Cultura San Agustín

Colecciones Pictóricas y Fotográficas. Pueblos Originarios de América
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Ídolos de piedra en los Andes revelan un pueblo desaparecido. Hermann von Walde-Waldegg.

MuseoWalde-Waldegg, originario de Austria, luego de realizar trabajos en Colombia, llegó a Estados Unidos en 1934 donde trabajó en el Manhattanvilic College. En Mayo de 1936 fue contratado como encargado del Departamento Alemán del Boston College, allí instaló el Museo de Antropología del Boston College. Las crónicas de la época señalaban que se trataba de un lugar de "amplias habitaciones, chimeneas de mármol, revestimientos de madera tallada, ... con muchas cosas extrañas: numerosas piedras, perlas, armas de guerra y dos ídolos imponentes" (foto).

Consiguió que se le financiara una nueva expedición a Colombia, con la promesa que regresaría en pocos meses para sus clases de alemán, cosa que no ocurriría. Waldegg excavó 142 estatuas en San Agustín.

Pérez de Barradas (arqueólogo español, 1897 -1981) comisionado por el gobierno para para evaluar el cargamento de objetos que pretendió sacar del país, describió la desordenada colección: estatuas, cerámica, objetos modernos y curiosidades etnográficas. Propuso su decomiso, a excepción de los moldes de yeso. Consideró su trabajo como "pretencioso e inútil", sus visitas rápidas y excavaciones "desdichadas" lo llevaron a interpretaciones fantasiosas: que las estatuas no pudieron ser talladas sino moldeadas o que los habitantes de San Agustín tenían un "calendario".

En Mayo de 1940 la revista National Geographic, publicó el artículo: "Stone Idols of the Andes Reveal a Vanished People" del que te presentamos las fotografías y sus correspondientes epígrafes. Después Waldegg desapareció para siempre, tal vez en Austria, con la vorágine de la guerra.

El museo fue convertido en alojamiento para estudiantes en 1948, del contenido no hay constancia de donde pudiera encontrarse.

Click en las imágenes para agrandarlas.

Características furiosas y amenazantes de un perturbado Dios-Sacerdote.

Sus adoradores han desaparecido y con ellos se han ido los altares ensangrentados donde se ofrecían sacrificios espantosos para apaciguar su ira. Un trabajador se encuentra al lado de una figura gigante, una de las 142 estatuas excavadas por el autor en la región de San Agustín. El Dios Sacerdote lleva un cuchillo o cincel en una mano y en la otra una trompeta de concha de caracol con la que las personas eran llamadas a adorarla. "Mentira, quiere que lo dejen solo", dijo una mujer indígena en tono reverente cuando la deidad en un primer momento desafió todos los esfuerzos para pararlo.

"¡Muerte al intruso!", parece advertir este guerrero.

En una mano el guardia del templo tiene una maza, en la otra una piedra. La talla por encima de la cabeza representa un murciélago, símbolo de la muerte, con rasgos humanos. Esta es una de las estatuas ahora en pie en la plaza de San Agustín.

 

Olvidados dioses de piedra duermen en las colinas circundantes a San Agustín.

La ciudad tiene hoy 600 habitantes que tratan con respeto y temor a los ídolos, y hablan de las personas que han desaparecido misteriosamente luego de moverlas de sus sitios de origen. Catorce estatuas han sido llevadas a la plaza. San Agustín fue invadida por los conquistadores españoles en 1609 y más tarde sufrió dos incendios devastadores. Durante la fiebre de la quinina en el siglo XIX el pueblo bullía de actividad. Algunas de las mejores plantas de las cuales se obtiene la corteza medicinal se encontraban en la selva cercana. Hoy en día es el una zona agrícola tranquila.

"Un bravo compañero". Así lo llamó un nativo a este inmenso bloque de piedra con con una escultura de aspecto feroz.

Con más de un metro y medio de ancho, la enorme imagen tallada es un magnífico ejemplo del arte desarrollado hacia el año 600 d.C. Sólo la parte superior de la figura es mostrada aquí. Algunas de las estatuas gigantes descubiertas por el autor pesaban más de 15 toneladas.

Una cabeza de mono embellece una casa en forma de trono.

El bloque de piedra tallada, que se encuentra cerca de Plata Vieja, es un modelo de una casa tribal. En el centro de cada costado hay una entrada con un cráneo colgado arriba. Los monos pueden haber sido un tótem tribal.

Antiguas tallas de deidades flanquean un monumento moderno en la plaza de San Agustín.

En total catorce figuras de piedra se han traído a la villa. Dioses de pie a cada lado del monumento central. El de la derecha sosteniendo dos mazas, representa un dios de la guerra. En el primer plano de la derecha un guerrero con tótem tribal.

