Cristóbal Vaca de Castro

Biografías de Pueblos Originarios
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Cristóbal Vaca de Castro

España

1492 ~ 1566
Magistrado de la real audiencia de Valladolid, juez instruido, avaro y prudente, aunque no estaba educado en las armas, poseía la destreza y el conocimiento de mundo para aprovecharse de los recursos de los demás.

Las disputas entre Pizarristas y Almagristas, ya había producido la ejecución de Diego de Almagro.

La corona española debía intervenir, era necesarios enviar una persona de un poder similar o superior al peligroso Francisco Pizarro, pero que al mismo tiempo le estuviera subordinada.

El elegido para esta misión fue el licenciado Vaca de Castro.

Las precauciones que se le dieron a la comisión, muestran la perplejidad en que se hallaba el gobierno español. Debía presentarse a Pizarro, como comisionado para consultarle sobre la reparación de agravios, especialmente respecto a los nativos, para acordar medidas a fin de evitar futuros males, y tomar conocimiento del estado general de la colonia para información precisa a la colonia. Pero en caso de morir Pizarro, debía presentar su nombramiento de gobernador y reclamar en nombre del rey obediencia de todas las autoridades del país.

El licenciado Vaca de Castro dejó su pacífica residencia de Valladolid, y se embarcó en Sevilla en el otoño de 1540, después de un incómodo viaje por el Atlántico, atravesó el Istmo, y acosado en el Pacífico por tempestades, arribó casi como náufrago al puerto de Buena Ventura. El estado de los asuntos de país exigía ya su presencia.

La guerra civil que asolaba el país. había introducido en los negocios tal desarreglo, que la agitación continuaba aun después de haber cesado las causas que la habían originado.

Vaca de CastroEl violento traslado de los repartimientos de nativos de un dueño a otro, provocaba que éstos no supieran a que amo debían obedecer. Las terribles contiendas entre jefes rivales, les dejababa en duda de quiénes eran los que disponía de las tierras.

Manco Inca, no tardó en aprovechar la situación, salió de la oscura soledad e los Andes, y se situó con sus fuerzas en las montañas situadas entre el Cuzco y la costa. Hacía frecuentes excursiones a las plantaciones vencidas, destruía las construcciones, daba muerte a los habitantes, y se llevaba los ganados.

Después de la ejecución de Almagro, sus secuaces en número de muchos centenares permanecieron diseminados por el país, pero unidos por un sentimiento común de indignación contra los Pizzaros, a quienes miraban como asesinos de su jefe, su odio se dirigía más bien a Hernando que al gobernador, pues había sido un instrumento más activo en la perpetración del hecho.

Francisco Pizarro, no tuvo la magnanimidad de acercarse a los almagristas. Su política consistió en mirarlos como enemigos, los despreciaba demasiado, permitió que el hijo de su rival ("El Mozo") permaneciese en Lima, y pronto la ciudad fue punto de reunión de los almagristas, habían visto al joven en los campos al lado de su padre, y muerto este, su adhesión se trasladó al hijo.

Estos hombres estaban acosados por la pobreza, el insulto y la lujuria de los pizarristas. Eran potenciales peligrosos enemigos, Pizarro los ninguneó "Pobres diablos, bastante desgracia tienen. no les molestaremos más". Por tan impotentes los tenía que salía libremente de su casa, y paseaba solo a caballo por toda la ciudad y sus inmediaciones.

El anunciado viaje de Vaca de Castro, dio esperanzas a los almagristas, reanimó sus espíritus, confiando que el alto funcionario les daría satisfacción a sus agravios.

La tardanza de Vaca de Casto, y más aun la noticia de su naufragio, no esperando ya alcanzar de una autoridad legítima la reparación de sus agravios, determinaron tomársela por manos propias, y así ocurrió el 26 de Junio de 1541.

El primer acto de los conspiradores, después de asegurar la posesión de la capital, fue enviar emisarios a las diferentes ciudades para proclamar la revolución que acababa de verificarse y exigir el reconocimiento de Almagro como gobernador del Perú.

A la llegada de Vaca de Castro, fue bien recibido por el segundo de Gonzalo Pizarro, ya que éste se encontraba en su expedición al Amazonas. También se encontró con Benalcázar. Presentó la real cédula que le autorizaba a tomar el mando en caso de que Pizarro muriese, y declaró su intención de ejercer el cargo que le habían conferido.

Envió emisarios de su confianza a las principales ciudades exigiendo le obedeciesen como legítimo representante de la corona.

Mientras pasaban estos acontecimientos en el norte en Lima, Almagro "El Mozo", iba acumulando poder, además de los que en un principio se habían declarado a favor de su padre, otros se adhirieron al nuevo orden. El primer acto de "El Mozo" fue asegurar las provisiones necesarias para los soldados, muchos de los cuales estaban en la indigencia.

