El Hombre Fósil de Miramar (Córdoba)
Por Aníbal Montes
(Salto -Provincia de Buenos Aires-, 1886 -1959)
Hizo la carrera militar, alcanzando el grado de Teniente Coronel, también obtuvo título de Ingeniero Civil en la Universidad Nacional de Córdoba. Tras su temprano retiro del ejército se dedicó a una intensa labor investigadora sobre el pasado indígena de Córdoba, sostenida por veinte años hasta su fallecimiento.
Aquí presentamos "El Hombre Fósil de Miramar" publicado por la Facultad de Ciencias Exactas Físicas y Naturales, Universidad Nacional de Córdoba. Serie Ciencias Naturales Nº 42, Enero -Abril 1960.
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1. Antecedentes
En el mes de Abril del año 1957 El Dr. Jorge Orgaz, actual Rector de la Universidad de Córdoba, comunicó al Centro de Investigaciones Prehistóricas de Córdoba, del cual soy Secretario, que en su reciente visita a la Villa de Miramar, había tenido conocimiento que en la playa de este balneario cordobés, se había descubierto un esqueleto o parte de él, de un gran mamífero fósil.
De inmediato fuimos comisionados por el Presidente de dicho Centro, doctor Juan Olsacher, para trasladarnos al lugar y si era posible proceder a la extracción de dichos huesos, el que suscribe y el Tesorero del Centro, señor Marcelo Montes Pacheco.
Con la ayuda de algunos vecinos de la localidad, principalmente del farmacéutico doctor Héctor Salvetti y del propietario del Hotel “Miramar” señor Mario Rosso, realizamos la tarea de extracción, para lo cual fué necesario construir una ataguía de bolsas de tierras y utilizar un poderoso equipo de moto-bomba, pues el esqueleto estaba en la playa inundada de la Mar Chiquita.
Resultó ser la parte posterior de un esqueleto de Mastodón, algunos de cuyos huesos estaban articulados. (Fig. 1)
Durante esta operación y cerca de este yacimiento paleontológico, descubrí y extraje de su mismo estrato geológico, una mandíbula de Equus rectidens y un vecino del lugar nos indicó la existencia de grandes huesos en la barranca vecina a la playa.
Este nuevo yacimiento paleontológico estaba en un estrato geológico algo más moderno que el del Mastodon y en un nivel más alto, no alcanzado por las crecientes de la Mar. Resultó tratarse de un Glyptodon, cuya caparazón estaba boca arriba y conservaba también su gruesa cola. El estado muy friable de estos huesos no permitió la extracción de la caparazón entera, pero la cola fué extraída en su block de tierra.
Todos estos huesos se conservan en el pequeño Museo de Miramar, en cuya localidad y con miras a la continuación de la búsqueda de fósiles en ese sector, quedó constituida una Comisión dependiente del Centro de Investigaciones Prehistóricas de Córdoba. Gracias a ello se ha obtenido ahora el conocimiento del feliz hallazgo de restos humanos en la misma playa y no lejos del sector ya explorado.
Debe tenerse presente que en Miramar existe la tradición de la existencia de grandes huesos fósiles en el piso del gran lago salado, lo cual ha sido comprobado en varias oportunidades y cada vez que, por gran sequía, se retira de la playa habitual el agua.
En esta oportunidad de la extracción de los huesos del hombre fósil (año 1959) se ha descubierto una nueva caparazón de Glyptodon, en la orilla del agua y en el mismo estrato geológico que el Mastodon del año 1957. La ubicación de este nuevo yacimiento paleontológico está justamente entre los dos yacimientos citados, en la misma playa.
Como puede apreciarse, la presencia de estos restos de fauna fósil en este sector, sobre todo tratándose de grandes mamíferos, pone de manifiesto que allí eran óptimas las condiciones para su existencia y que por lo tanto, no existía este gran lago de agua salada, donde no viven peces debido a su clase de salinidad.
Estudios especiales, hechos por destacados geólogos, desde principios del corriente siglo, llegan a la conclusión de que la gran depresión hoy ocupada por la Mar Chiquita, fué formada por una falla geológica en una época correspondiente al Pleistoceno.
Este notable antecedente geológico, ya nos está indicando que todo hueso de fauna fósil que esté “in situ”. enterrado en el piso del gran lago, pertenece al Pleistoceno.
2. La cuenca cerrada de la Mar Chiquita
Con este título fué publicado en el año 1932 por el geólogo Dr. Helmouth Kanter (T. XXXII del Boletín de la Academia Nacional de Ciencias - Córdoba) un extenso escrito sobre el tema 1.
Dos grandes ríos, que reciben la mayor parte de los desagües andinos del Noroeste Argentino, corren hacia el Sur en ese extenso territorio que los españoles de la conquista llamaban “la gran isla”, hoy ocupado por los limites todavía en litigio de las provincias de Córdoba, Santiago del Estero y Santa Fé.
El río Salado ha tenido repetidas variaciones en su curso inferior. En la época de la conquista española tuvo cambios de curso, según lo atestiguan la cartografía de esa época y los relatos de los cronistas.
Esos cambios del Río Salado debieron efectuarse también en los siglos y milenios anteriores a la llegada de los españoles y es de suponerse que, cuando se produjo la gran falla geológica antes citada, toda la gran masa de agua del Salado se juntaría con la del Río Dulce, para precipitarse en la depresión así formada.
Al mismo tiempo que se formó esta gran depresión, la falla produjo el levantamiento de su borde Este, creándose así esta “cuenca cerrada de la Mar Chiquita”. Dicho borde Este, que corre de Sur a Norte con los nombres de Altos de Chipión, Altos de la Mar Chiquita y Los Altos, tiene una altura de más de 30,00 mts. con relación a la playa actual del gran lago.
