Descripción de la Provincia de Esmeraldas

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Pedro Vicente MaldonadoEn 1735 Pedro Vicente Maldonado tomó a su cargo la construcción de un camino entre Quito y Esmeraldas, a cambio recibiría el usufructo de la obra y la Gobernación de la Provincia de Esmeraldas para dos vidas, la suya y la de su hijo o heredero. Su "Memorial Impreso" realizado para informar a la Corona, es la primera descripción científica de la provincia de Esmeraldas, con posiciones, distancias, pueblos, número de habitantes, costumbres y tradiciones.

El autor confiesa que entró a ciegas en proyecto, movido por el ideal del ideal del bien público, sin suponer los esfuerzos que requeriría tanto en trabajo como en dinero. Su obra fue recompensada: el informe del Consejo de Indias acerca de su Memorial resultó ampliamente favorable y el 23 de octubre de 1747 se dictaron 15 cédulas reales, concediéndole a Maldonado sus peticiones en torno al camino, al gobierno, los títulos, la jurisdicción, el sueldo, las poblaciones, el control sobre la acción de los sacerdotes de la provincia y los nombramientos de funcionarios. Fallecerá al año siguiente y los caminos quedarán abandonados.

Aquí presentamos un extracto publicado en Prosistas de la Colonia. Siglos XV - XVIII. Miguel Sanchez Astudillo. 1959. Páginas 439-462:

Descripción de la Provincia de Esmeraldas. Memorial Impreso 

Mapa. Tierra de las Esmeraldas

Representación que hace a Su Majestad el Gobernador de la Provincia de Esmeraldas, don Pedro Vicente Maldonado, sobre la apertura del nuevo camino, que ha descubierto a su costa y expensas, y sin gasto alguno de la Real Hacienda; empresa no conseguida hasta ahora, aunque, con el mayor anhelo, se ha solicitado de orden de Su Majestad por espacio de más de un siglo, para facilitar por este medio las considerables utilidades y favorables efectos, que no podrán dejar de resultar con el frecuente y recíproco comercio entre la Provincia de Quito y Reino de Tierra Firme. Dase noticia de la situación, distancias, pueblos, vasallos, doctrinas, ríos, frutos, puertos y costa de la referida Provincia de Esmeraldas, y demás que ha observado este Gobernador, en el dilatado tiempo que estuvo ocupado en la apertura y descubrimiento de dicho camino; y últimamente se proponen varias providencias para el establecimiento y subsistencia, así en lo espiritual, como en lo temporal, de dicho Gobierno y Provincia de Esmeraldas.

Señor:

Don Pedro Maldonado Sotomayor, Gobernador y Teniente de Capitán General de la Provincia de las Esmeraldas, en vuestros reinos del Perú, puesto a los reales pies de Vuestra Majestad, con el más profundo respeto y veneración dice: Que siempre se ha temido por muy útil, conveniente y aún necesario al real servicio, a la causa pública y a vuestro erario real, el establecimiento de un mutuo y recíproco comercio entre las ciudades de Quito y Panamá y que, no habiendo entre ellas otra diferencia de distancias que la de un grado de longitud y nueve de latitud de los de a diecisiete leguas y media castellanas, con la favorable circunstancia de que la de Quito dista sólo treinta y un leguas de elevación de la Mar del Sur, en cuyas costas está la de Panamá; la única senda que, en el espacio de casi dos siglos, han tenido estas ciudades para su correspondencia, ha sido la desviada y retorcida que, por tierra y río, corre desde Quito al puerto y ciudad de Guayaquil, situada en tres grados de latitud austral, carrera que tiene en sí todos los obstáculos que dificultan un vivo, útil y frecuente comercio.

2. Lo primero, porque, desde Quito a Guayaquil, se camina casi al sur por rumbo opuesto y absolutamente contraria al del norte, en que está situado Panamá; por cuya razón se rodean como 180 leguas más que si se caminara en derechura desde Quito a Panamá, aunque por elevación sean algunas menos, como se puede ver en cualquiera mapa geográfico.

3. Lo segundo, porque, de estas 180 leguas, que se rodean desde Quito a Panamá por la vía de Guayaquil, las 90 de tierra y río, que hay hasta llegar a este puerto, son en la mayor parte de camino doblado y retorcido, con montes, quiebras ásperas y profundas, y ríos rápidos atravesados, en que por falta de puentes se han experimentado muchas desgracias, como también por tener algunas jornadas desiertas.

4. Lo tercero, porque, aun en esta única vereda para el mar, que por no haber otra es apreciable y se transita con resignación, se llega a cerrar la mitad del año, en que, durando otro tanto el invierno, crecen los ríos, se roban los caminos, y se inundan de tal suerte las llanuras de la jurisdicción de Guayaquil, que, por debajo de las casas que se habitan por verano, pasan las canoas por invierno, imposibilitando no sólo los comercios, sino aún privando a Quito y a todos los lugares de su provincia de las noticias de las embarcaciones que salen y entran a Guayaquil de los puertos de Panamá, México y el Perú.

