Cartas de Calfucurá

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Cartas de Calfucurá. Índice

Al Gobernador de la Provincia de Córdoba, Alejo del Carmen Guzmán. Salinas Grandes, septiembre de 1854 
Al mayor Francisco Iturra. Salinas Grandes, 6 de mayo de 1856
A José Benito Valdés (Valdebenito). Salinas Grandes, septiembre 11 de 1856
Al mayor Francisco Iturra.  Salinas Grandes, septiembre 12 de 1856
Al mayor Francisco Iturra. Salinas Grandes, septiembre 26 de 1856
Al Presidente de la Confederación Argentina, Justo José de Urquiza. sin lugar, febrero 4 de 1857
Al Presidente de la Confederación Argentina, Justo José de Urquiza. Salinas Grandes, junio 9 de 1857
De José María Bulnes Yanquetruz a Calfucurá. Valcheta, agosto 3 de 1857
Al mayor Fancisco Iturra. Salinas Grandes, noviembre 6 de 1857
Al coronel Manuel Baigorria.  Salinas Grandes, diciembre 1º de 1857
Al Presidente de la Confederación Argentina, Justo José de Urquiza. Salinas Grandes, diciembre 1º de 1857
De Mangil Wenu a Calfucurá. Dumo, mayo 1º de 1860
Al general Justo José de Urquiza. Michitué, abril 22 de 1861
Al general Juan Esteban Pedernera. Michitué, abril 25 de 1861
Al coronel Ignacio Rivas. Michitué, abril 26 de 1861
Al coronel Pedro Navarro. Michitué, abril 27 de 1861
Al general Emilio Conesa. Michitué, abril 27 de 1861
De Bartolomé Mitre a Calfucurá. Buenos Aires, enero 10 de 1863
Al Presidente de la República Argentina, Bartolomé Mitre. Chilhué, marzo 8 de 1863
Al coronel Ignacio Rivas. Chilhué, abril de 1863
Al coronel Ignacio Rivas. Chilhué, junio de 1863 (I)
Al coronel Ignacio Rivas. Chilhué, junio de 1863 (II)
Al Presidente de la República Argentina, Bartolomé Mitre. sin lugar, julio 6 de 1864
Al coronel Benito Machado. sin lugar, febrero 21 de 1865
Al coronel Álvaro Barros. Salinas Grandes, septiembre 17 de 1868
Al coronel coronel Juan Boer. La Verde, marzo 5 de 1872
Al Ministro de la Guerra y Marina de la República Argentina, Martín de Gainza. Salinas Grandes, julio 22 de 1872 
Al Ministro de la Guerra y Marina de la República Argentina, Martín de Gainza. Salinas Grandes, julio 27 de 1872
Al coronel Julián Murga. Salinas Grandes, octubre de 1872 (I)
Al coronel Julián Murga. Salinas Grandes, octubre de 1872 (II)
Al Ministro de la Guerra y Marina de la República Argentina, Martín de Gainza. Salinas Grandes, enero 30 de 1873 
Al coronel Julián Murga. Salinas Grandes, marzo 8 de 1873
Carta al general Emilio Conesa
Michitué, abril 27 de 1861

Michitué, abril 27 de l861.

Querido hermano: He recibido su apreciable de fecha 11 del presente por su enviado Sandoval; que me alegré mucho de saber que se hallaba bueno; de antes le hago acuerdo que cuando usted estuvo en Pillahuincó, que le mandé mi hijo Namuncurá á visitarlo; desde ese tiempo no he tenido el gusto de comunicarme con usted; pero no crea mi hermano que yo lo haya olvidado nunca, no; porque yo siempre he tenido recuerdos de mi hermano; ahora tiempos pasados le mandé una carta, pero como usted no estaba, no la recibió: pero de aquí adelante nos hemos de comunicar más seguido y desearé que al recibir ésta lo encuentre á usted gozando de la más perfecta salud.

Querido hermano: Le diré también que yo por aquí me hallo bueno con toda mi familia y también que están buenos mis hijos Namuncurá y Catruncurá, que son los que usted conoce, y le mandan muchos recuerdos.

