Quemuenchatocha

 
 
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Quemuenchatocha

Muisca

1472 - 1537

Señores Muiscas
También mencionado como Quimuinchateca, tenía 18 años cuando sucedió a Michua en el zacazgo.

Era hombre de gran corpulencia y no muy buen aspecto, tenía la cara muy ancha, y la nariz enorme y torcida. Su gobierno fue una cruel tiranía, astuto y sagaz, era implacable en todo lo que se refería al gobierno y se hacía temer y respetar de todos. Siempre fue precipitado e inexorable en sus castigos. Era tan inclinado a aplicar el suplicio de la horca, que cuando entraron los españoles hallaron al poniente de Tunja un cerro con gran número de palos hincados y cuerpos pendientes, al que llamaron el "Cerro de la Horca".

Luego del enfrentamiento de su antecesor y el zipa Saguanmachica en la batalla de Choconta (1490) donde ambos fallecieron, hubo una tensa tregua, hasta que en 1514 enterado de las intenciones hostiles del zipa Nemequene, encontró apoyo en los caciques de Gameza, Iraca, Duitama y Sáchica, para detener los proyectos expansionistas del enemigo.

Batalla de Arroyo de las Vueltas

Batalla de Arroyo las Vueltas.
Lucas Fernández de Piedrahita.

Se dice que cuando los ejércitos de ambos bandos estaban próximos a enfrentarse, Quemuenchatocha le propuso a Nemequene que, para evitar el derramamiento de sangre, ambos lucharan cuerpo a cuerpo y el que fuera vencido reconociera la victoria del contrario. La iniciativa no fue acogida, la batalla se desató en el Arroyo del las Vueltas, Nemequene que llevaba la victoria, resultó mortalmente herido, por lo cual sus tropas se retiraron.

Finalizado el episodio, Sugamuxi, cacique de Iraca, le retira el apoyo, y consigue una tregua cuyos términos estaban por cumplirse a la llegada de los españoles.

Al enterarse de que los europeos merodeaban por sus tierras, Quemuenchatocha no se movió de su cercado, ni adelantó actos de agresión contra los invasores. Prohibió bajo graves penas que se les indicara el camino a su cercado y cuando se enteró de que se aproximaban, les envió regalos y emisarios de paz, buscando detenerlos mientras escondía sus riquezas.

Finalmente, el 20 de agosto de 1537, llegaron los conquistadores, venían con caballos y perros, y el propio Gonzalo Jiménez de Quesada llegó a su habitación. Lo encontraron sentado en una silla adornado con mucho oro en sus vestidos y en la misma forma que sus acompañantes, quienes aterrados huyeron dejándolo solo; el oro, las esmeraldas y las finas telas fueron saqueadas. Este acto de la Conquista se realizó en el lugar en donde actualmente se encuentra el Convento de San Agustín.

Zaques de Tunja
Antecesor Sucesor
Antecesor Michua Sucesor Aquiminzaque

Quemuenchatocha fue llevado hasta Suesca, con la esperanza de que revelara el sitio donde había ocultado el resto de sus tesoros. Abdicó en su sobrino Aquiminzaque y se retiró a a Ramiquirí (Rumiraqui), donde al poco tiempo murió.

¿Cómo pudieron someter 166 hombres a un pueblo que tenía un numeroso ejército, acostumbrado a combatir permanentemente?. El "Epítome de la conquista del nuevo Reino de Granada", atribuido a Jiménez de Quesada, lo cuenta:

"Cuando entraron en aquel Nuevo Reino los cristianos, fueron rescebidos con grandísimo miedo de toda la gente, tanto que tuvieron por opinión entrellos que los españoles eran hijos del Sol y de la Luna...y que ellos los habían engendrado y enviado del cielo a estos sus hijos para castigallos por sus pecados.... Ansí entrando por los primeros pueblos los desamparaban y se subían a las sierras que estaban cerca, y dende allí les arrojaban sus hijicos para que comiesen...Sobre todo cogieron miedo a los caballos, tanto que no es creedero; pero después, haciéndoseles los españoles tratables y dándoles a entender lo mejor que ser podía sus intentos, fueron poco á poco perdiendo parte del miedo, y sabido que eran hombres como ellos quisieron probar la ventura. Cuando esto fue era ya muy metidos en el Nuevo Reino en la provincia de Bogotá; allí salieron a dar una batalla, lo mejor en orden que pudieron, gran cantidad de gente; fueron fácilmente desbaratados, porque fue tan grande el espanto que tuvieron en ver correr los caballos, que luego volvieron las espaldas y así lo hicieron todas las otras veces que se quisieron poner en esto, que no fueron pocas. En la provincia de Tunja fue lo mismo cuando en ello se quisieron poner, é por eso no hay para qué dar cuenta de todos los rencuentros y escaramuzas que se tuvieron con aquellos bárbaros, más de que todo el año treinta y siete (1537) y parte del de treinta y ocho se gastó en subjetallos a unos por bien y a otros por mal."