5. Estas dificultades, que ocasionan continuas pérdidas, riesgos, gastos y detenciones a los mercaderes y comerciantes, en perjuicio de la causa pública, son las que hasta el presente tiempo tienen a la provincia de Quito en tan débil, escasa, y costosa correspondencia con los demás reinos, que ni puede lograr cómodamente los géneros de Europa y frutas de la América, ni expender los suyos, socorriendo con ellos al Reino de Tierra Firme y provincias del Chocó y Barbacoas, que tanto los necesitan, quedando por esto la provincia de Quito, como si fuera una de las más retiradas del mar, privada del beneficio que pudiera lograr en vivos y frecuentes comercios, que en todo el mundo son los espíritus vivificantes de los reinos, y las del Chocó y Barbacoas y ciudad de Panamá, sin los socorros y auxilios que en tiempo de paz y guerra pudiera comunicarles la referida provincia de Quito.

6. En fuerza de estas consideraciones, se ha discurrido mucho sobre el descubrimiento y apertura de un nuevo camino que, cortando desde aquella ciudad la corta distancia de tierra que la separa del Mar del Sur, saliese a algún puerto de la costa, desde donde las embarcaciones pudiesen hacer en breve tiempo sus viajes de ida y vuelta al de Panamá para establecer sus comercios y socorrer, así en tiempo de paz, como de guerra, las urgencias que ocurren en el referido Reino de Tierra Firme.

7. Pero, siempre se ha tenido por muy dificultoso y casi imposible reducir a práctica lo que sobre esto se ha discurrido, por ser preciso dirigir este nuevo camino por encima de la cordillera de Pichincha y montañas de las Esmeraldas, que intermedian entre el territorio de los corregimientos de Quito, Otavalo, villa de Ibarra y la Mar del Sur, y no haber parte alguna de éstas en que dicha cordillera de Pichincha no sea eminente, doblada, tajada de peñas y cortada de precipicios, y en que sus caídas, faldas y llanuras occidentales, que bajan hasta la costa del mar, no estén cubiertas de bosques, estorbadas de colinas y cortadas de los muchos ríos que nacen de ella, y de los demás que riegan y atraviesan las jurisdicciones de los tres mencionados corregimientos, de cuyo conflujo se forman los más caudalosos de aquellas montañas, que son: el de Esmeraldas o Río Blanco, el de Santiago, y el de Mira, que, haciéndose navegables en sus fines, vienen a descargar en la Mar del Sur.

8. Considerándose invencibles estas dificultades, quedaron reputadas aquellas montañas por intrajinables, desiertas e inhabitables; pues, aunque se tenía noticia que había en ellas unos pueblos cortos de indios que, después que se redujeron a la fe cristiana, tenían curas doctrineros, y unas ciertas veredas difíciles, embreñadas y retorcidas por donde éstos entraban y salían, en partes a pie, y en partes cargados a espaldas de los mismos indios, haciendo grande mérito en la resignación con que se exponían a graves riesgos de la vida y a continuas penalidades, y aunque del mismo modo salían por las mismas veredas una y otra vez algunos pasajeros de las embarcaciones que arribaban a las costas de Esmeraldas, que, por librarse de los riesgos del mar, elegían, afligidos y despechados, exponerse a los de tierra, aunque fuese la más áspera y embreñada; las mismas pinturas y relaciones que de aquellos países hacían los unos y los otros ratificaban en todos el concepto de que por aquellas montañas incultas y fragosas era imposible conseguir jamás un camino transitable para los comercios.

9. Pero, sin embargo de estas dificultades, ha más de un siglo que, de tiempo en tiempo, algunos animosos y celosos vasallas de Vuestra Majestad se esforzaron a romper un nuevo camino, y en efecto lo emprendieron en distintas ocasiones por los parajes que cada uno consideró menos fragosos; cuyas empresas, no sólo no tuvieron el éxito deseado, sino, que, con las pérdidas de sus caudales y aún de sus vidas, terminaron en funestas consecuencias, que dejaron para la posteridad muchos escarmientos y desengaños; hasta que el Suplicante, superando tan arduas dificultades, a costa de muchas fatigas, imponderables riesgos y muy crecidos gastos de su propio caudal, y sin alguno de la Real Hacienda, ha conseguido la apertura de dicho camino, habiéndose verificado ya por él algunos de los favorables efectos que se esperaban con su descubrimiento.

10. Por los utilísimos y ventajosos, que se ha considerado siempre no podrían menos de seguirse, así al público como al real erario, facilitándose un recíproco y mutuo comercio entre las ciudades de Quito y Panamá, se halla haber mandado repetidamente los gloriosos predecesores de Vuestra Majestad, en diferentes Cédulas... se solicitase por todos medios el descubrimiento de un nuevo camino, porque, de conseguirse y entablarse por él una fácil y breve correspondencia y comunicación entre la provincia de Quito y Reino de Tierra Firme, sin las muchas penalidades, que no pueden menos de experimentarse, y precisos costos, que no pueden dejar de hacerse por la carrera de Guayaquil a causa de su larga distancia, forzosamente habrían de resultar las considerables conveniencias y favorables efectos, que se expresarán inmediatamente.

