Historia verdadera de la conquista de Nueva España

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Bernal Díaz del Castillo



Portada de la edición del Reyno, Madrid, 1632.

Capítulos:  1 a 28 29 a 56 57 a 84 85 a 112

Prólogo, de Bernal Díaz del Castillo.

Capítulo 1
Comienza la relación de la historia.

Capítulo 2
Cómo descubrimos la provincia de Yucatán.

Capítulo 3
Cómo seguimos la costa adelante hacia el poniente, descubriendo puntas y bajos y ancones y arrecifes.

Capítulo 4
Cómo Diego Velázquez, gobernador de la isla de Cuba, ordenó de enviar una armada a las tierras que descubrimos y fue Capitán General de ella un hidalgo que se decía Juan de Grijalva, pariente del dicho gobernador Velázquez y otros tres Capitanes que más adelante diré sus nombres.

Capítulo 5
De cómo llegamos al río de Tabasco, que le llaman río de Grijalva, y de lo que allí nos avino.

Capítulo 6
Cómo seguimos la costa adelante, hacia donde se pone el sol, y llegamos al río que llaman de Banderas, y lo que en él pasó que diré adelante.

Capítulo 7
Cómo llegamos (a) aquella isleta que ahora se llama San Juan de Ulúa. Y a qué causa se le puso aquél nombre. Y de lo que allí nos aconteció.

Capítulo 8
Cómo venimos con otra armada a las tierras nuevas descubiertas. Y por capitán de la armada el valeroso y esforzado Hernando Cortés, que después del tiempo andando fue Marqués del Valle y de las contrariedades que tuvo para estorbarle que no fuese capitán el dicho Hernando.

Capítulo 9
Cómo Diego Velázquez envió a un criado, que se decía Gaspar de Garnica, con mandamientos y provisiones para que en todo caso se prendiese a Don Hernando Cortés y se le tomase la armada.

Capítulo 10
Cómo Cortés se hizo a la vela con toda su compañía de caballeros y soldados para la isla de Cozumel, y de lo que allí nos avino luego diré.

Capítulo 11
Cómo Cortés supo de dos españoles que estaban en poder de indios en la Punta de Cotoche, y sobre lo que ello se hizo. Y de otras cosas.

Capítulo 12
Cómo Cortés repartió los navío y señaló capitanes para ir en ellos. Y así mismo se dió la instrucción de lo que habían de hacer los pilotos, y las señales de los faroles de noche y otras cosas más que en aquellos lugares acontecieron.

Capítulo 13
Cómo el español que estaba en poder de los indios (que) se llamaba Jerónimo de Aguilar, supo cómo habíamos arribado a Cozumel, y que luego se vino a nuestro real. Y lo que después aconteció.

Capítulo 14
Cómo llegamos al río de Grijalva, que en lengua de indios llaman Tabasco, y de la guerra que nos dieron y de lo que más con ellos aconteció.

Capítulo 15
Cómo vinieron a hablar con Hernando Cortés todos los caciques y calachonis del río Grijalva, y trajeron un presente. Y lo que sobre ello pasó.

Capítulo 16
Cómo Doña Marina era cacica e hija de grandes señores de pueblos y vasallos, y de la manera que la dicha Doña Marina fue traída a Tabasco.

Capítulo 17
Cómo llegamos con todos los navíos a San Juan de Ulúa. Y de lo que ahí nos aconteció luego.

Capítulo 18
Cómo fue tendile a hablar con Montezuma y a llevar presentes, y lo que se hizo en nuestro real.

Capítulo 19
Cómo alzamos a Hernando Cortés por Capitán General y Justicia Mayor de estas tierras hasta que su majestad mandase lo que hubiere menester y conviniera. Y de lo que en ello se hizo.

Capítulo 20
Cómo acordamos de poblar la Villa Rica de la Vera Cruz y de hacer una fortaleza en unos prados, junto a unas salinas y cerca del puerto del nombre feo, donde estaban anclados nuestros navíos, y de otras cosas más que allí se hicieron.

Capítulo 21
Cómo Cortés mandó hacer un altar y se puso una imagen de Nuestra Señora y una cruz, y se dijo la santa misa y se bautizaron las ocho indias.

Capítulo 22
Cómo volvimos a nuestra Villa Rica de la Vera Cruz, y de otras cosas más que allí sucedieron.

Capítulo 23
Cómo nuestros procuradores, con buen tiempo, desembocaron el Canal de Bahama y en pocos días llegaron a Castilla y lo que en la Corte les pasó.

Capítulo 24
Cómo después de que partieron nuestros embajadores en el real se hizo y la justicia que nuestro Capitán Cortés mandó que se hiciera.

Capítulo 25
De un razonamiento que Cortés hizo después de haber dado con los navíos de través, y (cómo) aprestábamos nuestra ida para México.

Capítulo 26
Cómo ordenamos de ir a la ciudad de México, y por concejo del cacique fuimos por Tlaxcala, y de lo que nos acaecio, asi de reencuentros de guerra como otras cosas quenos avinieron.

Capítulo 27
De las guerras y batallas muy peligrosas que tuvimos con los tlaxcaltecas y otras cosas más.

Capítulo 28
De la gran batalla que hubimos con el poder de los tlaxcaltecas, y quiso Dios Nuestro Señor que en ella hubiésemos victoria, y lo que más pasó.