A su vez, dos importantes ríos que nacen en las Sierras de Córdoba, se dirigen hacia el Este para echar sus aguas en la Mar Chiquita, formando una extensa región de lagunas, esteros y bañados al Oeste y Sur de dicha Mar. dentro de cuya cuenca afloran vertientes de agua dulce, producto del aporte de dichos dos ríos serranos, hoy llamados Río 1º y Río 2°, que forman extenso delta con varios brazos, antes de llegar al gran lago.
Este lago es de forma rectangular, con un largo de 70 Km. de Oeste a Este y de 40 Km. de Norte a Sur. Las barrancas que bordean por el Sur y el Oeste la cuenca del lago, tienen de 2,50 a 3,00 m. de altura, siendo discontinuas y cortadas por cañadones como consecuencia de la secular erosión.
El agua del gran lago salado tiene una proporción de 27 % de Na. cl. — 7 % de Na2 S. O4 — 1,6 % de sales de Ca. y Mg.
Según Kanter, el piso o fondo de la cuenca del lago, “está cubierto por una arcilla de color pardo claro, más o menos arenosa”. “En la profundidad esta capa es más dura y de composición análoga, poco limosa”. “Es muy porosa y con poca arena, atravesada por canalitos finos de raíces, absorbe el agua como esponja, tomando un color pardo oscuro, lo cual se observa hasta 1,00 m. sobre el agua en la orilla”.
Evidentemente, este terreno arcilloso poroso, es de tono beige claro cuando está seco y pardo oscuro cuando está embebido de agua.
Para Kanter se trataría de “loess pampeano” y mi opinión es la misma.
Creo que se trata del loess Cordobense, correspondiente al final del Pleistoceno, del cual loess amarillento hemos extraído varias caparazones de Glyptodon. tanto en la ciudad de Córdoba, como en la Pampa de Olaen y también huesos de Toxodon, Scelidoterio, Milodon y Equus rectidens.
3. Estratigrafía geológica del yacimiento
Sin perjuicio de que se compruebe, que la “capa de arcilla de color pardo claro” constituyente del piso de la playa y del lago, es más antigua que el Cordobense, quedará en pie mi tesis de que este yacimiento paleontológico corresponde al final del Pleistoceno.
En la barranca vecina, a tan sólo 20,00 m. de distancia del yacimiento del Hombre fósil, se comprueba con toda nitidez la siguiente estratigrafía geológica:
Esta capa 4 se interna en la costa debajo de la capa 3. alejándose del lago y puede ser observada en otras barrancas, de'mayor altura y con estratigrafía más completa del Holoceno y también con estratos inferiores a dicha capa 4, correspondientes a terrenos mas antiguos de la serie pampeana, incluyendo el Bonaerense.
La capa 2 —Humus fósil I— corresponde al Ayampitinense, cuya edad determinada por el C14 (Universidad de Ya-le, a pedido del doctor Alberto Rex González, año 1956) es de 8.000 años.
La capa 3 —lehm rojizo de Olaen— corresponde al nivel más bajo de nuestro Holoceno - Montes Aníbal, 1957 2.
El Cordobense constituye el estrato superior de nuestro Pleistoceno y contiene la fauna de mamíferos fósiles ya citados.
Cronológicamente corresponde el Hombre fósil de Miramar (Córdoba) a la Cultura Folsom de Norte América. Por lo tanto no puede llamar la atención la existencia de este ser humano en Sudamérica en esa época.
En cambio si llamaría mucho la atención, si se pretendiese que este yacimiento corresponde al Lujanense, que constituye la base inicial, desde el punto de vista cronológico, de la última glaciación. En esta época no existía ningún ser humano en América, según los textos más modernos de Prehistoria Americana.
4. Comparaciones instructivas
Nos parece que en el caso actual, la mejor manera de acumular elementos de juicio para una correcta interpretación, es consultando la voluminosa información proporcionada por quienes, en este último cuarto de siglo, han investigado en el terreno, empleando la moderna técnica del prehistoriador. Y como aqui se trata de Prehistoria Americana, serán de América los antecedentes que buscaremos.
De H. M. Wormington (año 1957) tomaré la información general 5. Su primera edición del año 1939 contiene 92 referencias bibliográficas, su edición de 1957 contiene 586. Puede apreciarse la actividad con que se trabaja en U.S.A. en la investigación prehistórica.
Los primeros hombres que entraron a América, lo hicieron por Alaska viniendo del N. E. de Asia, hace unos 30.000 años como máximo. Eran hombres de tipo asiático pero no mongoloide. Son los llamados “paleoindios” por los prehistoriadores de U.S.A., término o designación que podríamos adoptar nosotros.
El Pleistoceno o edad glacial terminó hace unos 10.000 años (fin del período Mankato). Hubo un nuevo avance glacial, de menor duración y de carácter local en U.S.A., llamado Cochrane que terminó hace unos 7.000 años.
Los territorios libres de hielo, durante la glaciación, estaban sujetos a un aumento de lluvias y a una evaporación reducida.
El loess, producto eólico, representa ese tiempo muy frío y húmedo. (Es evidente que durante fuertes lluvias, en ciertos sectores, el loess fué arrastrado por las corrientes de agua, redepositándolo en forma de limo-loéssico estratificado).
En nuestro país se han comprobado manifestaciones glaciales, en la Cordillera de los Andes y zonas vecinas. De manera que en lo referente a clima glacial, pluviales y correspondiente estratigrafía geológica, podemos aceptar en general, las conclusiones de la investigación en el hemisferio Norte.
Durante la última glaciación (Wisconsin) se produjeron cuatro avances principales del hielo y tres períodos templados, llamados interestadiales, intercalados entre aquellos avances. Durante esos períodos templados se produjeron erosiones y excavación de cauces de arroyos y en ciertos sectores se formaron terrenos o costras calizas (Caliche o tosca).
