Creencias Aché. Ritual de la pelea con garrote.

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Creencias

Ritual de la pelea con garroteMberendy no es el creador de la vida ni el dueño, sino el cuidador. Es omnipresente, el centro de la mitología aché; un ser incandescente, que a veces toma forma humana. Sus hijos son objeto de varios mitos: el origen de los jaguares, el sol y la luna -gemelos, donde el sol es el niño, y la luna la placenta-, el origen del fuego y la oscuridad, etc.

Los grupos del norte hablan de un espíritu maligno que se manifiesta en la sombra y el viento. Los del sur de uno -también maligno- que se origina en el alma de un difunto aché enojado.

Algunos grupos practicaban el canibalismo con regularidad; uno del norte incineraba a los ancianos pensando que albergaban espíritus vengativos.

Todos los aché creen en algún tipo de magia en la caza -así, algunos cazadores podían matar a la presa, sin disparar flechas, simplemente arrojándole un poder- y en los poderes curativos de las mujeres embarazadas.

Ritual de la pelea con garrote

Danza ritual de la pelea con garrote

Fotografía Centro de Artes Visuales Museo del Barro.
Asunción, Paraguay.

El ritual más importante -especialmente entre los Aché del norte- era el de la pelea con garrote, evento que ser realizaba una o dos veces al año. Varias bandas convergen a un campamento, que hace las veces de anfitrión, y ha preparado una zona despejada para el combate ritual.

Los hombres portaban largos palos con bordes afilados -en forma de paleta- y generalmente pintaban su cuerpo con carbón vegetal mezclado con miel y saliva.

Se formaban grupos de combatientes, pero iniciado el ritual podían elegir sus opositores. El enfrentamiento consistía en golpear la cabeza de los rivales.

Algunos hombres, sufrían fracturas de cráneo, los más hábiles o afortunados llevaban golpes en el cuerpo. A los que se curaban les quedarán las marcas del combate, las muertes eran comunes.

A veces se el ritual surgía en un grupo pequeño, cuando alguien era sorprendido teniendo relaciones sexuales con la esposa de otro hombre, en estos casos los duelos no resultaban letales.

En todas las ocasiones, integrantes del público se precipitaban y trataban de obstaculizar o desarmar a los hombres que estaban en combate con su padre, hijos o hermanos.

Los hombres que mataban a otros, decoraban con cicatrices rituales su rostro y cuerpo.


Fuentes:

http://www.public.asu.edu

"Los Indígenas del Paraguay". José Zanardini, Walter Biedermann.