Juan de Oñate

Biografías de Pueblos Originarios
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Juan de Oñate

México

1550 ~ 1626

Las siete ciudades de Cíbola.

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Hijo de Cristóbal de Oñate, nativo de Panuco, Zacatecas; México en 1550.

Cuando nació Juan, su padre era viejo para la época (46 años), así crece escuchando las "hazañas" y grandes batallas de su papá y Nuño Guzmán.

Tomó la carrera de las armas, y encabezó campañas militares contra los chichimecas, también se había hecho experto en minería, a partir de los yacimientos que su padre explotaba en Zacatecas, buscando afanosamente nuevos recursos.

Se casó con Isabel de Tolosa Cortés Moctezuma, hija de Juan Tolosa y Leonor Moctezuma, nieta de Hernán Cortés y de la princesa Isabel Moctezuma (una de las hijas del emperador Moctezuma II). Tuvieron dos hijos, Juan de Oñate Cortés (1580) y María de Oñate Cortés (1582).

El 21 de septiembre de 1595, el rey Felipe II le concedió la capitulación para colonizar el territorio que hoy conocemos como los estados de Nuevo México y Texas en Estados Unidos.

Aunque el permiso tenía como objetivo principal difundir la fe católica entre los nativos, muchos colonos españoles se alistaron con la intención de encontrar minerales de plata, oro o piedras preciosas.

La expedición partió de Santa Bárbara, Chihuahua, a principios del año 1598. Oñate había reunido a su costa 200 soldados, 400 colonos con sus mujeres y niños, nativos, también con sus familias, así como gran cantidad de aperos de labranza, ganado vacuno y lanar, cerdos y otros animales y semillas para ir formando colonias a medida que avanzaran y dejando núcleos que irían multiplicándose. Como capitán y cronista iba Gaspar Pérez de Villagrá, quien relataría los hechos en "Historia de la Nueva México".

El 30 de abril tomó posesión del territorio más allá del Río Grande y en los primeros días del mes de mayo vadearon el Río Grande, a la altura de El Paso, a fines de mayo ya en territorio de la actual Texas, hicieron contacto con los nativos de la región. Juan iba siempre adelante, pues el traslado era muy lento, tenía ochenta carretas.

Para julio de 1598 la expedición estableció su primer asentamiento en San Juan de los Caballeros, en el actual estado de Nuevo México, la iglesia católica construida en el lugar fue el primer templo cristiano construido en los Estados Unidos, en los siguientes 25 años 50 iglesias serían edificadas en el hoy estado de Nuevo México. Al establecer San Juan la expedición de Oñate había extendido el Camino Real casi 1.000 km. En tanto llegaba el resto de la caravana, Oñate exploró las áreas vecinas para consolidar la posición del asentamiento entre los nativos de las tribus Hopis y Zunis e inició la construcción de un templo dedicado a San Francisco y la correspondiente misión.

Los grupos de edificios que él ocupó, según los arqueólogos, estaban parcialmente abandonados. Pues los españoles repararon las paredes y pusieron ventanas y puertas en la planta baja al estilo español. Las descripciones que tenemos indican que el pueblo era similar al pueblo de Taos, que también ocupó.

Amotinamientos, deserciones y disgustos plagaron la nueva colonia cuando las riquezas prometidas no aparecieron a la vista; Oñate enfrentó con mano dura la rebelión. Aunque Villagrá relatara: "Caramba, estamos muy contentos. Presentamos el drama de los moros y cristianos, construimos la iglesia, y tuvimos la ceremonia de dedicación."

Algunos de los colonos exploraron hacia el este, llegado hasta las cercanías de la actual ciudad de Amarillo (Texas).Expediciónes

Masacre de Acoma

Óleo de Gregorio Hombrados Oñativia.

Masacre de Acoma.