Querido hermano: También le diré que he recibido su apreciable carta, donde me da usted muy buenos consejos; los aprecio porque me aconseja un hombre sabio y de mucha experiencia; me manda decir que con la guerra no se hace nada de bueno; yo también reconozco que es así.

Querido hermano; también le diré que yo nunca he ido á invadir á ninguna parte por mi voluntad, sino porque me han hecho llamar que les fuera á ayudar.

Pero ahora le digo también que ya basta por mi parte; yo he sabido que están formando batallones y escuadrones para pelear entre ustedes; pero yo le respondo que yo no he de ir à ayudar á ninguno; también le diré que he hecho juntar todos mis caciques y les he dicho que estaba haciendo las paces con mi compadre Rivas, y les pregunté que hacía bien y me contestaron que si, que era muy bien hecho; que hiciera yo la paz; entonces yo les dije que después que hiciera yo la paz, si estarían sujetos á mis órdenes; que si no me harían quedar mal; me contestaron todos que no me habían de hacerme quedar mal; que no irían á invadir á ninguna parte.

Querido hermano: También le manifiesto que no hago miras nunca de hacer invadir á ninguna parte; le diré también que si esta carta lo encuentra en el Azul les manifieste á todos sus amigos los deseos que tengo de la paz y si lo encuentra en Buenos Aires le manifieste lo mismo al Gobierno.

Querido hermano: También le doy á saber que cuando he recibido la carta de mi compadre Rivas y la suya, hice juntar á todos mis caciques, en presencia de Sandoval; le podrá usted preguntarle si es verdad; el cacique Quentrel, Pinas, Mainqueras, Cañumil, el mayor Andrés, el capitán Romero, Lanquimán. y en fin, todos los demás caciques y capitanes, y les pregunté: ¿Quieren que les haga leer las cartas que me mandan mis amigos, Rivas y Juan Cornel? Me dijeron que era bueno; y entonces les hice leer.

Y les dije: ¿qué les parece lo que me mandan decir mis amigos?, que es bueno que vivamos en paz y tranquilos para siempre, que con la guerra siempre se morían algunos parientes ó algunos hermanos, y que la guerra no traía otra cosa que hacernos pasar malos ratos y de disgustos á nosotros lo mismo que á ustedes; y entonces yo les dije qué les parecía; si no decían bien mi hermano y mi compadre Rivas, y entonces todos me contestaron que si, que hablaban muy bien y que mejor vivir en paz que en guerra, y que era cierto que la guerra hacía siempre perecer algunos parientes y que daba mucho que sentir.

También le diré que antes cuando gobernaba don Juan Manuel, con él habíamos hecho las paces para siempre; y entonces iban los ranqueles á invadir, y Rosas me mandaba decir que es un pícaro Calfucurá, que manda siempre invadir; y entonces le contesté que yo no gobernaba esa indiada: que ellos tenían su jefe aparte, y que á más de eso estaban muy retirados de aquí ellos; que por eso no los podía gobernar; pero que le avisaría cuando fuesen á invadir; y que él de ese lado les pegase golpes, que yo también de aquí les pegaría; y así le digo á mi hermano que cuando tengamos la paz firme, si algunos caciques quieren ir á robar, yo les avisaré para que los castiguen; que yo también haré lo mismo aquí.

Querido hermano: Después que tuve esta larga conversación con mis caciques, les dije que iba á mandar una comisión á Buenos Aires, y voy á mandar al cacique Pinas, Vanchuquir, Lanquimán, mayor Andrés, Puel, Marillán, Cayuqueo y á mi hijo Ciriaco se lo recomiendo mucho; estos hombres los mando para que aconsejen bien y me los regalen también lo mejor que puedan, porque son los hombres que me podrían hacer quedar mal en mis tratados, y después que vengan yo les preguntaré: ¿qué tal les parece? ¿es mejor estar en paz y traer hierba, azúcar, tabaco, y en fin, todo lo que les regalan?; á ver qué contestarán.