Vaca de Castro recibió una embajada de Gonzalo Pizarro, que ya había regresado de la expedición a la "Tierra de las Canelas". por medio de la cual le ofrecía sus servicios. El gobernador como respuesta indicó que no había abandonado la esperanza de entrar en negociaciones con Almagro, con tal que fuese sin comprometer la autoridad real. Consideró que la presencia de un Pizarro en su campo, enemigo de los Almagro, frustaría toda tentativa de un amistoso arreglo. Así, rehusó a Gonzalo cortesmente, aconsejándole permanecer en su provincia para descansar de las fatigas de su penosa expedición.

Vaca de Castro, recibe a Almagro, le insiste en que disuelva su ejército, y le entregue todos los implicados en el asesinato de Pizarro. prometiéndole que con estas condiciones el gobierno olvidaría su traición.

Recibiendo a Almagro "El mozo"

Recibe a Diego de Almagro "El Mozo"

Almagro dio cuenta a sus capitanes del estado de las negociaciones. Las condiciones propuestas por el gobernador eran tales, que ningún hombre que tuviese la menor sombra de honor podía aceptarlas; se decidió cesar las negociaciones y romper armas.

En septiembre de 1542, en los campos de Chupas, se produce la batalla, las bajas entre los dos bandos es numerosa (entre trescientos y quinientos), venció Vaca de Castro, aunque tuvo las mayores pérdidas. Por lo menos la mitad de los de Almagro salieron ilesos y cayeron prisioneros. "El Mozo", que se había desempeñado valerosamente, seguido de pocos soldados se retiró a Cuzco, donde inmediatamente fue preso por los mismos magistrados a quienes él había colocado al frente del gobierno de la ciudad. Se le acusó de intentar entablar una alianza descabellada con el líder rebelde Manco Inca y de tratar de sobornar a sus carceleros, lo que empeoró su situación. Finalmente fue sentenciado a muerte y degollado en dicha ciudad.

El gobernador nombró una comisión para juzgar a los prisioneros, condenó a cuarenta a muerte, y otros treinta a destierro, alguno de ellos con pérdida de uno o más miembros.

Desde el teatro de esta sangrienta batalla pasó el gobernador al Cuzco, donde entró a la cabeza de sus victoriosos batallones con toda la pompa y aparato militar de un vencedor. En su modo de vivir Vaca de Castro mantenía cierta ostentación, no quería desaprovechar ningún medio para demostrar su autoridad.

Mientras esto ocurría en el Cuzco, Gonzalo Pizarro había llegado a Lima, donde mostraba su descontento. Sostenía que después de la muerte de su hermano se le debía haber entregado el gobierno del país, y entonces estaba planeando apoderarse de él. Vaca de Castro envió una fuerza considerable a Lima, y requiere a Gonzalo Pizarro en el Cuzco.

A la cabeza de un cuerpo de soldados bien pertrechados, Gonzalo ingresó en la capital Inca, el gobernado mandó retirar su guardia, diciendo que nada tenía que temer de un caballero tan valiente y leal como Pizarro.

Gonzalo Pizarro, no encontrando motivos para reñir en la tibieza y política del gobernador, y probablemente conociendo que, a lo menos por entonces, no tenía suficiente fuerza para oponérsele, juzgó prudente tomar su consejo y retirarse a laborear las ricas minas de plata.

Vaca de Castro, desembarazado así de su formidable competidor, se ocupó entonces en organizar el país. Empezó por el ejército, parte del cual se había disuelto.

Estableció escuelas para enseñar la doctrina cristiana a los nativos. Mandó a los caciques que proveyesen de víveres los tambos o posadas que hubiese en su jurisdicción, con lo cual quitó a los españoles un pretexto para el robo y facilitó al mismo tiempo considerablemente el tráfico.

Vigiló con gran cuidado la administración de las rentas que habían sido dilapidadas en los últimos disturbios, y en muchos casos disminuyó los repartimientos que le parecían escesivos.

Acusado de cometer arbitrariedades, en 1544 fue relevado de su cargo por el virrey Blasco Núñez de Vela y regresó a España, donde hubo de afrontar una acusación de enriquecimiento indebido.

Carlos V, poco antes de su abdicación, apiadose del licenciado y lo rehabilitó y aun concedió mercedes, como permitirle introducir en América, sin pago de derechos, quinientos esclavos africanos, además fue designado comendador de la Orden de Santiago y presidente del Consejo de Castilla entre 1557 y 1561.

En 1565, viejo, viudo, achacoso y abrumado por los desengaños, encerróse Vaca de Castro en el claustro de los agustinos de Valladolid, donde al año siguiente entregó el alma al Creador.


Fuentes:

Historia de la conquista del Perú ~ Guillermo H. Prescott. Madrid. 1851