Arte Purépecha

Arte Precolombino
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Plumaria

Con plumas de diferentes colores crearon hermosas obras. Utilizaban la técnica del trenzado y la del mosaico en la cual pegaban las piezas con resinas vegetales. Representaban figuras humanas, abstractas, paisajes, animales y objetos. Se aplicaban en la confección de mantas, escudos, capas, abanicos y prendas de gobernantes y sacerdotes.

Su técnica era tan perfecta que luego de la conquista española los misioneros les encargaron obras de carácter religioso.

Metalurgia

A la llegada de los españoles, el reino tarasco era el centro más importante de la metalurgia en Mesoamérica.

Manejaban de manera excepcional el cobre con el que fabricaban una amplia variedad de utensilios de uso práctico (agujas, hachas, anzuelos, etc.), ornamentos y máscaras.

También trabajaban el oro, la plata y diversas aleaciones.

Cerámica

Cerámica modelada con pastillaje y pintura. Valle de Apatzingán (800 - 1000 d. C)

La pipa tradicional cerámica tiene una alta cazoleta provista de dos pequeños soportes y un tubo largo. Su uso estaba relacionado con el culto al fuego y a Curicaueri.

Cuenco trípode característico de la cultura tarasca prehispánica.

Piedra

Escultura de piedra representando un coyote. Museo Michoacano.

Jade

Collar de jade con pendiente de jade y oro. El jade no se encontraba en su territorio, lo traían desde el sur mesoamericano. Museo Michoacano


Paul Westheim (Alemania, 1886-1963),
Crítico e historiador de arte. Exiliado en México fue pionero en el análisis del arte de Mesoamérica.

El Arte Tarasco
Paul Westheim

En el territorio que abarca hoy el Estado de Michoacán y, en general, en la parte occidente de México donde se habían establecido los tarascos y algunas otras tribus, surgió un arte que se distingue con un perfil original y totalmente diferente de las creaciones de las altas culturas precolombinas de México. Mientras que el arte de Teotihuacán, el de los toltecas, aztecas y zapotecas es la orientación esencialmente religiosa y tiene un solo contenido: la representación de las divinidades y del acaecer místico, predominan en la región tarasca una postura mundana. Esto se explica quizá por el hecho de que allí el ritual religioso no se haya desarrollado tanto como en otras comarcas; de que allí sigan imperando un totemismo de tipo primitivo y un amplio culto a los muertos. Para la cerámica del México occidental —que constituye el encanto de los coleccionistas— parece que no existen los dioses. Lo que representa son hombres y mujeres, animales y frutas. Un fenómeno sorprendente son las numerosas “escenas de género”, guerreros con sus armas, bailarines y bailarinas, mujeres amamantando a su hijo, escenas de amor etc. Arte profano, que se regodea con la descripción de la vida cotidiana.

Sobre esta base dada, los tarascos van desarrollando una artesanía de expresividad vigorosa, que logra impregnar la forma natural de una sensibilidad estadística propia y muy marcada. Aprenden a configurar el cuerpo en sus tres dimensiones. Están empeñados en mostrar al hombre o al animal en toda su movilidad. Torsiones, vueltas, intersecciones del cuerpo es lo que tratan de captar. Procuran crear dinámica. Nada de la forma cerrada, nada de la hierática solemnidad del arte teodosiano o azteca. Aquí reina un modo de ver impresionista, que se esfuerza por fijar lo que se lleva el momento. El arte tarasco de lo perceptible por los sentidos y nunca va más allá de ello.

El arte tarasco, viéndolo como conjunto, es alegre, lleno de una exuberante alegría de vivir. No conoce aquel estremecerse ante el demoníaco hálito de los dioses que amenazan incesantemente la existencia del mundo y del hombre. No sabe de conceptos metafísicos de tan alto rango. Su arte carece de esta dimensión. Acepta los hechos reales, como reales. Sin reservas y sin interpretación trascendental, goza de la sensualidad del fenómeno y lo representa con manifiesto deleite en la multiplicidad que se ofrece al ojo. Para él la vida es interesante, no enigmática, ni demoníaca. Y con este optimismo innato, libre de angustias y penas, crea sus graciosas obras.

Hasta ahora no se han encontrado creaciones tarascas de aliento monumental. Su sensibilidad artística y su imaginación creadora se manifiestan, en cambio, exuberante y grandiosamente en las artes menores Los tarascos son, en el México antiguo, los inventores de la plumaria. También se deben a ellos las “lacas”. Son excelentes orfebres, que crean obras maestras en cobre, y más tarde en oro y en plata. Y ante todo son estupendos ceramistas, que saben ennoblecer el humilde material con la forma que le imponen y los colores con que lo decoran. Lo que confiere a aquellas figuras cerámicas su carácter inconfundible es cierta hipersensibilidad, cierta decadencia que se manifiesta en ellas. Esta decadencia puede ser otra de las causas por las que el arte tarasco, a pesar de su indudable poder creador, no puede elevarse hacia lo monumental.

En las representaciones de hombres y mujeres se advierte una sensualidad intensa. Todos sus trabajos revelan una intuición genial, que juega en libérrimas variaciones con la corporeidad, trasmutando la forma real en forma expresiva. Las dimensiones se modifican: hay detalles que se exageran y otros que se suprimen, al parecer caprichosa y arbitrariamente. Este arte no se limita jamás a un simple copiar, siempre “reforma”, siempre “re-crea”. Pero la obra evoca el recuerdo del objeto en que se inspiró la fantasía del artista. Un arte que brota exclusivamente del impulso artístico. Su alegría es alegría de vivir y alegría de crear. Un arte que no es etafísico y que está sólo remotamente vinculado a lo físico. Un Tanagra (figura de terracota de la antigua Grecia) americano.


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Fuentes:

http://www.famsi.org

http://artepurepecha.blogspot.com

https://museoamparo.com

https://tuul.tv/cultura