Bultos Sagrados

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Tomado de Religiosidad y bultos sagrados en la Mixteca prehispánica. Manuel A. Hermann Lejarazu


Bulto de 9 Viento Quetzalcoatl. Códice Nutall.

Bulto de maíz y bulto de Dzavui.

Códice Selden
3-I y II.

Bulto de 9 Viento Quetzalcoatl dentro del Templo del Cielo de Tilantongo. Códice Nutall.

El culto al bulto sagrado es una de las actividades rituales que se llegaron a practicar de manera frecuente en diversas partes de Mesoamérica. Existen numerosas representaciones y descripciones de bultos sagrados en estelas, dinteles, códices y manuscritos del mundo nahua, maya, quiché, zapoteco y mixteco, lo que demuestra su gran importancia como fenómeno religioso a través del tiempo. Particularmente, en los códices mixtecos se han documentado diversos tipos de bultos que aluden a las deidades asociadas con ellos, aunque en otras ocasiones los fardos están relacionados con objetos o instrumentos empleados en alguna ceremonia en particular.

Los bultos en los códices mixtecos aparecen frecuentemente representados en forma redonda u ovalada, por lo que, al parecer, reflejan una imagen naturalista de los envoltorios reales que se resguardaban en los templos . Aunque es difícil saberlo con entera certeza —pues únicamente podemos basarnos en las descripciones de algunas fuentes o en las figuras plasmadas en los códices—, creemos, en general, que la mayoría de los bultos tenían este aspecto redondo y voluminoso a causa de los materiales que le daban forma.

a) Nutall; b) Colombino; c) Bodley

10-Zopilote carga el bulto con los instrumentos para encender el fuego. Códice Nutall, Folio 14.

Los bultos sagrados aparecen en las pictografías mixtecas como objetos elaborados a partir de mantas blancas que pueden presentarse en forma redonda u ovalada. Sin embargo, también llegan a registrarse bultos en colores rojo, azul u ocre, dependiendo del códice que los muestra.

El culto al bulto sagrado fue una importante manifestación de la religiosidad mixteca en diversos ámbitos de la comunidad. Es probable que el culto a los dioses mixtecos se hacía principalmente a través de las imágenes guardadas en envoltorios, lo que llegó a conformarse como una práctica común dentro del fenómeno religioso mixteco.

Es posible que haya existido una relación directa entre el color del bulto con el contenido específico del mismo. No obstante, en el Códice Nutall, por ejemplo, no parece existir relación al respecto, ya que a lo largo de dicho códice todos los bultos sagrados aparecen invariablemente con mantas blancas y lo único que los diferencia es la imagen o figura colocada en la parte superior del bulto, como se observa en los casos de los fardos de 9-Viento y el que contiene los elementos para hacer fuego.

Lo que en definitiva sí creemos haber comprobado es la existencia de distintas clases de bultos dedicados a un ritual, ceremonia o deidad en particular con una orientación religiosa específica. Tal es el caso de las ofrendas y autosacrificios efectuados por los gobernantes a los envoltorios en sus ceremonias previas de entronización, hecho que les significaba la legitimación de su alto estatus y su pertenencia a un linaje que en ese momento gobernaba en el pueblo. Como objetos centrales en los rituales y ceremonias de entronización, los señores rendían culto a sus antepasados, a los fundadores de su dinastía, lo que les permitía llegar al poder y contar con la prerrogativa de gobernar como una facultad heredada de los ancestros.

Otra clase de bultos involucra directamente a la comunidad. Estos fardos guardaban deidades o símbolos que identificaban a todo el pueblo bajo un culto en común y que eran adorados en las fiestas y ceremonias religiosas para propiciar las buenas cosechas y beneficiar las siembras. Recordemos, por ejemplo, al bulto de Dzavui y al bulto de maíz que aparecen en el Códice Selden, objetos que seguramente formaban parte de las fiestas o ceremonias que involucraban a toda la comunidad. La imagen de Dzavui, conservada en un envoltorio, era sin duda ofrendada por los sacerdotes para la petición de la lluvia y de los buenos temporales durante los ritos colectivos. El bulto de maíz, a su vez, nos recuerda la narración de Burgoa acerca de la existencia de un culto comunitario a la mazorca para agradecer las buenas cosechas y propiciar mejores siembras en el siguiente periodo calendárico.

Los envoltorios eran cargados y transportados en peregrinaciones desde tiempos primordiales para la fundación del pueblo o señorío, contenían los instrumentos para encender el fuego que consagraba ritualmente el espacio divino para la instauración de la nueva comunidad; en otros se guardaba la reliquia o imagen de la deidad protectora del linaje.

Había bultos que servían para ser llevados a la guerra y dotar a algunos gobernantes de mayor poder durante el conflicto y garantizar su victoria ante sus enemigos. La asociación de un bulto de Ñuhu con una flecha y un escudo tal vez nos indica el concepto de la guerra como una actividad sagrada en la que las fuerzas o seres divinos moraban en los objetos llevados a la guerra.

En el caso de los fardos que pertenecían a los gobernantes para su consulta, adoración o protección personal y familiar, podríamos pensar que en ellos se encontraban deidades patronas del linaje o de la dinastía.

Todo ello nos permite demostrar la complejidad de la religiosidad mixteca manifestada a través del bulto sagrado o tnani. Hemos considerado la posibilidad de que los envoltorios hayan sido el elemento central de la religión mixteca y, tal vez, de la tradición oaxaqueña en general pues, al parecer, en toda esta región se encuentran indicios de un culto bastante extendido a los dioses-bultos.