La Capitulación de los Welser

Textos y Documentos
Portada Pueblos Originarios Secciones Pueblos Originarios Facebook Pueblos Originarios Twitter Pueblos Originarios

La Capitulación de los Welser:
Génesis de la historia de la empresa y los negocios en Venezuela.

Alejandro E. Cáceres1

Diplomado en Estudios Avanzados sobre el Proceso Histórico Venezolano
Centro de Estudios Latinoamericanos Arturo Uslar Pietri -Caracas.
Enero 2007

“Asistían por aquel tiempo en la córte de nuestro
Emperador Carlos Quinto, Enrique de Alfinjer, y
Jerónimo Sailler, ajentes y factores de los Belzares,
caballeros alemanes, á quienes llamaban en la
Europa los de la famosa compañía, por una muy
celebre... traficando caudales muy crecidos en todos
los puertos, y contrataciones del mundo...”

José de Oviedo y Baños,
Historia de la Conquista y Población
de la Provincia de Venezuela


Introducción y justificación

La motivación de este ensayo viene dada por dos razones fundamentales. En primer lugar, la curiosidad de observar el pasado desde la atalaya a la cual es posible acceder luego de varios siglos de capitalismo. En particular, estudiar a unos personajes que hace cinco siglos comenzaron a sentar los cimientos de este modelo económico, hombres de negocios que devinieron en financistas de los grandes poderes de Europa durante el siglo XVI, teniendo como sus máximos exponentes dos casas comerciales originarias del sur de la actual Alemania, concretamente de Augsburgo, otrora Augusta Vindelicorum. Estos son la Casa Fugger, también conocidos como Fúcares por la castellanización del apellido, y la Casa de los Welser o Belzares, a las cuales el César Carlos, Quinto de Alemania, y Primero de España, les debió en gran medida hacerse con la Corona Imperial al “capturar” las lealtades de los Electores alemanes en 1519 y el financiamiento de sus esfuerzos militares de dominación continental en Italia, Alemania, Flandes y Holanda, así como la manutención del boato de la corte imperial, y la dotación de recursos para un imperio de cuya extensión que iba desde las dos Sicilias, pasando por el continente americano, hasta las Filipinas, se llegó a decir que “nunca se ponía el sol”, pero así ocurría con la magnitud de sus problemas financieros.

La segunda y no menos importante es la figuración que el territorio venezolano tuvo durante el advenimiento del mercantilismo en Europa, preludio del capitalismo. Y es que nuestro país, por su condición de país productor de petróleo en la actualidad forma parte del pulso capitalista mundial, dado que la cotización de los hidrocarburos es uno de los dos valores que en buena medida signan el comportamiento de la economía del orbe, id est, el costo del dinero, medido a través de las tasas de interés, y el costo de la energía, mensurado en la cotización de nuestro principal producto de exportación. Pero cinco siglos antes también lo estuvo, ya que apoderados de la Casa Welser en España, el 27 de Marzo de 1528 capitulan sobre el territorio de la Provincia de Venezuela, sentando los linderos primigenios de lo que varios lustros después, en 1.777 por Real Cédula de Carlos III, será la Capitanía General de Venezuela, y mediando casi medio siglo, en 1.830, la República de Venezuela.