Capítulo 29
Cómo otro día enviamos mensajeros a los caciques de Tlaxcala, rogándoles con la paz, y lo que sobre estas cosas y de otras ellos hicieron.

Capítulo 30
Cómo después que volvimos con Cortés de Zumpancingo con bastimentos, hallamos en nuestro real ciertas pláticas, y lo que Cortés respondió.

Capítulo 31
Cómo vino Xicotenga, Capitán General de Tlaxcala, a entender en las paces con Don Hernando.

Capítulo 32
Cómo vinieron a nuestro real los caciques viejos de Tlaxcala a rogar a Cortés y a todos nosotros que luego nos fuésemos con ellos a su ciudad para nos a entender, y lo que más pasó.

Capítulo 33
Cómo fuimos a la ciudad de Tlaxcala, y lo que los caciques viejos hicieron, de un presente que nos dieron, y cómo trajeron sus hijos y sobrinos.

Capítulo 34
Cómo fuimos a la ciudad de Cholula en doce de octubre de 1519 años. Y del gran recibimiento que nos hicieron los naturales de aquellas tierras.

Capítulo 35
Cómo el gran Montezuma nos envió otros embajadores con un presente de oro y mantas, y lo que dijeron a Cortés y lo que él les respondió.

Capítulo 36
Del grande y solemne recibimiento que nos hizo el gran Montezuma a Cortés y a todos nosotros en la entrada de la gran ciudad de Tenustitlán.

Capítulo 37
Cómo el gran Montezuma vino a nuestros aposentos con muchos caciques que le acompañaban, y de la plática que tuvo con nuestro Capitán.

Capítulo 38
De la manera y persona del gran Montezuma, y de cómo vivía y de cuán grande señor era.

Capítulo 39
Cómo nuestro Capitán salió a ver la ciudad de México y el Tatelulco, que es la plaza mayor, y el gran Cú de su Uichilobos.

Capítulo 40
Cómo hicimos nuestra Iglesia y altar en nuestro aposento, y una cruz fuera del aposento, y de lo que más pasamos, y hallamos la sala y recámara del tesoro del padre de Montezuma. Y de cómo tomamos acuerdo de prender al gran Montezuma.

Capítulo 41
Cómo fue la batalla que dieron los capitanes mexicanos a Juan de Escalante, y cómo le mataron a él y al caballo y a seis soldados y a muchos amigos indios totonaques que también murieron.

Capítulo 42
De la prisión del gran Montezuma y de otras cosas más que sobre dicha prisión nos acontecieron.

Capítulo 43
Cómo Cortés mandó hacer dos bergantines de mucho sostén y veleros para andar en la laguna, y cómo el gran Montezuma dijo a Cortés que le diese licencia para ir a hacer su oración a sus templos, y lo que Cortés le dijo. Y cómo le dió la licencia. Y otras cosas más que adelante diré.

Capítulo 44
Cómo los sobrinos del gran Montezuma andaban convocando y atrayendo a sí las voluntades de otros señores para venir a México y sacar de la prisión al gran Montezuma y echarnos de la gran ciudad de México y matarnos a todos nosotros.

Capítulo 45
Cómo volvieron los capitanes que nuestro Cortés había enviado para que viesen las minas y para sondar el río de Guazaqualco, y otras cosas más.

Capítulo 46
Cómo Cortés dijo al gran Montezuma que mandase a todos los caciques de toda su tierra que tributasen a Su Majestad, pues comunmente sabían que tenían oro. Y lo que sobre ello se hizo.

Capítulo 47
Cómo el gran Montezuma dijo a Cortés que le quería dar una hija de las suyas para que se casase con ella y lo que Cortés le respondió, y todavía la tomó, y la servían y honraban como era debido a hija de tan gran señor como era él.

Capítulo 48
Cómo el gran Montezuma dijo a nuestro Capitán Cortés que se saliese de México con todos los soldados, porque se querían levantar los caciques y los papas y darnos guerra hasta matarnos, porque así estaba acordado y dado consejo por sus ídolos. Y lo que se hizo sobre ello.

Capítulo 49
Cómo Pánfilo de Narváez llegó al puerto de San Juan de Ulúa, que se dice de la Veracruz, con toda su armada, y las cosas que sucedieron luego.

Capítulo 50
Cómo Pánfilo de Narváez envió con cinco personas de su armada a requerir a Gonzalo de Sandoval, que estaba por Capitán en la villa rica, que se diese luego con todos los vecinos de la dicha villa rica. Y lo que sobre ello acontecio.

Capítulo 51
Cómo Cortés, después de bien informado de quién era Capitán y quién y cuántos venían en la armada, y los pertrechos de guerra que traían, y de los tres nuestros falsos soldados que a Narváez se pasaron, escribió al Capitán y a otros sus amigos, especialmente (a) Andrés de Duero, secretario de Diego Velázquez. Y las palabras que le envió a decir Montezuma; y de cómo venía en aquella armada el licenciado Lucas Vázquez de Ayllon, oidor de la Audiencia Real de Santo Domingo, y la instrucción que traía.

Capítulo 52
Cómo llegó Juan Velázquez de León y un mozo de espuelas de Cortés, que se decía Juan del Río, al real de Pánfilo de Narváez, y lo que en el pasó.

