Mogonaló, serpiente arco iris.

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plusCultura Toba (Qom)

plusCosmogonía Toba

También llamada Qomogomalo, Quemoxonalo, Koomonaló, o Moxonaló.
Mogonaló

Ilustración tomada de "Leyendas, mitos, cuentos y otros relatos tobas". Sugobono (Autor) - Huadi (Ilustrador). Buenos Aires, Longseller, 2003.

Es la figuración del arco iris como una enorme serpiente, relacionada con los poderes del inframundo y no con el espacio celeste.

Cuando el clima es apacible vive bajo las aguas o en los grandes hormigueros, al cambiar de lugar emana un vapor de colores que origina el arco iris.

Su salida es consecuencia de la violación de las reglas de caza o de los tabúes que recaen sobre las mujeres en su período menstrual.

Cuando los cazadores no cumplían las normas, Mogonaló surgía aprisionando a cuanto viviente pudiera rodear y los arrastraba hasta el mundo de las profundidades.

Las mujeres debían permanecer encerradas en sus casas durante el primer período menstrual, la serpiente podía seguirla con su olfato y llevarla al "otro lado, debajo de la tierra". En los períodos siguientes también debían guardar cuidados, especialmente no debían acercarse a las fuentes de agua, si Mogonaló percibía el olor menstrual podía desencadenar un diluvio sobre la aldea, o rodearla con una pared circular que va creciendo hasta hacerla desaparecer. Algún piogonak -chamán- podría hablarle, hacer rezos o cantar para salvar su pueblo.

La serpiente arco iris agradecida.

Versión 1

Más adelante, cuando hubo una sequía grande, un Toba estaba en el bosque y oyó a alguien que lo llamaba. Era Mogonaló, la serpiente Arco-Iris.

El lago se había secado y Mogonaló quedó en la tierra seca sin poder volver. Le pidió al hombre que la cargara para volver al río Tala. (Río Bermejo).

Cuando él le preguntó cómo podría hacerlo, ya que era tan pesada, la serpiente dijo que se haría como la luz. Se enrollaría en su cuerpo, sería como la luz suave y no tendría entonces ninguna dificultad para recogerla y dejarla en el río. Mogonaló le dijo también que, como muestra de gratitud, le daría algún pez siempre que lo necesitara. El hombre al fin estuvo de acuerdo en hacer lo que la serpiente dijo.

Mogonaló se hizo luz y él la llevó al río Tala. Apenas la puso ahí, el agua empezó a subir. El hombre corrió lejos, pero el agua fluía derecho hacia él. Cuando se dio vuelta el agua retrocedió, y cuando miró hacia abajo vio que había ahí todo el pescado que necesitaba. El agua había subido, pero entonces retrocedió de repente y dejó peces allí. Después, siempre que este hombre necesitase peces, debía ir al Tala o a otro río para pedirlos. Ocurriría exactamente lo mismo y tendría todo el pescado necesario.

Estas cosas pueden pasar; ellos hacen así cuando Kasogonaga -deidad del rayo que vive en una nube- cae de su nube o Mogonaló queda en la tierra seca. Estas cosas son verdaderas; pueden pasarles a ellos. Yo lo creo

Versión 2

Un día, un toba salió a cazar. No había andado mucho cuando se encontró con una serpiente gigantesca [...]. Era Mogonaló, la serpiente arco iris. La serpiente habló y le dijo:

–Necesito ir a las orillas del Tala -el río Bermejo-; ¿no me llevarías?

–No puedo, eres enorme y no tengo la suficiente fuerza –respondió el cazador.

–Si accedes a llevarme, yo me haré tan liviana que no sentirás mi peso. Además, te diré un secreto para obtener toda la caza que quieras, ya sean peces, aves o animales terrestres.

Al toba le gustó el trato y se puso la serpiente al hombro. Para su sorpresa, comprobó que era, efectivamente, muy liviana. Estuvo andando un largo trecho, hasta que por fin llegaron al río. Una vez allí, Mogonaló le dijo:

–Cuando quieras obtener caza, simplemente imita el sonido de los animales que desees, y estos vendrán mansamente hacia ti.

Luego la serpiente se sumergió en las profundidades acuáticas, y el hombre regresó feliz a su casa. Desde entonces, bastaba con llamar a los animales para que estos vinieran y los tobas pudieran alimentarse de ellos.

Pero el nuevo trato no le gustó a Taanki, el Carancho -héroe cultural-, porque veía que, como cazar se hacía tan fácil, la gente mataba más de lo que necesitaba.

–Eso está mal; los Dueños de los Animales se van a enojar y una catástrofe caerá sobre nosotros. A partir de ahora –dijo, al tiempo que levantaba sus manos al Cielo–, los animales tendrán temor del hombre.

Y así fue como dejó de ser fácil conseguir la caza. Pero Taanki, pese a todo, no era un jefe malo, y les enseñó a los hombres cómo cazar los animales con [...] arcos y flechas, trampas, redes y demás herramientas de caza, siempre y cuando fuera para su subsistencia y no solo por el placer de cazar.