Funeraria Abipón

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Los ajuares mortuorios de los abipones, nos hablan de su creencia en la vida después de la muerte. Las ofrendas y ritos, indican la importancia atribuida a la continuación de la existencia.
Funeraria

Tumba exhumada en el Arroyo Aguilar, cerca de Reconquista. El individuo está acostado, boca arriba, con los brazos extendidos a ambos lados del cuerpo. En la cabeza se observa un vaso de cerámica que fue colocado a manera de corona.

Los muertos eran tratados con sumo respeto, el elaborado ceremonial estaba a cargo de las mujeres. Tenían la creencia que el hombre estaba compuesto por un cuerpo mortal y un alma inmortal, así lo expresa el padre Martín Dobrizhoffer: "... tienen la innata convicción de que al morir el cuerpo no muere el alma ...".

Los entierros eran de dos tipos: Uno, primario, donde el cuerpo era enterrado sin alteraciones, el otro, secundario, donde el cadáver era descarnado y luego colocado en una bolsa de cuero. Esta práctica se utilizaba cuando el individuo moría lejos de su hábitat, sobre todo era común en los traslados de los guerreros que fallecían en combate, los compañeros o familiares nunca abandonaban a sus deudos después de la pelea. Para poder llevarlos al lugar sagrado primero lo procesaban ya que las distancias a veces exigían marchas de varias jornadas.

Vaso globularVaso sagrado, rescatado en enero de 1976 en el Sitio de Arroyo Aguilar I. Tiene una forma semiglobular, similar a una calabaza. En la parte superior una guarda en trazo continuo rodea todo el borde, en el centro un extraño dibujo geométrico parece ser la estilización de una figura zoomorfa. Se encontraba depositado cerca de dos tumbas.

Cada tumba tenía sus ofrendas. Cuando enterraban a los sacerdotes o individuos de dignidad. elaboraban vasos ceremoniales que expresaban el sentimiento y la delicadeza del arte de sus artesanos.

El Padre Martín Dobrizhoffer, lo cuenta: "Una de las rarezas de los abipones, ... es depositar al lado de los sepulcros ollas, vestidos, armas y caballos, ...". El sentimiento puesto en estas actividades se deduce cuando dice "es increíble con cuánta religiosidad los abipones rinden honores a sus muertos antes sus sepulcros".

Los cementerios, en túmulos, generalmente estaban alejados de los asentamientos, porque no se debía interrumpir el descanso de los antepasados y porque los espíritus de los muertos podían andar como sombra entre los árboles.

Durante las noches el eco de los difuntos podía escucharse cuando una bandada de patos volaba en la oscuridad emitiendo su canto, los abipones creían que eran los lamentos de los espíritus que deambulaban por sus antiguos territorios.

Vaso Campana

Vaso campana rescatado en Laguna El Cristal, Santa Fe. Tiene dos cabezas de loros y una sola cola; muy gruesa y elaborada; no tiene fondo y posee una abertura superior . Según Sánchez Labrador, para los nativos, el espíritu del muerto salía hacia el exterior por ese agujero.

El velatorio consistía en una complicada ceremonia, que se hacía dentro de la habitación donde moraba el individuo y luego en la calle donde las expresiones de dolor cobraban estado público. Dobrizhoffer se refiere a estas actividades con mucho detalle; la mujeres rodean al muerto, forman dos largas filas a ambos lados del difunto, todas llevan instrumentos musicales hechos con calabazas. En el frente, la mayor hace sonar una trompeta y comienza una danza que es acompañada con tristes lamentos. En la calle, todas las mujeres casadas y viudas acuden con sonajas que agitan constantemente; otras llevan tambores hechos con vasijas de cerámica a las que les colocan cueros de ciervos, así, en una larga fila expresan su dolor moviendo el cuerpo y llorando en forma colectiva. Las mujeres también preparan la sepultura, "Cavan una fosa de poca profundidad en el lugar donde se ha de colocar el cadáver ... Colocan una olla en lo alto del sepulcro, a modo de corona...".

En algunas sepulturas encontramos el vaso campana. El jesuita José Sánchez Labrador (Español, 1717-1798), cuenta: "Sobre cada sepultura había una estera de enea,...ponen sobre la estera unos cántaros de varias figuras y grandeza. Unos parecen campanas y en lugares de asas, en unos hay como un hacha y en otros como una mano de almirez. ...por qué en todas las sepulturas estaba un cántaro con tres agujeros, uno a un lado, otro en medio y otro en el fondo".