Será pues un experimento inédito en el proceso de exploración y conquista del Nuevo Mundo, esto es, la entrega de un territorio de la Corona a una casa comercial con quien tiene estrechos vínculos financieros, y la cual cuenta con factores en Augsburgo, Venecia, Sevilla, Amberes y Santo Domingo, y en consecuencia un negocio, una operación que no estuvo motivada por fines evangelizadores o de hacerse noble, sino por el simple afán de lucro; lo que dará inicio con pie firme al esfuerzo exploratorio de la Tierra Firme venezolana. Pero a la vez se puede considerar que la historia de la empresa y de los negocios en Venezuela, se inicia también con este hecho, concretamente en 1529, cuando Ambrosio Alfinger desembarca en la actual península de Paraguaná, para luego asumir la responsabilidad dual como factor de los Welser y gobernador de la Provincia de Venezuela, tal vez tocado con jubón de finos paños de Flandes, armadura labrada por alguno de los maestros artesanos de Innsbruck, terciado con fino estoque toledano y engalanado el yelmo con exóticas plumas de aves tropicales caribeñas. De allí que si este hito marca el inicio dela historia de la empresa y los negocios en Venezuela, su partida bautismal será el documento analizado y comentado en este ensayo, la Capitulación de los Welser, pero esta vez vista desde una perspectiva netamente comercial, ya que comerciantes y no otra cosa fueron estos tudescos (voz antigua para el gentilicio alemán), que durante más de tres lustros, desde 1.529 hasta 1.546, ejercieron jurisdicción sobre nuestro territorio. La estructura del análisis del documento, tomado del texto de Manuel Donis, El Territorio de Venezuela, Documentos para su estudio (Ediciones UCAB, 2001), viene dado por cuatro áreas: descripción, obligaciones de poblamiento con la Corona, derechos de explotación y posesión de territorio, y beneficios fiscales

Descripción

La Capitulación se inicia narrando la relación que los apoderados de la Casa Welser, Jerónimo Sailer y Enrique Ehinger, (con cuyo apellido aún no existe consenso histórico si se trata del mismo que llevará Ambrosio Alfinger, mencionado en la capitulación como hermano de este); hacen al Emperador Carlos V acerca del conocimiento que tienen de la Capitulación de García de Lerma sobre el territorio de Santa Marta, para restituir el orden luego de la muerte de Rodrigo de Bastidas a manos de indios naturales... velicosos e flecheros” en connivencia con “ciertos cristianos e otras gentes”. Para ello como es razonable pensar se necesita “gente y armas, munición y bastimentos” y por supuesto alguien que financie la operación, y es allí donde los apoderados de los Welser, Sailer y Ehinger en palabras del escribano “os ofreceis de hacer una armada de quatro navíos o más con doscientos honbres o más, armados e avituallados por un año”. Mas así como se ofrecen a apoyar la logística del restablecimiento del orden imperial en Santa Marta, “me hizistes relación... que... en la misma costa está otra tierra, que es del Cabo de la Vela y Golfo de Venezuela y el Cabo de San Román, y otras... hasta el cabo de Marcapaná...vosotros os ofrecéis a pacificar e poblar de los dichos hombres,... que será trescientos por todos, muy proveídos e armados,. todo a vuestra costa e misión, sin que en ningund tiempo seamos obligados a vos pagar ni satisfazer los gastos que en ello hiziere des mas delo que en esta capitulación vos será otorgado”. Allí Sailer y Ehinger, ponen de manifiesto el interés de la Casa Welser en expandir sus horizontes de negocios y corriendo con todos los gastos que la operación implique, pacificar y poblar, además del fin último, generar un retorno financiero a través de la explotación de los recursos del territorio vecino al de García de Lerma.

Prosigue la capitulación estableciendo los linderos del territorio, “que comienza desde el Cabo de la Vela... hasta Maracapaná, leste oeste norte y sur de la una mar a la otra, con todas la islas que están en la dicha costa, ecebtadas las que están encomendadas y tiene a su cargo el factor Juan de Anpiés”. Curiosamente la Majestad Imperial impone límites este y oeste claramente definidos basándose en accidentes geográficos, en virtud que el problema de las longitudes fue uno de los más complejos que enfrentaron las potencias que exploraron el orbe y no había otra manera de hacerlo de forma exacta, en tanto que la latitud sí se podía establecer con ayuda de los astros. Sin embargo, el límite norte es el mar Caribe (incluyendo todas las islas que haya frente a la costa, excepto Aruba, Curazao y Bonaire, capituladas a Juan de Ampíes), pero el límite sur es bastante más vago, “la otra mar”, refiriéndose al Estrecho que Hernando de Magallanes navegó en 1523 cuando fue en busca de las Molucas o Islas de las Especias, lo cual sugiere a todas luces que no había conocimiento de la magnitud de territorio que mediaba entre la costa venezolana y la Patagonia, mas si de la importancia estratégica de controlar dicho estrecho, dado que ese era el paso sur-oeste, a través del cual el Imperio podría hacerse con los productos del Lejano Oriente sin necesidad de incurrir en los riesgos asociados al paso por enclaves portugueses, de allí que los Welser acepten la misión de reconocer el territorio hasta sus confines australes, con la posibilidad de explotar todo cuanto allí consiguieran. No extrañe entonces el hecho que Nicolás Federmann, uno de los gobernadores de los Welser, al ver unas ciénagas en los Llanos venezolanos, crea que se ha tropezado finalmente con el Mar del Sur (el Océano Pacífico) y el tan ansiado paso sur-oeste.