Al finalizar esta última glaciación (con el período Mankato), perduró un tiempo frío y húmedo que evolucionó gradualmente hacia templado y húmedo, para terminar en un período cálido. Este es el Altithermal, equivalente al "Optimum climático” de Europa y que en nuestro país está representado por el Humus fósil I del Holoceno (Investigación Menghin en Patagonia y Montes en Córdoba).
Desde el punto de vista de la existencia del hombre en U.S.A., cabe hacer notar que no se han encontrado huesos de hombre fósil (antigüedad superior a 10.000 años).
Pero se han encontrado numerosos yacimientos prehistóricos de hasta 30.000 años, en que se comprueba la presencia del hombre, por sus puntas líticas de jabalina, incrustadas algunas en huesos de mamíferos fósiles.
Algunas cavernas han proporcionado en U.S.A., lo mismo que en Europa, las mejoras manifestaciones culturales de esos cazadores de la edad glacial.
La caverna de Sandia en Nuevo México es talvez la que proporcionó la más completa secuencia cultural y geológica, como asimismo excelente referencia a fauna fósil. Pero ningún hueso humano de edad superior a 10.000 años.
Las pruebas del Carbono 14, dieron aquí una edad superior a 10.000 años para la etapa cultural de las puntas de jabalina tipo Folson y más de 20.000 años para las de punta Sandia, las cuales se cree pueden corresponder al periodo templado Pre-Mankato.
Muy interesante resulta para nosotros, por su notable parecido con el descubrimiento del hombre fósil de Miramar (Córdoba) el caso del descubrimiento originario de Folsom, también en Nuevo México.
Tomaré aquí la información del libro “Los primeros americanos” de F. C. Hibben, año 1953 6.
En la primavera del año 1926 un negro “cow-boy”, seguía ai paso lento de su caballo, las huellas del ganado vacuno que estaba a su cargo, recorriendo el curso de un arroyo de altas barrancas. De pronto descubrió huesos robustos que sobresalían de la escarpa y su curiosidad lo llevó a desmontar y con su cuchillo, desenterrar esos huesos. Pronto se dió cuenta de que estaba en presencia de huesos que eran más robustos que los de un toro o un búfalo y su sorpresa culminó cuando encontró una punta de piedra incrustada en un hueso, artefacto muy distinto y más grande que las puntas de flecha de indios, que acostumbraban encontrar en la comarca.
Este negro había hecho el descubrimiento más grande de la prehistoria americana. Puestos los rancheros en conocimiento del hecho, comprendiendo ellos la importancia de esta información, la hicieron llegar al doctor J. D. Figgins de la Universidad de Colorado, especialista en estas investigaciones, el cual se trasladó de inmediato al lugar del descubrimiento, comprobando el hecho, amplió la excavación, desenterró más huesos y encontró otras puntas de jabalina.
Se trataba del gran Bison taylori y bautizó las puntas con el nombre de Folsom, por la cercanía de esta ciudad.
Ante las primeras publicaciones sobre este notable hallazgo, la mayoría de los especialistas se mostraron excépticos, pero algunos respondieron a las invitaciones que se les hizo de comprobar los hechos en el terreno mismo.
Posteriormente llegaron delegados de los Museos de New York, Philadelfia, Chicago, San Diego y Folsom, excavando cada uno de ellos con sus propios utensilios, pues aquello resultó ser un gran paradero de cazadores “paleo-indios”. Esos especialistas se pusieron de acuerdo y llegaron a la conclusión de que: “algunos hombres, hasta entonces desconocidos, habían matado bisontes de un tipo desaparecido (fósil) hacía unos 10.000 años”.
Desde entonces se intensificó la investigación en Nuevo México y en otras comarcas, repitiéndose la comprobación de que dichas puntas de jabalina tipo Folsom, aparecían junto a huesos de fauna fósil, no solamente del citado bisonte, sino también de caballos de la época glacial, camellos, mastodontes, etc.
Yacimientos de Hombre Fósil
En el Brasil también se produjo hace pocos años un descubrimiento de “hombre fósil”. Pero en este caso no se trató de una casualidad, sino de la culminación de una tenaz investigación científica, algo muy parecido a lo que está pasando con nuestro yacimiento prehistórico de Ongamira (Córdoba) cuya exploración empezó en el año 1940 y se continúa, ya a 10,00 m. de profundidad, con una remosión de muchos centenares de metros cúbicos de escombros.
Mucho se ha hablado, desde hace algo más de un
siglo, de las excavaciones del dinamarqués Peter W. Lund en las cavernas
de Lagoa Santa (Brasil) y de los restos esqueléticos, sobre todo
cráneos, del llamado desde entonces “Hombre de Lagoa Santa”. Pero
resultó que este hombre, enterrado en los escombros de las cavernas, no
era contemporáneo de la fauna de mamíferos fósiles que lo
acompañaban, sino que era mucho más reciente.
Un eximio y tenaz investigador brasilero, el doctor H. V. Walter, realizó excavaciones con intención de comprobar lo relativo' a “hombre fósil” en la Comarca de Lagoa Santa y tomó como objetivo de su investigación la Caverna de Confins, no lejos de la ciudad de Pedro Leopoldo. (Fig. 2)
Llegó a la conclusión de que el “Hombre de Lagoa Santa” era más moderno que el que descubrió en la Caverna de Confins. Aquél enterraba sus muertos en las capas de tierra quemada y cenizas (fogones), mientras que el Hombre de Confins yacía enterrado, pero sin enterramiento expreso, en el barro bermejo del fondo de la caverna 7.
