Chamanes y Rituales

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Chamanismo

Los Shipibo-Konibo practicaron tradicionalmente el chamanismo y a pesar de las fuertes presiones y de las intimidaciones de algunas organizaciones misioneras que no dudaron en satanizar a los chamanes, lograron conservarlo.

El pueblo reconoce en algunos individuos, además de sus dones para la clarividencia, el poder de curar, la capacidad de comunicarse con los espíritus y la de viajar a diversos mundos, al más allá o al mundo subacuático. El chamanismo es también una visión del mundo, un sistema de pensamiento, una concepción del cuerpo y la persona, un conjunto de ritos y creencias, de prescripciones y prohibiciones.

Olivia Arévalo Lomas
(Ucayali, 1937-2018)

Líder, activista, defensora de derechos culturales y ambientales, artesana y meraya.

Poseedora de la sabiduría legendaria y el conocimiento de las plantas medicinales. Fue una meraya, el más alto rango y maestría en su comunidad, capaz de ingresar a los mundos de la cosmovisión. También era una difusora de los ícaros o "cantos sagrados" de su pueblo.

Fue asesinada el 19 de abril de 2018, al parecer por un ajuste de cuentas por deudas de su hijo.

Categorías:

Meraya: Los más poderosos, los únicos que pueden alcanzar la cima del saber y del poder chamánico. Pueden asociarse a los espíritus superiores y contraer matrimonios místicos con algunos de ellos. Poseen un gran “empuje de espíritu” (bomán), lo cual les permite actuar sobre los diversos espíritus yoshin (manifestación de cada aspecto de la naturaleza) y retener al espíritu de los muertos sin tener que recurrir a alucinógenos.

Onaya: De categoría inferior a los meraya, comparten con ellos el poder de curar las enfermedades, principalmente aquellas causadas por espíritus o maleficios. Es a través del trance o los sueños, inducidos por el consumo de alucinógenos, que ellos logran establecer el diagnóstico y trabajar con los espíritus.

Ambos poseen un profundo conocimiento del poder (cóshi) de las plantas medicinales (ráo) cuyo espíritu provoca determinados males pero puede ayudar también a curarlos. Existen los merayati ráo, utilizados por los meraya para obtener poderes especiales, tales como los de desaparecer, transformarse en un animal, o caminar sobre las brasas. Los onaya utilizan los onayati ráo, para curar enfermedades. También existen los ráo que hacen soñar y los que son empleados para seducir, o noi ráo, que reviven el amor de una pareja o que hacen desaparecer los celos.

Yobé: Merayas u onayas especializados en la magia ofensiva y defensiva que se centra en el conocimiento y el uso de dardos o flechas mágicas (yobé), hechas de espinas de palmera de chonta, o de otros materiales sumamente duros. El yobé tiene un estatus más ambiguo que los otros chamanes porque, si bien es él quien extrae por succión los dardos mágicos que otro yobé ha enviado al cuerpo del paciente, también se le teme por sus poderes maléficos.

Rituales

El paso en la vida de los shipibo-konibo era acompañado con diversos rituales, los principales:

Báquemoecati (Restricciones a los padres)

Los padres de un recién nacido tenían que cumplir con ciertas restricciones en relación a la alimentación, relaciones sexuales y actividades productivas. Estas comenzaban desde el embarazo y duraban hasta varios meses después del nacimiento.

Pancháque (Deformación del cráneo)

Una pequeña prensa se colocaba en la cabeza del recién nacido para conferir una forma oblonga a su cráneo. La prensa consiste de dos tablillas de madera (abi), a las que se adosa una almohadilla de arcilla (buitanoti). Atadas con una faja tejida estas tablillas sirven para comprimir la frente y el occipucio de los bebés.

También se perforaba la aleta nasal y el labio inferior de los bebés con una espina de chonta de modo que luego pudieran llevar, a modo de adorno, un disco y un pequeño aro labial.

La partera (báque behai) jugaba un papel importante en los ritos shipibo de pasaje, porque aparte de ayudar a la parturienta y atender al recién nacido, era ella la que le daba su primer nombre. Usualmente, cada generación y cada familia grande tenía por lo menos una partera. Esta mujer conservaba un vínculo especial con los individuos que había ayudado a traer al mundo por el resto de sus vidas y presidía ciertos rituales relacionados con ellos. Así, se encargaba del primer corte de pelo de las niñas y, a veces, también actuaba como shébiana biai aínbo, la persona encargada de realizar la ablación del clítoris. Asimismo, se ocupaba de los rituales en torno a la viudez y la muerte.

Dibujo tomado de Bertrand-Ricoveri, 2010: La partera realiza la ablación del clítoris a la joven, la rodean sus asistentes.

Una fiesta que se celebraba al finalizar la primera etapa de la vida del niño, marcando su ingreso oficial a la comunidad. Sus padres, una vez liberados de las restricciones en torno al nacimiento, podían presentarlo a la gran familia, con el remodelamiento y las marcas que mostraba su cuerpecillo, como un verdadero Shipibo-Konibo. Al niño se le ofrecían amuletos, esteras y vasijas decoradas

Bésteti shéati (Los rituales de la pubertad)

Poco después de la primera menstruación de la mujer, se le cortaba el pelo al ras del cráneo y se la aislaba en una “choza de silencio”, donde era sometida a una dieta. Seguidamente se untaba su cuerpo con huito y debía permanecer inactiva hasta que su cabello volviera a crecer, aproximadamente un año. Entonces estaba lista para la ablación del clítoris. Durante ese tiempo, se le tejía una falda y una faja de carga para serle entregadas al momento de integrarse al grupo de las mujeres casaderas.

Shébiana shéati (Ablación del clítoris)

Desde el primer día de la fiesta de ablación, las muchachas salían de su encierro para ser presentadas a los participantes. Los esposos de las mujeres que realizaban la ablación inducían a las jóvenes a una danza frenética, con el cabello sobre su rostro y el cuerpo ennegrecido con huito y decorado con puntos blancos, al igual que los ancestros “salvajes” de los Shipibo de antes de la llegada del Inca. Seguidamente se pintaba en sus rostros un conjunto de motivos geométricos, tales como los que había enseñado el Inca, y sobre su falda nueva y su faja de carga se suspendían collares, joyas diversas y plantas aromáticas.

Los ritos funerarios y el levantamiento del duelo

En algunos casos, se diseñaba sobre el rostro del moribundo bellos motivos geométricos de distintos colores con el objeto de facilitar su viaje al mundo celestial. El resto del cuerpo era untado con una pintura amarilla (joshín mashe), sobre la cual se pintaban puntos negros (chacháa), chevrones y pequeñas cruces con huito. Las prácticas variaban según el rango de las personas.

Antiguamente se practicaba la incineración del cuerpo y, aparentemente, el endocanibalismo.

El pelo de la viuda o el viudo era cortado al ras del cráneo, como en el caso de la muchacha que recién comenzaba a menstruar. Luego se le untaba todo el cuerpo con huito. Así pintados, los viudos(as) debían someterse a una dieta y permanecer en inactividad, vestidos completamente de blanco. Cuando su pelo volvía a crecer eran autorizados a casarse nuevamente. Con motivo del levantamiento del duelo se podía organizar una gran fiesta, la cual, en ocasiones, se asemejaba a las grandes fiestas de la ablación del clítoris.

 


Fuente: Los Shipibo-Conibo. Françoise Morin.