Anacaona (Poema épico)

Textos y Documentos
Portada Pueblos Originarios Secciones Pueblos Originarios Facebook Pueblos Originarios Twitter Pueblos Originarios

plusSignificado de las palabras indígenas utilizadas

Areito Canto
Arijuna Extranjero
Batei Juego de pelota
Bohechio Cacique de Jaragua
Bohio Casa grande
Buitío Sacerdote
Cacicazgo Provincia o estado
Cacique Soberano
Caonabo Gobernador de Maguana
Caney Caserío
Caribe Guerrero de otras antillas
Ceiba Árbol corpulento
Coiba Tabaco
Diumba Danza
Eracra Habitación
Garavuay Río Isabela
Guacanagaric Gobernador de Marién
Guamiquina Jefe blanco: nombre que los indígenas dieron a Colón
Guarionex Gobernador de Maguá
Guayayuco Río Artibonito
Higuenamota Hija de Anacaona
Iguana Especie de lagarto en la isla
Isabela Primera ciudad fundada por los españoles
Jaragua Estado principal de la isla
Maguá Nombre de otro estado
Maguana Otro estado
Maguey Instrumento musical
Mamey Árbol
Maniocatex Cacique subalterno, hermano de Caonabo.
Marién Nombre de otro estado
Navidad Primera fortaleza que edificaron los españoles.
Nitaino Cacique subalterno
Niti Departamento de la Maguana
Quisqueya Nombre de la isla
Sarovey Algodón
Santo Tomás Fortaleza de los españoles
Turey Cielo
Yaque Nombre de un río
Yaravi Canto fúnebre
Yarey Especie de palma
Zemí Dios tutelar de los indígenas

Anacaona es un poema extenso de Salomé Ureña de Henríquez, dividido en 39 partes señalizas en números romanos y sin título. Los versos, de gran inspiración y belleza, expresan con admiración la defensa de los aborígenes que habitaban la isla a la llegada de los españoles. Entre los personajes encontramos los caciques de la isla: Caonabo, Bohechío, Guancanagarix y las bellas Anacaona y su hija Higuanamota.


Salomé Ureña de Henríquez nació el 21 de octubre de 1850 en Santo Domingo, República Dominicana. Fue una de las figuras centrales de la poesía lírica del siglo XIX. Como educadora abrió el primer centro de educación para mujeres, el "Instituto de Señoritas". En República Dominicana, en la fecha de su nacimiento se celebra el Día de la Poesía.

Falleció de tuberculosis el 6 de marzo de 1897.

Estatua a Salomé en la Plaza de la Poesía, en la entrada de la zona colonial, Santo Domingo, República Dominicana.

Anacaona
Biografía

Anacaona es un poema extenso de Salomé Ureña de Henríquez, dividido en 39 partes señalizas en números romanos y sin título. Los versos, de gran inspiración y belleza, expresan con admiración la defensa de los aborígenes que habitaban la isla a la llegada de los españoles. Entre los personajes encontramos los caciques de la isla: Caonabo, Bohechío, Guancanagarix y las bellas Anacaona y su hija Higuanamota.


Salomé Ureña de Henríquez nació el 21 de octubre de 1850 en Santo Domingo, República Dominicana. Fue una de las figuras centrales de la poesía lírica del siglo XIX. Como educadora abrió el primer centro de educación para mujeres, el "Instituto de Señoritas". En República Dominicana, en la fecha de su nacimiento se celebra el Día de la Poesía.

Falleció de tuberculosis el 6 de marzo de 1897.

Estatua a Salomé en la Plaza de la Poesía, en la entrada de la zona colonial, Santo Domingo, República Dominicana.

Anacaona

Tendida en las espumas
del piélago sonoro,
nacida al rayo de oro
del éter tropical;
de vida palpitante,
bellísima y lozana,
Quisqueya eleva ufana
la frente virginal.

Quisqueya, que a las nubes
encumbra sus montañas,
y guarda en sus entrañas
mineros de valor,
y entre aguas que fecundan
campiñas siempre amenas,
auríferas arenas
prodiga en su esplendor.

Donde feraces bosques
ofrecen enlazados
mil árboles preciados
en sempiterno abril,
y orgullo y ornamento
de la región indiana
la palma soberana
levántase gentil.

Donde es la brisa aromas
y músicas las aves,
y emanaciones suaves
de vida y libertad
cuanto la flor exhala,
y el céfiro murmura,
e inunda con luz pura
la vasta inmensidad.

Región encantadora,
vergel de los amores
que guarda los primores
del primitivo edén.
En sus amenos campos
la paz de la existencia
sencilla la inocencia
gozar pudo también.

La indígena familia,
la raza de Quisqueya,
de su comarca bella
en posesión feliz,
miraba candorosa
pasar la vida en calma,
sin pesadumbre el alma,
sin yugo la cerviz.

La selva le brindaba
sus frutos regalados,
sus flores los collados,
sus aguas el raudal;
y pródigos, fecundos,
los senos de sus mares,
de peces a millares
riquísimo caudal.

Por la desnuda espalda
la suelta cabellera,
al aura lisonjera
flotando sin cesar,
ceñida la alta frente
de plumas y de flores,
la gloria y los amores
cercábanle a la par.

Mecidos al columpio
de hamacas vaporosas
las horas venturosas
pasaban sin temor,
gustando embelesados
en lánguido reposo
del coiba el delicioso
perfume embriagador.

A la tranquila sombra
del bosque silencioso,
el indio alzó orgulloso
su rústico caney;
y en diumbes repetidas
y juegos y cantares,
su culto y sus altares
solemnizó la grey.

Mirad esas llanuras,
mirad esas montañas,
pobladas de cabañas
indígenas ayer;
parecen desoladas
tristísima esa historia
presente a la memoria
con lágrimas traer.

II
Como la palma de la llanura
su talle airoso moviendo esbelta,
en largas ondas al aura suelta
la cabellera negra y sutil,
joven y hermosa, feliz recorre

Siguiente capítulo
los campos ricos de la Maguana,
una graciosa beldad indiana,
más que otra alguna noble y gentil.