Máscaras. Cultura Teotihuacana

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Las figurillas de Zacuala y los textos nahuas.

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Teotihuacan, la Ciudad de los Dioses, era también el lugar de los muertos. Los que allí eran enterrados eran teutl, héroes divinizados. Como a los dioses, a los que nadie podía ver su rostro porque llevaban máscaras, los grandes señores teotihuacanos o toltecas sepultados en Teotihuacan, también la llevaban para presentarse en el inframundo. Las máscaras eran el nexo entre el difunto y la divinidad, el medio por donde se comunicaban.

Las imágenes y los epígrafes de esta presentación han sido tomadas de Historia General del Arte, José Pijoán. Espasa Calpe S.A., Madrid, 1946.

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Las máscaras de Teotihuacan son de una belleza excepcional, presentan todas el mismo tipo de rostro humano, sin ningún intento de individualización: ni descarnadas ni obesas, ojos ovalados, cejas alargadas, nariz recta ligeramente ancha, boca entreabierta y orejas rectangulares. Se pueden distinguir dos medidas aproximadas: las piezas grandes miden entre 20 y 28 cm, y las más pequeñas entre 13 y 19 cm.

Máscara con molde

Máscara con su molde.

Las de mayor calidad eran las realizadas en piedras duras, sus artistas eran excepcionales talladores, algunas iban recubiertas de mosaicos de turquesa, coral y obsidiana. Las demás eran estucadas y pintadas en colores turquesa (color del Dios de la Lluvia), rojo (Dios del Fuego), o negro (Quetzalcoatl).

Dije. MáscaraHacia el final de su desarrollo cultural incorporaron la fabricación por moldes, y su representación en objetos de orfebrería.

Las máscaras de piedra de Teotihuacan se han coleccionado al menos desde el siglo XIV, los aztecas lo hacían, y se les ha recuperado como ofrendas en las excavaciones del Templo Mayor de Tenochtitlan. En los siglos posteriores continuó, resultando objetos de alto valor en los mercados informales.

Máscara de MalinaltepecLa Máscara de Malinaltepec

Un ejemplar único. Una máscara de piedra de estilo teotihuacano realizada entre los años 100-650 d.C., reutilizada 800 años después agregándole decoración con mosaico de factura no teotihuacana e influencia mixteca.

La pieza -de 21,7 cm de alto, 18,1 de ancho y un peso de 3,16 kg-, fue hallada en 1921 por el arqueólogo Porfirio Aguirre en el interior de un montículo funerario cercano a Malinaltepec. Desde un principio se generó una controversia entre quienes la consideraban uno de los grandes tesoros de Mesoamérica y los que la creían una falsificación.

El entonces Secretario de Educación Pública mexicano, José Vasconcelos, dispuso su estudio, el resultado no disipó las dudas, se dijo que había sido confeccionada dentro del gran tráfico comercial y cultural que formaron teotihuacanos, mixtecos, zapotecos, nahuas y tlapanecos, y que perteneció a una ofrenda funeraria vinculada a la sociedad teotihuacana.

Durante los años 2008-2009, un equipo interdisciplionario de especialistas -auspiciado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) -realizaron estudios que abarcaron su fisonomía, elementos iconográficos, materiales y técnicas de manufactura. Su conclusión esta vez no dejó dudas: se trata de una pieza auténtica.

Sobre una máscara de piedra verde -cloritita-, 800 años después se le adhirieron -utilizando copal- 762 teselas (fragmentos de piedra) cuadrangulares de amazonita, turquesa y concha, para representar el rostro de una deidad acuática, probablemente Chalchihuitlicue.

Se desconoce su función inicial, pudo componer parte de alguna escultura o haber estado sujeta a alguna estructura arquitectónica. Ya decorada, formó parte del entierro de un personaje importante, el rostro de la deidad le permitía al individuo sepultado presentarse en el inframundo y ascender al plano celestial.