Por otro lado se establece que el cargo de Gobernador y Capitán General estará en manos de los apoderados que suscribieron la capitulación, de Ambrosio de Alfinger o Jorge Ehinger. Asimismo, se ofrece el alguacilazgo mayor y de adelantado “para vos y para vuestros herederos e subcesores para siempre jamás”.

En este sentido, a la vez que jurisdicción política, militar y administrativa, quien detente este cargo será el factor de los Welser en el sitio, lo cual generará una dualidad de responsabilidades, para con la Corona y con la Casa Comercial, que hará compleja la gestión de quienes fueron encargados de esta misión, aunado a la naturaleza leonina de los contratos privados que suscribía la Casa Welser con sus Gobernadores, tal y como queda en evidencia a través de los registros de la querella judicial que uno de ellos, Nicolás Federmann, emprende contra sus patronos.

Obligaciones de poblamiento con la Corona

El contrato establece que deben construir “dos pueblos o más,... y en los lugares que vieredes que conviene, y que para cada una de las dichas poblaciones llevéis a lo menos trezientos hombres, y hagáis en dicha tierra tres fortalezas,. a vuestra costa emisión,. obligado a partir de España con los dichos trezientos hombres. dentro de un año de la fecha desta capitulación, y a hazer los dichos dos pueblos dentro de dos años después de llegados.”. Así, los Welser convienen en fundar al menos dos pueblos y tres fortalezas. La ventaja que esto ofrece a la Casa Comercial es que dichos pueblos serían avituallados en su totalidad con productos que estos les venderían, creando un mercado cautivo en todas las poblaciones, monopolizándolo y generando utilidad financiera a la Casa Welser. Las fortalezas sirven a la Corona para la protección del territorio, y a los Welser para repeler cualquier intento de sus competidores, sean alemanes como los Fugger o genoveses como los Grimaldi, por entrar en sus dominios, ya que reza la capitulación que “vos haré merced, como por la presente vos la hago, de las thenencias de las dichas tres fortalezas que a vuestra costa os obligáis a hazer o hiziéredes vosotros en las dichas tierras por los días de vuestras vidas y de vuestros herederos para sienpre jamás”.

También se establece una cláusula en la cual han de traer “cinquenta alemanes...maestros mineros, a vuestra costa, para que con su industria e saber se hallen las minas y veneros del oro y plata y otros metales que hoviere en las tierras e islas,... y... se guarde lo mismo que esta otorgado y concedido a los mineros alemanes que residen en Galizia en los mineros de aquel reino”. Se refiere entonces a la alta valía que se daba a los mineros alemanes como expertos, por lo cual para asegurarse, tanto la Corona como los Welser, de una explotación eficiente de las minas que se descubriesen, se conviene que sean llevados cincuenta mineros, y de esta forma satisfacer los afanes mercantilistas de cada una de las partes, otorgándosele los mismos derechos que aquellos que explotaban las minas de Galitzia, en los territorios heredados por Carlos V al este de Europa, en las actuales Polonia y Hungría. La minería junto con el comercio de especias, paños y mercaderías en general fue una de las áreas de negocio que tuvieron las casas comerciales, en particular los Fugger, y en menor escala los Welser.