Una niña colombiana mira antes de brincar.


Tomada por sorpresa por la repentina aparición del autor con la cámara, mientras estaba llenando el recipiente con agua, la niña se levantó de repente. Cuando se puso de pie, el obturador ha hecho clic.

¿Quién necesita un cochecito para bebé?

La espalda del hermano se encarga del transporte para este bebé. "La naturaleza les da comida y refugio", escribe el autor, "y eso es todo lo que quieren, la ropa no es una cosa indispensable en la vida".

¿Un temprano cuenco gigante para ponche?


Lavabos de piedra grandes como este, son utilizados hoy en día por los habitantes de San Agustín como bebederos para caballos, o para machacar el maíz en la chicha. En un principio se pensó que han sido ataúdes. El autor, después de haber excavado muchos sin encontrar rastros de huesos humanos, llega a la conclusión de que se utilizaron en la preparación de libaciones para ritos tribales.

Un águila comiendo una serpiente: tótem de un clan.

El ave con poderes divinos ha sido tallada en piedra. Las águilas con serpientes en sus picos se ven hoy con frecuencia en San Agustín, los habitantes muestran gran respeto por ellas y nunca les disparan.

Nuevamente el Dios Murciélago, símbolo de la muerte, parpadea a la luz del sol.

Los obreros han desenterrado la figura tallada de su antiguo sitio de descanso en la selva. En muchas tribus de América Central, el murciélago representaba la muerte.

La diosa de la vida sostiene un bebé.

El autor hace notas de su hallazgo ante los aldeanos que pululan en en lugar. La noticia de su hallazgo motivó que las mujeres de San Agustín quisieran tocar la figura, especialmente las que no tenían hijos. El Dr. von Waldegg escribe "la estatua supone un aura de poder sobrenatural".

Los guías del autor abren camino en la selva.

El peor tramo era la cabecera del río Bordones, donde montar a caballo era imposible. Dr. von Waldegg escribió: "Hemos tenido casi que arrastrar nuestros caballos, caminando a veces con el barro hasta el pecho, sorteando raíces enmarañadas". "Las pendientes eran terriblemente empinadas y no había ningún sendero".

Cuatro poleas no logran poner a este Dios-Sacerdote de pie.

Tan pesada era la estatua que no se lograba ponerla en posición vertical. El autor estima su peso en 10 toneladas. Finalmente con la ayuda de varios obreros se cavó un hoyo en la base y se deslizó el gigante en ella.

Artistas desaparecidos tallaron dientes y orejas de felino al gigante.

Grandes colmillos que sobresalen son una característica de las divinidades que representan guerreros. Con un colgante suspendido del cuello hay un cráneo trepanado. Los aldeanos desconocen el origen de las estatuas, sólo dicen que yacían en San Agustín desde "siempre".

Desde una colina, una figura femenina de más de 4 metros acompaña al valle del Magdalena.

Arriesgados escultores realizaban sus tallas en acantilados inaccesibles. El autor escribe "esto demuestra una vez más los arraigados sentimientos religiosos de estas personas, que ponían en peligro sus vidas para retratar las imágenes de sus dioses".

La sangre de los sacrificios aplacan al Dios Caimán.

Dios CaimánAl otro lado una piedra plana muestra la figura del dibujo. Esta parte formó parte de un templo o santuario, la sangre de las víctimas corría por los dientes (borde delantero) de la boca abierta del dios.

Estridentes sonidos de los guácharos retumban en las cuevas colombianas.

El autor acampó en una caverna habitada por miles de estas aves nocturnas. La fotografía muestra la exposición de esta especie en el Museo de Historia Natural de Chicago. Los indios creen que las manchas blancas en las plumas de color castaño son lágrimas derramadas por sus antepasados ante las derrotas sufridas a manos de los blancos. Otros piensan que son espíritus de sus antepasados.

Una mujer en las montañas de Colombia le muestra al autor como usar un huso de 2.000 años de antigüedad.

Cuando Waldegg descubrió este objeto en el Valle de las Papas, la mujer lo reconoció inmediatamente. Hábilmente comenzó a trabajar la madeja de lana colocada en el respaldo de la silla.

Dios-Sacerdote muestra la manera de perforar la lengua.

El instrumento de auto-tortura probablemente era una cadena de vértebras humanas, a las que se colgaba un cráneo en la parte inferior. Tales ritos existían también entre los Mayas y Aztecas. En la parte superior de la frente se representa una cruz rota, símbolo del fuego.

Se sentiría en casa en una exhibición de arte cubista.

La escultura de este dios de guerra o jefe tribal con una maza en la mano pertenece al período final de la cultura San Agustín, cuando el sentimiento religioso de la gente declinaba. Carece de las características felinas de las estatuas anteriores.