Cerca de la entrada de la caverna, el Dr. Walter desenterró 80 esqueletos de la raza de Lagoa Santa (Lund) que “por su aspecto, contenido de substancia orgánica, posición estratigráfica en una camada de tierra negro-cenicienta, con cenizas y carbones de fogón, fauna acompañante, etc., evidenciaban que no eran plestocénicos”.
En cambio, el Hombre de Confins era otra cosa muy distinta :
“... en el interior de la caverna donde se encontraron los fósiles de macrofauna, el terreno estaba constituido por el “barro bermejo”.
Continuando la excavación durante 4 años (1943-1946) se extrajeron toneladas de tierra y escombros, encontrándose capas de estalagmitas a distintas profundidades.
Se comprobó la siguiente fauna fósil:
Auchenia mayor (llama) - Hidrochoerus (carpincho gigante) - Mastodonte - Arctotherium (urso) - Equus (caballo) -Mylodon - Tapirus (anta) - Dasypus (tatú) - Platygonus (queixada).
En el año 1945, tercer año de la excavación, fueron encontrados en la parte más interna de la caverna, a 18,00 m. de la entrada, un cráneo de caballo, huesos de Mastodonte y en el mismo estrato, contra la pared, aparecieron restos de un esqueleto humano, incompleto.
Cubriendo estos huesos fósiles había una “camada estalagmítica”.
El análisis químico de estos huesos puso de manifiesto “la ausencia absoluta de materia orgánica”.
Ningún artefacto de piedra (y por supuesto cerámica) acompañaba a estos huesos.
“Su época corresponde al final del Pleistoceno, en cuyo período hubieron en la región grandes lluvias torrenciales”, comprobados en el relleno de la caverna.
“El cráneo de Confins corresponde a un Homo Sapiens, con acentuado prognatismo alveolar”.
Nosotros en Córdoba también podemos presentar un ejemplo de descubrimiento de “hombre fósil” no debido a la casualidad, sino a una investigación sistemática. Nos referimos al hombre de Candonga.
En el año 1939 excavé la Gruta de Candonga, que había yo descubierto en el año 1917 durante un cateo de mineral de manganeso.
Candonga está unos 40 Km. al N.N.O. de la ciudad de Córdoba y casi sobre el mismo meridiano está Ongamira 30 Km. más al Norte.
En la excavación final de Candonga, intervino el doctor Juan Olsacher, Director entonces del Museo de Ciencias Naturales de Provincia de Córdoba.
El doctor Alfredo Castellanos, geólogo y antropólogo de la Universidad del Litoral, de acuerdo a los materiales que puse en sus manos y a sus propias observaciones en el terreno, publicó en el año 1943 el libro que hizo conocer al mundo científico este descubrimiento 8.
Después de un minucioso análisis geológico y paleontológico, Castellanos asigna a los restos humanos de Candonga una antigüedad equivalente “al Bonaerense más superior o al Platense basal’’ de su cronología estratigráfica. Es decir, los ubica cronológicamente en el último interglacial.
Por su parte el geólogo norteamericano Kirk Bryan publicó en el año 1945 un estudio crítico sobre el trabajo de Castellanos 9. Opina Bryan que Castellanos asignó demasiada antigüedad al estrato fosilífero de Candonga, pero agrega: “He aquí una probada antigüedad que confronta favorablemente con algunos descubrimientos efectuados en Norteamérica o, con aquellos de Bird en Chile y Patagonia Argentina”.
El conocido prehistoriador mexicano P. Martínez del Río, en la 3ª edición de su libro “Los orígenes americanos” (año 1952) al referirse a los más antiguos yacimientos prehistóricos de Argentina, dice 10:
“Entre los descubrimientos relacionados con la antigüedad del hombre en la República que ahora nos ocupa merecen atención los realizados en la Gruta de Candonga, en la Provincia de Córdoba. Los hallazgos se debieron en primer término al Coronel Aníbal Montes, aunque después intervinieron el doctor Juan Olsacher y el citado geólogo Alfredo Castellanos. El informe de este hombre de ciencia es del más alto interés y también dió lugar a una larga reseña, llena de sugestivas observaciones sobre la geología plestocénica argentina en general, por parte del doctor Kirk Bryan”.
“... el testimonio f aunístico resulta impresionante, pues de las 13 especies representadas ocho se hallan extinguidas; y, hay además algunos motivos de carácter estratigráfico para suponer que algunas de éstas desaparecieron en tiempos bastante remotos”.
A su vez el prehistoriador norteamericano doctor E. H. Sellars en su libro “Early Man in America” (1952) lo considera como uno de los cuatro yacimientos de hombre fósil (pleistocénico) de Sudamérica, conjuntamente con el de Palli Aike (Chile), Punin (Ecuador), y Confins (Brasil) 11.
El prehistoriador inglés A. Houghton Brodrick en su edición del año 1955 de “El hombre prehistórico” 12 estudio que comprendé al mundo entero, al referirse a Norteamérica dice: “Hasta ahora no se han hallado en ningún punto de América restos humanos conjuntamente con testimonios estratigráficos o arqueológicos que aseguren su gran antigüedad”.
“Los llamados “hombres del pleistoceno” en América (cita varios yacimientos de U.S.A.) son todos “piezas falsas” por lo que hace a su cronología pleistocénica”.
Efectivamente, todos los investigadores norteamericanos están de acuerdo (los más modernos) en que en su territorio se ha puesto en evidencia la existencia del hombre pleistocénicc por sus implementos líticos en asociación con huesos de fauna fósil, pero no por sus propios restos esqueléticos.