Capítulo 53
Del concierto y orden que se dió en nuestro Real para ir contra Narváez, y del razonamiento que Don Hernando nos hizo y lo que le resolvimos.

Capítulo 54
Cómo Cortés envió al puerto al Capitán Francisco Lugo, y en su compañía dos soldados que habían sido maestres de navíos, para que luego trajesen allí a Cempoal todos los maestres y pilotos de los navíos y flota de Narváez y que les sacasen las velas y timones y agujas, porque no fuesen a dar mandado a la isla de Cuba a Diego Velázquez de lo acaecido. Y cómo puso almitante de la mar, y otras cosas que pasaron.

Capítulo 55
Cómo fuimos a grandes jornadas así Cortés con todos sus Capitanes y todos los de Narváez, excepto Salvatierra y Pánfilo de Narváez, que quedaron presos en la Villa Rica de la Vera Cruz.

Capitulo 56
Cómo nos dieron guerra en México, y los combates que nos daban, y otras cosas que pasamos.

Capítulo 57
Después que fue muerto el gran Montezuma, acordó Cortés de hacerlo saber a sus Capitanes y principales que nos daban guerra. Y lo más que pasó.

Capítulo 58
Después que fue muerto el gran Montezuma, acordó Cortés de hacerlo saber a sus Capitanes y principales que nos daban guerra. Y lo más que pasó.

Capítulo 59
Cómo fuimos a la provincia de Tepeaca y lo que en ella hicimos. Y otras cosas que pasamos.

Capítulo 60
Cómo vino un navío de Cuba que enviaba Diego Velázquez, que venía en él por Capitán Pedro Barba, y la manera que el almirante que puso nuestro Cortés por guarda de la mar tenía para prenderlos, y que es de esta manera.

Capítulo 61
Cómo aporto al peñol y puerto que esta junto a la Villa Rica de la Vera Cruz un navío de los de Francisco Garay, que había enviado a poblar el río Pánuco, y lo que sobre ello paso.

Capítulo 62
Cómo se recogieron todas las mujeres y esclavas y esclavos de todo nuestro Real que habíamos habido en aquello de Tepeaca y Cachula y Tecamachalco, y en Castil Blanco, y en sus tierras, para herrarse con el hierro que hicieron en nombre de Su Majestad. Y de lo que sobre ello paso.

Capítulo 63
Cómo demandaron licencia a Cortés los Capitanes y personas más principales de los que Narváez había traído en su compañía para volverse a la isla de Cuba, y Cortés se la dió, y se fueron, y cómo despachó Cortés embajadores para Castilla y para Santo Domingo y Jamaica. Y sobre lo que cada cosa acaecio.

Capítulo 64
Cómo caminamos con todo nuestro ejército camino de la ciudad de Tezcuco, y lo que pasó en el camino. Y otras cosas, que nos acontecieron.

Capítulo 65
Cómo fue Gonzalo de Sandoval a Tlaxcala por la madera de los bergantines, y lo que más en el camino hizo en un pueblo que le pusimos por nombre el pueblo morisco, y lo que más pasó.

Capítulo 66
Cómo se herraron los esclavos en Tezcuco y cómo vino nueva que había venido al puerto de la Villa Rica un navío, y los pasajeros que en él vinieron y otras cosas que pasaron dire adelante.

Capítulo 67
Cómo nuestro Capitán Cortés fue (a) una entrada y se rodeo de laguna y todas las ciudades y grandes pueblos que alrededor hallamos. Y lo que más pasó en aquella entrada y otras cosa dire.

Capítulo 68
De la gran sed que tuvimos en este camino, y del peligro en que nos vimos en Xochimilco con muchas batallas y reencuentros que con los mexicanos y con los naturales de aquella ciudad tuvimos, y de otros muchos reencuentros de guerras que hasta a volver a Tezcuco nos acaecieron.

Capítulo 69
Cómo de que llegamos con Cortés a Tezcuco con todo nuestro ejército y soldados de la entrada de rodear los pueblos de la laguna tenían concertado entre ciertas personas de los que habían pasado con Narváez de matar a Cortés y todos los que fuésemos en su defensa, y quien fue primero autor de aquella chirinola fue uno que había sido de Diego Velázquez, gobernador de Cuba, el cual soldado Cortés le mandó ahorcar por sentencia, y cómo se herraron los esclavos y se apercibio todo el real y los pueblos de nuestros amigos, y se hizo alarde y ordenanzas, y otras cosas que mas pasaron allí como adelante dire.

Capítulo 70
Cómo Cortés mandó a todos los pueblos nuestros amigos que estaban cercanos de Tezcuco que hiciesen almacen de saetas y casquillos de cobre para ellas, y lo que en nuestro real se ordeno.

Capítulo 71
Cómo se hizo alarde en la ciudad de Tezcuco en los patios mayores de aquella ciudad, y los de a caballo y ballesteros y escopeteros y soldados que se hallaron, y las ordenanzas que se pregonaron, y otras cosas más que se hicieron allí.

Capítulo 72
Cómo Cortés mandó que fuesen tres guarniciones de soldados a caballo y ballesteros y escopeteros por tierra a poner cerco a la gran ciudad de México, y los capitanes que nombró ara cada guarnición, y los soldados y de a caballo y ballesteros y escopeteros que les repartió, los sitios en que sentaríamos nuestros reales.

