Fernando de Magallanes

Biografías de Pueblos Originarios
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Portugal

1480 - 1521

Fernando de Magallanes

Ampliar ImagenÓleo sobre lienzo (72 x 61 cm), anónimo. Museo Naval de Madrid.
Copiado en 1848 de un original que estaba en 1787, según Vargas Ponce, en la casa del canónigo de la catedral de Toledo don Felipe Vallejo, y del que Fernando Selma sacó el grabado que figura en la Relación del último viaje al Magallanes, publicado en Madrid en 1788. Todos ellos posiblemente tengan el origen en una pintura del siglo XVI que existía en la galería del duque de Florencia, atribuida a la escuela de Ángel Broncino. El retrato está de frente, cubierto y con barba poblada, vestido con jubón de pieles y mangas acuchilladas; en su mano izquierda porta pergamino enrollado; lleva la insignia de la Orden de Santiago.

Circunnavegavión Magallenes el Cani

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 Circunnavegación Magallanes - Elcano. 20.09.1519 - 06.09.1522

Fernáo de Magalhaes nació en Oporto, Portugal hacia 1480.

Aprendió náutica y geografía. En 1505 participó en la expedición a la India del virrey Francisco de Almeida. Con Alfonso de Albuquerque conquistó Goa (1510) y Malaca (1511), y participó en la represión de los musulmanes de Azmor.

En 1515 se enemistó con el rey portugués Manuel I y pasó al servicio de la Corona española. En 1517 expuso a Carlos I junto al cosmógrafo Rui Faleriro su convencimiento que las islas Molucas estaban en la zona española de acuerdo al Tratado de Tordesillas y que existía un paso para llegar a ellas a través de América del Sur.

El 22 de marzo de 1518 fue designado capitán junto a Rui Faleiro y Carlos I firmó con ellos una Capitulación sobre el descubrimiento de las islas de la Especiería que establecía:

- Que deberían ir a descubrir islas y tierra firme “e ricas en especiería”en los límites de la demarcación española.

- Que por 10 años no se otorgaría licencia a persona alguna que viaje a descubrirlas por el "mismo camino o derrota” pero reservándose la facultad de hacerlo.

- Que no debía descubrir ‘ni hagais cosas” en la demarcación del rey de Portugal "mi muy caro y muy amado tío”.

- Les concedía el 20% de lo producido por la empresa y el título de adelantado y gobernador de las tierras e islas "para nosotros y vuestros herederos”.

- Podía llevar en el viaje hasta mil ducados cada uno.

- Si las islas descubiertas fueran más de tres, de las demás podían escoger dos, y de ellas les otorgaba la quincena parte.

- Les otorgaba el quinto de todo lo que produjera la Armada, deducidos todos los costos.

- El rey armaría cinco naves (dos de 130 toneles, dos de 90 y una de 60), con tripulaciones de 234 personas, abastecimientos y artillería.

- Que si uno muriera, lo de los dos corresponde al que sobreviviere.

- Que nombraría un factor, un tesorero y un contador y escribanos de naves que llevarían cuenta y razón de todo.

Rui Faleiro se retiraría del emprendimiento por razones de salud antes de zarpar.

Hicieron falta dieciocho meses para completar los preparativos. Aunque destino de la expedición era un secreto oficial, los portugueses enterados de la verdad, querían evitar el intento español de apoderarse de las riquezas de la Indias, que hasta entonces monopolizaban. Además Juan Rodríguez de Fonseca y los banqueros alemanes que costeaban la operación, estaban aterrados por las generosas recompensas prometidas a Magallanes y temerosos de que la expedición resultara "demasiado portuguesa". Luego de unos meses de intriga Rodríguez de Fonseca consiguió que su hijo natural Juan de Cartagena fuera nombrado capitán de uno de los barcos y colocar otros españoles en puestos clave.

Finalmente cinco naves fueron preparadas en Sevilla "Trinidad" (nave capitana de Magallanes), "San Antonio", "Concepción", "Santiago" y "Victoria". Sobre ellas escribía el cónsul portugués a su Rey: "no quisiera navegar en ellas, así fuese a las Canarias, pues tienen las cuadernas como manteca", sin advertir que Magallanes reconstituía los barcos para que resistieran los azares del viaje. El 20 de setiembre de 1519 con una tripulación de 265 hombres partió de Sanlúcar de Barrameda.

