nosotros.
Capítulo 45
Cómo volvieron los capitanes que nuestro Cortés había enviado para que viesen las minas y para sondar el río de Guazaqualco, y otras cosas más.
Capítulo 46
Cómo Cortés dijo al gran Montezuma que mandase a todos los caciques de toda su tierra que tributasen a Su Majestad, pues comunmente sabían que tenían oro. Y lo que sobre ello se hizo.
Capítulo 47
Cómo el gran Montezuma dijo a Cortés que le quería dar una hija de las suyas para que se casase con ella y lo que Cortés le respondió, y todavía la tomó, y la servían y honraban como era debido a hija de tan gran señor como era él.
Capítulo 48
Cómo el gran Montezuma dijo a nuestro Capitán Cortés que se saliese de México con todos los soldados, porque se querían levantar los caciques y los papas y darnos guerra hasta matarnos, porque así estaba acordado y dado consejo por sus ídolos. Y lo que se hizo sobre ello.
Capítulo 49
Cómo Pánfilo de Narváez llegó al puerto de San Juan de Ulúa, que se dice de la Veracruz, con toda su armada, y las cosas que sucedieron luego.
Capítulo 50
Cómo Pánfilo de Narváez envió con cinco personas de su armada a requerir a Gonzalo de Sandoval, que estaba por Capitán en la villa rica, que se diese luego con todos los vecinos de la dicha villa rica. Y lo que sobre ello acontecio.
Capítulo 51
Cómo Cortés, después de bien informado de quién era Capitán y quién y cuántos venían en la armada, y los pertrechos de guerra que traían, y de los tres nuestros falsos soldados que a Narváez se pasaron, escribió al Capitán y a otros sus amigos, especialmente (a) Andrés de Duero, secretario de Diego Velázquez. Y las palabras que le envió a decir Montezuma; y de cómo venía en aquella armada el licenciado Lucas Vázquez de Ayllon, oidor de la Audiencia Real de Santo Domingo, y la instrucción que traía.
Capítulo 52
Cómo llegó Juan Velázquez de León y un mozo de espuelas de Cortés, que se decía Juan del Río, al real de Pánfilo de Narváez, y lo que en el pasó.
Capítulo 53
Del concierto y orden que se dió en nuestro Real para ir contra Narváez, y del razonamiento que Don Hernando nos hizo y lo que le resolvimos.
Capítulo 54
Cómo Cortés envió al puerto al Capitán Francisco Lugo, y en su compañía dos soldados que habían sido maestres de navíos, para que luego trajesen allí a Cempoal todos los maestres y pilotos de los navíos y flota de Narváez y que les sacasen las velas y timones y agujas, porque no fuesen a dar mandado a la isla de Cuba a Diego Velázquez de lo acaecido. Y cómo puso almitante de la mar, y otras cosas que pasaron.
Capítulo 55
Cómo fuimos a grandes jornadas así Cortés con todos sus Capitanes y todos los de Narváez, excepto Salvatierra y Pánfilo de Narváez, que quedaron presos en la Villa Rica de la Vera Cruz.
Capitulo 56
Cómo nos dieron guerra en México, y los combates que nos daban, y otras cosas que pasamos.
Capítulo 57
Después que fue muerto el gran Montezuma, acordó Cortés de hacerlo saber a sus Capitanes y principales que nos daban guerra. Y lo más que pasó.
Capítulo 58
Después que fue muerto el gran Montezuma, acordó Cortés de hacerlo saber a sus Capitanes y principales que nos daban guerra. Y lo más que pasó.
Capítulo 59
Cómo fuimos a la provincia de Tepeaca y lo que en ella hicimos. Y otras cosas que pasamos.
Capítulo 60
Cómo vino un navío de Cuba que enviaba Diego Velázquez, que venía en él por Capitán Pedro Barba, y la manera que el almirante que puso nuestro Cortés por guarda de la mar tenía para prenderlos, y que es de esta manera.
Capítulo 61
Cómo aporto al peñol y puerto que esta junto a la Villa Rica de la Vera Cruz un navío de los de Francisco Garay, que había enviado a poblar el río Pánuco, y lo que sobre ello paso.
Capítulo 62
Cómo se recogieron todas las mujeres y esclavas y esclavos de todo nuestro Real que habíamos habido en aquello de Tepeaca y Cachula y Tecamachalco, y en Castil Blanco, y en sus tierras, para herrarse con el hierro que hicieron en nombre de Su Majestad. Y de lo que sobre ello paso.