Capítulo 73
Cómo Cortés mandó repartir los doce bergantines, y mandó se sacase gente del más pequeño bergantín, el busca ruido, y lo que más pasó.

Capítulo 74
De la manera que peleamos, y de muchas batallas que los mexicanos nos daban. Y las pláticas que con ellos tuvimos, y de cómo nuestros amigos se nos fueron a sus pueblos y de otras cosas más.

Capítulo 75
Cómo Cortés envió tres principales mexicanos que se habían prendido en las batallas pasadas a rogar a Guatemuz que tuviésemos paces, y lo que Guatemuz respondió. Y de otras cosas que pasaron.

Capítulo 76
Cómo Guatemuz tenía concertado con las provincias de Mataltzingo y Tulapa y Malinalco y otros pueblos que le viniesen a ayudar y diesen ennuestro real, que es el de Tacuba, y en el de Cortés, y que saldría todo el poder de México, entretanto que peleasen con nosotros, y nos darían por las espaldas. Y lo que sobre ello se hizo.

Capítulo 77
Cómo Gonzalo de Sandoval entro con los doce bergantines a la parte que estaba Guatemuz y se prendió. Y de todo lo más que sobre ello paso.

Capítulo 78
Cómo después de ganada la muy gran ciudad de México y preso Guatemuz y sus capitanes, lo que don Hernando mando que en ello se hiciese.

Capítulo 79
Cómo vinieron cartas a Cortés como en el puerto de la Veracruz había llegado Cristobal de Tapia con dos navíos, y traía provisiones de Su Majestad para que gobernase la Nueva España. Y lo que sobre ello se acordo y luego se hizo.

Capítulo 80
Cómo Gonzalo de Sandoval Llegó con su ejército a un pueblo que se dice Tustepeque, y lo que allí hizo, y después pasó a Guazacualco, y todo lo más que le vino; entiéndase que uno es Tustepeque y que otro es Tututepeque, que son dos.

Capítulo 81
Cómo vino Francisco de Garay de Jamaica con grande armada para Pánuco, y lo que acontecía. Y muchas cosas que pasaron que luego dire.

Capítulo 82
Cómo Cortés envió a Pedro de Alvarado a la provincia de Guatemala para que poblase una villa y los atrajese de paz, y lo que sobre ello se hizo.

Capítulo 83
Cómo Cortés envió una armada para que pacificase y conquistase las provincias de Hibueras y Honduras, y envió por capitán a Cristobal de Olid. Y otras cosas que pasaron diré adelante.

Capítulo 84
Cómo fueron ante Su Majestad Pánfilo de Narváez y Cristobal de Tapia y un piloto que se decía Gonzalo de Imbria, y otro soldado que se llamaba Cárdenas, y con favor del Obispo de Burgos, y aunque no tenía cargo de entender en cosas de Indias, que ya le habían quitado el cargo y se estaba en Toro, todos los por mi memorados dieron ante Su Majestad el Emperador muchas quejas de Cortés, y lo que sobre ello pasó diré adelante.

Capítulo 85
En lo que Cortés entendio después que le vino la gobernación de la Nueva España, cómo y de qué manera repartió los pueblos de indios, y otras cosas que pasaron. Y una manera de platicar entre personas doctas que sobre ello dijeron.

Capítulo 86
Cómo el capitán Hernando Cortés envió a Castilla a Su Majestad ochenta mil pesos en oro y plata, y envió un tiro que era una culebrina muy ricamente labrada de muchas figuras, y en toda ella, y en la mayor parte, era de oro bajo revuelto con plata de Michoacán, que por nombre se decía El Fenix, y también envió a su padre, Martín Cortés, sobre cinco mil pesos de oro. Y de otras cosas que sobre ello avino adelante diré.

Capítulo 87
Cómo vinieron al puerto de la Veracruz doce frailes franciscos de muy santa vida, y venía por su vicario y guardian fray Martín de Valencia, y era tan buen religioso que había fama que hacía milagros; era natural de una villa de tierra de campos que se dice Valencia de don Juan. Y sobre lo que en su venida el capitán Cortés hizo.

Capítulo 88
Cómo sabiendo Cortés que Cristobal de Olid se había alzado con la armada y había hecho compañía con Diego Velázquez, gobernador de Cuba, envió contra él a un capitán que se decía Francisco de las Casas. Y lo que sucedió diré luego.

Capítulo 89
Cómo Hernando Cortés salió de México para ir camino de las Hibueras en busca de Cristobal de Olid y de Francisco de las Casas y de los demás capitanes y soldados que envió; y de los caballeros y que capitanías sacó de México para ir en su compañía, y del aparato y servicio que llevó hasta llegar a la villa de Guazcualco. Y de otras cosas que pasaron y lo que luego se hizo.

Capítulo 90
De lo que Cortés ordenó después que se volvió el factor y veedor a México, y del trabajo que llevamos en el largo camino, y de los grandes puentes que hicimos, y hambre que pasamos en dos años y tres meses que tardamos en el viaje.