11. Lo primero, porque siendo el Reino de Tierra Firme la llave y paso de los dos Mares de Norte y Sur, península tan precisa, como ha manifestado la experiencia desde el descubrimiento de las Indias, y siendo al mismo tiempo tan estéril de mantenimientos, que sólo produce maíz, plátanos y carne de vaca, abundará de todo, conduciéndose desde Quito por este nuevo camino los alimentos de que carece, y no habrá necesidad de esperarlos del Perú y de Chile, con la incomodidad e inconvenientes que se padecen por su larga distancia, lográndolos frescos y baratos, no sólo los habitadores del referido Reino de Tierra Firme, sino es también los del comercio de España, por cuyo medio se evitarán también las costosas incomodidades y pestes que se han experimentado, principalmente en tiempo de ferias, por haberlos obligado la necesidad a mantenerse con frutos corrompidos; cuya utilidad tan apreciable en tiempo de paz, por lo mucho que importa, como saben todos, la subsistencia y conservación del referido Reino de Tierra Firme, por ser el antemural y defensa de todo el del Perú, será de mucha mayor, consideración en tiempo de guerra, porque, por este nueva camino, fácilmente y con prontitud podrá ser socorrida Panamá de gente, bastimentos, municiones, pólvora y demás auxilios en las ocasiones que fuere necesario para defender el Reino de Tierra Firme, sus plazas y castillos, que con grande dificultad y pérdida se ha conseguido hasta ahora por la vía de Guayaquil, por ser intrajinable en los seis meses de invierno el camino por tierra desde la ciudad de Quito a aquel puerto, por las inundaciones que padece en ellos aquella provincia, siendo preciso para subir desde el de Panamá al referido Guayaquil, para dar aviso de las invasiones y hostilidades que puede padecer el Reino de Tierra Firme y solicitar los socorros y auxilios necesarios, montar los peligrosos cabos y puntas de su costa, lo que, por no poderse ejecutar sin mucha dilación y trabajo en los ocho meses, desde el mayo en adelante, por los vientos contrarios, se ven obligadas las embarcaciones a arribar al puerto de Atacames, entre el cual y el de Panamá no se hallan semejantes obstáculos, pudiéndose subir desde aquel con comodidad por el río de Esmeraldas o Blanco, y salir en derechura por el nuevo camino, que ha abierto el Suplicante, a la ciudad de Quito, para dar pronta noticia de cualquiera urgencia y conducir de vuelta con brevedad y facilidad todo género de bastimentos al referido puerto de Panamá.

12. Lo segundo, porque trajinándose este nuevo camino se seguirá también beneficio a los navíos en el viaje desde Panamá al Puerto del Callao, que, por engorgonarse de ordinario al subir con las corrientes de las aguas y no poder salir de la ensenada de la Gorgona, padecen graves daños, que no experimentarán, pudiendo ser socorridos con brevedad y facilidad por el nuevo camino y río Blanco o de Esmeraldas con bastimentas y pertrechos de la referida provincia de Quito.

13. Lo tercero, porque, con la misma brevedad y facilidad se podrán conducir los pliegos, así del real servicio, como de particulares, cosa importantísima en todos tiempos y principalmente en el de guerra; por cuyo medio lograrán también más pronto y fácil viaje a sus respectivos destinos los provistos por Vuestra Majestad para obispados, canonjías y otras prebendas eclesiásticas, plazas de Audiencias, Gobiernos y otros empleos, de cuyo beneficio participarán también los demás pasajeros que desde Panamá hubieren de hacer viaje para la provincia de Quito y otras partes del Reino del Perú.

14. Lo cuarto, porque, los mercaderes de Quito, que tienen que bajar a Cartagena a hacer empleos de ropas de Castilla, en que con muchas incomodidades gastan un año para hacer tan dilatado y penoso viaje, con mucho menos costo y en más breve tiempo podrán hacerle a Portobelo, feria más barata que la de Cartagena, de que resultará tener estos géneros los vecinos de Quito con más conveniencia y a menores precios que a los que se compran, y pueden vender los dichos mercaderes conduciéndolos desde Cartagena.

15. Lo quinto, porque, por este medio tendrá salida la provincia de Quito de los muchos frutos de que abunda lo fértil y fructífero de su terreno, por los que se conducirán a Panamá y Reino de Tierra Firme y a las provincias de Barbacoas y el Chocó, los que comprarán dando su valor en oro los mineros de ellos, cuyos frutos por no tener salida se pierden muchos años, dejando de sembrar muchos por esta causa, lo que no sucederá así, sino que antes bien se aumentarán las sementeras de dicha Provincia de Quito, teniendo países vecinos donde despacharlos y consumirlos, con lo que conseguirán, también mayor aumento los diezmos y consiguientemente los reales novenos, evitándose en gran parte al mismo tiempo la extracción de las considerables porciones de plata con que regularmente bajan los mercaderes de Quito sin llevar frutos algunos a las ferias de galeones, así porque por el nuevo camino llevarán dichos frutos a Panamá, donde los venderán, empleando su producto en ropas de Castilla, como porque los de Panamá subirán con ellas a Quito, donde podrán permutarlas con frutos de la tierra, con lo que aquella provincia quedará rica y abundante y no pobre y exhausta como ahora se halla por no tener salida de los frutos de que tanto abunda, no pudiendo conseguir este beneficio en la mayor parte del año por la vía de Guayaquil, por la larga distancia y demás, que, como se ha expuesto antecedentemente, dificulta por ello el comercio y frecuente comunicación de dicha provincia de Quito con el expresado Reino de Tierra Firme.

16. Lo sexto y último, porque también resultará el que los vecinos y comerciantes de la Provincia de Quito no tengan que pasar siempre a Lima, como ahora lo hacen, para despachar los paños, sarguetas, bayetas, estameñas, lienzos de algodón y otras bujerías que se fabrican en la misma provincia, porque haciendo su viaje par el nuevo camino algunos mercaderes de Lima a la vuelta de las ferias de Portobelo, comprarán en Quito estos géneros a su elección y con conveniencia, o los permutarán con ropas de Castilla, para conducirlos a aquella capital y extenderlos en las provincias de arriba.