Al referirse a América del Sur menciona Houghton los yacimientos de Punin, Lagoa Santa y Palli Aike. En el párrafo consagrado a este último dice: “De todos los descubrimientos sudamericanos, aquéllos cuyas probabilidades de antigüedad se basan en evidencias más sólidas son los restos incinerados que encontró Bird en las excavaciones de Patagonia, y el cráneo infantil hallado en el nivel más bajo de la Gruta de Candonga”.
Nuestro conocido prehistoriador, doctor Osvaldo A. Menghin 13 al referirse en su publicación del año 1957, a este yacimiento prehistórico dice:
“Castellanos fechó un cráneo infantil y algunos artefactos de hueso excavados en la cueva de Candonga (Prov. de Córdoba) como del Pleistoceno medio. El geólogo norteamericano Bryan, en cambio, propuso una edad tardío pleistocena o temprano postglacial —que seguramente es muy probable— y esta opinión no fué rechazada por Castellanos”.
Por mi parte en “Cronología de nuestra Prehistoria”, año 1957 2 ubicó el yacimiento de Candonga en el piso Cordobense, con el cual culmina nuestro Pleistoceno.
Con estos mencionados yacimientos prehistóricos americanos, tenemos ya lor necesarios elementos de juicio para una primera apreciación cronológica sobre nuestro HOMBRE DE MIRAMAR (Córdoba).
Al citarse este documento antoropológico, debe diferenciárselo del tan discutido HOMBRE DE MIRAMAR (Buenos Aires).
5. Descubrimiento y extracción del Hombre de Miramar (Córdoba).
Recorriendo la playa de Mar Chiquita, en el mismo sector de los yacimientos paleontológicos del año 1957, pero algo más lejos de Miramar, el señor N. Saavedra de profesión albañil y vecino del lugar, descubrió un trozo de hueso esférico que sobresalía del limo pardo, tan parejo y limpio en ese lugar. El sol había blanqueado dicho hueso destacándolo con nitidez del ambiente más oscuro
El señor Saavedra, que estaba acompañado por un hijo suyo, menor de edad, trajo herramientas y procedió a desenterrar el hueso, que desde el principio, según sus propias manifestaciones, consideró como preteneciente a un cráneo humano. En la comarca existe la tradición de que un antiguo propietario del lugar había asesinado a uno de sus peones y enterró su cadáver en la playa. El señor Saavedra tal vez creyó haber descubrierto el cuerpo del delito del viejo crimen.
Por las dudas y sabiendo también, que en aquel sector de playa, habíanse extraído huesos fósiles algunos meses antes, puso el hecho en conocimiento del farmacéutico de Miramar, doctor Héctor Salvetti, entregándole el trozo de cráneo humano extraído.
De inmediato concurrió al lugar del hallazgo el doctor Salvetti y continuó la operación iniciada por el descubridor, sacando otros huesos de cráneo y recogiendo algunos dientes y muelas, observando que el cráneo estaba destrozado desde hacía mucho tiempo y al examinar su aspecto y la clase de terreno en que yacía, lo correlacionó cronológicamente con los huesos fósiles extraídos algunos meses antes, operación en la cual intervino personalmente.
Apreciando la importancia de este hallazgo, sobre todo por tratarse ahora de un ser humano, acondicionó debidamente los huesos y dientes en una caja, envolviéndolos en algodón y la remitió al Centro de Investigaciones Prehistóricas de Córdoba, agregando explicaciones sobre la clase del terreno del yacimiento y su ubicación en la playa, a una legua aproximadamente de Miramar.
Recibí esta preciosa carga de manos del señor Marcelo Montes Pacheco, alto empleado de la Dirección de Turismo de la Provincia, a quien se la había llevado desde Miramar el señor Rafael Fontaine Correas, empleado de esa misma repartición pública.
En presencia del citado en primer término hice las pruebas del contenido de substancia orgánica de los huesos, comparán los con huesos del Glyptodon extraído de ese mismo sector de playa en el año 1957 y con huesos de los más antiguos del yacimiento prehistórico de Ongamira y del yacimiento famoso de Candonga.
Fácilmente llegué a la conclusión de que estábamos en presencia de huesos humanos fósiles, carentes de substancia orgánica y más fosilizados que los de Ongamira y Candonga.
Ese mismo día puse el hecho en conocimiento de la autoridad pública de quien depende el Museo de Ciencias Naturales de la Provincia. He aquí el texto de la comunicación:
Córdoba, febrero 4 de 1959. Señor Ministro de Gobierno de la Provincia de Córdoba S / D.
En mi carácter de Secretario del Centro de Investigaciones Prehistóricas de Córdoba y por ausencia del Presidente del mismo, doctor Juan Olsacher, me dirijo al señor Ministro para poner en su conocimiento un muy importante hallazgo relacionado con la prehistoria de esta Provincia.
En las costas de la Mar Chiquita, lugar llamado Las Toscas, al N.E. de la localidad de Miramar, el Delegado de este Centro, señor Salvetti, ha descubierto restos óseos de “hombre fósil”, que ha puesto a nuestra disposición para ser extraído con las formalidades y técnica que este excepcional hallazgo impone.
Dichos restos humanos están en el mismo nivel geológico que los restos óseos de Mastodonte, Glyptodonte y Equus Reetidens (caballo) que fueron excavados por este Centro en el año 1957. Se trata por lo tanto de verdadero “hombre fósil” y el estado de fosilización de estos huesos así lo pone de manifiesto.
Para apreciar la importancia de este documento paleontológico, debe tenerse en cuenta que tanto los especialistas en prehistoria de Europa, como de Norte América, en su mayoría, niegan la existencia “probada” de hombre fósil en Sudamérica.
Ello nos da la pauta de los requisitos formales y técnicos que debemos poner en práctica para documentar científicamente este descubrimiento.
