Momias de Llullaillaco

Sitios Arqueológicos y Arqueoastronómicos. Pueblos Originarios de América
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Llullaillaco, en aymará significa "agua caliente"; en quechua "agua engañosa", y se referiría a la falta de vertientes (sólo se encuentran a más de 5.500m.).

Es un volcán ubicado en la Cordillera de los Andes, en la frontera de Argentina y Chile, entre la Provincia de Salta y la Región de Antofagasta. Con una altitud de 6.739 m.s.n.m., es la sexta montaña más alta de América y el cuarto volcán más elevado del planeta. El sitio arqueológico más alto del mundo.

Las culturas americanas preincas veían a las montañas como la materialización de sus deidades, por tal motivo y desde siempre le rindieron tributo, brindándoles ofrendas y plegarias. Cuando el imperio incaico empezó a florecer y extender sus fronteras, allá por el siglo XV, tomaron como propio este culto y construyeron en las elevadas cimas pequeños edificios o recintos destinados a la religión y que hoy se los conoce bajo el nombre de "santuarios de altura". En estas construcciones los sacerdotes locales o provenientes del Cuzco se encargaban de establecer el contacto con las divinidades y, de acuerdo a las circunstancias sociales realizaban sus ofrendas, las cuales en algunos casos consistían en entregar la vida de una persona, por lo general niños que estaban destinados desde su nacimiento y quienes eran especialmente preparados para tal fin.

Hasta el momento se conocen más de veinte sacrificios humanos perpetrados en las altas cumbres de Argentina, Perú y Chile, siendo el más reciente y espectacular el del volcán Llullaillaco a 6.700 metros de altura. En todo el territorio ocupado por los Incas se registraron alrededor de 200 montañas con restos arqueológicos o consideradas sagradas desde tiempos remotos. Las montañas constituían jalones o hitos en el paisaje y demarcaban en muchos casos el espacio simbólico trazado por el sistema radial de ceques (líneas rituales con cientos de santuarios diseminadas a su largo).

Entre los días 26 de Febrero y 27 de Marzo de 1999 se llevó a cabo una campaña de investigación arqueológica en el volcán, bajo la dirección del Dr. Johan Reinhard y de la Dra. Constanza Ceruti. Contó con la participación de estudiantes de arqueología peruanos y argentinos, y con financiación de la National Geographic Society. La expedición demandó 23 días de trabajo en la montaña, con 13 días de permanencia ininterrumpida en la cima, acampando sobre la nieve, a 6.700 metros de altitud. Los resultados fueron extraordinarios:

En el santuario de la cumbre, a 6.715 m. de altura, encontraron una “choza doble”, cabaña techada en la que se presume que los sacerdotes Incas pasaron la noche antes de la ceremonia. Las tumbas y las ofrendas fueron halladas sobre un promontorio en una plataforma de 6 por 10 metros.
Uno de los cuerpos (“El niño”), de aproximadamente siete años de edad, se hallaba sentato sobre una túnica de color gris y su rostro dirigido hacia el sol naciente. Como todos los varones de la elite incaica, llevaba el cabello corto y un adorno de plumas blancas sostenido por una cuerda de lana entrollada alrededor de la cabeza. Entre su ajuar se encontraba una caravana de llamas en miniatura conducida por hombres finamente vestidos.

La víctima enterrada en la tumba norte era una joven mujer de quince años (“La doncella”), que llevaba un tocado de plumas blancas. Estaba acompañada de una túnica tejida, de objetos de cerámica de formas y estilos típicos incaicos y de elementos textiles tales como chuspas, fajas arrolladas y una pequeña vincha. En su rostro aún conserva restos de pigmento rojo y en su boca pequeños fragmentos de hojas de coca. Presentaba keros de madera en miniatura, un peine de espinas y trozos de carne seca o charqui. De su tumba se recuperaron asimismo estatuillas femeninas de oro y plata.

Izquierda: Johan Reinhard en la cumbre, con dos de las momias encontradas.
Derecha: Estatuilla ricamente ataviada, probablemente hecha en el Cuzco, idéntica a otras encontradas diseminadas por su vasto Imperio.

En la tercer tumba se descubrió el cuerpo de una niña de seis años, dañado por la descarga de un rayo. La “Niña del Rayo” se encontraba rodeada de varios elementos de cerámica en miniatura, de típico estilo incaico. Llevaba consigo bolsas, mocasines de cuero y sandalias, vasos y un conjunto de estatuillas femeninas alineadas. Estaba sentada, con las piernas flexionadas y la cabeza erguida mirando al suroeste.

Los tres cuerpos congelados conservaban todos sus órganos internos intactos tras medio milenio de su muerte, han sido consideradas las momias precolombinas mejor preservadas conocidas hasta la fecha.

Además de las tres momias, ricamente ataviadas en textiles cumbi, se recuperaron más de 80 objetos, que formaban parte del ajuar colocado en las tumbas; o que habían sido enterrados como ofrendas.

El Museo de Arqueología de Alta Montaña, de la ciudad de Salta, expone los hallazgos de Llullaillaco, utilizando la “criopreservación”. complejo sistema tecnológico que permite mantener los cuerpos en óptimas condiciones.