Capítulo 63
Cómo demandaron licencia a Cortés los Capitanes y personas más principales de los que Narváez había traído en su compañía para volverse a la isla de Cuba, y Cortés se la dió, y se fueron, y cómo despachó Cortés embajadores para Castilla y para Santo Domingo y Jamaica. Y sobre lo que cada cosa acaecio.
Capítulo 64
Cómo caminamos con todo nuestro ejército camino de la ciudad de Tezcuco, y lo que pasó en el camino. Y otras cosas, que nos acontecieron.
Capítulo 65
Cómo fue Gonzalo de Sandoval a Tlaxcala por la madera de los bergantines, y lo que más en el camino hizo en un pueblo que le pusimos por nombre el pueblo morisco, y lo que más pasó.
Capítulo 66
Cómo se herraron los esclavos en Tezcuco y cómo vino nueva que había venido al puerto de la Villa Rica un navío, y los pasajeros que en él vinieron y otras cosas que pasaron dire adelante.
Capítulo 67
Cómo nuestro Capitán Cortés fue (a) una entrada y se rodeo de laguna y todas las ciudades y grandes pueblos que alrededor hallamos. Y lo que más pasó en aquella entrada y otras cosa dire.
Capítulo 68
De la gran sed que tuvimos en este camino, y del peligro en que nos vimos en Xochimilco con muchas batallas y reencuentros que con los mexicanos y con los naturales de aquella ciudad tuvimos, y de otros muchos reencuentros de guerras que hasta a volver a Tezcuco nos acaecieron.
Capítulo 69
Cómo de que llegamos con Cortés a Tezcuco con todo nuestro ejército y soldados de la entrada de rodear los pueblos de la laguna tenían concertado entre ciertas personas de los que habían pasado con Narváez de matar a Cortés y todos los que fuésemos en su defensa, y quien fue primero autor de aquella chirinola fue uno que había sido de Diego Velázquez, gobernador de Cuba, el cual soldado Cortés le mandó ahorcar por sentencia, y cómo se herraron los esclavos y se apercibio todo el real y los pueblos de nuestros amigos, y se hizo alarde y ordenanzas, y otras cosas que mas pasaron allí como adelante dire.
Capítulo 70
Cómo Cortés mandó a todos los pueblos nuestros amigos que estaban cercanos de Tezcuco que hiciesen almacen de saetas y casquillos de cobre para ellas, y lo que en nuestro real se ordeno.
Capítulo 71
Cómo se hizo alarde en la ciudad de Tezcuco en los patios mayores de aquella ciudad, y los de a caballo y ballesteros y escopeteros y soldados que se hallaron, y las ordenanzas que se pregonaron, y otras cosas más que se hicieron allí.
Capítulo 72
Cómo Cortés mandó que fuesen tres guarniciones de soldados a caballo y ballesteros y escopeteros por tierra a poner cerco a la gran ciudad de México, y los capitanes que nombró ara cada guarnición, y los soldados y de a caballo y ballesteros y escopeteros que les repartió, los sitios en que sentaríamos nuestros reales.
Capítulo 73
Cómo Cortés mandó repartir los doce bergantines, y mandó se sacase gente del más pequeño bergantín, el busca ruido, y lo que más pasó.
Capítulo 74
De la manera que peleamos, y de muchas batallas que los mexicanos nos daban. Y las pláticas que con ellos tuvimos, y de cómo nuestros amigos se nos fueron a sus pueblos y de otras cosas más.
Capítulo 75
Cómo Cortés envió tres principales mexicanos que se habían prendido en las batallas pasadas a rogar a Guatemuz que tuviésemos paces, y lo que Guatemuz respondió. Y de otras cosas que pasaron.
Capítulo 76
Cómo Guatemuz tenía concertado con las provincias de Mataltzingo y Tulapa y Malinalco y otros pueblos que le viniesen a ayudar y diesen ennuestro real, que es el de Tacuba, y en el de Cortés, y que saldría todo el poder de México, entretanto que peleasen con nosotros, y nos darían por las espaldas. Y lo que sobre ello se hizo.
Capítulo 77
Cómo Gonzalo de Sandoval entro con los doce bergantines a la parte que estaba Guatemuz y se prendió. Y de todo lo más que sobre ello paso.
Capítulo 78
Cómo después de ganada la muy gran ciudad de México y preso Guatemuz y sus capitanes, lo que don Hernando mando que en ello se hiciese.
Capítulo 79
Cómo vinieron cartas a Cortés como en el puerto de la Veracruz había llegado Cristobal de Tapia con dos navíos, y traía provisiones de Su Majestad para que gobernase la Nueva España. Y lo que sobre ello se acordo y luego se hizo.
