Cartas de Calfucurá
|
| Carta al general Emilio Conesa Michitué, abril 27 de 1861 |
Michitué, abril 27 de l861.
Querido hermano: He recibido su apreciable de fecha 11 del presente por su enviado Sandoval; que me alegré mucho de saber que se hallaba bueno; de antes le hago acuerdo que cuando usted estuvo en Pillahuincó, que le mandé mi hijo Namuncurá á visitarlo; desde ese tiempo no he tenido el gusto de comunicarme con usted; pero no crea mi hermano que yo lo haya olvidado nunca, no; porque yo siempre he tenido recuerdos de mi hermano; ahora tiempos pasados le mandé una carta, pero como usted no estaba, no la recibió: pero de aquí adelante nos hemos de comunicar más seguido y desearé que al recibir ésta lo encuentre á usted gozando de la más perfecta salud.
Querido hermano: Le diré también que yo por aquí me hallo bueno con toda mi familia y también que están buenos mis hijos Namuncurá y Catruncurá, que son los que usted conoce, y le mandan muchos recuerdos.
Querido hermano: También le diré que he recibido su apreciable carta, donde me da usted muy buenos consejos; los aprecio porque me aconseja un hombre sabio y de mucha experiencia; me manda decir que con la guerra no se hace nada de bueno; yo también reconozco que es así.
Querido hermano; también le diré que yo nunca he ido á invadir á ninguna parte por mi voluntad, sino porque me han hecho llamar que les fuera á ayudar.
Pero ahora le digo también que ya basta por mi parte; yo he sabido que están formando batallones y escuadrones para pelear entre ustedes; pero yo le respondo que yo no he de ir à ayudar á ninguno; también le diré que he hecho juntar todos mis caciques y les he dicho que estaba haciendo las paces con mi compadre Rivas, y les pregunté que hacía bien y me contestaron que si, que era muy bien hecho; que hiciera yo la paz; entonces yo les dije que después que hiciera yo la paz, si estarían sujetos á mis órdenes; que si no me harían quedar mal; me contestaron todos que no me habían de hacerme quedar mal; que no irían á invadir á ninguna parte.
Querido hermano: También le manifiesto que no hago miras nunca de hacer invadir á ninguna parte; le diré también que si esta carta lo encuentra en el Azul les manifieste á todos sus amigos los deseos que tengo de la paz y si lo encuentra en Buenos Aires le manifieste lo mismo al Gobierno.
Querido hermano: También le doy á saber que cuando he recibido la carta de mi compadre Rivas y la suya, hice juntar á todos mis caciques, en presencia de Sandoval; le podrá usted preguntarle si es verdad; el cacique Quentrel, Pinas, Mainqueras, Cañumil, el mayor Andrés, el capitán Romero, Lanquimán. y en fin, todos los demás caciques y capitanes, y les pregunté: ¿Quieren que les haga leer las cartas que me mandan mis amigos, Rivas y Juan Cornel? Me dijeron que era bueno; y entonces les hice leer.
Y les dije: ¿qué les parece lo que me mandan decir mis amigos?, que es bueno que vivamos en paz y tranquilos para siempre, que con la guerra siempre se morían algunos parientes ó algunos hermanos, y que la guerra no traía otra cosa que hacernos pasar malos ratos y de disgustos á nosotros lo mismo que á ustedes; y entonces yo les dije qué les parecía; si no decían bien mi hermano y mi compadre Rivas, y entonces todos me contestaron que si, que hablaban muy bien y que mejor vivir en paz que en guerra, y que era cierto que la guerra hacía siempre perecer algunos parientes y que daba mucho que sentir.
También le diré que antes cuando gobernaba don Juan Manuel, con él habíamos hecho las paces para siempre; y entonces iban los ranqueles á invadir, y Rosas me mandaba decir que es un pícaro Calfucurá, que manda siempre invadir; y entonces le contesté que yo no gobernaba esa indiada: que ellos tenían su jefe aparte, y que á más de eso estaban muy retirados de aquí ellos; que por eso no los podía gobernar; pero que le avisaría cuando fuesen á invadir; y que él de ese lado les pegase golpes, que yo también de aquí les pegaría; y así le digo á mi hermano que cuando tengamos la paz firme, si algunos caciques quieren ir á robar, yo les avisaré para que los castiguen; que yo también haré lo mismo aquí.