El 13 de diciembre arribaron a Río de Janeiro, donde los marineros gozaron de unas semanas de descanso. Según Antonio Pigafetta, quien se convertiría en cronista de la expedición, los nativos de la región eran caníbales, pero ellos fueron recibidos y agasajados como dioses.

Penetró en el Rió de la Plata (algunos autores indican el 10 de enero de 1520, otros el 12) y constató que no era un estrecho, siguió costeando la América meridional y en el golfo de San Julián, en la patagonia argentina decidió invernar. Allí debió sofocar un motín.

Pigafetta consignó en su relato que el cabecilla era Juan de Cartagena, éste al parecer había logrado controlar tres de los navíos y planeaba poner proa a España. Magallanes enterado, colocó algunos de sus hombres en los barcos amotinados logrando tomar el control de ellos.

Inmediatamente sometió a los líderes a corte marcial y todos ellos fueron encontrados culpables. Ejecutó a unos, a otros como Juan de Cartagena los abandonó en tierra cuando volvió a ponerse en marcha, y algunos que apoyaron la sublevación como Juan Sebastián Elcano continuaron con la expedición.

Pasaron dos meses en el golfo antes de ver nativos, hasta que "un día vimos de repente un hombre desnudo de estatura gigantesca, bailando en la playa, cantando y echándose polvo en la cabeza ... Este hombre era tan grande que nuestra cabeza llegaba apenas a su cintura. De hermosa talla, su cara era ancha y teñida de rojo, excepto los ojos, rodeados por un círculo amarillo, y dos trazos en forma de corazón en las mejillas. Sus cabellos, escasos, parecían blanqueados con algún polvo."

No tardaron en aparecer más gigantes, que entablaron buenas relaciones con los exploradores, hasta el punto de bailar con ellos, dejando huellas de medio palmo de profundidad en la arena. Al parecer rellenaban con hierba seca las pieles en que se envolvían los pies, a fin de proporcionarse más calor, lo cual daba la impresión de unos pies descomunales, por lo que Magallanes llamó "patagones", la región no tardó en ser conocida con el nombre de Patagonia.

Antes de continuar la exploración, envió a la "Santiago" a reconocer la costa hacia el sur, con Juan Rodríguez Serrano como capitán, el 3 de mayo de 1520 se encontraron con un río de amplia boca, lo llamaron "Santa Cruz", la nave se accidentó y sus tripulantes debieron quedarse en el lugar. Llegaría Magallanes para rescatarlos, al capitán Serrano le dio el mando de la "Concepción". Continuarían la travesía el 18 de Octubre.

Tres días después de partir, unas cien millas más al sur, la flota costeó un cabo arenoso, entró en una bahía. Magallanes envió las naves "Concepción" y "San Antonio" a explorarla, buscando si se trataba de la ansiada salida al oeste.

La tormenta le impidió seguirlos durante dos días, cuando los encontró le informaron que habían navegado más de 100 millas sin rastos de agua dulce, no era la desmebocadura de un río, debía ser el estrecho al gran mar del sur.

La flotilla se adentró por el paso, entre montañas altísimas. "Y pensaron que en el mundo no había mejor ni más hermoso estrecho que éste", contó Pigafetta. Lo llamó estrecho de "Todos los Santos", hoy lleva su nombre. Los exploradores vieron hacia el sur muchas hogueras, y Magallanes llamó al lugar Tierra del Fuego.

Toparon con una isla grande en el canal y Magallanes ordenó al capitán de su nave de mayor tamaño, la "San Antonio", que explorara su lado meridional mientras el resto de la flota seguía por la orilla norte. No tardaron en encontrar un buen lugar donde fondear en la desembocadura de un río pululante de sardinas. Magallanes puso a su tripulación a salar una buena provisión de pescado. Para no arriesgar la flota en aquellas peligrosas e inexploradas aguas, envió una barcaza a buscar una salida al mar. Pocos días después volvieron, gritando que la habían hallado. La nueva produjo a Magallanes tal emoción que, según Pigafetta, aquel hombre de hierro lloró.