Capítulo 80 Cómo Gonzalo de Sandoval Llegó con su ejército a un pueblo que se dice Tustepeque, y lo que allí hizo, y después pasó a Guazacualco, y todo lo más que le vino; entiéndase que uno es Tustepeque y que otro es Tututepeque, que son dos.
Capítulo 81
Cómo vino Francisco de Garay de Jamaica con grande armada para Pánuco, y lo que acontecía. Y muchas cosas que pasaron que luego dire.
Capítulo 82
Cómo Cortés envió a Pedro de Alvarado a la provincia de Guatemala para que poblase una villa y los atrajese de paz, y lo que sobre ello se hizo.
Capítulo 83
Cómo Cortés envió una armada para que pacificase y conquistase las provincias de Hibueras y Honduras, y envió por capitán a Cristobal de Olid. Y otras cosas que pasaron diré adelante.
Capítulo 84
Cómo fueron ante Su Majestad Pánfilo de Narváez y Cristobal de Tapia y un piloto que se decía Gonzalo de Imbria, y otro soldado que se llamaba Cárdenas, y con favor del Obispo de Burgos, y aunque no tenía cargo de entender en cosas de Indias, que ya le habían quitado el cargo y se estaba en Toro, todos los por mi memorados dieron ante Su Majestad el Emperador muchas quejas de Cortés, y lo que sobre ello pasó diré adelante. Capítulo 85
En lo que Cortés entendio después que le vino la gobernación de la Nueva España, cómo y de qué manera repartió los pueblos de indios, y otras cosas que pasaron. Y una manera de platicar entre personas doctas que sobre ello dijeron.
Capítulo 86
Cómo el capitán Hernando Cortés envió a Castilla a Su Majestad ochenta mil pesos en oro y plata, y envió un tiro que era una culebrina muy ricamente labrada de muchas figuras, y en toda ella, y en la mayor parte, era de oro bajo revuelto con plata de Michoacán, que por nombre se decía El Fenix, y también envió a su padre, Martín Cortés, sobre cinco mil pesos de oro. Y de otras cosas que sobre ello avino adelante diré.
Capítulo 87
Cómo vinieron al puerto de la Veracruz doce frailes franciscos de muy santa vida, y venía por su vicario y guardian fray Martín de Valencia, y era tan buen religioso que había fama que hacía milagros; era natural de una villa de tierra de campos que se dice Valencia de don Juan. Y sobre lo que en su venida el capitán Cortés hizo.
Capítulo 88
Cómo sabiendo Cortés que Cristobal de Olid se había alzado con la armada y había hecho compañía con Diego Velázquez, gobernador de Cuba, envió contra él a un capitán que se decía Francisco de las Casas. Y lo que sucedió diré luego.
Capítulo 89
Cómo Hernando Cortés salió de México para ir camino de las Hibueras en busca de Cristobal de Olid y de Francisco de las Casas y de los demás capitanes y soldados que envió; y de los caballeros y que capitanías sacó de México para ir en su compañía, y del aparato y servicio que llevó hasta llegar a la villa de Guazcualco. Y de otras cosas que pasaron y lo que luego se hizo.
Capítulo 90
De lo que Cortés ordenó después que se volvió el factor y veedor a México, y del trabajo que llevamos en el largo camino, y de los grandes puentes que hicimos, y hambre que pasamos en dos años y tres meses que tardamos en el viaje.
Capítulo 91
En lo que Cortés entendió después de llegado a Acala, y como en otro pueblo más adelante, sujeto al mismo Acala, mando ahorcar a Guatemuz, gran cacique de México, y a otro cacique, señor de Tacuba, y la causa por qué. Y otras cosas más que pasaron sobre ello que diré adelante.
Capítulo 92
Cómo Cortés entró en la villa adonde estaban poblados los de Gil de Avila, y de la gran alegría que los vecinos hubieron, y lo que Cortés ordenó.
Capítulo 93
Cómo Cortés se embarcó con todos los soldados, cuantos había traido en su compañía y los que habían quedado en San Gil de Buena Vista, y fue a poblar a donde ahora llaman Puerto de Caballos, y le puso nombre La Natividad, y otras cosas que pasaron y que diré lo que allí se hizo.
Capítulo 94
Cómo el capitán Gonzalo de Sandoval comenzó a pacificar aquella provincia de Naco, y lo que más se hizo. Y de otras cosas más que pasaron.
Capítulo 95
Cómo Cortés desembarcó en el Puerto de Trujillo, y cómo todos los vecinos de aquella villa lo salieron a recibir y se holgaron mucho de que hubiera ido. Y de lo más que allí hizo Cortés.