El 4 de diciembre de 1598 un grupo de 36 hombres a cargo de Juan de Zaldívar -sobrino de Juan de Oñate- llegaba a Acoma. Los indios bajaron a recibirles y les invitaron a subir, Zaldívar aceptó y les siguió acompañado por 16 soldados, dejando el resto al cuidado de los caballos. Una vez en la ciudad fueron atacados, Zaldívar y 11 compañeros fueron asesinados. Cuatro sobrevivieron milagrosamente saltando desde unos 40 metros.

Oñate -temiendo un alzamiento generalizado de los indios Pueblo- decidió escarmentar Acoma. El 21 de Enero de 1599 un ejército de 70 hombres dirigido por Vicente Zaldívar -hermano del fallecido Juan- arribó a la ciudad, los esperaban cientos de guerreros con sus cuerpos pintados de negro situados en su natural llena de obstáculos.

Acampó a los pies de la montaña y cuando amanecía el 22 de enero, una avanzada de 12 hombres comenzaron a trepar sigilosamente la montaña, después de haber engrasado sus armaduras para evitar ruidos. Al mismo tiempo, los arcabuceros y mosqueteros comenzaron a disparar contra los indios para distraer su atención.

Los 12 hombres alcanzaron un promontorio rocoso y allí montaron un pedrero (disparaba bolas de piedra) y comenzaron a disparar destruyendo las construcciones de adobe. Los otros subieron por la noche llevando troncos, todos construyeron un puente para cruzar desde el promontorio a la ciudad. Al amanecer el 23 de enero los españoles pasaron a la ciudad. Se produjo un encarnizado combate, una de las batallas más sangrientas libradas hasta ese momento por los conquistadores en América. El pedrero continuaba disparando y derrumbando los muros de adobe sobre las familias. Al atardecer del 24 de enero concluía la batalla cuando muchos indios, viéndose perdidos, decidieron arrojarse al vacío antes de entregarse.

Acoma había sido conquistada, 70 hombres habían tomado una ciudad de 1000 habitantes, de los cuales la mitad había muerto. Los sobrevivientes tendrían represalias: todos los hombres mayores de veinticinco años perderían un pie, las mujeres y los niños y jóvenes serían sometidos a veinte años de servidumbre.

El episodio tuvo el efecto disuasorio esperado por Oñate, los indios de la región que iban a sublevarse contra los españoles abandonaron la idea.

Juan de Oñate visitó los pueblos indios de Acoma Pueblo, los Zunis, con los que tenía especial afecto, que pensaba mutuo, pasa dos semanas allí. Un día con una tormenta de nieve decide irse para Hopi.

El 2 de marzo, 1599, Oñate escribe su primera carta a México. La envía con tres capitanes fieles, Villagrá era uno de ellos. Debían además obtener más provisiones y reclutas. Habían perdido poca gente en combate, pero muchos disgustados salían clandestinamente.

La carta de Oñate alababa las virtudes de Nuevo México: "Hay grandes posibilidades, encontramos minas por todas partes, hasta la sal existe en abundancia, y hemos oído reportes de grandes minas de plata en la región (que él llama Tierra Adentro, Arizona), y todavía esperamos encontrar el Mar del Sur muy cerca de aquí."

El virrey decide continuar su apoyo de la colonia. No ha realizado ganancias todavía pero los sacerdotes están contentos porque están convirtiendo a todo el mundo.

Villagrá y los otros capitanes comiezan a reclutar gente para el viaje de vuelta. Están preparando para su salida nuevamente desde Santa Bárbara.

La Nochebuena de 1600 la columna de refuerzo llega, sin los tres capitanes, por disposición del Virrey. Eran solamente 89 personas cuando Oñate esperaba cuatrocientas.

El 23 de junio de 1601 Oñate montó una expedición en busca de la mítica Quivira para conseguir riquezas y una salida al mar; se dirigieron al noroeste, hasta la región central del hoy estado de Kansas en donde la expedición arribó a unas villas de la tribu wichita que ya antes Francisco Vázquez de Coronado había llamado Quivira.

Gran decepción se llevaron los españoles en el asentamiento indígena de los wichita. Ahí no había riquezas, por lo que se vieron obligados a regresar con las manos vacías.