Pero la "San Antonio" no volvió. Temiendo que hubiera naufragado, Magallanes perdió cerca de tres semanas buscándola en vano, hasta que tuvo que rendirse a la triste evidencia de que la tripulación había desertado y retornado a España, llevándose gran parte de las escasas provisiones de la flota. Resolvió seguir hacia el oeste entre las aguas agitadas del estrecho.

Finalmente, el 28 de noviembre, los tres barcos salieron de los 450 kilómetros de canal a un océano vasto y pacífico. Después de la indispensable ceremonia de acción de gracias, Magallanes anunció a sus oficiales: "Señores, navegamos por aguas que ningún navío recorrió antes. Ojalá siempre las hallemos tan sosegadas como esta mañana. Con esta esperanza llamaré a este mar, Pacífico."

Los barcos prosiguieron hacia el norte siguiendo la costa de lo que hoy es Chile, por espacio de casi tres semanas hasta que Magallanes, preocupado por la disminución de las provisiones, dio la orden decisiva de poner rumbo al noroeste.

Día tras día, semana tras semana los vigías escrutaban el horizonte esperanzados, pero las anheladas tierras no aparecían. Los horrores del hambre no tardaron en llegar, Pigafetta recuerda que llegaron a comer pedazos del cuero con que habían recubierto el palo mayor para impedir que la madera rozase las cuerdas. Los marineros hambrientos, debilitados por el escorbuto, se disputaban las ratas atrapadas en la bodega.

El sufrimiento de sus hombres suscitó en Magallanes un imprevisto caudal de compasión. Todas las mañanas cojeaba entre las víctimas, cuidando de los que habían escapado de la muerte durante la noche. Pigafetta comenta que el capitán general "nunca se quejaba, nunca se hundía en la desesperanza".

El 24 de enero, después de casi dos meses de navegar sin ver tierra, apareció en el horizonte un diminuto atolón deshabitado. Los hambrientos marineros se atracaron de aves marinas, huevos de tortuga y renovaron su provisión de agua dulce. Un par de semanas después vieron otra isla, pero el viento se llevó de largo a la flotilla sin que los pilotos pudieran remediarlo.

Siguieron pasando semanas. El 4 de marzo llevaban 97 días viajando por el Pacífico, los hombres de la "Trinidad" comieron la última migaja. Dos días después uno de los pocos que conservaban fuerzas para trepar a la arboladura gritó roncamente desde lo alto: "Gracias a Dios! ¡Tierra, tierra, tierra!"

La pequeña flota acababa de anclar ante la isla llamada hoy Guam, cuando la rodeó una multitud de canoas de balancín repletas de emocionados nativos que subieron a bordo en tropel, y con ágiles dedos se llevaron todo cuanto hallaron a su alcance. La rapiña continuó hasta que algunos marineros, hartos, dispararon. Magallanes llamó desdeñosamente a aquella tierra la isla de los Ladrones (Marianas).

Los europeos saquearon a los isleños, se apoderaron de agua dulce y comida fresca, en breve empezaron a recobrar salud. Con el ánimo recuperado navegaron hacia el oeste, hasta toparse con un enorme archipiélago que llamó San Lázaro, después denominadas Filipinas en honor a Felipe II. Aunque allí no había especias, los isleños tenían abundancia de oro y de perlas.

Anclado en una de las islas, Magallanes comprobó que virtualmente había dado la vuelta al mundo. El negro Enrique esclavo del capitán general desde sus días de juventud en el Lejano Oriente, se entendió con los nativos en malayo, pudiéndo certificar el lugar donde se encontraban.