Capítulo 96
Cómo el capitán Gonzalo de Sandoval, que estaba en Naco, prendió a cuarenta soldados españoles que venían de a provincia de Nicaragua y hacían mucho daño y robos a los indios de los pueblos por donde pasaban. Y otras cosas más.
Capítulo 97
Cómo el Licenciado Zuazo envió una carta desde la Habana al capitán Hernando Cortés, y lo que esa carta contenía es lo que ahora diré.
Capítulo 98
Cómo yendo Cortés por la mar la derrota de México tuvo tormenta y dos veces tornó (a) arribar al Puerto de Trujillo, y lo que allí le avino.
Capítulo 99
Cómo Cortés envió un navío a la Nueva España y por capitán de él a un criado suyo que se decía Martín Dorantes, y con cartas y poderes para que gobernasen Francisco de las Casas y Pedro de Alvarado, si allí estuviesen, y si no que gobernase Alonso Estrada y Albornoz, hasta él volver.
Capítulo 100
Cómo el tesorero con otros muchos caballeros rogaron a los frailes franciscos que enviasen a un fray Diego Altamirano, que era deudo de Cortés, que fuese en un navío a Trujillo y lo hiciese venir, y lo que en ello sucedió diré luego.
Capítulo 101
Cómo Cortés se embarcó en la Habana para ir a la Nueva españa y con buen tiempo llego a la Veracruz, y de las alegrias que todos hicieron con su venida a estas tierras, y lo que luego paso.
Capítulo 102
Cómo vinieron cartas a Cortés de España del Cardenal de Sigüenza, don Garcia de Loaisa, que era a Castilla, y le trajeron nuevas que era muerto su padre, Martín Cortés, y el pesar que de ello tuvo, y otras cosas.
Capítulo 103
Cómo entretanto que Cortés estaba en Castilla con el título de Marqués del Valle vino la Real Audiencia a Nueva España y en lo que entndio.
Capítulo 104
Cómo llegó la Real Audiencia a la Nueva españa y lo que se hizo muy justificadamente en México.
Capítulo 105
Cómo vino don Hernando Cortés, Marqués del Valle, de España, casado con la señora doña Juana de Zuñiga y con título de Marqués del Valle y Capitán General de la Nueva España y de la Mar del Sur, y del recibimiento que aquí se le tributo.
Capítulo 106
De los gastos que el Marqués don Hernando Cortés hizo en las armadas que envió a descubrir y cómo en lo demás que hizo no tuvo ventura.
Capítulo 107
Cómo en México se hicieron grandes fiestas y banquetes y alegria de las paces del cristianisimo emperador Nuestro Señor, de gloriosa memoria, con el rey don Francisco de Francia, cuando las vistas que tuvieron sobre Aguas Muertas.
Capítulo 108
De lo que el Marqués del valle don Hernando Cortés hizo después que estuvo en Castilla.
Capítulo 109
De las cosas que aquí van declaradas cerca de los méritos que tenemos los verdaderos conquistadores, las cuales serán apacibles de oirlas.
Capítulo 110
Cómo los indios de toda la Nueva España tenían muchos sacrificios y torpedades, y se los quitamos y les impusimos en las cosas santas de la fe.
Capítulo 111
Cómo pusimos en muy buenas y santas doctrinas a los indios de la Nueva España, y de su conversión, y de cómo se bautizaron y volvieron a nuestra santa fe, y les enseñamos oficios que se usan en Castilla y a tener y administrar justicia.
Capítulo 112
De otras cosas y provechos que se han seguido de nuestras ilustres conquistas y duros trabajos.
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Capítulo 97
Cómo el Licenciado Zuazo envió una carta desde la Habana al capitán Hernando Cortés, y lo que esa carta contenía es lo que ahora diré.
