Las Siete Ciudades de Cíbola y Quivira

 
 
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Mapa de Joan Martínez

Joan Martines (1556-1591), cartógrafo de origen mallorquí, cosmógrafo real por orden de Felipe II, publicó más de 30 atlas. En ellos incorporó los últimos descubrimientos realizados por españoles y portugueses. Sus trabajos mejoraron por primera vez la exactitud a la cartografía que provenía de Arabia. La imagen, fragmento de un mapa que ilustra América del Norte en 1578, más que una representación descriptiva, que identifica a “Civola” es una versión esteticista del símbolo convencional utilizado en la cartografía de la época para señalar centros urbanos: una ciudad amurallada o un palacio.

El Mito de las Siete Ciudades de Cíbola se origina de forma más bien pecaminosa, en tiempos de la conquista de España por los moros.

“Nace del cuerpo desnudo de la Cava, la hija del conde don Julián que sorprendiera un día el rey Rodrigo en el baño, para desgracia suya y la de España. La imagen de la Venus española enloqueció al monarca, quien se tomó por la fuerza lo que se le negaba de grado. La Cava, burlada, escribió a su padre, el conde don Julián, una carta célebre en la historia de la literatura, en la que le hacía un relato detallado de su deshonra. Las consecuencias de esa carta habían de ser terribles. El conde, hasta entonces fiel servidor al rey, vende su patria a los árabes, derrota al monarca que abusó de su hija y consuma la perdición de España. Don Rodrigo, sin corona, termina sus días en un sepulcro, acompañado por una serpiente que comenzó devorándolo por do más pecado había. Estos lamentables sucesos fueron causa indirecta de que los mapas se adornarán de una nueva isla. En manos de los árabes la Península, siete obispos portugueses, que odiaban la religión del Profeta, decidieron buscar otras tierras a donde no llegara la influencia del Corán, y en medio del mar tenebroso fundaron siete ciudades de prodigio, creándose la isla de las Siete Ciudades, la mítica Cíbola…” Benítez, Fernando. La ruta de Hernán Cortés. Fondo de Cultura Económica, México, 1974

El mito de las Siete Ciudades de Cíbola, habría acompañado a los españoles en el proceso de conquista y colonización del Nuevo Mundo. López de Gómara narra que: “Fray Marcos é otro fraile franciscano entraron por Culhuacán el año de 38. Fray Marcos solamente, ca enfermó su compañero, siguió con guías y lenguas el camino del sol, por más calor y no alejarse de la mar, y anduvo en muchos días trescientas leguas de tierra, hasta llegar a Sibola. Volvió diciendo maravillas de siete ciudades de Sibola, y que no tenía cabo aquella tierra, y que cuanto más al poniente se extendía, tanto más poblada y rica de oro, turquesa, y ganado de lanas era…” ("Historia de las nuevas Indias Occidentales").

Otros autores, sostienen, que la leyenda de las Siete ciudades de Cíbola, que motivaron la frenética búsqueda, fue originada por referencias nativas, y que el término "Cíbola", utilizado por primera vez en América por Marcos de Niza, le había sido relatado por Estebanico, referido al búfalo, y al comercio realizado con sus productos, en la región.

Los náufragos de la expedición de Pánfilo de Narváez de 1528: Alvar Nuñez Cabeza de Vaca, Dorantes, Castillo, y el africano Estebanico, recorrieron durante 7 años, los territorio del sur de Estados Unidos. Ellos relataron ciudades maravillosas ubicadas al norte de Nueva España. Cabeza de Vaca escribió "Naufragios" donde describe la larga aventura a pie desde la costa de Florida hasta la costa de Sinaloa en México. En Naufragios, el explorador sevillano no hizo mención de Cíbola, Quivira y Zunis, acaso porque se le olvidaron dichas “ciudades maravillosas” o porque después de su nuevo fracaso como gobernador de Paraguay en 1538-40 se arrepintió de sus propias fantasías o las de sus amigos los indios que, según él, eran gentes “muy amigas de novelas y muy mentirosos".

El Virrey Antonio de Mendoza organizó una expedición encabezada por el fraile franciscano Marcos de Niza quien llevaba como guía a Estebanico. Durante el viaje en un lugar que llamó Vacapa (en Sinaloa o Sonora), decidió quedarse a investigar con los nativos los secretos de la región, y enviar a Estebanico a continuar la exploración.

Pronto Estebanico, reclama la presencia del fraile, por haber escuchado historias de ciudades colmadas de riquezas. Marcos de Niza supuso que se trataban de las "Siete Ciudades de Cíbola y Quivira".

Estebanico siguió avanzando hasta llegar a Háwikuh, pueblo Zuni, donde encontró la muerte a manos de los nativos.

Expediciones

El fraile Marcos de Niza regresó a la ciudad de México narrando que había continuado la exploración, y había avistado a lo lejos una ciudad más grande que la gran Tenochtitlán y que los nativos de allí usaban vajillas de plata y oro, decoraban sus casas con turquesas y usaban perlas gigantescas, esmeraldas y otras joyas.

Los Zunis fueron la primera tribu del grupo Pueblo que encontraron los exploradores españoles en el año 1539. El primero en ver una población zuni fue Fray Marcos de Niza, y la describió como construida con paredes de adobe que brillaba como el oro. cuando recibían los rayos del sol del atardecer. En su informe al virrey español con sede en la ciudad de México explico que había encontrado las fabulosas Siete Ciudades de Cíbola, cuyas calles estaban empedradas con oro.

Antonio de Mendoza no perdió el tiempo, organizó una gran expedición militar para tomar posesión de aquellas riquísimas tierras.

Al mando de la misma quedó un amigo del Virrey: Francisco Vázquez de Coronado quien llevaba como guía al fraile Marcos de Niza. El 22 de abril de 1540 salió Coronado de Culiacán al mando de un pequeño grupo de expedicionarios, en tanto el grueso de la expedición iría más lentamente al mando de Tristán de Arellano (en cada villa española se reorganizaba la expedición terrestre), a la vez que partía otra expedición por mar al mando de Fernando de Alarcón para abastecer a la expedición de tierra.

Coronado atravesó el actual estado de Sonora e ingresó en Arizona, allí comprobó que las historias de Marcos de Niza eran falsas al no encontrar ninguna riqueza de las que el fraile había mencionado. Además que resultó falsa la aseveración del fraile que desde aquellas tierras se podía ver el mar, ya que como le dijeron los nativos a Coronado y lo comprobó él mismo, el mar se encontraba a muchos días de camino.

Durante la expedición había encontrado un indio pawnee, Xabel, "El Turco", que le habló de Quivira, un rico país al noroeste. Avanzó con sólo 30 jinetes, tras cabalgar seis semanas llegaron a la meta: Quivira era una mísera aldea de indios seminómadas, situada cerca de Wichita, en el actual estado de Kansas. Al sur estaba explorando Hernando de Soto, con idénticos resultados.

Años más tarde Juan de Oñate, en 1601, en la desesperación por conseguir resultados positivos en su periplo de diez años por el sur de Estados Unidos, llega a la región en busqueda de las riquezas y de una salida al mar.