Conquista del Chaco por el Bermejo

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plusGran Chaco Sudamericano

plusHistoria de la Conquista del Chaco

La Conquista del Chaco a través del Río Bermejo.

Por el curso del indomable río Bermejo -antiguamente llamado "Grande"- se intentó penetrar en los territorios del Chaco, que permanecían como propiedad de las culturas originarias.

El río nace en el sur de Bolivia nutrido por varios ríos tarijeños, dibuja la frontera argentino-boliviana, y luego discurre en territorio salteño donde recibe del sur al San Francisco, recolector de las aguas pluviales del piedemonte andino, para terminar formando en dirección este la frontera entre las provincias del Chaco y Formosa. Desemboca en el Paraguay que un poco más al sur se une con el Paraná. A lo largo de 1700 km lo acompaña una importante diversidad de ambientes.

En sus riberas convivían los mataco-mataguayos con su sedentarismo y agricultura incipiente, los grupos guaykurúes y su estirpe guerrera y los vilelas con su cultura de transición.

Río Bermejo

Gabino Arias (1780)

En 1774, se firmó un Acuerdo de Pacificación entre el gobernador de Salta, Gerónimo Matorras y el cacique mocoví Paykin. Fallecidos ambos, el virrey Vértiz designó a Gabino de Arias para cumplir con las fundación de las Reducciones en las riberas del río Bermejo.

Plano San Bernardo de VértizPlano de San Bernardo de Vértiz.
Archivo General de la Nación Argentina.

Salió salió el 2 de junio de 1780 desde el paraje Los Corrales, cercano al fuerte de San Fernando del Río del Valle, con un contingente de algo más de 120 integrantes. La expedición fue enteramente terrestre, costeando el río para llegar a La Cangayé en agosto de 1780. El 23 de setiembre se inauguró la reducción con con el nombre Nuestra Señora de los Dolores y Santiago de Mocoví. Luego Gabino de Arias dirigió a unas 15 leguas al noroeste y fundó para los tobas San Bernardo de Vértiz cerca de la laguna Las Perlas el 20 de enero de 1781.

Diario de Viaje al Bermejo. Fray Francisco Morillo Morillo - Cornejo (1780-1781)

El primero en explorar su curso completo fue Francisco Morillo, un religioso franciscano devenido en explorador.

El capitán de la expedición era Juan Adrián Fernández Cornejo, del astillero del Río Ledesma, quien -a su cargo y costo- proveyó un barco de 7 metros de quilla, dos canoas y la tripulación de 20 hombres.

Comenzó su viaje el 17 de noviembre de 1780, llegaron a la desembocadura del Bermejo con el Paraguay el 16 de febrero del año siguiente. De los 92 días, 67 correspondieron a paradas en las Reducciones -recién fundadas- de San Bernardo de Vertiz y La Cangayé.

Morillo dejó un Diario de Viaje, en el que describe las culturas y riquezas encontradas.

Juan Adrián Fernández Cornejo (1790)

Cornejo (Locumba, Perú, 1730-1797) era un funcionario colonial. Estuvo a cargo de la expulsión de los jesuitas en 1767 y en 1778 fue miembro del Cabildo y Coronel de las milicias de La Viña (Salta).

Empeñado en demostrar la navegación del Bermejo, en 1789 comenzó a reunir los elementos necesarios para una nueva expedición en el antiguo presidio de Zenta, en la ribera sur del rio del mismo nombre, donde hizo construir un barco mediano. Salió de "las juntas del río de Centa con el Bermejo", el 27 de junio de 1790.

El vienes 20 de agosto "quedó concluida y perfeccionada esta expedición fluvial; quedando abierta esta preciosa puerta al comercio y nuevos establecimientos del Gran Chaco, desembocando el Bermejo más abajo de Ñembucú."

El Coronel llevó un prolijo diario de navegación, describiendo las distintas tolderías de indios, el estado de las Reducciones San Bernardo y La Cangayé y afirmando que en su navegación de 53 días no encontró ningún obstáculo invencible, asegurando que es navegable en todo tiempo y que "el Bermejo tiene un canal de 300 leguas de las Juntas de San Francisco a las Juntas con el Paraguay".

En un informe al gobierno de Buenos Aires, indica sobre la reconstrucción y ubicación de los Fuertes a sus juicio requeridos para asegurar la navegación por el río.

