Memorias de un Sargento de Gendarmería

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El Chaco argentino a mediados del siglo XX relatado por un gendarme. La vida en los puestos de frontera, la interacción con los aborígenes que la habitaban, los contrabandistas, la miseria, el hambre, las inundaciones, en un territorio que resultó el más difícil de integrar a la Nación Argentina.

La obra fue editada por Cielosur Editora en 1977, empresa en la que me desempeñaba. Integraba la colección Patria Nuestra dirigida por Leonardo A. Wadel. La tapa fue realizada por Andrés Cascioli, la diagramación por Juan Zahlut y las ilustraciones corresponden a Carlos Alberto Magallanes. Vaya el recuerdo a mis compañeros y al gendarme Del Valle en este intento de difundir su obra.

Raúl Varela
pueblosoriginarios.com


Memorías de un Sargento de Gendarmería. Tapa de Andres CascioliPrólogo

Con sencilla humildad, sin querer pasar por intelectual, más aún, sintiéndome lego en la difícil materia de las letras, pero con redacción clara y explícita, relataré estas memorias, con el solo objeto de dejar bien marcadas la disciplina, audacia, coraje, amor al prójimo, patriotismo, y sobre todo, sacrificio y abnegación de los componentes de la Gendarmería Nacional, institución a la cual pertenecí y por la que siento profundo amor y respeto. Son sus hombres verdaderos pioneros en el adelanto y civilización de territorios y pueblos.

Disciplina. Es proverbial en nuestras filas. Se dará una orden y sin distinción de grado ni jerarquía, esa orden tendrá que cumplirse, caiga quien caiga. No habrá accidentes de terrenos, altas ni bajas temperaturas, que detenga al que la está cumpliendo: y vendrá más tarde con el "sin novedad", o un destino más se habrá sellado. Pero si cayese habrá muchos otros hombres que sabrán hacerla cumplir.

Dije, en un principio, audacia y coraje en sus hombres... Sí, el gendarme es audaz y valeroso; tiene el coraje de aquellos gauchos nuestros. La frase es justa... Los territorios para su custodia son inmensos; ellos, unos pocos, mas se agrandan en sus hechos, perdidos entre picadas y selvas, esteros y palmerales, médanos, montañas y desiertos. ¡Ahí... ahí está el Gendarme! Es como un niño perdido en un páramo; pero lleva la sangre de sus antepasados, esa sangre tan rica de españoles e indios y desafía la canícula del Chaco y el frío glacial de las cordilleras, alimañas de toda especie, y sobre todo, las poderosas armas que poseen bandidos, cuatreros y contrabandistas. ¡Ahí está! ¡Exponiendo su vida a cada instante, en aras del bien, de la civilización y el adelanto, con coraje, hombría y audacia!

Ama al prójimo y a su patria. Si el gendarme tiene afecto hasta por los animales, ¿cómo no lo va a tener por el indio, cómo no lo va a tener por sus semejantes?... Yo no he visto a ninguno de ellos abandonar a un herido, a un necesitado o enfermo; por el contrario, mis narraciones pondrán a la luz todo lo que aquí escribo y sostengo.

¡Patriotismo!... Se necesita ser muy patriota para poder llamarse gendarme. Marcha, heroico, con sus bagajes de penurias y sacrificios. Es más lo que da que lo que recibe; pero basta que en cualquier palo o palmera flamee nuestra querida azul y blanca, para que tome nuevas fuerzas: sacará pecho, se cuadrará enérgicamente y pedirá aún más fuerzas para seguir cumpliendo con la "energía y corrección" que lo caracteriza y que lleva por lema.

Comenzaré el relato de mis memorias con hechos, anécdotas y pasajes de mi vida de gendarme. que me ha tocado vivir junto a mis compañeros. Narraciones que parecerán fantásticas o inverosímiles, por el siglo en que vivimos; pero que, en realidad, han sucedido, poniendo por testigos a mis camaradas de armas, que también lo han sido en la mayor parte de mis andanzas.

Emplearé en ellas algunas palabras y frases del idioma guaraní y del dialecto de indios de la zona, salpicadas, en parte, con la "cháchara" del criollo de antaño, muy común en nuestras filas, pero sin propasarme groseramente y cuidando de la ética, que siempre distinguió a nuestras filas.

Los nombres propios de personas que vayan apareciendo en mis relatos, son producto de mi imaginación. Dejo aclarado, pues, que cualquier semejanza será mera casualidad.

MIGUEL ANGEL DEL VALLE

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