17. Para que lograse el público el beneficio de tan considerables utilidades; han sido muchos los que han intentado por espacio de más de un siglo la apertura y descubrimiento de este nuevo camino, aunque ninguno lo ha conseguido si no es el Suplicante, como deja expuesto a Vuestra Majestad antecedentemente. [...]

57. En cuya consecuencia, con indecible desvelo, suma fatiga, imponderables riesgos, y muy crecidos gastos de su propio caudal, puso en planta el Suplicante la apertura del proyectado nuevo camino que consiguió concluir perfectamente, habiendo sacado el Título de Gobernador y Teniente de Capitán General de la Provincia de las Esmeraldas, que le despachó el Virrey del Perú con relevación del derecho de media annata, en atención a este servicio hecho a Vuestra Majestad y al público, en cuya virtud tomó posesión del Gobierno de dicha Provincia en 16 de Abril de 1738.

58. De forma que hoy se halla trajinable y corriente este nuevo camino, como justificó el Suplicante en la misma Audiencia de Quito con las declaraciones de diferentes pasajeros y comerciantes, en que expresaron constantemente que, habiendo salido a navegar desde Panamá a Guayaquil, arribaron al puerto de Atacames; por no haber podido montar el Cabo de San Francisco ni los demás de aquella costa y que, habiendo desembarcado en dicho puerto, subieron por el río de Esmeraldas hasta el principio del nuevo camino; internándose por él en Quito con mucha comodidad, y sin algún riesgo, habiendo declarada al mismo tiempo el considerable servicio que el Suplicante ha hecho al público y a Vuestra Majestad con su apertura y descubrimiento, y el grande beneficio que de ello se seguía también a los habitantes de la costa de Atacames, Barbacoas, Chocó y Panamá.

59. Comprobándose asimismo el hecho de hallarse hoy dicho camino trajinable y corriente con el otro viaje que resulta del referido testimonio de autos, que acompaña esta representación, haber hecho por él otros comerciantes con cargas de varios géneros y efectos que se desalijaron en Atacames de la fragata nombrada Santa Rosalía; que arribó a aquel puerto sin poder continuar su viaje al de Guayaquil donde caminaba, habiendo sido preciso aligerarla para que no se fuese a pique, cuyas cargas, habiendo precedido su reconocimiento, y justificación de este suceso, de orden de la Audiencia y con su licencia se internaron también sin riesgo y con comodidad por el río de Esmeraldas y nuevo camino en la ciudad de Quito

60. Así consta haber cumplido el Suplicante sus capitulaciones, y conseguido una empresa tan ardua y dificultosa que, habiéndola solicitado tantos por espacio de más de un siglo, sólo se encuentra haberla abandonado todos como inaccesible; y siendo su consecución tan importante y de tan considerables utilidades a beneficio de la causa pública y de los comercios y, consiguientemente, del real servicio de Vuestra Majestad justamente espera ser remunerado con mayores recompensas y premios que los capituladas, de que reconoció ser acreedor la misma Audiencia de Quito en su Decreto del 17 de Noviembre de 1741, declarando haber cumplido superabundantemente y probado todo lo executado por él en este asunto, con tales expresiones que, aunque padezca la nota de molesta, no puede dejar de hacerlas presentes a Vuestra Majestad refiriéndolas a la letra, como también el reconocimiento e inspección ocular que precedió y mandó hacer la misma Audiencia del nuevo camino después de concluido y acabado perfectamente, por ser el mejor medio que ha considerado para dar a entender a Vuestra Majestad, su importancia y utilidad, lo arduo de la empresa que ha conseguido y las muchas dificultades que ha superado, en cuya vista sin duda hubiera desmayado la mayor constancia y aún el Suplicante, a no ser tan amante del real servicio y del beneficio de la causa pública. [...]

Noticias puntuales de las posiciones y distancias de la ciudad de Quito y de la costa, ríos, pueblos y camino de la Provincia de las Esmeraldas, según las observaciones modernas.

174. La costa de Esmeraldas ha estado hasta aquí tan poco conocida que de ella no hay más noticias escritas en lengua española que las que se ven en los derroteros manuscritos de los pilotos, los cuales tratan superficialmente de los cabos y ensenadas que notan desde el mar, trocando muchas veces los nombres.

175. Las únicas que se hallan impresas son las que han dado en otras lenguas los piratas y viajeros extranjeros, que han entrado al Mar del Sur y que conocen bien el puerto de Atacames y la isla de la Gorgona. [...]

241. Dentro de los límites de la Gobernación de Esmeraldas hay veinte pueblos cortos y miserables; encargados a once doctrineros y curas, de los cuales los dos son clérigos seculares y los demás regulares, uno de la región de Santo Domingo, otro de la de San Francisco, y los otros siete de la de Nuestra Señora de las Mercedes, cuyos curatos y doctrinas son pertenecientes al Obispado de Quito.

242. De estos veinte pueblos, los cinco están en la costa del mar y los quince restantes en lo interior de las montañas.

243. Los que están en la costa del mar, caminando de Norte a Sur, son como se sigue:

244. El primero, el pueblo de Tumaco que, como dicho supra, número 22, se compone de 300 personas de españoles y mestizos, de todos estados, edades y condiciones, el cual, como se ha dicho, también supra número 224, es anexo al curato de Izcuandé o Santa Bárbara de Timbiquí, que está en la jurisdicción del Gobierno de Popayán, cuyo cura clérigo nombra un coadjutor, cuando le halla, para que pase a residir en dicho pueblo de Tumaco, sin más emolumento para su manutención que el pie de altar de aquella pobre feligresía, para lo cual tiene que caminar el tal coadjutor una gran distancia y atravesar un golfa de siete leguas de mar.

