El Chiqui

Dioses y Personajes Míticos. Pueblos Originarios
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Duende maligno, de enojo fácil y terrible maldad, castiga con sequías y terremotos, distribuye las lluvias y los vientos a su capricho. Es el símbolo de la fatalidad y la mala fortuna. Chiqui eran también los loros que en bandadas destruían los maizales.
El Algarrobo y El Chiqui

Un gigantesco algarrobo fue para los pueblos diaguitas el templo donde oficiaban las ceremonias y sacrificios para atraer la buena voluntad del Chiqui.
Ilustración de Juan Alfonso Carrizo, 1942.

Juan B. Ambrosetti lo definió psicológicamente: “... los calchaquíes hicieron intervenir en todo esto (es decir, achacaron la causa de la adversidad que perseguía a cualquier cosa que emprendieran) a la fatalidad sobrenatural representada por un numen a quien había que conjurar: el Chiquí o Vatí. La tendencia del hombre a crear sus dioses según su propio retrato, hizo que el Chiquí tuviera los caracteres morales de los calchaquíes y, por esto, lo encontramos vengativo, sanguinario, feroz como ellos, y al que sólo aplacaban conjurándolo con holocaustos sangrientos que le ofrecían con más o menos abundancia. Como esto no bastase, y el Chiquí, a pesar de todo, continuara inexorable, nació entre ellos la idea, o quizá les fue importada, de propiciarse genios tutelares que tuvieran suficiente poder para conjurarlo, y de aquí surgieron prácticas sangrientas, sacrificios de niños, quienes enterrados en preciosas urnas cerca de sus viviendas, velaban por la felicidad general, combatiendo el numen adverso.”

Adán Quiroga explica que El Chiqui era “el numen funesto” pero al mismo tiempo había que “implorarle... para que la cosecha fuera pingüe”.

Las fiestas en honor al Chiqui, eran una costumbre en los sectores áridos y montañosos de Catamarca y La Rioja, podemos señalar los pueblos de San Blas de los Sauces, Pituil, Pueblo del Pantano, Pilciao, Machigasta, Aminga, Antinaco, Arauco, y Lorohuasi, todos ellos ubicados en pequeños oasis. Estuvieron relacionados más con las plantas de maíz que estaban creciendo y para que no les falte agua oportuna, que con la recolección de la algarroba, aunque era necesario el calor del verano y el canto del coyuyo, una especie de cigarra muy grande y ruidosa, para que maduren las vainas para hacer aloja y patay.

La cacería de animales salvajes, el baile, el canto, la competencia, los brindis reflejaban la forma andina prehispánica de comprometer a la suerte adversa para que no castigue tanto.

Samuel Lafone Quevedo, en sus caras al diario "La Nación" por los años de 1880, dejó el siguiente relato:

"Cuenta el Indio Peralta nacido en el ya abandonado Pueblo del Pantano, que para celebrar la fiesta de! Chiqui hacían reunión de hombres y mujeres, que se juntaban bajo de un algarrobo con varias tinajas llenas de aloja; en anticipación de la tal función, dos dias antes salian los hombres al campo á correr liebres, huanacos, pumas y otras aves (menos suris ó avestruces que respetaban) y con las cabezas de los animales que cazaban daban vueltas al rededor del Arbol (el tacú ó algarroba) entonando el canto o vidala de los indios y chupando aloja á mas y mejor. Por la tarde organizaban carreras de á pié hombres con hombres y mujeres con mujeres que se colocaban á distancia como de dos cuadras del árbol mencionado y á una señal dada emprendían la carrera hacia este y el primero que llegaba obtenía el premio asignado, el cual consistía en huahuas (muñecos) de masa y biscochos que estaban colgados en el árbol, Esta curiosa reliquia deí gentilismo fué suprimida por el cura Maubecin mas ó menos por las años 1859, así que solo los muy viejos se dan cuenta de su existencia. Según se me ha asegurado, la fiesta tenía por objeto conjurar la mala suerte en tiempo de seca ú otra calamidad".