Umita

Dioses y Personajes Míticos. Pueblos Originarios
Portada Pueblos Originarios Secciones Pueblos Originarios Facebook Pueblos Originarios Twitter Pueblos Originarios

plusCultura Colla

plusCosmogonía

Umita Umita es un diminutivo castellanizado del vocablo quechua Uma ("cabeza"). La leyenda se refiere a una cabeza de hombre con abundante y larga cabellera, ojos desorbitados, y tremenda dentadura que flota en el aire por las noches, gimiendo, llorando y provocando el terror entre quienes tienen la triste suerte de encontrarla.

Es un "alma en pena", sin duda, que paga sus culpas vagando por los caminos solitarios. Nadie sabe por qué fue condenada al Purgatorio, ni por qué se empeña en provocar el susto. Alguna vez un paisano valeroso la enfrentó y lucharon toda la noche, hasta el alba. Ganó y la Umita se transformó en toro o en ternero. Previamente narró su culpa al vencedor pero éste, a sus vez, no pudo contarle a nadie, pues como precio a su hazaña perdió el habla para siempre.

Adolfo Colombres, en "Seres mitológicos argentinos" (2.000), relata:

"Significa "cabecita”, en quichua. Ser legendario muy conocido en la provincia argentina de Santiago del Estero, especialmente en los departamentos de Guasayán y Jiménez. Se lo describe como una cabeza humana de larga y enmarañada cabellera que vaga sola en la noche, rodando por el suelo o volando a ras de él, y produciendo al desplazarse un ruido suave, como de trigal mecido por el viento. También como una gran cabeza de dura pelambre, o una cabecita como de criatura. Suele aparecerse en las taperas o en los caminos viejos y abandonados en ese momento en que vacila, a punto de extinguirse, la luz del día, llorando y con el rostro bañado en lágrimas. Aunque por lo común reduce su llanto a una simple expresión de amargura, hay veces en que implora piedad, o pide ayuda para salir de una situación angustiante. Quiere siempre contar al viajero su aflicción, pero sólo logra aterrorizarlo con su presencia.

Hay versiones terribles de esta leyenda que hablan de viajeros que se trabaron en feroz lucha con ella hasta el amanecer, hora en que la vieron transformarse en toro o ternero, y confesar bajo tal apariencia el error o la falta que está condenada a purgar. Pero el vencedor no salió en esos casos bien librado, pues perdió el habla. O sea, la palabra de la Umita sólo sonaría para privar de la suya al desventurado receptor.

Sin embargo, muchos de los que la conocen no le temen. Hasta afirman que hacerse acompañar por ella en una travesía nocturna es una protección eficaz contra los malos espíritus, aunque hay que aguantar, claro está, sus constantes quejas. Di Lullo subraya esta condición de numen tutelar, que advierte a los hombre que los acechan. Domingo Bravo nos cuenta que a menudo los paisanos le dejan agua en un sitio apartado para que beba, pues sería la sed lo que la saca de su refugio, llevándola a merodear por los ranchos. El alba pone siempre fin a sus andanzas".


Fuentes:

http://www.folkloredelnorte.com.ar