Pues como hubo tomado puerto el navío que dicho tengo, y un hidalgo que venía por capitán de él después que saltó en tierra fue a besar las manos a Cortés y le dió una carta del licenciado Zuazo, que hubo dejado en México por alcalde mayor, y de que Cortés la hubo leído tomó tanta tristeza que luego se metió en su aposento y comenzó a sollozar, y no salió de donde estaba hasta otro día por la mañana, que era sábado, y mandó que se dijesen misas de Nuestra Señora muy de mañana. Y después que hubieron dicho misa nos rogó que le escuchásemos y sabríamos nuevas de la Nueva España, cómo echaron fama que todos éramos muertos, y cómo nos habían tomado nuestras haciendas y las habían vendido en almoneda y quitado nuestros indios y repartidos en otros españoles sin tener méritos, y comenzó a leer la carta, y decía lo primero que leyó en ella: las nuevas que vinieron de Castilla de su padre, Martín Cortés, y Ordaz, cómo el contador Albornoz le había sido contrario en las cartas que escribió a Su Majestad y al obispo de Burgos, y lo que Su Majestad sobre ello había mandado proveer de enviar al almirante con doscientos hombres, según ya lo tengo dicho en el capítulo que de ello habla; y cómo el duque de Béjar quedó por fiador y puso su Estado y cabeza por Cortés y por nosotros que éramos muy leales servidores de Su Majestad, y cómo al capitán Narváez le dieron una conquista del río de Palmas, y que a un Nuño de Guzmán le dieron la gobernación de Pánuco, y que el obispo de Burgos era fallecido; y las cosas de la Nueva España dijo que como Cortés hubo dado en Guazacualco los poderes y provisiones al factor Gonzalo de Salazar y a Pero Almindez Chirinos para ser gobernadores de México si viesen que el tesorero Alonso de Estrada y el contador Albornoz no gobernaban bien, así como llegaron a México el factor y veedor con sus poderes fueron a hacerse muy amigos del mismo licenciado Zuazo, que era alcalde mayor, y de Rodrigo de Paz. que era alguacil mayor, y de Andrés de Tapia y Jorge de Alvarado y de todos los más conquistadores de México; y desde que se vió el factor con tantos amigos de su banda, dijo que el factor y veedor habían de gobernar y no el tesorero ni el contador, y sobre ella hubo muchos ruidos y muertes de hombres, los unos por favorecer al factor y veedor, y otros por ser amigos del tesorero y contador; de manera que quedaron con el cargo de gobernadores el factor y veedor y echaron presos a los contrarios tesorero y contador y a otros muchos que eran de su favor, y cada día había cuchilladas y revueltas; y que los indios que vacaban que los daban a sus amigos, y aunque no tenían méritos; y que al mismo licenciado Zuazo que no le dejaban hacer justicia; y qúe a Rodrigo de Paz que le habían echado preso porque les iba a la mano, y que el mismo licenciado Zuazo los volvió a concertar y hacer amigos así al factor y al tesorero y contador y a Rodrigo de Paz, y que estuvieron ocho días en concordia; y que en esta sazón se levantaron ciertas provincias que se decían los zapotecas y mixes y un pueblo y fortaleza donde había un gran peñol, que se dice Coatlán; y que enviaron a él muchos soldados de los que habían venido nuevamente de Castilla y de otros que no eran conquistadores, y envió por capitán de ellos al veedor Chirinos; y que gastaban muchos pesos de oro de las haciendas de Su Majestad y de lo que estaba en su real caja; y que llevaban tantos bastimentos al real donde estaban que todo era behetrias y juegos de naipes; y que los indios no se le daban por ellos cosa ninguna. y que de repente de noche se salían los indios del peñol y daban en el real del veedor y le mataron ciertos soldados y le hirieron otros muchos; y a esta causa envió el factor con el mismo cargo a un capitán que fue de los de Cortés, que se decía Andrés de Monjaraz, para que estuviese en compañía del veedor, porque este Monjaraz se había hecho muy amigo del factor, y en aquella sazón estaba tullido de bubas Monjaraz, que no era para hacer cosa que buena fuese, y los indios estaban muy victoriosos; y que México estaba cada día para alzarse; y que el factor procuró por todas vías enviar oro a Castilla a Su Majestad y al comendador mayor de León, don Francisco de los Cobos, porque en aquella sazón echó fama que Cortés y todos nosotros éramos muertos en poder de indios en un pueblo que se dice Xicalango.