Derechos de explotación y posesión de territorio

En la Capitulación les es adjudicado un porcentaje de ganancia de “quatro porciento de todo el provecho que en quialquier manera se nos siguiere para vosotros e para vuestros herederos e subcesores para sienpre jamás, sacadas las cosas y gastos que por nuestra parte fueren hechas e se hizieren en conservación e población de la dicha tierra en quialquier manera se proveyeren, pero no se entiende que havéis de llevar parte de las alcavalas ni almoxarifazgo ni penas de cámara, porque esto no es fruto de la tierra y ha de quedar enteramente para nos”. Así, la Corona establece condiciones otorgándole beneficios sobre el usufructo de la tierra, mas no así sobre los tributos que se generen. Es por ello que con los Welser llegará también la Hacienda Pública a nuestro territorio, con el objeto de llevar control de los impuestos de Alcabala (impuesto sobre la primera y demás ventas de mercaderías, frutos y granjerías, equivalente al 2% por transacción), Almojarifazgo (impuesto a la importación directa de bienes desde Sevilla o distribuidos desde Santo Domingo, equivalente a un 7,5% sobre el valor de la mercancía) y penas de cámara (condenaciones por multas donde la Corona representada por el tribunal local recibía un porcentaje de la pena establecida).

Otra de las mercedes que otorgará el Emperador a la Casa Comercial serán “doze leguas de quadra de las que ansí descubrieredes... para que sea vuestra propia e de vuestros herederos e subcesores para siempre jamás”. Esto equivale un cuadrado de alrededor de 58 kilómetros de longitud por cada lado, es decir 3.300 kilómetros cuadrados, surgiendo la hipótesis según la cual los gobernadores de los Welser salieron afanosamente a explorar el territorio en busca del lugar donde seleccionarían esas doce leguas, hipótesis alimentada también por la influencia que el mito de El Dorado, la legendaria ciudad de oro, ejerció sobre los conquistadores que llevaron a cabo la exploración en Tierra Firme, en particular de los territorios objeto de la capitulación de los Welser, y la de García de Lerma.

Beneficios Fiscales

A los Welser se les exime perpetuamente del pago de impuesto de almojarifazgo, para todos aquellos bienes que importen de España para uso particular, siempre y cuando“no seyendo para los vender, contratar ni mercadear con ellos, pero si después de llevados los vendiéredes después, que seáis obligados a pagar los derechos de almoxarifazgo”.Asimismo se les otorga licencia para llevar, desde Cuba o la Española, ganado de cualquier tipo sin pagar impuesto ni tener impedimento alguno; y de “las islas de Tenerife cortar cient pinos de los que tenemos nuestros,... para que hagáis dellos lo que quisiéredes”.

Mas no solo los Welser fueron objeto de este tipo de exenciones, sino todos aquellos que se aventuraran a habitar los pueblos fundados en el territorio capitulado, en virtud que para incentivar el poblamiento de la zona “de cristianos, porque en ella se sienbre ya creciente nuestra santa fee católica,... es mi merced de les hazer las mercedes siguientes: ”

1. Se da el beneficio fiscal de “que los tres primeros años de la dicha población no se pague en la dicha tierra a nos del oro de minas solamente más del diezmo, y el quarto año el noveno, y de aí venga avaxando por esta orden hasta quedan en el quinto que de lo restante para que se oviere, senos pague el dicho nuestro quinto enteramente; pero entiendase que de los rescates e servicios e otros provechos de la tierra dende luego havemos de llevar nuestro quinto”. Así el impuesto sobre el oro extraído será del 10% durante los 3 primeros años, y a partir del cuarto se vaya incrementando hasta llegar al quinto real, el 20% de lo extraído, que ocurriría al octavo año, pero quedando claro que sobre cualquier otro recurso que se explotase el impuesto sería el quinto real.

2. Les son otorgados terrenos, “vezindades o dos cavallerías de tierras e dos solares”, y a partir del quinto año puedan vender la parcela, se les exime del almojarifazgo para “los mantenimientos e provisiones que llevaren para sus casas”; les es permitido que puedan consumir la sal que consigan en las tierras sin tener que pagar impuesto por ello.