245. El segundo, el pueblo de la Tola, que fundó el Suplicante en una de las bocas del río de Santiago, de las 215 personas de indios, mulatos y negros que halló esparcidas y retiradas en aquellos desiertos, dividiéndolas en esta población y en la de Limones, de que se ha hecho mención supra números 180 y 211, aunque después se malogró esta última, habiendo quedado sólo la del pueblo de la Tola.

246. Este está encargado por disposición del Reverendo Obispo de Quito al referido coadjutor de Tumaco, el que sin emolumento alguno pasa cuando puede a socorrer de pasto espiritual aquella pobre gente.

247. El tercero, el pueblo de San Mateo de Esmeraldas, situado en la boca del río de este nombre y compuesto de 50 familias de zambos, así llamados porque su sangre antigua de indios se mezcló con la de negros, el cual está a cargo de un doctrinero de la Merced.

248. El cuarto, el pueblo de Atacames, de que se ha hecho mención supra número 195, situado en el puerto de este nombre, y formado de pocos años a esta parte con más de 40 familias de españoles, mestizos, mulatos e indios, que poco a poco se agregaron allí, venidos de distintas partes y atraídos de la noticia de ser este puerto donde arriban embarcaciones, cuyo pueblo se mantiene en lo espiritual como anexo del cura de Esmeraldas, quien pasa a administrar los Santos Sacramentos a sus habitadores.

249. El quinto y último, el pueblo de la Canoa o Cabo Pasado, de que también se ha hecho mención en el citado número 195, compuesto de 50 familias de zambos coma los de Esmeraldas, que está encargado a un Doctrinero de la Religión de la Merced.

250. Este pueblo está cerca de la referida Bahía de Caracas, a la que descargan los dos ríos llamados Tosagua y Chone, en cuyas vertientes hay dos pueblecillos cortos, de estos nombres, como se ha dicho supra número 193.

251. Los quince pueblos que están en lo interior de las montañas, caminando asimismo de Norte a Sur son los siguientes.

252. El primero, el pueblo de Lachas, situado al pie de la cordillera de Pichincha, al occidente de la villa de Ibarra, cerca del ría Lita, cuya doctrina es también de la Religión de la Merced.

253. Este pueblo sólo ha quedado con 20 ó 30 personas, por haberse consumido los indios de que se componía, por cuya razón no puede mantener a un doctrinero y el religioso que se nombra para que lo sea suele las más veces no poder entrar por los malos caminos y falta de feligreses que le conduzcan.

254. El segundo, el pueblo de Cayapas, doctrina también de la Religión de la Merced, compuesto de 60 familias de indios de este nombre, y situado en las partes altas del río de Santiago, como se ha dicho supra número 207.

255. El tercero, el pueblo de Intac, también doctrina de la Religión de la Merced, situado al pie de dicha cordillera, el que ha quedado sólo con 20 ó 30 familias de indios por haberse consumido los demás.

256. El cuarto y quinto, los pueblos de Gualea y Nanegal, doctrinas de la misma Religión de la Merced, situados en las montañas de Yumbos, que son las que intermedian entre la cordillera de Pichincha y el río de Esmeraldas y los que entran en él por donde corre el nuevo camino.

257. El sexto y séptimo, los pueblos de Tambillo y Niguas, anexos del de Gualea.

258. El octavo, el de Cachillacta, anexo de el de Nanegal.

259. El noveno, el pueblo de Mindo, curato de clérigos, situado al pie de dicha cordillera.

260. El décimo y undécimo, los de Tambe y Cocaniguas, anexos del antecedente.

261. El duodécimo, el pueblo de Cansacoto, doctrina de la Religión de Santo Domingo, situado en las faldas occidentales de la misma cordillera, del cual sólo han quedado los vestigios con cuatro o cinco habitadores, por haberse consumido los que le componían.

262. El decimotercio y decimocuarto, los pueblos de Santo Domingo y San Miguel, anexos del referido de Cansocoto, situados entre los ríos de Toache y de Quinindé, que componen el de Esmeraldas en las llanuras, a los cuales llaman Colorados, porque los indios, sus habitadores, se tiñen las caras de este color, como también los de Yumbos con zumo de achote.

263. El referido pueblo de San Miguel está en las vertientes del río Daule, que entra en la ciudad de Guayaquil, y los indios que residen en él fabrican canoas y hacen comercio de aquellas con la jurisdicción de aquella provincia, cuya noticia adquirió el Suplicante modernamente y, habiéndola hecho explorar y hallándola cierta, comprendió que, si hubiera un camino traficable desde Quito al dicho pueblo de San Miguel, podría duplicarse la correspondencia entre aquella ciudad y Guayaquil, lo que sería muy útil cuando el camino principal que hoy existe se inhabilita por las inundaciones del invierno, porque de Quito a San Miguel no se padecen éstas y sólo hubiera que vencer el tránsito de algunos ríos rápidos, que atraviesan el camino que hay hoy desde Quito hasta dicho pueblo, que por ser de breñas sólo se camina a pie.