Y en aquel tiempo había venido de Castilla un Diego de Ordaz, muchas veces por mí nombrado, que es el que Cortés hubo enviado por procurador de la Nueva España, y lo que procuró fue para él una encomienda de Señor Santiago, y trajo por cédula de Su Majestad, y indios y unas armas del volcán que está cabe Guajocingo; y que como llegó a México Diego Ordaz quería ir a buscar a Cortés, y esto fue porque vió las revueltas y cizañas; y que se hizo muy amigo del factor, y fue por la mar, para saber si era vivo o muerto Cortés, con un navío grande y un bergantín, y costa a costa hasta que llegó a un pueblo que se dice Xicalango, adonde habían muerto a Simón de Cuenca y al capitán Francisco de Medina y a los españoles que consigo estaban, y después que aquellas nuevas supo Ordaz, se volvió a la Nueva España y sin desembarcarse en tierra escribió al factor, con unos pasajeros, que tiene por cierto que Cortés es muerto; y después que echó esta nueva Ordaz, en el mismo navío que fue en busca de Cortés luego atravesó la isla de Cuba a comprar becerras y yeguas, y de que el factor vió la carta de Ordaz la anduvo mostrando en México a unos, y otro día se puso luto e hizo hacer un túmulo y monumento en la iglesia mayor de México en que hizo las honras por Cortés: y luego se hizo pregonar con trompetas y atabales por gobernador y capitán general de la Nueva España, y mandó que todas las mujeres que se habían muerto sus maridos en compañía de Cortés que hiciesen bien por sus ánimas y se casasen, y aun lo envió a decir a Guazacualco y a otras villas; y porque una mujer de un Alonso Valiente, que se decía Juana de Mansilla, no se quiso casar y dijo que su marido y Cortés y todos nosotros éramos vivos, y que no éramos los conquistadores viejos de tan poco ánimo como los que estaban en el peñol de Coatlán con el veedor Chirinos, y que los indios les daban guerra y no ellos a los indios, y que tenía esperanza en Dios que presto vería a su marido Alonso Valiente y a Cortés y a todos los demás conquistadores de vuelta para México, y que no se quería casar (y), porque dijo estas palabras la mandó azotar el factor por las calles públicas de México por hechicera.
Y como también hay en este mundo traidores y aduladores, y era uno de ellos uno que le tenía por hombre honrado, que por su honor aquí no le nombro, dijo al factor delante de otras muchas personas que estaba malo de espanto porque yendo una noche pasada cerca del Tatelulco, que es adonde solía estar el ídolo mayor que se decía Uichilobos, do está ahora la iglesia de Señor Santiago, que vió en el patio que se ardían en vivas llamas el ánima de Cortés y doña Marina, y la del capitán Sandoval, y que de espanto de ello estaba muy malo; también vino otro hombre que no nombro, que también le tenían en buena reputación, y dijo al factor que andaban en los patios de Tezcuco unas cosas malas, y que decían los indios que era el ánima de doña Marina y la de Cortés, y todas eran mentiras y traiciones, sino por congraciarse con el factor dijeron aquello, o el factor se lo mandó decir.
Y en aquel tiempo había llegado a México Francisco de las Casas y Gil González de Avila, que son los capitanes, por mi muchas veces memorados, que degollaron a Cristóbal de Olid; y de que el de las Casas vió aquellas revueltas, y que el factor se había hecho pregonar por gobernador, dijo públicamente que era mal hecho y que no se había de consentir tal cosa, porque Cortés era vivo, y que él así lo creía, y que ya que eso fuese, lo cual Dios no permitiese, que para gobernador que más persona y caballero y más méritos tenía Pedro de Alvarado que no el factor, y que enViasen a llamar a Pedro de Alvarado; y que secretamente su hermano Jorge de Alvarado, y aun el tesorero y otros vecinos mexicanos, le escribieron para que se viniese en todo caso a México, con todos los soldados que tenía, y que procurarían de darle la gobernación hasta saber si Cortés era vivo, y enviar a hacer saber a Su Majestad si fuese servido mandar otra cosa; y que ya que Pedro de Alvarado con aquellas cartas se venía para México, tuvo temor del factor, según las amenazas (que) le envió a decir al camino que le mataría, y como supo que habían ahorcado a Rodrigo de Paz y preso al licenciado Zuazo, se volvió a su conquista y en aquel tiempo que había recogido el factor cuanto oro pudo haber en México y enviar a España para hacer con ello mensajero a Su Majestad y enviar con ello a un su amigo que se decía Peña con sus cartas secretas, y Francisco de las Casas y el licenciado Zuazo y Rodrigo de Paz se lo contradijeron, y aun también el tesorero y contador, hasta saber nuevas ciertas si Cortés era vivo que no hiciese relación que era muerto, pues no lo tenían por cierto; y que si oro quería enviar a Su Majestad de sus reales quintos, que era muy bien, mas que fuese juntamente con parecer y acuerdo del tesorero y contador, y no sólo en su nombre; y porque lo tenia ya en los navíos y para hacerse a la vela con ello, fue el de las Casas con mandamientos del alcalde mayor Zuazo, y con favor de Rodrigo de Paz y de los demás oficiales de la Hacienda de Su Majestad y conquistadores, que detuviesen el navío hasta que otros escribiesen a nuestro rey y señor de la manera que estaba la Nueva España, porque, según pareció el factor no consentía que otras personas escribiesen, sino solamente sus cartas.