Compañía para la Navegación del río Bermejo (1826)

Algunos comerciantes pensaban que los costos de las mercaderías podían abaratar se utilizando en lugar de los caminos de tierra firme, el río Bermejo, haciendo empalme con el Paraguay y el Paraná para llegar a Buenos Aires. Al mismo tiempo intentaban estudiar las posibilidades económicas que ofrecía la región: la madera parecía ser un buen negocio. En 1824 con accionistas salteños y porteños se formó la Compañía para la Navegación del río Bermejo con la concesión del gobierno de Salta -avalada por el de Buenos Aires- de quince años para extraer maderas del río Bermejo, "en cualquier modo y forma que sea".

La patente de concesión no contemplaba las comunidades indígenas de la zona, negando su existencia por omisión y permitiendo que cualquier contingencia se abatiera sobre ellas. La Posibilidad de que la Compañía hiciera o deshiciera a su antojo quedaba abierta.

Con Pablo Soria como capitán, Nicolás Descalzi como piloto y 16 tripulantes, la expedición de reconocimiento zarpó el 15 de junio de 1826 desde la confluencia de los ríos San Francisco y Negro, rumbo al Bermejo, al que navegarían durante 57 días, reconociendo la totalidad de su curso y penetrado en el corazón del Chaco.

El 12 de agosto llegaron a la desembocadura del Bermejo en el Paraguay. Sobre la barranca oriental de éste, en la "Guardia del Talli", un puesto colocado allí para vigilar los que navegaran sin permiso o consentimiento del Dictador Francia (José Gaspar Rodríguez de Francia, Paraguay, 1776 - 1840) quien gobernaba el Paraguay con fuerte e inusual personalidad, fue detenida la embarcación y toda su tripulación condenada a prisión y confinada a una goleta durante cinco años. Episodio que dio por finalizada la efímera vida de la Compañía

Jose ArenalesJosé I. Arenales
(Bolivia, 1798 - 1862).

Llegó a Buenos Aires en 1816 donde se recibió de Ingeniero y se incorporó al Ejército de los Andes como Teniente de artillería.

Acompañó a su padre en la campaña peruana de la Sierra, y en Lima, San Martín lo nombró su Edecán. Posteriormente tomó parte de la guerra del Brasil y terminó sus servicios militares como Coronel condecorado con la Orden del Sol.

En 1826 fue Diputado por Salta en el Congreso General Constituyente, y al año siguiente era Comandante del puerto de la Ensenada.

En enero de 1828 fue nombrado 2° Ingeniero del Departamento Topográfico, cuya presidencia ejercería a partir de 1834.

En 1833 dio a conocer "Noticias históricas y descriptivas sobre el gran país del Chaco y Río Bermejo", donde propone un plan de navegación y colonización del río Bermejo. Esta obra ha sido digitalizada por Google (link).

En sus últimos años confeccionó diversos planos, mapas y manuscritos entre ellos un Diccionario Geográfico de Chile, Perú y el Río de la Plata.

Murió en Buenos Aires el 14 de julio de 1862. Padecía de aguda sordera, lo llamaban "el sordo Arenales".

José Ildefonso Arenales

Arenales, que se había opuesto a la creación del la Compañía para la Navegación del Bermejo, tenía su propio proyecto que publicó en 1833 con el título "Noticias históricas y descriptivas sobre el gran país del Chaco y Río Bermejo; con observaciones relativas a un plan de Navegación y Colonización que se propone". Para él, liberar al Bermejo sería cubrir las puertas a la colonización, que haría evolucionar el país a través de "preservar las provincias circunvecinas del pillaje y agresiones de los bárbaros y la utilidad, en fin, de un orden todavía mas esencial que resultaría de civilizar y mejorar la condición política y moral de esos habitantes..."

Después de descartar varias posibilidades (conquista militar, reparto de la región entre las provincias limítrofes y erección de una nueva provincia), propone como alternativa viable la fundación de una provincia administrada por una sociedad de particulares que a su vez ganará la amistad con las comunidades indígenas en el entendimiento de que ese paso sería ineludible para cualquier proyecto colonizador.