Querido hermano: Después que tuve esta larga conversación con mis caciques, les dije que iba á mandar una comisión á Buenos Aires, y voy á mandar al cacique Pinas, Vanchuquir, Lanquimán, mayor Andrés, Puel, Marillán, Cayuqueo y á mi hijo Ciriaco se lo recomiendo mucho; estos hombres los mando para que aconsejen bien y me los regalen también lo mejor que puedan, porque son los hombres que me podrían hacer quedar mal en mis tratados, y después que vengan yo les preguntaré: ¿qué tal les parece? ¿es mejor estar en paz y traer hierba, azúcar, tabaco, y en fin, todo lo que les regalan?; á ver qué contestarán.
Querido hermano: También le voy á decir que cuando esté en el Azul, que me mande avisar, porque mis dos hijos Namuncurá y Catruncurá tienen muchos deseos de verlo; siempre se recuerdan de usted, porque los ha tratado bien, querido amigo; cuando me mande avisar que está en el Azul ira el uno ó el otro de mis hijos, ó bien Namuncurá ó bien Catruncurá á visitarlo. También le voy á pedir á mi hermano que me mande 100 yeguas. Esto se lo pido porque tengo confianza con mi hermano, y á más estoy esperando pronto los chilenos que me vienen á visitar y no tengo qué darles para comer.
Querido tío, recibirá usted de mi parte, Namuncurá, mil expresiones; se recuerda usted cuándo nos vimos en Pillahuincó, que no nos hemos visto más desde ese tiempo; he andado por Entre Ríos, y ahora poco he venido al lado de mi padre, y le diré que me hallo con perfecta salud con toda mi familia, y deseo que mi tío, al recibir ésta, se halle gozando de la más perfecta salud y toda la familia lo mismo; recibirá usted de parte de mi hermano, lo mismo por ahora; sin más cuando vaya yo ó mi hermano, le escribiré más largo.
Querido hermano: Dispénseme por ahora no le digo más; más tarde le escribiré más largo, y usted hará lo mismo.
Querido hermano: Con respecto á la semilla de algarrobo y de chabar, que me ha pedido, siento en el alma no poderle mandar, por el motivo que no hay este año; ha pasado una nube de langostas que acabaron la fruta y han dejado los árboles pelados; con respecto á los piñones y la hierba de pintar las mantas, aquí no hay; pero como van á venir los chilenos, ellos saben traer y entonces tendré el gusto de mandarle todo; con respecto á las mulas, me dispensará, porque ahora no tengo porque los chilenos como son muy amantes á las mulas me las piden y me las llevan todas; pero, no importa, yo procuraré dos mulas buenas que valgan la pena de agradecerme y se las mandaré en otro viaje.
Querido hermano: Le voy á hablar un poco con respecto á Culuque, que se ha ido á dar la mano al Gobierno y entregarle el corazón; que yo no sé por dónde ha pasado, si es por la Federación ó por el Bragado, pues le diré también que Culuque él solo quiere ser grande; él está junto con los ranqueles, y para el caso los gobierna, porque entonces no le habrá dicho también al Gobernador que los ranqueles, que han ido á invadir no sé yo á qué punto, pero sé que han ido porque no le dijo que él los gobernaba para el caso y echar las culpas á mi como me las echan; yo no gobierno á esas tribus, sino que es él que las gobierna. Dígale á su Gobernador que yo gobierno esta tribu de los pampas, como él gobierna la provincia de Buenos Aires, y Urquiza la provincia de Entre Ríos; y así que si van los ranqueles á invadir, que no me eche las culpas á mí, porque yo no he de ir á invadir á ninguna parte; que, al contrario, cuando yo llegue á saber que van á invadir, que lo he de avisar quiénes son.
Querido hermano: También le diré que yo no estoy en estas tierras por mi gusto, ni tampoco soy de aquí, sino que fui llamado por don Juan Manuel, porque estaba en Chile y soy chileno; y ahora hace como treinta años que estoy en estas tierras; pero yo nunca he invadido por gusto, sino porque me han ordenado; bien: yo con Rosas estaba en paz y los ranqueles siempre me hacían quedar mal y me daban las culpas á mí y entonces los ranqueles me pedían que no les hiciera nada y les perdonaba; pero ahora si me hacen lo mismo, yo sé lo que he de hacer, y así es que le vuelvo á repetir que porque Coliqueo no le ha dicho al Gobierno que eran los ranqueles que siempre iban á invadir cuando hacia las paces yo, para hacerme quedar mal. Le vuelvo á repetir, querido hermano, que le diga al Gobernador, como yo le digo, y entonces él sabrá que hacer con Coliqueo y los ranqueles.
Espero que mi hermano hará todas las diligencias en mi nombre. Su hermano para siempre.
Juan Calfucurá
Fuente : Museo Mitre. Archivo del General Mitre, Buenos Aires.
Correspondencia de caciques de la Pampa y Patagonia en el Siglo XIX.
|