Capítulo 91
En lo que Cortés entendió después de llegado a Acala, y como en otro pueblo más adelante, sujeto al mismo Acala, mando ahorcar a Guatemuz, gran cacique de México, y a otro cacique, señor de Tacuba, y la causa por qué. Y otras cosas más que pasaron sobre ello que diré adelante.

Capítulo 92
Cómo Cortés entró en la villa adonde estaban poblados los de Gil de Avila, y de la gran alegría que los vecinos hubieron, y lo que Cortés ordenó.

Capítulo 93
Cómo Cortés se embarcó con todos los soldados, cuantos había traido en su compañía y los que habían quedado en San Gil de Buena Vista, y fue a poblar a donde ahora llaman Puerto de Caballos, y le puso nombre La Natividad, y otras cosas que pasaron y que diré lo que allí se hizo.

Capítulo 94
Cómo el capitán Gonzalo de Sandoval comenzó a pacificar aquella provincia de Naco, y lo que más se hizo. Y de otras cosas más que pasaron.

Capítulo 95
Cómo Cortés desembarcó en el Puerto de Trujillo, y cómo todos los vecinos de aquella villa lo salieron a recibir y se holgaron mucho de que hubiera ido. Y de lo más que allí hizo Cortés.

Capítulo 96
Cómo el capitán Gonzalo de Sandoval, que estaba en Naco, prendió a cuarenta soldados españoles que venían de a provincia de Nicaragua y hacían mucho daño y robos a los indios de los pueblos por donde pasaban. Y otras cosas más.

Capítulo 97
Cómo el Licenciado Zuazo envió una carta desde la Habana al capitán Hernando Cortés, y lo que esa carta contenía es lo que ahora diré.

Capítulo 98
Cómo yendo Cortés por la mar la derrota de México tuvo tormenta y dos veces tornó (a) arribar al Puerto de Trujillo, y lo que allí le avino.

Capítulo 99
Cómo Cortés envió un navío a la Nueva España y por capitán de él a un criado suyo que se decía Martín Dorantes, y con cartas y poderes para que gobernasen Francisco de las Casas y Pedro de Alvarado, si allí estuviesen, y si no que gobernase Alonso Estrada y Albornoz, hasta él volver.

Capítulo 100
Cómo el tesorero con otros muchos caballeros rogaron a los frailes franciscos que enviasen a un fray Diego Altamirano, que era deudo de Cortés, que fuese en un navío a Trujillo y lo hiciese venir, y lo que en ello sucedió diré luego.

Capítulo 101
Cómo Cortés se embarcó en la Habana para ir a la Nueva españa y con buen tiempo llego a la Veracruz, y de las alegrias que todos hicieron con su venida a estas tierras, y lo que luego paso.

Capítulo 102
Cómo vinieron cartas a Cortés de España del Cardenal de Sigüenza, don Garcia de Loaisa, que era a Castilla, y le trajeron nuevas que era muerto su padre, Martín Cortés, y el pesar que de ello tuvo, y otras cosas.

Capítulo 103
Cómo entretanto que Cortés estaba en Castilla con el título de Marqués del Valle vino la Real Audiencia a Nueva España y en lo que entndio.

Capítulo 104
Cómo llegó la Real Audiencia a la Nueva españa y lo que se hizo muy justificadamente en México.

Capítulo 105
Cómo vino don Hernando Cortés, Marqués del Valle, de España, casado con la señora doña Juana de Zuñiga y con título de Marqués del Valle y Capitán General de la Nueva España y de la Mar del Sur, y del recibimiento que aquí se le tributo.

Capítulo 106
De los gastos que el Marqués don Hernando Cortés hizo en las armadas que envió a descubrir y cómo en lo demás que hizo no tuvo ventura.

Capítulo 107
Cómo en México se hicieron grandes fiestas y banquetes y alegria de las paces del cristianisimo emperador Nuestro Señor, de gloriosa memoria, con el rey don Francisco de Francia, cuando las vistas que tuvieron sobre Aguas Muertas.

Capítulo 108
De lo que el Marqués del valle don Hernando Cortés hizo después que estuvo en Castilla.

Capítulo 109
De las cosas que aquí van declaradas cerca de los méritos que tenemos los verdaderos conquistadores, las cuales serán apacibles de oirlas.

Capítulo 110
Cómo los indios de toda la Nueva España tenían muchos sacrificios y torpedades, y se los quitamos y les impusimos en las cosas santas de la fe.

Capítulo 111
Cómo pusimos en muy buenas y santas doctrinas a los indios de la Nueva España, y de su conversión, y de cómo se bautizaron y volvieron a nuestra santa fe, y les enseñamos oficios que se usan en Castilla y a tener y administrar justicia.

Capítulo 112
De otras cosas y provechos que se han seguido de nuestras ilustres conquistas y duros trabajos.

Capítulo 44
Cómo los sobrinos del gran Montezuma andaban convocando y atrayendo a sí las voluntades de otros señores para venir a México y sacar de la prisión al gran Montezuma y echarnos de la gran ciudad de México y matarnos a todos nosotros.