264. El décimoquinto y último pueblo es el de Nono, situado sobre la referida cordillera de Pichincha, cuya descripción consta en la relación del nuevo camino que hizo don Juan José de Astorga, supra número 77 y 78, el cual es anexo de la doctrina de Calacalí, perteneciente a la Religión de San Francisco.

265. La situación de todos estos pueblos no parece haberse dispuesto con premeditación, sino por un acaso que no previno caminos, comercios ni públicas utilidades, habiendo dejado sin duda los conquistadores y doctrineros a los indios en aquellas partes dislocadas donde los encontraron esparcidos en diversas parcialidades.

266. Son tan ásperos y fragosos los caminos que hay desde la provincia de Quito a estos infelices y miserables pueblos, que sólo pueden transitarse a pie con inminente riesgo, atravesando siempre la cordillera de Pichincha y las vertientes de sus ríos, de cuya calidad son también los que hay entre los mismos pueblos y sus anexos y tan dilatados y peligrosos que sus doctrineros, aún para verlos sólo una vez al año, se hallan sumamente consternados, porque necesitan en parte caminar rompiendo breñas y pisando culebras y lodazales y en partes ir cargados a espaldas de los indios, haciendo mucho mérito en estas jornadas, especialmente cuando las hacen por amor de Dios y por cumplir con la obligación de pastores y párrocos.

267. Entre algunos pueblos de éstos, aún estando por elevación inmediatos unos a otros, faltan absolutamente caminos y correspondencias, como sucede entre los de Intac, Lachas y Cayapas y, entre éstos y los referidos de las montañas de Yumbos, por haber ríos atravesados y particularmente por no haber habido quien solicite la comunicación de unos con otros. -

268. Y lo que es más digno de admiración es que se hallen situados con tal desproporción que, habiendo tres y cuatro días de camino áspero y arriesgado desde un pueblo a su anexo, esté el anexo más inmediato al pueblo de otro cura que con menos trabajo pudiera administrarle.

269. Es tanta la miseria e infelicidad de estas poblaciones que más parecen tugurios de ermitaños o cavernas de fieras que lugares habitados por racionales.

270. Todas ellas están tan metidas en los bosques que entre las mismas casas hay árboles que impiden la vista de unas a otras.

271. La pobreza de éstas y la desnudez de sus habitadores es tanta que cuesta compasión el mirarla.

272. No pueden descubrir la tierra cubierta toda de espesura y árboles, ni fabricar sus casas por carecer de hachas y machetes porque, como cuando el fierro está más barato en Quito les cuesta un hacha 48 reales en plata y un machete 30, les es muy dificultoso conseguir estos dos instrumentos tan precisos para pasar su miserable vida.

273. La mayor parte de ella la gastan fuera de sus pueblos por tener retiradas de ellos sus sementeras, ocupando la mayor parte del año en rozar y plantar la tierra, desherbarla y arrancar las malas semillas, recoger sus frutos y llevarlos a vender a Quito cargados sobre sus espaldas.

274. Todas las casas son de estantes brutos, con cañas atravesadas y cubiertas de hojas de palma, las que habitan aquellos infelices, pisando y durmiendo sobre el suelo natural del campo, no sólo húmedo, sino encharcado con el agua que continuamente vierte la misma tierra.

275. Las iglesias tienen sin diferencia la misma fábrica y las más de ellas aún mayor indecencia, porque, por no estar habitadas, las entra el agua por los techos y con el suelo húmedo se extiende una lama verde que le cubre, naciendo en él plantas que echan ramas sobre los altares.

276. No tienen cerraduras porque, a excepción de los cálices, no; hay cosa estimable que guardar en ellas.

277. Sobre una u otra mesa de las que sirven para dichos altares se ven unas estatuas tan humedecidas, desfiguradas y denegridas, que no se sabe sino por tradición los originales que representan.

278. Los misales son tan antiguos y descuadernados en algunas de estas iglesias, que los curas no pueden decir misa si no saben de memoria las oraciones, por faltarles éstas para las más misas de todo el año.

279. En fin, es tanta la pobreza e indecencia de estas iglesias, que las más no parecen hechas para el culto divino, y siendo al mismo tiempo tan suntuosas y estando tan prolijamente adornadas las de la provincia de Quito, que se hacen distinguidas en la cristiandad toda, es muy digna de compasión la desgracia que hasta en esto han padecido aquellas pobres e infelices montañas.

280. En los referidos pueblos de Nanegal, Gualea, Mindo y Cansacoto y en todos sus anexos hay poco más de doscientos indios tributarios.

281. Estos antiguamente fueron numerosos y estuvieron encomendados a aquellos vecinos de Quito que los conquistaron y redujeron.

282. Los dueños de estas encomiendas pagaban a los curas doctrinarias el estipendio que se les asignó, sacándolo de la masa de los tributos que cobraban de los mismos indios.

283. Después que murieron los encomenderos y se agregaron sus encomiendas a la Real Hacienda, quedó al cuidado de los Oficiales Reales de las Cajas de Quito o de los Corregidores de aquella ciudad la recaudación de estos tributos y la satisfacción de estos estipendios.

284. Pero, como los indios sin encomenderos que los recogiesen se esparcieron, y después por otras causas se fueron consumiendo, no pudiendo ni los Oficiales Reales ni los Corregidores hallar cobradores que se resignaran al trabajo arriesgado y costoso de entrar en las montañas a recaudar dichos tributos, los libran en los mismos curas, para que cada uno los cobre en lo respectivo de sus pueblos, y se pague del modo posible del estipendio que le corresponde.