Querido hermano: También le voy á decir que cuando esté en el Azul, que me mande avisar, porque mis dos hijos Namuncurá y Catruncurá tienen muchos deseos de verlo; siempre se recuerdan de usted, porque los ha tratado bien, querido amigo; cuando me mande avisar que está en el Azul ira el uno ó el otro de mis hijos, ó bien Namuncurá ó bien Catruncurá á visitarlo. También le voy á pedir á mi hermano que me mande 100 yeguas. Esto se lo pido porque tengo confianza con mi hermano, y á más estoy esperando pronto los chilenos que me vienen á visitar y no tengo qué darles para comer.

Querido tío, recibirá usted de mi parte, Namuncurá, mil expresiones; se recuerda usted cuándo nos vimos en Pillahuincó, que no nos hemos visto más desde ese tiempo; he andado por Entre Ríos, y ahora poco he venido al lado de mi padre, y le diré que me hallo con perfecta salud con toda mi familia, y deseo que mi tío, al recibir ésta, se halle gozando de la más perfecta salud y toda la familia lo mismo; recibirá usted de parte de mi hermano, lo mismo por ahora; sin más cuando vaya yo ó mi hermano, le escribiré más largo.

Querido hermano: Dispénseme por ahora no le digo más; más tarde le escribiré más largo, y usted hará lo mismo.

Querido hermano: Con respecto á la semilla de algarrobo y de chabar, que me ha pedido, siento en el alma no poderle mandar, por el motivo que no hay este año; ha pasado una nube de langostas que acabaron la fruta y han dejado los árboles pelados; con respecto á los piñones y la hierba de pintar las mantas, aquí no hay; pero como van á venir los chilenos, ellos saben traer y entonces tendré el gusto de mandarle todo; con respecto á las mulas, me dispensará, porque ahora no tengo porque los chilenos como son muy amantes á las mulas me las piden y me las llevan todas; pero, no importa, yo procuraré dos mulas buenas que valgan la pena de agradecerme y se las mandaré en otro viaje.

Querido hermano: Le voy á hablar un poco con respecto á Culuque, que se ha ido á dar la mano al Gobierno y entregarle el corazón; que yo no sé por dónde ha pasado, si es por la Federación ó por el Bragado, pues le diré también que Culuque él solo quiere ser grande; él está junto con los ranqueles, y para el caso los gobierna, porque entonces no le habrá dicho también al Gobernador que los ranqueles, que han ido á invadir no sé yo á qué punto, pero sé que han ido porque no le dijo que él los gobernaba para el caso y echar las culpas á mi como me las echan; yo no gobierno á esas tribus, sino que es él que las gobierna. Dígale á su Gobernador que yo gobierno esta tribu de los pampas, como él gobierna la provincia de Buenos Aires, y Urquiza la provincia de Entre Ríos; y así que si van los ranqueles á invadir, que no me eche las culpas á mí, porque yo no he de ir á invadir á ninguna parte; que, al contrario, cuando yo llegue á saber que van á invadir, que lo he de avisar quiénes son.

Querido hermano: También le diré que yo no estoy en estas tierras por mi gusto, ni tampoco soy de aquí, sino que fui llamado por don Juan Manuel, porque estaba en Chile y soy chileno; y ahora hace como treinta años que estoy en estas tierras; pero yo nunca he invadido por gusto, sino porque me han ordenado; bien: yo con Rosas estaba en paz y los ranqueles siempre me hacían quedar mal y me daban las culpas á mí y entonces los ranqueles me pedían que no les hiciera nada y les perdonaba; pero ahora si me hacen lo mismo, yo sé lo que he de hacer, y así es que le vuelvo á repetir que porque Coliqueo no le ha dicho al Gobierno que eran los ranqueles que siempre iban á invadir cuando hacia las paces yo, para hacerme quedar mal. Le vuelvo á repetir, querido hermano, que le diga al Gobernador, como yo le digo, y entonces él sabrá que hacer con Coliqueo y los ranqueles.

Espero que mi hermano hará todas las diligencias en mi nombre. Su hermano para siempre.

Juan Calfucurá


Fuente : Museo Mitre. Archivo del General Mitre, Buenos Aires.

 

Correspondencia de caciques de la Pampa y Patagonia en el Siglo XIX.