Tebenquinche

Sitios Arqueológicos y Arqueoastronómicos. Pueblos Originarios de América
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La quebrada de Tebenquiche Chico es un pequeño valle en la provincia de Catamarca que desciende con dirección predominante N-S desde el cerro Tebenquiche —o Antofalla— y desemboca en el margen occidental del Salar de Antofalla a 3350 m.s.n.m.
Imagen Satelital

Imagen satelital del Yacimiento de Tebenquiche, un oasis en la Puna de Atacama.

Esquema de Weisser

Tebenquiche Chico esquema de Weisser en su libreta de campo durante la expedición de 1923, donde representa especialmente las tumbas ("trojas").

Canales de riego

Canales de riego en la barranca.

Cámara funeraria

Fotografía de la apertura de una cámara funeraria. Tomada por Weisser en 1923. Colección Museo de la Plata

Un curso de agua permanente recostado sobre la ladera occidental del valle ha socavado su lecho, dando lugar a la formación de un cañadón y dos terrazas, siendo la terraza occidental mucho más pequeña que la oriental. Ambas barrancas del cañadón, las terrazas fluviales y la ladera occidental del valle muestran restos de parcelas de cultivo. Debido a la insuficiente precipitación del área, el riego de las parcelas ha sido un requerimiento indispensable para la práctica agrícola.

En la década de 1920, Vladimiro Weisser, dirigido y asesorado por Salvador Debenedetti hizo los primeros relevamientos del sitio arqueológico de Tebenquiche.

Las estructuras habitacionales muestran un patrón de ocupación de larga duración, desde mediados del siglo IV d. C. a mediados del siglo XIII d. C. —período del Oasis—, y una reocupación de menor duración durante los siglos XVI y XVII d. C.

El análisis del diseño y organización de las redes de riego permite comprender la organización de la gestión agrícola del valle. Cada una de las redes de riego de Tebenquiche Chico contaba con una toma de agua en el arroyo, una derivación por el fondo del cañadón hasta el pie de la barranca y un canal principal que conducía el agua por la barranca hasta la dorsal de la terraza. Una vez alcanzado este punto —la línea de rigidez de la red—, cada canal principal discurre por la terraza manteniendo la mayor cota técnicamente posible.

La red de riego había de ser recorrida cotidianamente: abrir la toma, vigilar y acompañar el normal flujo del agua por el canal que atraviesa la barranca, abrir una u otra derivación secundaria, conducir y distribuir el flujo al interior de cada parcela.

Tal vez podamos acercarnos a los modos en los que los habitantes del lugar constituyeron su vida como personas sociales a lo largo de su vida, explorando los modos en los que representaron su disolución al momento de su muerte.

Dos son los patrones funerarios que han podido ser inferidos como relevantes para el primer milenio d. C.:

Individuos jóvenes o adultos eran dispuestos en el interior de cámaras funerarias subterráneas de paredes de piedra y techo de lajas cubierto de arena, sentados con las rodillas recogidas y la espalda apoyada contra una de las paredes, aparentemente con la cara orientada al norte (la dirección de la cima del cerro Tebenquiche y de los ojos de agua que alimentan el arroyo), solos o en parejas, acompañados de una apreciable cantidad de objetos cuidadosamente dispuestos sobre el piso a ambos lados de los cadáveres —vasos y cuencos, fragmentos decorados de otras piezas y pipas, todos ellos de cerámica generalmente decorada con pigmentos amarillos, rojos y rosados que hacían parte del entierro— o ataviando directamente a los cuerpos —collares de cuentas y ornamentos de oro.

Las áreas de concentración de cámaras funerarias subterráneas no se asocian de manera directa a ningún compuesto doméstico en particular y, si bien se encuentran en las proximidades de las áreas habitadas y cultivadas, parecen haber sido eludidas por el trazado de los canales de riego cercanos.

Por otro lado, un único registro obtenido en la excavación de muestra el cadáver de un niño tal vez prematuro dispuesto en posición decúbito lateral sobre el relleno de arena de un pozo rodeado de pequeños bloques líticos sobre los que se apoyaba, cubriendo asimismo al cadáver, un bloque de grandes dimensiones que, formando parte de la mampostería de la vivienda, hacía las veces de jamba marcando la entrada a la casa.

La comparación de ambos patrones, uno pertinente a sujetos jóvenes o adultos —que en todos los casos puede considerarse que habían transcurrido por lo menos parte de su vida como personas sociales activas— y otro pertinente a un nacimiento prematuro, muerto muy probablemente antes de ser incorporado como persona a su grupo de pertenencia, nos indica cuál ha debido ser el lugar social de aquel otro tiempo intermedio, el de los sujetos sociales vivos.

La ubicación del bebé prematuro bajo la entrada de la casa, fenómeno que no por real ha de ser considerado menos simbólico, expresa literal y metafóricamente la orientación frustrada de su espacio y de su tiempo.

Por otra parte, los muertos (probablemente no todos ellos pero sí algunos de los que habían vivido anteriormente en algunas de las casas de Tebenquiche Chico) eran alojados en cámaras funerarias diferenciadas de las casas, tanto en su ubicación como en el carácter virtualmente invisible de su arquitectura. Esta arquitectura funeraria, que conforma el único tipo de rasgo arquitectónico de Tebenquiche Chico que no puede ser asignado a ningún compuesto doméstico en particular ni queda enmarcado dentro del espacio funcional de ninguna red de riego en especial, pudo calificar como supradoméstica al conjunto de rituales funerarios involucrados en la construcción de los ancestros.

En cambio, el cadáver del bebé prematuro sin haber participado de la vida social fue depositado junto a la entrada de la casa de uno de los compuestos domésticos en particular, calificándolo como predoméstico.

Podemos imaginar, entonces, que la casa, como escenario en el que se producían y reproducían las relaciones sociales, era asimismo el escenario en el que los sujetos se constituían y reproducían en su carácter de personas socialmente activas. La casa, como arquitectura de los vivos, adopta así el sentido tanto de continente y escenario de su habitar como de sostén físico de su construcción como sujetos, como agentes.

PalasLa Pala

Los habitantes de Tebenquiche, contaron con un acompañante esencial: la pala. Con ella construyeron las casas, los canales, las tumbas, la práctica agrícola cotidiana era llevada a cabo, y la producción y reproducción de la estructura social era así acometida.

Su visible ocurrencia en el paisaje agrícola y en las casas, como hojas enteras o, más generalmente, como fragmentos no directamente útiles y, también, su "decoración"con pigmento al ser depositadas, forman parte de su atractivo estético, ante el cual el oasis y los sujetos debieron sucumbir en el largo fluir del tiempo de Tebenquiche Chico.

Realizadas con roca basalto-andesítica del lugar, no se encontraron mangos, que probablemente eran de madera. La atadura de los mangos y hojas pudo ser de cuero de camélido. El dibujo de la derecha representa las formas de hojas de pala más comunes encontradas.

Pipa acodada en cerámica negra alisada con borde recto, en la parte superior del hornillo se presenta un rostro con ojos circulares en relieve y nariz prominente en forma de hacha. Largo: 21,5 cm.


Fuentes:

Revista Antípoda. Enero-Junio 2.006. "Vida con Palas". Alejandro F. Haber y Marcos Román Gastaldi.

Antes de América. Símbolos de culto y poder en las culturas prehispánicas. Goretti, Matteo. Ceppa Ediciones, 2007.