285. El tributo que deben estos indios le pagan en los frutos que recogen de sus tierras y, como para reducirlos a dinero, es preciso sacarlos a donde se consuman, sucede el que los sacan y conducen a sus espaldas hasta Quito, para que allí se vendan, y aunque con este motivo algunos curas queden descubiertos en sus estipendios, no obstante no se les reintegra de otro ramo alguno de Real Hacienda.

286. A los doctrineros de Cayapas, Esmeraldas y Cabo Pasado se les pagan sus sínodos, según las asignaciones antiguas, en las Reales Cajas de Quito, porque ni los indios de Cayapas ni los zambos de Esmeraldas ni los de Cabo Pasado pagan tributo alguno por la obligación que en los primitivos tiempos de su descubrimiento se les impuso de hacer centinelas en las costas del mar, para dar aviso de los piratas que viesen en ellas.

287. En las mencionadas 20 poblaciones sólo hay pocas más de dos mil personas de las edades y condiciones que se han referido, hallándose la mayor parte del distrito del Gobierno de la Provincia de Esmeraldas (que, según las medidas que quedan expresadas; tiene 150 leguas de circunferencia) no sólo despobladas, sino también incógnitas, y lo que es más experimentando aún los mismas pueblos por sus circunstancias y calidad todas las pensiones de un verdadero y propio desierto.

288. Además de dichas poblaciones se dice que, sobre el cabo de San Francisco, dentro de las selvas, hay una nación de gentiles, de que se hizo mención supra número 197 y, en el reconocimiento del nuevo camino número 147, se hace expresión de otras que rastreó el Suplicante, había en las cabeceras del río Verde, y se dice también que entre los ríos de Santiago y Mira hay otras numerosas gentilidades, una llamada Camunbí y otra Malabas, de los cuales se hace mención en los Autos que se levantaron y quemaron una fragua en tiempo del Gobernador Pablo Durango Delgadillo, y también dice que, entre el referido río de Mira y el de Patía, hay otras naciones llamadas Aldemes y Sindaguas de indios huídos y retirados.

Relación de los frutas que produce y de las riquezas que esconde en sus entrañas el fértil terreno de la Provincia de Esmeraldas

289. El terreno de la provincia de las Esmeraldas es el más fecundo de todos cuantos ha visto el Suplicante en lo mucho que ha andado, y produce los mismos frutos que la provincia de Guayaquil su vecina y continente, con la ventaja de ser más abundantes y mejores los de Esmeraldas en aquellas partes que no padecen inundación alguna en los seis meses de invierno (que son los más), pues se libra de este perjuicio toda la distancia que media desde el Cabo de San Francisco hasta el río de Vainillas, a diferencia de lo que sucede en Guayaquil, cuya provincia se inunda toda dichos seis meses.

290. El cacao es muy mantecoso, blanquizco y de tan superior calidad al gusto que compite con el de Caracas; y si en Esmeraldas hubiera a quienes repartir tierras y personas que las labraran, abundaría mucho este fruto, con la circunstancia de que, por haber desde allí 150 leguas menos que de Guayaquil a Panamá, se podría conducir con más facilidad y menos riesgos a España donde fuera muy celebrado, pues allá sucede que en Barbacoas, al mismo tiempo que compran una arroba del cacao de Guayaquil por 12 reales, pagan 4 pesos por una del de Esmeraldas, consistiendo la diferencia de calidades en que, como se ha dicho, la provincia de Guayaquil se inunda en invierno, de suerte que por huertas de cacao andan navegando en canoas para recoger el fruto por aquel tiempo, y en las más partes de Esmeraldas; por ser el terreno alto, jamás se ve inundación alguna. -

291. Los plátanos, fruto con que se abastecen principalmente las embarcaciones que arriban necesitadas al puerto de Atacames, sobre ser muy abundantes en Esmeraldas, uno de allí vale por tres de Guayaquil, y a voto de los que han visto toda la América son los mejores de toda ella.

292. Hay algodón otro tanto mayor que en Guayaquil; peje de mar, como el de la Punta de Santa Elena y mejor en los ríos donde no entra la marea; palmas de cocos mayores en el árbol y en el fruto, el cual es más abundante en el Cabo de San Francisco, donde hay tantos sin que nadie se sirva de ellos, que con su estopa se pueden abastecer las fábricas de Guayaquil.

293. Hay vainilla, achiote, zarzaparrilla, hierba de tinta añil y otros frutos de las selvas calientes y templadas.

294. Hay también brea, cera blanca y amarilla.

295. Hay maderas preciosas y algunas incorruptibles, las mismas que en Guayaquil, bálsamos amarillos, cedros, guayacán, guachapelí, cocobolo, roble, laurel, ébano, cascol, moral, negro, colorado, ceibo, higuerón, matapalo, mangle, espino, canelo y maría, con la ventaja de que los bosques de Guayaquil están talados y aniquilados por las fábricas continuas de cien años a esta parte, de suerte que, para arbolar una embarcación, tienen que conducir de grandes distancias y con muchos gastos los árboles mayores, tirándolos desde el monte de Misambulo con 50 y más yuntas de bueyes, y en Esmeraldas los bálsamos y amarillos están casi al borde del mar y de los ríos, y en el de Santiago abundan los árboles marías, para arboladuras, porque están vírgenes las selvas; y si las maderas preciosas y finas que hay en Esmeraldas se trabajaran en máquinas de agua o de viento, como las que hay en La Habana y en otros dominios, lograría gran comodidad la ciudad de Lima, a donde se llevan desde Chile y de la Nueva España con crecidos costos.