Por ello solicito del señor Ministro se sirva disponer, que la Subsecretaría de Educación y Cultura, por intermedio del Museo de Ciencias Naturales de la Provincia, tome intervención en la tarea de testimoniar las condiciones geológicas y paleontológicas del hallazgo, designando alguno de sus técnicos para que acompañe a este Centro en la extracción del fósil.
Así mismo solicito del señor Ministro y ésto con carácter de urgente, se sirva hacer colocar la indispensable vigilancia policial en el yacimiento, hasta tanto se efectúe dicha extracción.
En representación de este Centro, que presido accidentalmente, en la fecha me dirigiré al Señor Rector de la Universidad de Córdoba, para que se sirva hacer intervenir en esta operación como control de la misma, a los señores profesores de Estratigrafía Geológica y Paleontología de la Escuela de Ciencias Naturales.
Yo personalmente dirigiré la excavación y efectuaré la extracción del fósil, aplicando los conocimientos y experiencia adquiridos en este último cuarto de siglo en esta especialización científica.
El fósil ingresaría a la Colección del Museo de Ciencias Naturales de la Provincia, donde constituirá indudablemente su más preciado documento antropológico. También podría considerarse la posibilidad de dejarlo en custodia en el pequeño Museo de la localidad de Miramar, donde ya cuentan con los fósiles extraídos por este Centro en el año 1957 y ello serviría allí de estímulo para proseguir estas investigaciones en el terreno.
Saludo muy atentamente al Señor Ministro.
Aníbal Montes
Ingeniero Civil
El señor Ministro tuvo a bien hacer tomar de inmediato las providencias para satisfacer el pedido, lo cual fué cumplido satisfactoriamente.
Lo mismo hizo el señor Rector de la Universidad, doctor Jorge Orgaz, quien recordó su intervención en el hallazgo del año 1957. Un gran ómnibus de la Universidad fué puesto a disposición de la comitiva, para el día señalado que fué el Lunes de Carnaval, 9 de febrero.
El Director de Turismo de la Provincia, señor Fernando H. Filitti con todo entusiasmo se plegó a la comitiva y puso a disposición de la misma la camioneta de la repartición, que él mismo condujo. También dispuso la intervención oficial del fotógrafo de la repartición.
Algo más de 40 personas salimos de Córdoba en esta excursión, pese al mal día elegido para ello y a lo dificultoso y largo del viaje, para ser realizado en una sola jornada.
Finalizada la operación en el terreno, se labró y firmó el acta, cuyo texto es el siguiente:
Acta de extracción de huesos humanos fósiles
En la localidad de Miramar, Dpto. de San Justo, Provincia de Córdoba. República Argentina, a nueve días del mes de febrero del año mil novecientos cincuenta y nueve, los abajo firmantes, doctora Hebe Gay, Vice Directora del Museo de Ciencias Naturales de la Prov. de Córdoba, en ejercicio de su Dirección por ausencia del Director doctor Juan Olsacher que está en el extranjero, del Geólogo de dicho Museo doctor Juan José Murra, del Padre Pedro Grenón, en representación de la Junta de Estudios Históricos de la Provincia de Córdoba, del señor Fernando Hipólito Filitti Director de Turismo de la Provincia, del señor Marcelo Montes Pacheco, Tesorero del Centro de Investigaciones Prehistóricas de Córdoba y Secretario de dicha Junta de Estudios Históricos, del doctor Héctor Salvetti, farmacéutico de Miramar (Cba.) y bajo la Dirección del Secretario del citado Centro Ing. Aníbal Montes en representación de su Presidente doctor Juan Olsacher y varios maestros y maestras de Escuela y estudiantes de la Escuela de Ciencias Naturales de la Universidad de Córdoba, venidos todos ellos especialmente para este acto, en un ómnibus de la Universidad de Córdoba, con la intervención de fotógrafos y cameramen también venidos expresamente para ello, siendo las catorce horas nos constituimos en el yacimiento en que el señor N. Saavedra, de profesión albañil y vecino del lugar, descubrió un cráneo humano aflorando en la playa, lo cual comunicó al farmacéutico de Miramar doctor Salvetti, quien a su vez lo puso en conocimiento del Centro de Investigaciones Prehistóricas de Córdoba.
El lugar del hallazgo y por indicación del Secretario de dicho Centro, había sido preparado por el doctor Salvetti en los días anteriores de manera que una zanja de 1,00 m. de ancho por otro tanto de profundidad, rodeaba un cuadrado de 2,00 x 2,00 m. donde se encontraban los restos humanos.
El cráneo o mejor dicho, los trozos que se enviaron al dicho Centro, conjuntamente con once molares y dientes, habían sido extraídos por el doctor Salvetti y el señor Saavedra, estando acondicionados en la caja de cartón, y entre algodones, que le fué enviada a Córdoba al mencionado Secretario y éste trajo al yacimiento para este acto.
Observado el lugar, sus contornos, el sitio del yacimiento, la escarpa de las zanjas, las condiciones de la playa, se pudo apreciar que allí no hubo otra remoción de tierra que le afectuada para extraer el cráneo y para abrir las zanjas que encuadraban el yacimiento.
La remoción era evidente en el sitio en que estuvo el cráneo y por contraste ello sirvió para mostrar que el resto del cuadro no había sido removido.
Procedieron a extraer la tierra de la superficie del cuadro, por capas delgadas y con cucharas de albañil, el Padre Grenón y el Ing. Montes.
A 0,20 m. de profundidad se empezaron a descubrir
huesos largos que estaban colocados en sentido horizontal. Y se
comprobó con sorpresa, que solamente se trataba de cuatro huesos
separados entre sí en la forma que indica la adjunta fotografía.
En este estado de las operaciones, se encargó la doctora Gay de la operación de extraer dichos huesos, en lo que fué ayudada por el señor Harry Bina.