Así presenta su plan:

"Conviene ante todo ganar la amistad y confianza de los naturales por tratados y dádivas generosas. este sistema es capaz de los mejores resultados, a medida del talento y perseverancia con que se ejercite"

Observando:

1°. Que los indios rehusan abandonar sus tierras, y que el violento despojo de ellas les indigna y encarniza.

2° Que casi todos ellos ocupan la costa de extremo a extremo, esto es, la parte preferible del territorio.

3° Que en razón de su modo de vivir, necesitan grandes y desproporcionados distritos para proveer a sus necesidades, variando continuamente de lugar.

4° Que su número colectivo es muy diminuto al respecto de la total extensión del país, y que indudablemente hay ya entre ellos cierta mejora de ideas, gustos y costumbres, cuyo conjunto es un principio predisponente a la civilización que ahorrará muchas dificultades, que hará insignificantes el número y resistencia de los que quieran permanecer enemigos, y que facilitará la agregación de los naturales a los colonos mucho más prontamente de lo que debería esperar en caso contrario. Por lo tanto, las transaciones sobre terrenos deben ser solemnes, pacificas y satisfactorias a los dueños; esto es tan justo como conveniente, y para evitar el inmoderado interes de los particulares concurrentes llegue alguna ve a comprometer la paz y la buena armonía con los naturales, sea por este u otros motivos semejantes; se debe establecer formalmente que nadie pueda adquirir ni poblar terreno alguno, sino por concesión y con conocimiento del Jefe de la Provincia con sujeción al estatuto de esta.

"Luego que los indios entren en trato, luego que empiecen a estimularse por el comercio, luego que se asocien a lo menos algunas tribus a las nuevas poblaciones, luego que el ejemplo y la confianza induzcan a otros a las mismas vías; ellos empezarán a gustar de ciertos alicientes, se estimularan a criar ganados vacunos y caballeares; fácilmente se les puede suministrar los medios de subsistir sin necesidad de vagar en busca de los productos eventuales de la naturaleza.

Desde entonces los grandes distritos ya no les son necesarios, al paso que las nuevas necesidades y costumbres los inducirán sin la menor violencia a fijarse en espacios determinados y proporcionados a su nuevo estado. Será entonces, que no solo mirarán con desinterés los terrenos sobrantes, sino que, habiendo experimentado ventajas reales en enajenar algunos por ventas bien productivas para ellos, llegarán a convertir esto mismo en una especie de comercio y sucesivamente inducirán a los demás a seguir su ejemplo.

Las cláusulas fundamentales que se deben acordar en los tratados y parlamentos con ellos, son principalmente:

Que dejarán libre y seguro tránsito a las comunicaciones que se dirijan por tierra o por agua, prometiéndoles a ellos igual seguridad y respeto en todos sus derechos.

Abstenerse de todo robo y pillaje, haciéndoles entender que las ofensas hechas a las provincias vecinas serán vengadas por los colonos y viceversa, las ofensas hechas a éstos vengadas por aquellas.

Que designen los límites de sus territorios, para reconocerles señores de ellos y garantirles su quieta posesión; pero entendiéndose, que el que los traspase para hacer correrías, será reputado enemigo y sometido a la ley del vencedor.

Que las tribus que quiera formar pueblos separados y regulares, se les asistirá con lo preciso para su mantención e instrucción hasta que pueda proveer por sí mismos; y que si agregaren a las colonias, obtendrán ventajas de mayor consideración.

Que se les comprará los terrenos que quieran vender y se les admitirá al libre comercio.

Que no se les arrebatará violentamente sus hijos y mujeres; ni se les impondrá repartición ni servicios forzados, y que podrán concurrir libremente a las faenas de labranza cuando se les necesite, por sus justos salarios."

Una cláusula complementaria disponía que, ante determinadas circunstancias, los indígenas fueran los principales beneficiarios en la cesión de tierras.

En 1836 el gobierno de Salta, basándose en el proyecto de Arenales, promovió el reparto de tierras en la zona del Bermejo. El proyecto fracasó, estaba despegado de una realidad que lo superaba. El indómito Chaco recibía esporádicos avances de una sociedad nacional en formación que iba lentamente consolidando su expansión.


Fuentes:

Nuestros paisanos los indios. Carlos Martínez Sarasola. Emece. 2005

http://www.revisionistas.com.ar