296. Y aunque la provincia de Guayaquil logra la ventaja de ser al presente más cómoda y amena por tener campañas descubiertas en que se mantienen muchos ganados por el verano, si las llanuras de Esmeraldas estuvieran despojadas de los bosques que las hacen terribles y de aspecto sañudo, no es dudable serían más útiles para la labranza y más cómodas para la vida humana, por no inundarse nunca, como se inundan las de Guayaquil los seis meses de invierno, en los cuales por esta razón son inútiles e inhabitables.

297. Los preciosos frutos y riqueza que encierra la provincia de Esmeraldas, y de que carece la de Guayaquil, son oro y esmeraldas, porque, según refieren los autores de las conquistas del Perú, es constante que las primeras que se trajeron a estos reinos fueron las que hallaron en aquel, de extraordinario tamaño y fineza, sus primeros conquistadores, y que éstas fueron sacadas de las montañas de Manta, que son las mismas de la provincia de las Esmeraldas, de que tomó ésta su denominación; y habiéndose logrado este hallazgo antes de que en el Nuevo Reino de Granada se descubriesen los minerales de Muzo, de donde después se han traído, es evidente haberlas muy preciosas y singulares en dicha provincia, consistiendo sin duda el no haberse descubierto en los principios ni después los minerales de ella, en que las conquistas del Perú por aquella costa no pasaron del puerto de Manta y en haber quedado y estado hasta ahora poco conocidas y nada traficadas las siguientes montañas.

298. Los zambos de Esmeraldas no sólo no niegan que las hay en aquella provincia, sino que antes bien como cosa sabida muestran el cerro o monte donde se crían, el cual, bajando el río de Esmeraldas, está dos leguas distante de él, a la banda izquierda del Sur cuatro leguas antes del pueblo del mismo nombre.

299. Y aunque niegan el conocimiento de la boca de la mina, diciendo que sus antepasados la conocían en tiempo de su gentilidad, pero que los que hoy viven no ponen los pies en aquel monte, lo cierto es que ellos tienen horror de que se descubra, porque temen que los obliguen -461- al duro trabajo de sacarlas, y también lo es que los primeros doctrineros que bajaron a doctrinarlos y los primeros españoles que los acompañaron ahora cien años, hallaron que las mujeres las traían colgadas al cuello y supieron que luego que dichos zambos vieron que los blancos las estimaban, las arrojaron todas al río, y entre ellas algunas de extraordinario tamaño, y que por esto trasladaron al sitio en que hoy habitan la población en que vivían antes a vista de aquel monte, cuya situación y la del pueblo antiguo se podrá reconocer en el mapa que acompaña a esta representación.

300. En las riberas de los ríos de Santiago y de Mira y en todas las de los demás ríos pequeños que entran en aquellos, hay criaderos y veneros de oro, del que se valen algunos de sus habitadores mulatos y mestizos, que se han retirado allí de la provincia de Barbacoas, los cuales siempre que les urge alguna necesidad lavan la tierra que les parece y la que menos trabajo les cuesta, y sacan el que necesitan sin recato ni misterio alguno, porque estando lastrado de estos veneros todo el país que comprenden estos dos ríos, no es cosa capaz de ocultarse a quien quisiere servirse de ellos.

301. Las principales razones para no haberse establecido labores de minas en la referida provincia de las Esmeraldas, son las siguientes. La primera, por ser país desierto, inculto y embreñado de selvas, en que antes de trabajar en sacar oro, es menester abrir la tierra, desmontarla y sembrarla para asegurar el alimento. La segunda, por no haber caminos cómodos para la provincia de Quito, y por esta razón no poderse abastecer los mineros de lo que necesitan, y faltar en aquellos desiertos pasto espiritual para los consuelos y alivio de las almas. La tercera, porque el fierro, sin el cual no se pueden emprender semejantes labores es tan caro, que cuando menos vale en Quito 50 pesos el quintal y hay tiempos en que no se halla por 100 pesos ni por ningún dinero. La cuarta y última, la falta de negros y el excesivo precio a que los vendían los ingleses cuando tenían la factoría de Panamá.

302. También es cierto que hay perlas muy preciosas en toda la costa desde este puerto hasta el de Manta, lo que es constante a todo el reino del Perú; pero, como hasta hoy son costas desiertas de hombres capaces de solicitarlas y de costear buzos y hacer establecimientos para conseguirlas, no se logra este beneficio.

303. Todas estas riquezas encierra el terreno fecundo de Esmeraldas y, para que no parezca extraño no haya traído oro, perlas ni esmeraldas el Suplicante, debe hacer presente a Vuestra Majestad que ni pudo adquirirlas, ni sus deseos tuvieron por término solicitar para sí estas riquezas, porque ni era dueño del tiempo, ni de los hombres, ni de un caudal distinto, que era necesario para las intendencias de minas y de pesquerías, ni era razón exponer la gloria a que anhelaba con la apertura del nuevo camino a que se confundiese y aún malograse con un objeto que, siendo prueba de la codicia, le hubiera malquistado con los indios y zambos del país, a quienes necesitaba para prefeccionar su proyecto.