Religión Otomí

Cosmogonía de los Pueblos Originarios
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La religión tradicional de los otomíes, organizada en un panteón politeísta dominado por la pareja primordial "Madre Vieja" y "Padre Viejo", no puede separarse del pensamiento de las sociedades prehispánicas del centro de México. (Ver Dioses Otomíes).

El proceso de evangelización se fue dando paulatinamente. La religión otomí se fue desplazando hacia la clandestinidad, Fray Esteban García 1, cuenta que los chamanes (bädi) requerían máxima discreción a sus fieles: “Pedía sumo silencio y recato con los que no eran de su secta, y, en particular, con los religiosos cuando se confesaban, advirtiéndoles que no les confesasen cosa semejante, y concluido el sacrificio, comían, se embriagaban, cantaban y bailaban”.

Con la conquista espiritual, el panteón sufrió algunas modificaciones. La presencia de los santos y la aparición de potencias secundarias nutrieron las creencias de los otomíes. Por las características de los diferentes tipos de seres, James Dow 2 los clasifica en: "1) dioses, 2) seres malévolos, 3) espíritus animales compañeros, 4) hombres, 3) plantas y animales ordinarios, 6) santos de la religión católica”.

A los espíritus o animales de compañía se les denomina rogi. Al nacer, cada persona recibe un animal que sigue su mismo destino. El rogi participa además en las sesiones de curación ayudando a combatir las fuerzas que estén afectando al enfermo. En general, los hombres desconocen su rogi, carecen de la capacidad para diferenciarlo de un animal común. Existe un simbolismo específico para estos animales, asociado a las nociones del bien y el mal: el “puma y el águila son los animales afines de los curanderos; la zorra y la lechuza, los de los brujos y del diablo.” (James Dow).

La fuerza vital de los seres de cualquier tipo, denominada nzahki, permite controlar y manipular lo que ocurre en el mundo. Solo los bädi pueden interactuar con ella.

Los hombres, las plantas y los animales ordinarios eran representados en los rituales para influir sobre su comportamiento; en el caso de los hombres para combatir la enfermedad, cambiar el estado anímico, mover las inclinaciones amorosas, etc.; en el caso de las plantas para ayudar a su mejor crecimiento y productividad.

El éxito de los evangelizadores en la introducción de los santos de la iglesia católica (llamados zindahmu, “grandes señores venerados”) fue aprovechando el sistema politeísta y adaptando las características de los mismos. Los mitos de los otomíes contemporáneos conservan huellas de dioses antiguos, pero fueron modificados para propagar la fe católica.

La pareja primordial ("Madre Vieja" - "Padre Viejo"), fue asociada a Dios y la Virgen, quienes para cuidar la salud y proporcionar el sustento de los otomíes enviaron "Cuatro Señores". Los fieles programan por lo menos una vez en su vida la visita a alguno de los lugares sagrados donde estos Señores viven. En la mayoría de las comunidades ellos son el Señor de Jalpa, el Señor de Chalma, el Señor de las Maravillas y el Señor de la Buena Muerte (Alfajayucan). En Orizabita refieren al Señor de Chalma, el Señor de Jalpa, el Señor del Santuario (Mapethé) y el Señor del Buen Viaje.

Centro Ceremonial

Centro Ceremonial Otomí ubicado en Temoaya, al pie del Cerro de la Catedral, en el corazón del Bosque Otomí-Mexica. Inaugurado en 1980, fue construido en base a los centros otomíes ancestrales, con una superficie aproximada de 45 hectáreas..

Todas las áreas están conectadas por caminos y escalinatas. En el nivel superior encontramos 12 estructuras cónicas que representan las generaciones otomíes transcurridas en el tiempo y un monumento al Dios Sol. Hacia abajo, 52 columnas decoradas con dos serpientes entrelazadas representan los ciclos del calendario.

365 escalones -aluden a los días del año- parten del patio, donde en el lado oeste siete columnas simbolizan las cavernas de donde salieron los ancestros, al este una fuente presenta el agua como elemento vital.

En la parte frontal del lado oeste del Templo Mayor se encuentra el mural Da’ Mishi ("Jaguar que camina y habla") representa la cosmología otomí, muestra los elementos tierra, agua fuego y viento. Realizado por el artista mexicano Luis Yaotl Aragón (foto abajo). Dando la bienvenida al sitio se levanta el Gran Thaay (Señor y Mensajero del Tiempo y del Espacio), que representa al otomí que se levanta de la opresión y va en búsqueda de su liberación final.

Los ancianos y autoridades religiosas realizan ceremonias y rituales sagrados cada mes, pretendiendo honrar a los 4 elementos naturales (agua, fuego, tierra y aire) y a sus Dioses. Con la llegada de la primavera se celebra la Ceremonia del Quinto Sol festejando el inicio de un nuevo período de vida y el comienzo del ciclo agrícola.


Notas:

1 Crónica de la provincia agustiniana del Santísimo Nombre de Jesús de México, 1640

2 Santos y supervivencias: funciones de la religión en una comunidad, Otomí, México, 1974