El terreno que constituye la playa de la Mar Chiquita, que es el mismo de su piso, es un limo loéssico poco arenoso, de color pardo claro estando seco, y más oscuro y rojizo estando mojado.
El nivel del agua en las zanjas que encuadran el yacimiento, está a 0,50 m. de profundidad con relación a la superficie de la playa.
Al embeberse de agua el terreno de la playa se transforma en un barro plástico muy adherente.
A una distancia de 20,00 m. del yacimiento se encuentra la pequeña barranca que limita el gran lago, la cual barranca está fraccionada por la erosión y es visible, en los zanjones transversales que se alejan del lago, que el terreno asciende gradualmente, teniendo una altura de 2,00 m. ó más. A cien metros de la playa, se observan zanjones con barrancas de nítido perfil geológico, con estratos bien diferenciados.
No habiendo tiempo en la fecha, pues la comitiva debe regresar a la ciudad esta noche, resolvimos dejar el estudio geológico de la comarca y la estratigrafía relacionada con el yacimiento, para otra oportunidad, que en principio fijamos para el próximo mes de abril, en cuya época se nos informa que habrá alojamiento en Miramar, lo cual no sucede ahora.
A unos 500,00 m. del yacimiento, en la misma playa pero en contacto con el agua del lago, hemos constatado la existencia de una caparazón de Glyptodon, cuya extracción se posterga hasta la mencionada oportunidad del mes de abril.
Los huesos extraídos, envueltos en su parte inferior en la ganga arcillosa que los contenía, fueron entregados al Secretario del Centro de Investigaciones Prehistóricas de Córdoba, quien se encarga de llevarlos a la Ciudad. (Fig. 3)
El plano adjunto, muestra la ubicación del yacimiento con relación a la playa del lago y a un arroyo vecino. (Fig. 4)
El Ing. Montes se encargará de redactar el informe previo sobre este yacimiento prehistórico y de confeccionar los croquis de la Mar Chiquita con su contorno geográfico y el mapa de conjunto de ubicación de este gran lago salado, con relación a la provincia de Córdoba.
Terminado este acto a las diez y nueve horas, para su constancia firmamos la presente acta.
Ing. Aníbal Montes - Dra. Hebe Gay - Geólogo Juan J. Murra - Padre Pedro Grenón - Hipólito Filitti - Marcelo Montes Pacheco - Héctor Salvetti - siguen las firmas.
Interpretación y Cronología
En primer lugar consideraremos la zona desde el punto de vista ambiental, en la época de la deposición del limo loéssico que constituye el piso del lago, del cual es una simple prolongación la actual playa.
El período final del Pleistoceno fué de intenso frío, correspondiendo cronológicamente al avance glacial llamado Mankato en Norteamérica.
Este avance glacial terminó hace algo menos de 12.000 años.
En la Cordillera de los Andes, desde la Provincia de San Juan hacia el Sur, existen indicios, ya estudiados por geólogos especialistas, de que también se produjo aquí un gran avance glacial en esa misma época.
Ese último avance glacial empezó con un clima muy frío y húmedo, que evolucionó hacia más frío y seco. En nuestro territorio hubo la correspondiente oscilación climática.
De manera que en esos milenios, tenemos dos períodos climáticos distintos: en el más antiguo se constituyó geológicamente un limo loéssico y en el segundo se depositó un loess pulverulento. Este último es el Cordobense con que culminó nuestro Pleistoceno.
Anteriormente a esos milenios, existió un largo período que en U.S.A. llaman Pre-Mankato, durante el cual llegaron al territorio del actual Nuevo México, las primeras agrupaciones de “paleo-indios”, poco numerosas, que desconocían el uso del arco y la flecha, eran cazadores nómades y empleaban como arma la jabalina y la lanza.
A nuestro territorio también pudieron llegar esos paleo-indios, durante ese mismo período templado.
En la región hoy ocupada por la Mar Chiquita y sus contornos, el terreno estaba cubierto por abundante vegetación herbácea y manchones boscosos.
Allí vivían los grandes mamíferos de la fauna pampeana y toda la gama de pequeños mamíferos, aves y reptiles de esa época. En sus ríos y arroyos debió haber pesca abundante y en sus bosques existían árboles, productores de vainas y semillas dulces.
Solamente faltaba el hombre para completar este cuadro del Paraíso.
Y ese hombre llegó desde el Norte, tremendamente bárbaro y sanguinario, interrumpiendo o transformando el ritmo de vida existente.
Por primera vez se elevaban al cielo en estas lujuriosas praderas, las columnas de humo de los festines humanos, sintiéndose el fuerte olor a carne asada.
Los pesados Glyptodontes fueron las preferidas víctimas propiciatorias de estos nuevos hambrientos cazadores. Y así quedó jalonado su paso con las gruesas caparazones boca arriba, vacías, como vasijas que hubieran sido dejadas de exprofeso, para que vinieran los pájaros a comer los restos del sangriento festín.
Pero también caballos, guanacos y ciervos, fueron presas preferidas de estos ágiles cazadores.
Siglos después empezó a cambiar el clima, que se hizo muy lluvioso y cada vez más frío, hasta convertirse en verdaderamente glacial, sin dejar de ser lluvioso. Y fué entonces que, con la acción del agua, el producto de la gran vegetación y el aporte de loess amarillento que trajeron los vendavales, se fué depositando lentamente, en un período de milenios, ese limo muy arcilloso que forma el piso del actual lago.
El Mastodonte, los Glyptodontes y Equus rectidens, cuyos huesos se han encontrado en ese sector de playa de la Mar Chiquita, vivieron en esa comarca en esa época. Toda la playa y todo el piso del actual lago, deben estar sembrados de huesos de esa fauna pampeana, completada con el gigantesco Megaterio, el escarbador Milodón, el corpulento Toxodón, que vivía en los innumerables lagos y lagunas de agua dulce de esa época.