Desde que Cacamatzin, señor de la ciudad de Tezcuco, que es después de México la mayor y más principal ciudad que hay en la Nueva España, entendió que hacía muchos días que estaba preso su tío Montezuma, y que en todo lo que nosotros podíamos nos íbamos señoreando, y aun alcanzó a saber que habíamos abierto la casa adonde estaba el gran tesoro de su abuelo Axayaca, y que no habíamos tomado cosa ninguna de ello, y antes que lo tomásemos, acordó de convocar a todos los señores de Tezcuco, sus vasallos, y al señor de Coyoacán, que era su primo, y sobrino de Montezuma, y al señor de Tacuba, y al señor de Iztapalapa, y a otro cacique muy grande, señor de Matalcingo, que eran parientes muy cercanos de Montezuma; y aun decían que le venía de derecho el reino y señorío de México, y este cacique era muy valiente por su persona entre los indios. Pues andando concertando con ellos y con otros señores mexicanos que para en tal día viniesen con todos sus poderes y nos diesen guerra, parece ser que al cacique que he dicho que era valiente, por su persona, que no le sé el nombre, dijo que si le daban a él el señorío de México, pues le venía de derecho, que él con toda su parentela y de una provincia que se dice Matalcingo serían los primeros que vendrían con sus armas a echarnos de México, y no quedaría ninguno de nosotros a vida. Y Cacamatzin, según pareció, respondió que a él le venía el cacicazgo, y él había de ser rey, pues era sobrino de Montezuma, que si no quería venir, que sin él y su gente haría guerra; por manera que ya tenía Cacamatzin apercibidos los pueblos y señores por mí nombrados, y tenía ya concertado que para tal día viniese sobre México y con los señores que dentro estaban de su parte les darían lugar a la entrada.

Y andando en estos tratos, lo supo muy bien Montezuma por la parte de su gran deudo, que no quiso conceder en lo que Cacamatzin quería, y para mejor lo saber envió Montezuma a llamar todos sus caciques y principales de aquella ciudad, y le dijeron cómo Cacamatzin los andaba convocando (a) todos con palabras o dádivas para que le ayudasen a darnos guerra y soltar al tío. Y como el Montezuma era cuerdo y no quería ver su ciudad puesta en armas ni alborotos, se lo dijo a Cortés según y de la manera que pasaba; el cual alboroto muy bien sabía nuestro capitán y todos nosotros, mas no tan por entero como se lo dijo. Y el consejo que sobre ello se tomó era que nos diese de su gente mexicana, e iríamos sobre Tezcuco, y que le prenderíamos o destruiríamos aquella ciudad y sus comarcas; y a Montezuma no le cuadró este consejo. Por manera que Cortés le envió a decir a Cacamatzin que se quitase de andar revolviendo guerra, que será causa de su perdición, y que le quiere tener por amigo, y que en todo lo que huhiere menester de su persona lo hará por él, y otros muchos cumplimientos. Y como Cacamatzin era mancebo y halló otros muchos de su parecer que le acudirían en la guerra, envió a decir a Cortés que ya había entendido sus palabras de halagos, que no las quería más oír sino cuando le viese venir, que entonces le hablaría lo que quisiese. Tomó otra vez Cortés a enviarle a decir que mirase que no hiciese deservicio a nuestro rey y señor, que lo pagaría en su persona y le quitaría la vida por ello. Y respondió quc ni conocía a rey ni quisiera haber conocido a Cortés, que con palabras blandas y mentiras prendió a su tío.

Después que envió aquella respuesta, nuestro capitán rogó a Montezuma, pues era tan gran señor y dentro en Tezcuco tenía grandes caciques y parientes por capitanes, y no estaba bien con Cacamatzin, por ser muy soberbio y malquisto, y pues allí en México con Montezuma estaba un hermano del mismo Cacamatzin, mancebo de buena disposición, que estaba huido del propio hermano porque no le matase, que después de Cacamatzin heredaba el reino de Tezcuco, que tuviese manera y concierto con todos los de Tezcuco, que prendiesen a Cacamatzin, o que secretamente le enviase a llamar, y que si viniese que le echasen mano y le tuviesen en su poder hasta que estuviese más sosegado, y que pues que aquel su sobrino estaba en su casa y le sirve, que le alce luego por señor y le quite el señorío a Cacamatzin, que está en su deservicio y anda revolviendo todas las ciudades y caciques de la tierra por señorear su ciudad y reino. Y Montezuma dijo que le enviaría luego a llamar; mas que sentía de él que no querría venir, y que si no viniese que se tendría concierto con sus capitanes y parientes que le prendan. Y Cortés le dió muchas gracias por ello. y aun le dijo: Señor Montezuma: bien podéis creer que si os queréis ir a vuestros palacios, que en vuestra mano está, que desde que tengo entendido que me tenéis buena voluntad yo os quiero tanto, que no fuera yo de tal condición que luego no os fuera acompañando para que os fuérais con toda vuestra caballería a vuestros palacios, y si lo he dejado de hacer es por estos capitanes que os fueron a prender, porque no quieren que os suelte; y porque vuestra merced dice que quiere estar preso por excusar las revueltas que vuestros sobrinos traen, por haber en su poder esta vuestra ciudad y quitaros el mando.