Muerte de Magallanes

Aquel momento supremo en la vida del capitán general parece haber ejercido sobre él un efecto extraordinario. Siempre profundamente religioso, le acometió un obsesivo celo misionero. Aplazó la última etapa de su viaje a las Molucas, se detuvo en la gran isla de Cebú, improvisó un altar en la orilla y comenzó a predicar a multitudes de nativos fascinados. "El capitán les dijo que no debían volverse cristianos por miedo", informó Pigafetta, "ni por darle gusto, sino por su voluntad." Sus sermones, traducidos por el negro Enrique, debieron de ser extraordinariamente eficaces. En un solo domingo, el 14 de abril, Magallanes bautizó a docenas de jefes locales, incluyendo al mismo rajá de Cebú, junto con centenares de súbditos. "Después de haber plantado una gran cruz en medio de la plaza se pregonó que cualquiera que quisiera cristianarse debería destruir todos sus ídolos, colocando la cruz en su lugar. Todos consintieron. El capitán, tomando al rey de la mano le condujo al tablado (adornado con tapicerías y ramas de palmeras) y se le bautizó con el nombre de Carlos, por el emperador... Mostré a la reina una imagen pequeña de la Virgen con el niño Jesús, que le agradó y enterneció mucho. Me la pidió para colocarla en lugar de sus ídolos y se la di de buena gana." Fue entonces negociada una "santa alianza" con el rajá, estableciendo la autoridad de España sobre Filipinas.

Sólo un jefe, que mandaba en la diminuta isla de Mactán, estuvo en desacuerdo con la conquista pacífica de Magallanes. Embriagado por su éxito evangélico y político, el capitán general olvidó su cautela acostumbrada. Apiñó a toda prisa unos cincuenta voluntarios en tres botes y se lanzó a la disparatada empresa de someter la isla por la fuerza.

El 27 de abril de 1521, el pequeño ejército cristiano se acercó a la isla de Mactán con el agua hasta los muslos. Los esperaban cientos de guerreros apostados detrás de una serie de hondas trincheras defensivas. Ni siquiera los arcabuces, las ballestas y las armaduras de hierro de los europeos bastaron para contener a los filipinos que gritaban mientras mandaban nubes de "flechas, jabalinas, lanzas con punta endurecida al fuego, piedras y hasta inmundicias, de suerte que apenas podíamos defendernos".

Los cristianos no tardaron en salir huyendo derecho a sus botes. Conducía la retaguardia el rengo capitán general, ya herido en la pierna por una flecha, con un puñado de soldados. Durante una hora la reducida tropa luchó desesperadamente al borde del agua, Pigafetta relata los últimos momentos de Magallanes:. "hasta que al fin un isleño consiguió herir al capitán en la cara con una lanza de bambú. Desesperado, éste hundió su lanza en el pecho del indio y la dejó clavada. Quiso usar la espada, pero sólo pudo desenvainarla a medias, a causa de una herida que recibió en el brazo derecho ... Entonces los indios se abalanzaron sobre él con espadas y cimitarras y cuanta arma tenían y acabaron con él, con nuestro espejo, nuestra luz, nuestro consuelo, nuestro guía verdadero"

Gómez de Espinosa y Juan Sebastián Elcano, tomaron a cargo la expedición, la nave "Concepción" debió ser abandonada debido a sus desperfectos, tocaron Borneo y otras islas y por fin llegaron las Molucas, cargando sus barcos con las apreciadas especias.

Elcano se hizo a la mar el 18 de diciembre capitaneando la nave "Victoria", con destino a España, por el cabo Buena Esperanza; mientras que la "Trinidad" a cargo de Gómez de Espinosa, se quedaba en Tidore para reparaciones y luego se encaminaría a Panamá.

El 6 de setiembre de 1522, Elcano junto a 17 tripulantes arribó a Sevilla, culminando la epopeya.

Mapa de Battista Agnese

Este destacado cartógrafo genovés (1500-1564) produjo en Venecia cartas náuticas exactas y profusamente decoradas. Aquí, en su trabajo más conocido muestra la ruta que siguieron Magallanes y Elcano en la circunnavegación de 1519-1522 en plata pulida; en oro puro trazó la ruta desde Cádiz a Perú a través de Panamá. Está rodeado por doce cabezas de angelotes soplones, que representan los vientos. El mapa comisionado por Carlos V es uno de los primeros en mostrar a Baja California como una península en vez de una isla. Fue terminado hacia 1542.

Fuentes:

http://www.portalplanetasedna.com.ar/magallanes.htm