El Hombre de Miramar, cuyos restos se han descubierto ahora, también vivió en ese largo período de milenios, pero hacia el final del mismo, talvez pocos siglos antes de que se produjera el gran hundimiento de la comarca, que produjo simultáneamente la depresión hoy ocupada por la Mar y el levantamiento de los altos que limitan la gran depresión por el Oriente.
Los huesos del Hombre de Miramar (Córdoba) indican claramente que constituyen restos de un festín de canibalismo.
Las marcas dejadas por las cuchilletas líticas, para desprender hasta el último vestigio de carne y de tendón, son muy visibles y más aún, los agujeros taladrados pacientemente con esos pequeños utensilios para extraer la médula.
Después del macabro festín, fué colocado el cráneo, destruido a golpes y los huesos largos sin sus extremos, en la posición en que los hemos encontrado miles de años después y se ve en la fotografía.
Por qué se realizó este simbólico acomodo?
Se trata evidentemente de una ceremonia ritual, de la cual formó parte el comerse crudo a este ser humano.
Una milenaria tradición de estos sanguinarios cazadores, descendientes de los portadores de la cultura musteriense.
“Quizás el fundamento del canibalismo, no debió estribar en motivos de carácter meramente económicos, sino que también pudo estar unido a la creencia de que, comiéndose la carne del vencido, pasaba al vencedor asimismo la fuerza y la preeminencia que en vida gozó la víctima” 14.
Brodrick 12 nos proporciona alguna información complementaria sobre estos festines rituales de la cultura musteriense.
En su Capítulo sobre los hallazgos de Monte Circeo (Italia) nos dice entre otras muchas cosas:
“Hace decenas de miles de años los hombres neandertaloides celebraban una especie de fiesta “ritual” y colocaban cráneos en forma que nos recuerda las prácticas entre algunos grupos actuales.
“Ahora bien, nuestro hombre de Monte Circeo no sólo había muerto violentamente sino que además, en apariencia, había sido comido.
“La costumbre poco deleitable de hundir a golpes la base dé los cráneos humanos —se supone que con el fin de alcanzar los sabrosos sesos— es casi, casi el truco más viejo que conocemos . Exprimir los cerebros ajenos es una vieja costumbre... y constituye quizás el primer acto simbólico. A. E. Hooton”.
“No podemos determinar si tales fiestas caníbales tuvieron desde un principio un significado ritual, o si lo adquirieron a medida que pasaba el tiempo y se fijaban —gracias a la tradición oral los ritos y dogmas nacidos de actos rituales. Pero tanto los festines rituales como las comuniones son prácticas antiquísimas”.
“... podemos concluir que en el corazón de Monte Circeo se registra la primera manifestación de ceremonialismo “religioso” de la humanidad, o por lo menos el primer caso conocido de un ceremonialismo no conectado directamente con ritos funerarios”.
Ha sido una suerte que no hayamos encontrado en este yacimiento prehistórico un esqueleto entero.
Nadie podrá pretender ahora que se trata del enterramiento de un pobre peón asesinado, ni de un indio de época moderna.
Si el estado de fosilización de los huesos y su posición “in situ” en la antigua capa geológica, no fueran suficientes, ahí está la evidente prueba de una milenaria ceremonia ritual de canibalismo, para demostrar en forma evidente, que este ser humano fué contemporáneo de la fauna fósil incluida en la misma capa geológica.
Estamos pues en presencia de un verdadero hombre fósil y esos huesos humanos son los más antiguos encontrados hasta ahora en América, o están entre los muy escasos huesos humanos de esa época que hayan sido encontrados hasta la fecha.
NOTA: Con posterioridad a la redacción de este informe preliminar no se ha podido efectuar ninguna otra observación en este yacimiento prehistórico debido a la gran creciente de la Mar Chiquita.
BIBLIOGKAFIA
1. KANTER, H.: “La Cuenca Cerrada de la Mar Chiquita’’. T. XXXII. Bol. Acad. Nac. Ciencias. Córdoba, 1932.
2. MONTES, Aníbal: “Cronología de nuestra Prehistoria’’. Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Córdoba, 1957.
3. MONTES, Aníbal: “El Pampeano Lacustre en relación con nuestra Prehistoria”. Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Córdoba, 1957.
4. MONTES, Aníbal: “El Holoceno en relación con nuestra Prehistoria”. Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Córdoba, 1955.
5. WORMTNGTON, II. M.: “Acient Man in North America”. 41 Edición Denver Mnseum, 1957.
6. HIBBEN, F. C.: “L’Home Primitif American”. Université de New México, 1953.
7. WALTER, H. V.: “A Pre-Historia de Regiao de Lagoa Santa (Minas Gerais) ”, 1945.
8. CASTELLANOS, Alfredo: “Antigüedad geológica del yacimiento de los restos humanos de la Gruta de Candonga (Córdoba) ’ ’, 1943.
9. BRYAN, Kirk: “Recent Work an Early Man at the Gruta de Candonga in thc Argentine Rcpublic”, 1945.
10. MARTINEZ DEL RIO, P.: “Los orígenes americanos”, 31 Edición México, 1952.
11. SELLARS, E. H.: “Early Man in America”. University of Texas, 1952.
12. BRODRICK HOUGNTON, .A: “El hombre prehistórico”. Edición en Castellano. México, 1955.
13. MENGH1N, Osvaldo A.: “El Protolítico en América” en Acta Prehistórica, I. Buenos Aires, 1957.
14. OBERMAIER, H. y GARCIA BELLIDO, A.: “El Hombre Fósil”. 41 Edición. Madrid, 1947.