Y Montezuma dijo que se lo tenía en merced, y como iba entendiendo las palabras halagüeñas de Cortés y veía que lo decía no para soltarle, sino para probar su voluntad, y también Orteguilla, su paje, se lo había dicho a Montezuma, que nuestros capitanes eran los que le aconsejaron que le prendiese, y que no creyese a Cortés, y que sin ellos no le soltaría, dijo Montezuma que muy bien estaba preso, y que hasta ver en qué paraban los tratos de sus sobrinos, y que luego enviaría mensajeros a Cacamatzin rogándole que viniese ante él, que le quería hablar en amistades entre él y nosotros. Y le envió a decir que de su prisión que no tenga él cuidado, que si se quisiese soltar que muchos tiempos ha tenido para ello, y que Malinche le ha dicho dos veces que se vaya a sus palacios, y que él no quiere, por cumplir el mando de sus dioses que le han dicho que esté preso, y que si no lo está que luego será muerto; y que esto que lo sabe muchos días ha de los papas que están en servicio de los ídolos, y que a esta causa será bien que tenga amistad con Malinche y sus hermanos. Y estas mismas palabras envió Montezuma a decir a los capitanes de Tezcuco, cómo enviaba a llamar a su sobrino para hacer las amistades, y que mirasen no les trastornase su seso aquel mancebo para tomar armas contra nosotros.

Y dejemos esta plática, que muy bien la entendió Cacamatzin, y sus principales entraron en consejo sobre lo que harían; y Cacamatzin comenzó a bravear, y que nos habia de matar dentro de cuatro días, y que el tío era una gallina, y que por no darnos guerra cuando se lo aconsejaban, al bajar la sierra de Chalco, cuando tuvo allí buen aparejo con sus guarniciones y que nos metió él por su persona en su ciudad, como si tuviera conocido que íbamos para hacerle algún bien; y que cuanto oro le han traído de sus tributos nos daba, y que le habíamos escalado y abierto la casa donde está el tesoro de su abuelo Axayaca; y que sobre todo esto le teníamos preso; y que ya le andábamos diciendo que quitasen los ídolos del gran Uichilobos, y queríamos poner los nuestros, y que porque esto no viniese a más mal, y para castigar tales cosas e injurias, que les rogaba que le ayudasen, pues todo lo que les ha dicho han visto por sus ojos; y cómo quemamos los capitanes del mismo Montezuma, que ya no se puede compadecer otra cosa sino que todos juntos a una nos diesen guerra. Y allí les prometió Cacamatzin que si quedaba con el señorío de México que les había de hacer grandes señores, y también les dió muchas joyas de oro y les dijo que ya tenía concertado con sus primos los señores de Coyoacán y de Iztapalapa y el de Tacuba, y otros deudos que le ayudarían; y que en México tenía de su parte otras personas principales que le darían entrada y ayuda a cualquiera hora que quisiese, y que unos por las calzadas y todos los más en sus piraguas y canoas chicas por la laguna, podrían entrar sin tener contrarios que se lo defendiesen, pues su tío estaba preso; y que no tuviesen miedo de nosotros, pues saben que pocos días había pasado que en lo de Almería sus capitanes del mismo su tío habían muerto muchos teules y un caballo, lo cual vieron bien (en) la cabeza de un teul y el cuerpo del caballo, y que en una hora nos despacharían y con nuestros cuerpos tendrían buenas fiestas y hartazgos.

Y después que hubo hecho aquel razonamiento, dicen que se miraban unos capitanes a otros para que hablasen los que solían hablar primero en cosas de guerra, y que cuatro o cinco de aquellos capitanes le dijeron que cómo habían de ir sin licencia de su gran señor Montezuma y dar guerra en su propia casa y ciudad, y que se lo envíen primero a hacer saber, y que de otra manera que no le quieren ser traidores. Y pareció ser que Cacamatzin se enojó con los capitanes que le dieron aquella respuesta, y mandó echar presos tres de ellos, y como había allí en el consejo y junta que tenían otros sus deudos y ganosos de bullicios, dijeron que le ayudarían hasta morir. Y acordó de enviar a decir a su tío el gran Montezuma que había de tener empacho enviarle a decir que venga a tener amistad con quien tanto mal y deshonra le ha hecho teniéndole preso; y que no es posible sino que nosotros éramos hechiceros y con hechizos le teníamos quitado su gran corazón y fuerza, o que nuestros dioses y la gran mujer de Castilla que les dijimos que era nuestra abogada nos da aquel gran poder para hacer lo que hacíamos. Y en esto que dijo a la postre no lo erraba, que ciertamente la gran misericordia de Dios y su bendita Madre Nuestra Señora nos ayudaba.

Y volvamos a nuestra plática, que en lo que resumió fue enviar a decir que él vendría, a pesar nuestro y de su tío, a hablarnos y matarnos. Y cuando el gran Montezuma oyó aquella respuesta tan desvergonzada, recibió mucho enojo, y luego en aquella hora envió a llamar seis de sus capitanes de mucha cuenta y les dió su sello y aun les dió ciertas joyas de oro y les mandó que luego fuesen a Tezcuco y que mostrasen secretamente aquel su sello a ciertos capitanes y parientes que estaban muy mal con Cacamatzin, por ser muy soberbio, y que tuviesen tal orden y manera que a él y a los que eran en su consejo los prendiesen y que luego se los trajeran delante. Y como fueron aquellos capitanes y en Tezcuco entendieron lo que Montezuma mandaba, y Cacamatzin era malquisto, en sus propios palacios le prendieron, que estaba platicando con aquellos sus confederados en cosas de la guerra. Y también trajeron otros cinco presos con él. Y como aquella ciudad está poblada junto a la gran laguna, aderezan una gran piragua con sus toldos y le meten en ella con los demás, y con gran copia de remeros los traen a México.