Y después que el factor vió que en el de las Casas ni el licenciado Zuazo no tenía buenos amigos y le iban a la mano, luego les mandó prender e hizo proceso contra Francisco de las Casas y contra Gil González de Avila sobre la muerte de Cristóbal de Olid y los sentenció a degollar, y de hecho quería la sentencia ejecutar por más que apelaban para ante Su Majestad, y con gran importunidad les otorgó la apelación y los envió a Castilla presos con los procesos que contra ellos hizo; y esto hecho, luego da tras el mismo Zuazo, y que en justo y en creyente le arrebataron y le llevaron en una acémila al puerto de la Veracruz y le embarcaron para la isla de Cuba, diciendo que porque fuese a dar residencia del tiempo que fue en ella juez, y que a Rodrigo de Paz que le echó preso y le demandó el oro y plata que era de Cortés, porque como su mayordomo sabía de ello, diciendo que lo tenia escondido, porque lo quería enviar a Su Majestad, pues era de los bienes que tenía Cortés usurpados a Su Majestad, y porque no lo dió, pues era claro que no lo tenía, sobre ello le dió tormentos, y con aceite y fuego le quemó los pies y aun parte de las piernas, y estaba tan flaco y malo de las prisiones para morir; y no contento con los tormentos, viendo el factor que si le dejaba a vida que se iría a quejar de él a Su Majestad, le mandó ahorcar por revoltoso y bandolero.
Y que a todos los más soldados y vecinos de México que eran de la banda de Cortés los mandaba prender, y se retrajeron en el monasterio del Señor San Francisco, Jorge de Alvarado y Andrés de Tapia y todos los más que eran por Cortés, puesto que otros muchos conquistadores se allegaron al factor porque les daba buenos indios, y andaban a viva quien vence; y que en la casa de munición de las armas todas las sacó el factor y las mandó poner en sus palacios, y que la artillería que estaba en la fortaleza y atarazanas, las mandó asestar delante de sus casas e hizo capitán de ella a un don Luis Guzmán, deudo del duque de Medina Sidonia; y que puso por capitán de su guarda a un Archiaga o Artiaga, que ya no se me acuerda el nombre, y que eran para guardar de su persona Ginés Nortes y un Pero González Sabiote y otros soldados; y más decía en la carta que le escribió Zuazo, que mirase Cortés que fuese luego a poner recaudo en México, porque demás de todos estos males y escándalos había otros mayores; que había escrito el factor a Su Majestad que le habían hallado en su recámara de Cortés un cuño falso con que marcaba el oro que los indios le traían (a) escondidas, y que no pagaba quinto de ello.
Y también dijo que porque viese cuál andaba la cosa en México, que porque un vecino de Guazacualco que vino (a) aquella ciudad a demandar unos indios que en aquel tiempo vacaron, por muerte de otro vecino de los que estaban poblados en aquella villa, y por muy secretamente que dijo el vecino de Guazacualco a una mujer donde posaba que por qué se había casado, que ciertamente era vivo su marido y todos los que fueron con Cortés, y dió causas y razones para ello, y como lo supo el factor, que luego le fueron con la parlería, envió por el que lo había dicho a cuatro alguaciles y le llevaron engarrafado a la cárcel, y que le quería mandar ahorcar por revolvedor, hasta que el pobre vecino, que se decía Gonzalo Hernández, tornó a decir que como vido llorar a la mujer por su marido, que por consolarla le había dicho que era vivo, más que ciertamente todos éramos muertos, y luego le dió los indios que demandaba y le mandó que no estuviese más en México, y que no dijese otra cosa, porque le mandaría ahorcar. Y más decía en cabo de su carta: Esto que aquí escribo a vuestra merced pasa así, y dejélos allá, y enviáronme preso a Cuba cubierto con grillos aquí donde estoy.
Y, pues, después que Cortés la hubo leído, tristes y enojados así de Cortés que nos trajo con tantos trabajos, como del factor, y echábamos dos mil maldiciones, así al uno como al otro; y se nos saltaban los corazones de coraje. Pues Cortés no pudo tener las lágrimas, que con la misma carta se fue luego a encerrar a su aposento, y no quiso que le viésemos hasta más de mediodía. Y todos nosotros a una le dijimos y rogamos que luego se embarcase en tres navíos que allí estaban y que nos fuésemos a la Nueva España. Y él nos respondió muy amorosa y mansamente y nos dijo: Oh, hijos, y compañeros míos, que veo por una parte aquel mal hombre del factor que está muy poderoso, y temo de que sepa de que estamos en el puerto nos haga otras desvergüenzas y atrevimientos más de los que ha hecho, o me mate, o me ahogue, o eche preso, a mí como a vuestras personas. Yo me embarcaré luego con la ayuda de Dios, y ha de ser solamente con cuatro o cinco de vuestras mercedes, y tengo de ir muy secretamente a desembarcar a puerto que no sepan en México de nosotros hasta que desconocidos entremos en la ciudad. Y además de esto, Sandoval está en Naco con pocos soldados y ha de ir por tierra de guerra, en especial por Guatemala, que no está de paz. Conviene que vos, señor Luis Marin, con todos los compañeros que aquí vinisteis en mi busca; os volváis y os juntéis con Sandoval y se vayan camino de México.