3. Se les permite tomar esclavos “a los indios que fueren rebeldes, siendo amonestados y requeridos,... e desta manera e guardando la dicha orden los indios que tuvieren los caciuques y otras personas de la tierra por esclavos, pagándoselos a su voluntad a vista de la justicia e veedores e de los religiosos que con vos irán, los padáis tomar y conprar, siendo verdaderamente esclavos, pagándonos el quinto de los dichos esclavos”. De esta forma se establecen las condiciones para someter al indígena y rescatar esclavos, si estos se rebelan, mediando la previa amonestación y el requerimiento. Sin embargo, siendo esclavos de algún cacique u otra persona, deberá pagárseles, teniendo por testigos a la justicia y los religiosos, a la Corona el 20% de impuesto. Por ser el rescate de indios y su subsiguiente venta como mano de obra esclava una manera de generar una utilidad de forma rápida, se convirtió en una de las mayores fuentes de ingresos de los gobernadores que representaron a los Welser en Venezuela, lo cual contribuyó a la leyenda negra que les rodea, cuando la realidad es que entre las prácticas comerciales de los conquistadores esta era una de las más comunes.

A manera de conclusión

Este ensayo culmina donde, tradicionalmente, comienza la historia de los Welser en Venezuela, es decir con la llegada de Ambrosio Alfinger en 1.529 y la expulsión de Juan de Ampíes, quien sin tener jurisdicción sobre estos territorios, se aprovecha de la cercanía de sus islas a Tierra Firme y usufructúa sus recursos. Los casi trece años de presencia activa de los Welser en Venezuela revelarán los grandes esfuerzos exploratorios de hombres como el mismo Alfinger, de Georg Hohermuth, (Jorge de Spira) y particularmente de Nicolás Federmann, quien nos deja el inestimable legado de la “Historia Indiana”, y presagiarán su fin con el oscuro capítulo de los asesinatos a traición en las cercanías de Barquisimeto de Felipe de Hutten y Bartolomé Welser a manos de Juan de Carvajal. La Casa Welser perderá definitivamente en 1.556 los derechos sobre el territorio venezolano capitulado en 1.528. Este revés presagiaba uno aún mayor, la moratoria de deuda declarada por Felipe II poco después de acceder al trono que le deja su padre Carlos V para retirarse a Yuste, la cual doblega la salud financiera de la Casa Welser, que habían prestado cuantiosos caudales a la Corona Imperial, debilitándolos al punto que su poder se va extinguiendo gradualmente, hasta llegar al año 1.614 cuando se declaran en quiebra.

Así termina la Casa Welser, una de las casas comerciales más importantes y esplendorosas de Europa, sin dejar prácticamente ningún rastro, porque aún sus archivos continúan perdidos.

Pero no será este el último evento en la historia venezolana donde hombres de negocio traten de maximizar su retorno intentando hacerse del poder político, económico, o ambos inclusive. La llegada de la Compañía Guipuzcoana en el siglo XVIII a Venezuela, y la “Revolución Libertadora” en los albores del XX son ejemplos de ello. Así, con los Welser quedan entonces abiertas las páginas de la historia de la empresa y los negocios en Venezuela, para que encomenderos, contrabandistas y piratas en el siglo XVII, hacendados cacaoteros en el siglo XVIII, cafetaleros en el XIX, y el auge y caída de empresarios forjados a la sombra de la riqueza petrolera en el XX, plenen esas páginas.


1 Alejandro E. Cáceres (Caracas, 1978), Ingeniero Industrial (UCAB-Caracas, 2002), MSc. Finanzas (IESA-Caracas,2005), MSc. Economía e Historia (Utrecht School of Economics-Utrecht, 2009). Programas en Gerencia Empresarial(Instituto de Empresa-Madrid, 2004) y Estudios Avanzados del Proceso Histórico Venezolano (CELAUP/UNIMET-Caracas, 2006). Gerente de Estrategia y Finanzas en ICO Group.