Y después que hubo desembarcado le meten en sus ricas andas como rey que era, y con gran acato le llevan ante Montezuma, y parece ser estuvo hablando con el tío y desvergonzóse más de lo que antes estaba, y supo Montezuma de los conciertos en que andaba, que era alzarse por señor de México, lo cual alcanzó a saber más por entero de los demás prisioneros que le trajeron, y si enojado estaba de antes del sobrino, muy más estuvo entonces, y luego se lo envió a nuestro capitán para que le echase preso, y a los demás prisioneros mandó soltar. Y luego Cortés fue a los palacios y al aposento de Montezuma y le dió las gracias por tamaña merced, y se dió orden que se alzase por rey de Tezcuco el mancebo que estaba en compañía del gran Montezuma, que también era su sobrino, hermano de Cacamatzin, que ya he dicho que por su temor estaba allí retraído al favor del tío porque no le matase, que era también heredero muy propincuo del reino de Tezcuco. Y para hacerla solemnemente y con acuerdo de toda la ciudad mandó Montezuma que viniesen ante él los más principales de toda aquella provincia, y después de muy bien platicada la cosa le alzaron por rey y señor de aquella gran ciudad, y se llamó don Carlos.

Ya todo esto hecho, como los caciques y reyezuelos, sobrinos del gran Montezuma, que eran el señor de Coyoacán, y el señor de Iztapalapa, y el de Tacuba, vieron y oyeron la prisión de Cacamatzin y supieron que el gran Montezuma había sabido que ellos entraban en la conjuración para quitarle su reino y dárselo a Cacamatzin, temieron y no le venían a hacer palacio como solían. Y con acuerdo de Cortés, que le convocó y atrajo a Montezuma para que los mandase prender, en ocho días todos estuvieron presos en la cadena gorda, que no poco se holgó nuestro capitán y todos nosotros. Miren los curiosos lectores, cuál andaban nuestras vidas tratando de matarnos cada día y comer nuestras carnes, si la gran misericordia de Dios, que siempre era con nosotros y nos acorría, y aquel buen Montezuma a todas nuestras cosas daba buena corte.

Y miren qué gran señor era que estando preso así era tan obedecido. Pues ya todo apaciguado y aquellos señores presos, siempre nuestro Cortés con otros capitanes y el fraile de la Merced estaban teniéndole palacio, y en todo lo que podían le daban mucho placer y burlaban, no de manera de desacato, que digo que no se sentaba Cortés ni ningún capitán hasta que Montezuma les mandaba traer sus asentaderos ricos y les mandaba asentar, y en esto era tan bien mirado, que todos le queríamos con gran amor, porque verdaderamente era gran señor en todas las cosas que le veíamos hacer. Y volviendo a nuestra plática, unas veces le daban a entender las cosas tocantes a nuestra santa fe, y se lo decía el fraile con el paje Orteguilla, que parecía que le entraban ya algunas razones en el corazón, pues las escuchaba con atención mejor que al principio. También le daban a entender el gran poder del emperador nuestro señor, y cómo le dan vasallaje muchos grandes señores que le obedecían, y de lejanas tierras, y le decían otras muchas cosas que él se holgaba de oídas; y otras veces jugaba Cortés con él a totoliques, y de esta manera siempre le teníamos palacio. Y él, como no era nada escaso, nos daba cada día cuál joyas de oro o mantas. Y dejaré de hablar en ello y pasaré adelante.

Como el capitán Cortés vió que ya estaban presos aquellos reyecillos y todas las ciudades pacíficas, dijo a Montezuma que será bien que él y todos sus vasallos le den la obediencia, porque así se tiene por costumbre.

Y Montezuma reunió en diez días a todos los caciques con excepción del cacique pariente muy cercano de Montezuma, que ya hemos dicho que decían que era muy esforzado, y en la presencia y cuerpo y miembros y en el semblante bíen lo parecía, y les dijo que mirasen que de muchos años pasados sabían por cierto, por lo que sus antepasados les han dicho, y así lo tienen señalado en sus libros de cosas de memorias, que de donde sale el sol habían de venir gentes que habían de señorear estas tierras, y que se había de acabar en aquella sazón el señorio y reino de los mexicanos, y que él tiene entendido, por lo que sus dioses les han dicho, que semos nosotros, y que hasta tanto Uichilobos no les dé una respuesta categórica. Lo que yo os mando y ruego que todos de buena voluntad, al presente, se lo demos y contribuyamos con alguna señal de vasallaje. Y desde que oyeron este razonamiento todos dieron por respuesta que harían lo que les mandase, y con muchas lágrimas y suspiros, y Montezuma muchas más. Y luego envió a decir con un principal que para otro día darian la obediencia y vasallaje a Su Majestad.

Como nuestro Cortés procuró de saber de las minas de oro y de qué calidad eran, y asimismo en qué ríos estaban, y qué puertos para navíos había desde lo de Pánuco hasta lo de Tabasco, especialmente el rio grande de Guazasgualco y lo que sobre ello pasó.