Creencias de los indios Pampa

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Creían en una divinidad del bien, Chachao o Soychu, equivalente a un dios Sol, que los recibía a su muerte. No le rendían cultos ceremoniales.

En oposición estaba Gualicho o Wualichú, el mal, del que se defendían agrupándose en comunidades, ya que temía a los hombres.

Campamento

Contra el terror cósmico de los lugares desconocidos, y contra los rayos y truenos, diálogo constante de Chachao y Wualichú, sólo hay el recurso de estrechar los vínculos humanos. Nació así la toldería. El espíritu maligno no se atreve a entrar en ella y no se acerca al fogón que alumbra la oscuridad. La toldería tiene un valor mágico, es la defensa a la naturaleza hostil, el refugio necesario contra las fuerzas malignas que deambulan por la pampa.

Cuando en las noches de tormenta hay relámpagos y truenos poderosos, los pampas creen que sus divinidades están discutiendo. El conflicto entre ellos comenzó cuando Gualicho le hizo la broma a Chachao de darle el aliento divino a los muñecos de barro que éste había creado, cobrando vida los animales y hombres. Chachao entonces se espantó, escapó horrorizado por la Vía Láctea y con su cuchillo de piedra cortó el camino del Cielo para que los monstruos no subieran. En castigo dejó a Wualichú en la pampa de la que no pudo salir. Él tampoco regresaría.

Eran animistas; enterraban a sus muertos con sus efectos personales, a veces en grutas. Los viudos, en señal de duelo pintaban su rostro de negro.

El chamanismo estaba desarrollado, conocían el uso de yerbas medicinales. Además para curar al enfermo chupaban con fuerza su estómago para quitarle el mal; a veces se colocaba espinas o gusanos bajo la lengua para hacer creer al paciente que las extraía de su cuerpo, y así curaba.

Dusicyon AvusEl dusicyon avus, era un zorro dos veces más grande de los que en la actualidad habitan la pampa y la patagonia.

Hoy extinguido, cumplió un rol importante en el mundo mitológico de los antiguos cazadores de la llanura.

En el sitio de Sierras Bayas de Olavarría, se encontraron sus colmillos ceremonialmente colocados, junto a huesos de patas y cráneos de guanaco, cerámicas, collares y puntas de lecha.

Enterraban allí los objetos empleados en los rituales, que debieron realizarse en su cercanías. Fue utilizado recurrentemente entre 3.400 y 1700 años atrás; hecho notable en comunidades nómades.