Tihuanacu. La cuna del hombre americano.

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plusTihuanacu. La cuna del hombre americano. Arthur Posnansky (1945)

Presentación

Exordia Rerum (Introducción)

Prólogo

Los pobladores del altiplano interandino en tiempos prehistóricos.

I. (Metalurgia)

II. (Hábitat)

III. (Lengua)

IV. (Períodos culturales)

V. (Primera época)

VI. (Segundo y Tercer período)

VII. (Cataclismo)

VIII. (Últimos períodos)

Los pobladores del altiplano inter-andino en tiempos prehistóricos.
IV.

La cultura precolombina del altiplano y de las regiones vecinas, se puede dividir en cinco distintas y bien marcadas etapas, a saber: La "época primitiva de Tihuanacu" como primer período de cultura de los autóctonos, en las altas mesetas de los Andes y orillas e islas del antiguo Titicaca.

A esta siguen las "segunda y tercera épocas de Tihuanacu" como un período de cultura extraordinariamente elevado, que probablemente fué motivado por el sometimiento y empleo de todos los pueblos aruwakes.

Como tercera época considera el autor, la de la "piedra engastada o polígona"—el período Cuzqueño,— llamándola así por la construcción característica de los edificios que han quedado.

Luego, como cuarta época, se podrá nombrar el tiempo durante el cual se adaptaban los "edificios de adobes y pircas" —especialmente en la costa del Pacífico— que estaban revocados con barro; y, finalmente, como quinta y última, la época relativamente moderna de los últimos "Yncas" que usurparon en toda la región cuzqueña y más al norte, culturas que antes de su advenimiento tuvieron un eran auge.

Antes de ocuparse de las diferentes épocas de cultura en la meseta andina, es necesario anticipar algunas palabras referentes a los antiguos historiadores que son, en parte, culpables de los trascendentales errores cometidos en la arqueología de esa parte de América, y cuyos libros ejercieron y ejercen todavía, una perniciosa influencia sobre la mayor parte de los viajeros. De los cronistas a que se hace referencia, los más se copiaban unos a otros, y los muy pocos originales, como Felipe Guarnan Pomade Ayala, bebían de fuentes bastantes turbias.

Como la mayor parte de las opiniones emitidas en la presente obra, van en contradicción con las de tan respetados autores, se va a explicar seguidamente la causa de esta divergencia.

Las observaciones e investigaciones del autor son las de un técnico que ha trabajado en el terreno durante casi medio siglo, y no se pueden comparar con las de viajeros que por pocos días o, en el mejor de los casos, por semanas, echan su vuelo por el altiplano y adyacencias y embebidos en la lectura de los antiguos cronistas e historiadores y de los que los han copiado, escriben después libros voluminosos, llevando, con éstos, a la ciencia por caminos extraviados.

Casi todos los historiadores modernos toman como base de sus investigaciones las obras antiguas que se escribieron en los siglos XVI, XVII y principios del XVIII, tales como las de Cieza de León, Cobo, Balboa, Acosta, Valera, Santillán, Polo de
Ondegardo, Betanzos, Garcilaso, Arriaga, Calancha, Ulloa, etc., dejándose regir por ellas como si fueran un evangelio y edificando sobre esos fundamentos, castillos de naipes que no pueden sostener la menor crítica basada en observaciones hechas sobre el terreno.

El investigador moderno, con el poderoso auxilio de los hallazgos arqueológicos de que se dispone en casi todos los museos del mundo, y con las grandes facilidades de movilización que existen hoy día, puede hacer estudios propios, haciendo caso omiso de todo lo dudosoque relatan los antiguos historiadores que deben su sabiduría a las referencias que les hacían indios y mestizos de poco crédito.

Es preciso tomar en cuenta que, cuando aquellos escribían sus libros, los viajes eran peligrosísimos, a causa de los indios, que eran aún difíciles de tratar y porque en aquel entonces una excursión que hoy sólo dura un par de días, duraba años enteros, y nadie pensaba en realizar viajes de exploración científica, los que se emprendían teniendo ante todo motivos religiosos, políticos o comerciales.

Tal circunstancia no les dejaba tiempo para dedicarse a una investigación profunda y concienzuda. Fuera de ésto, el indio tenía todavía mayor desconfianza del blanco que hoy; no había congeniado con él como en la actualidad, para revelarle sus más íntimos secretos, su religión y sus tradiciones de raza. Probablemente, él mismo, si no ignoraba estas últimas, las recordaba muy vagamente por la tradición de sus antepasados.

Lo que contaba al blanco era siempre adulterado y procuraba dar a sus cuentos el sabor que más efecto pudiera hacer al conquistador y al viajero, para realzar así más los méritos de su raza y circundar a sus antepasados con una aureola de gloria, adaptando estos cuentos a las ideas políticas y especialmente a las creencias religiosas de aquel con quien trataba (Poma de Ayala).

Por lo dicho, hay que hacer estudios completamente nuevos y tomar en cuenta lo que dijeron los antiguos historiadores, sólo cuando se trata de comparar los hechos va comorobados con lo que ellos han dicho.

La investigación moderna en la llamada "Tierra de los Incas," tiene que buscar nuevos rumbos a base de estudios antropológicos, lingüísticos, arqueológicos, así como también sociológicos de los indios actuales que, en parte, han conservado antiquísimas costumbres. Hay que oír también el "Folklore," el "Folkway," y observar los antiguos ritos religiosos que ellos conservan todavía, en gran parte, con adornos bombásticos españoles y de la nueva fé, el cristianismo.

Después de esta impensada pero necesaria digresión, se continuará otra vez con el tema principal.


Los pobladores del altiplano inter-andino en tiempos prehistóricos.
Los pobladores del altiplano inter-andino en tiempos prehistóricos.III. (Lengua)

Los pobladores del altiplano inter-andino en tiempos prehistóricos.V. (Primera época)