La Vainilla. Leyenda Totonaca

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Los totonacos aprovecharon las virtudes aromáticas y culinarias de la vainilla. Para ellos, esta orquídea representó un papel fundamental en sus vidas cotidianas, rituales y relaciones comerciales. Por ejemplo, para cuando el Totonacapan fue sometido por los aztecas, uno de los tributos que más se le exigió fue la vainilla, ya que con ella agregaban sabor a diversos alimentos y bebidas, principalmente al chocolate. Fue un producto muy cotizado en toda mesoamerica.

Para obtener la vainilla, los totonacos esperaban a que la orquídea fuera polinizada naturalmente y diera su fruto, pues solo entonces podían recolectar las vainas. Dado que en su estado maduro es verde, los totonacos exponían los frutos al sol sobre lienzos para que se secaran. Ya cuando estaban lo suficientemente calientes, las cubrían con mantas para “hacerlas sudar” y adquirieran una textura rugosa y el color café oscuro que la caracteriza. A este proceso se le conoce como “beneficiado”.

Entre los totonacos, la vainilla fue muy respetada también porque formó parte de su visión del mundo, ya que al momento de cosecharla y beneficiarla realizaban algunos rituales y ofrendas como agradecimiento al señor del monte: Kiwikgolo.

En lengua totonaca, vainilla se dice Xanath ("flor recóndita"), en nánuatl “Tlilxóchitl” ("flor negra"). Recibió el nombre de “vainilla” por los españoles, debido a que sus frutos, de entre 15 y 30 cm de largo, se parecen a las vainas de espadas.

Leyenda de la vainilla

En Papantla (norte de Veracruz) una escultura con un texto del poeta nacido en esa ciudad José de Jesús Núñez y Domínguez (1887-1959) la recrea:

En tiempos del rey Teniztle, tercero de la dinastía totonaca, una de sus esposas dio a luz a una niña a quien pusieron de nombre Tzacopontziza (Lucero del Alba) que por su singular hermosura fue consagrada al culto de la diosa Tonacayohua, cuidadora de la siembra, el pan y los alimentos.

Pero un príncipe llamado Zkatan-Oxga (joven venado) se prendó de ella a pesar que sabía que tal sacrilegio estaba penado con la muerte. Un día que Lucero del Alba salió del templo la raptó huyendo con ella a la montaña. En su camino un monstruo los envolvió en oleadas de fuego obligándolos a retroceder adonde los sacerdotes los esperaban airados y antes de que Zkatan-Oxga pudiera hablar fue degollado, corriendo la misma suerte la princesa. Siendo después arrojados sus corazones en el ara de la diosa.

Allí, la hierba, al secarse de su sangre, empezó a brotar un arbusto cubriéndose de espeso follaje dando nacimiento a una orquídea trepadora con asombrosa rapidez y exuberancia, perfumando el ambiente con su aroma.

José de Jesús Núñez y Domínguez.