La búsqueda de riquezas fáciles se deterioraba, la tierra era pobre, los nativos los hostigaban, y tampoco encontraban yacimientos minerales.

Lentamente la colonia fue abandonada por los colonos con excepción de los más devotos seguidores de Juan de Oñate.

Quienes abandonaron la colonia de San Juan regresaron a la Nueva España narrando las malas condiciones en que habían vivido y los abusos que habían visto, por lo que el gobierno español inició una averiguación sobre la situación en la colonia de Nuevo México y sobre el trato que Oñate le daba a los indios.

En esos días Oñate lanzó su más ambiciosa expedición, ir desde los pueblos Zunis hasta el río Colorado y de ahí hasta su desembocadura en el Golfo de California; al llegar abrumado por emociones, y extenuado, entró al agua, gritando: "He encontrado el Mar del Sur, por fin, por fin." En el nombre de Dios y España reclamó el Mar del Sur. Entonces, hizo que los sacerdotes se juntaran con él en el agua.

Regresando a San Juan los españoles acampan en El Morro y Oñate talla su nombre en la piedra. "Pasó por aquí El Adelantado, don Juan de Oñate, del descubrimiento de la mar del sur al 16 de abril de 1605."

Al regresar del Mar del Sur, Oñate escribe su carta al virrey, que envía con un emisario. Oñate está muy optimista ahora. Cree que recibirá provisiones y refuerzos.

Pero pasan los años sin ayuda ni noticias.

El 24 de agosto de 1607, afligido y frustrado, escribe: "Aunque yo no me canso de esperar y aguantar las dificultades que encontramos aquí, los soldados ya no aguantan más. Están desilusionados en absoluto. No quieren y no pueden esperar más...Y yo me encuentro sin la habilidad de hacer más porque he agotado mis bienes y los de mi familia y amigos.

Me da ansia pensar que los frutos de tantos gastos durante más de once años de labor se echen a perder, y especialmente, porque tengo ganas de que nuestra Santa Fe Católica se extienda por estas tierras y que Nuestro Rey aumente su dominio...No veo otro modo para lograr todo esto sino renunciar mi oficio. Dicha renuncia le envío a Su Excelencia.

Hago esto para que Su Majestad, dado que ha negado apoyar esta empresa a pesar de su importancia, pueda nombrar para este oficio una persona que es capaz de adelantar el proyecto que yo he iniciado.

Para efectuar este cambio ha sido necesario llegar a un acuerdo con los soldados en el nombre de Su Majestad, por medio del cual ellos esperarán la respuesta de Su Excelencia hasta el fin de junio del año próximo. A partir de esa fecha les he dado permiso para salir cuando quieran.

Desde mi punto de vista, los asuntos se han realizado de tal forma que me siento muy ofendido, dado que la gente que se huyó de aquí ha escapado cualquier castigo. Por medio de muchotestimonio falso han podido justificar su traición.

Por eso, para que mis recursos limitados no sean un impedimento a la labor de bautismo y extensión de la corona real, he decidido aliviar mi conciencia y renunciar el oficio que ya no puedo mantener sin más ayuda, seguro que al hacer esto estoy prestando un servicio muy importante a Su Majestad."

Lo que él no sabía es que, aproximadamente al mismo tiempo, unas cartas del virrey en las cuales habla las fantasías de Oñate habían llegado a Felipe II. Y el rey había respondido con una carta diciéndole al virrey que despidiera a Oñate en seguida.

Permaneció en Nuevo México hasta establecer el pueblo de Santa Fe. Un nuevo gobernador fue nombrado y Oñate fue nuevamente convocado a la ciudad de México en 1608.

En 1613, quince años después de haber partido, Juan de Oñate se presentó para enfrentar las acusaciones de haber usado fuerza excesiva durante la rebelión en Acoma.

Se le desterró de Nuevo México a perpetuidad y de la Ciudad de México por cuatro años.

Pasó el resto de sus días tratando de limpiar su nombre, con tal fin viajó a España en donde el rey le otorgó el nombramiento de Inspector de Minas. Murió en España el 3 de junio de 1626.