Dejemos esto, y quiero volver a decir que luego Cortés escribió al capitán Francisco Hernández, que estaba en Nicaragua, que fue el que enviaba a buscar puerto con Pedro de Garro, ya por mí memorado, y se le ofreció Cortés que haría por él todo lo que pudiese, y le envió dos acémilas cargadas de herraje, porque sabía que tenía falta de ello, y también le envió herramientas de minas y ropas ricas para su vestir, y cuatro tazas y jarros de plata de su vajilla, y otras joyas de oro, lo cual entregó todo a un hidalgo que se decía fulano de Cabrera, que fue uno de los cinco soldados que fueron con nosotros en busca de Cortés; y este Cabrera fue después capitán de Benalcázar, y fue muy esforzado capitán y extremado hombre por su persona, natural de Castilla la Vieja, el cual fue maestre de campo de Vasco Núñez de Vela, y murió en la misma batalla que murió el virrey.
Quiero dejar cuentos viejos y quiero decir que como yo vi que Cortés se había de ir a la Nueva España por la mar, le fuí a pedir por merced que en todo caso me llevase en su compañía, y que mirase que en todos sus trabajos y guerras me había hallado siempre a su lado y le había ayudado, y que ahora era tiempo que yo conociese de él si tenía respeto a los servicios que le he hecho y amistad y ruegos de ahora. Entonces me abrazó, y dijo: Pues si os llevo conmigo, ¿quién irá con Sandoval? Ruégoos, hijo, que vayáis con vuestro amigo Sandoval, que yo os empeño estas barbas que os haga muchas mercedes, que bien os lo debo antes de ahora. En fin, no aprovechó cosa ninguna, que no me dejó ir consigo. También quiero decir cómo estando que estábamos en aquella villa de Trujillo, un hidalgo que se decía Rodrigo Mañueco, maestresala de Cortés, hombre del Palacio, por dar contento y alegrar a Cortés, que estaba muy triste y tenía razón, apostó con otros caballeros que se subiría armado de todas armas a unas casas que nuevamente habían hecho los indios de aquella provincia para Cortés, según lo he declarado en el capítulo que de ello habla, las cuales casas estaban en un cerro algo alto, y subiendo armado reventó al subir de la cuesta y murió de ello; y asimismo como vieron ciertos hidalgos de los que halló Cortés en aquella villa que no les dejaba cargos como ellos quisieran, estaban revolviendo bandos, y Cortés los apaciguó con decir que los llevaría en su compañía a México, y que allá les daría cargos honrosos.
Y dejémoslo aquí, y diré lo que Cortés más hizo. Y es que mandó que un Diego de Godoy, que había puesto por capitán en el Puerto de Caballos, con ciertos vecinos que estaban malos y no se podían valer de pulgas y mosquitos, y no tenían con qué mantenerse, que todas estas materias de miseria tenían, que se pasasen a Naco, pues era buena tierra, y que nosotros nos fuésemos con el capitán Luis Marín camino de México, y si hubiese lugar, que fuésemos a ver la provincia de Nicaragua para demandarla a Su Majestad para tomarla en gobernación; y aun de aquello tenía codicia Cortés para tomarla por gobernación el tiempo andando si aportase a México. Y después que Cortés nos abrazó y nosotros a él, y le dejamos embarcado y se fue a la vela para México, nos partimos para Naco y muy alegres en saber que habíamos de caminar la vía de México, y con muy gran trabajo de falta de comida llegamos a Naco, y Sandoval se holgó con nosotros, y cuando llegamos, ya Pedro de Garro con todos sus soldados se había despedido de Sandoval y se fue muy gozoso a Nicaragua a dar cuenta a su capitán Francisco Hernández de lo que había concertado con Sandoval, y luego otro día que llegamos a Naco nos partimos y fuimos camino de México, y los soldados de la compañía de Garro que habían ido con nosotros a Trujillo sé que fueron camino de Nicaragua con el presente y cartas que Cortés enviaba a Francisco Hernández.